lunes, 17 de mayo de 2010

Lustmord - HERESY


1. Heresy Part I (7:26)
2. Heresy Part II (10:16)
5. Heresy Part V (7:54)
6. Heresy Part VI (14:44)

Chavales, vamos a darnos un paseo por el lado oscuro del ambient. Y tan oscuro, porque hablo de "dark ambient", una suerte de sub-subgénero que con este Heresy (1990) se define plenamente como la música con que se relajaría un vampiro. Su creador fue Lustmord, apodo del músico y productor galés Brian Williams, que comenzó en la música electrónica convencional y, tras estas experiencias con lo extraño, ha ido encontrando su sitio incluso entre los fans del metal gótico.

Brian "Lustmord" Williams

En el propio álbum podemos encontrar una autodescripción: Heresy ("herejía") es la culminación del trabajo llevado a cabo entre 1987 y 1989, y utiliza grabaciones en parajes subterráneos originados en criptas, cavernas, minas, refugios y catacumbas junto con material de origen sísmico y volcánico. También hace uso de fenómenos psico-acústicos y de los efectos físicos de la información de baja frecuencia". Efectivamente, en Heresy nos topamos con una serie de piezas difusamente musicales que despliegan ante nuestros oídos y en nuestra mente el paisaje más siniestro imaginable, con ecos que nos sugieren su enormidad y su profundidad, todo un inframundo libre de efectismos inmaduros e innecesarios que, con su puro silencio y sobriedad, nos pone los pelos como escarpias.

Portada alternativa.

Ni siquiera está uno seguro de que Lustmord utilice instrumentos normales para esta obra, ya que todo suena casi natural, telúrico, como el entrechocar casual de rocas que se desprendiesen en las profundidades del mundo, el goteo de las estalactitas y quién sabe qué cosas más. Es como si la Tierra misma respirase a través de las cavernas que la horadan, y de ese aliento surgiese el sonido de fondo de los temas. En el primero, se añade a esto el sonido de una especie de cuerno muy primitivo, como la llamada a un concilio subterráneo y espectral de monstruos enormes que se arrastran en la oscuridad. Después la cosa va de murmullos y ruidos lejanos, quizá lejanos ecos de una humanidad que es escuchada a través de metros de roca, y cuya voz termina convertida en una espantosa psicofonía. Vislumbramos también en otros movimientos, muy a lo lejos, alguna clase de flauta que juguetea de nuevo con lo fantástico, con los aquelarres, las sociedades secretas y la nigromancia. En fin, que no sabe uno muy bien si esta música podría ambientar mejor una película de terror o una versión de Viaje al centro de la tierra, aunque yo apuesto por lo primero.

Diseño para la carpeta del CD. ¿A que parece iconografía masónica o algo por el estilo?

Personalmente, lo considero una de las experiencias musicales más evocadoras y estimulantes que se puede tener, ya que despierta la imaginación de una manera asombrosa, nos sugestiona y nos proporciona sensaciones difícilmente igualables en lo que a meditación e introspección se refiere. Con todo, no escucharía ni por asomo Heresy antes de acostarme.

viernes, 14 de mayo de 2010

Philip Glass / Robert Wilson - EINSTEIN ON THE BEACH


CD 1

1. Knee Play 1 (3:52)
2. Act I, Scene 1: Train (17:19)
3. Act I, Scene 2: Trial (23:18)

CD 2

1. Knee Play 2 (6:50)
2. Act II, Scene 1: Dance 1 (13:40)
3. Act II, Scene 2: Night Train (13:52)
4. Knee Play 3 (5:38)

CD 3

1. Act III, Scene 1: Trial/Prison (1:07)
2. Act III, Scene 2: ("Field with Spaceship") (10:24)
3. Knee Play 4 (6:45)

CD 4

1. Act IV, Scene 1: Building/Train (7:30)
2. Act IV, Scene 2: Bed (11:49)
3. Act IV, Scene 3: Spaceship (13:22)
4. Knee Play (5:30)

(los títulos, contenidos y duración varían según la edición)

He aquí una de las obras fundamentales del minimalismo musical. ¡Qué demonios, "una"! ¡LA obra fundamental del movimiento, una exquisita bofetada en la cara a lo establecido, una revolución absoluta para la música clásica de finales del siglo XX y para la ópera como género! Sucedió en 1976, y el ex-fontanero Philip Glass lo llevó a cabo con la ayuda del director escénico Robert Wilson.

Vídeo documental sobre Einstein on the Beach, en inglés.

¿Iba Albert Einstein, el premio Nobel más resonante que ha dado la Historia, paradigma de la perfección de la mente humana, a la playa? Pues parece que sí, y hay fotos que lo atestiguan. Ese señor vejete y algo encorvado cambió para siempre la ciencia moderna, no simplemente añadiendo algo nuevo, sino verdaderamente dando toda la vuelta a la tortilla física y matemática hasta el punto de demostrar hechos científicos que, para sorpresa de todo el mundo, desafían la lógica llana y simple. Fijaos, voy a explicar la teoría de la relatividad general en una frase: la velocidad de la luz viaja a 300.000 km por segundo, pero si pudiésemos correr a la misma velocidad que ésta, miraríamos a nuestro lado y no veríamos a las partículas luminosas corriendo a la par nuestra, sino que seguirían corriendo 300.000 km más rápido que nosotros. Pensar lo que algo así significa viene a ser como aceptar que 2 + 2 son 5. Resulta que es verdad, y que por una serie de procesos lógicos, esto implica que el tiempo pasa más lentamente para quienes, en su correr, se acerquen más o menos a la velocidad de la luz. El tiempo, por lo tanto, no es una constante universal, sino algo relativo. Toma ya.

Albert Einstein en la playa. ¿Y esa zapatilla? Huyyy...

Y encima el tío que tuvo esta epifanía iba a la playa, y se comportaba como un hombre corriente, un judío exiliado que tocaba el violín, un abuelete que paseaba, montaba en autobús y hacía, en fin, las cosas que hace cualquiera en un día cualquiera de su vida. De eso va la ópera de Glass y Wilson, de un día corriente en la vida de Einstein, ya que ninguno de los dos autores quiso reducir la obra a una trama argumental biográfica al uso. La biografía escapa a la duración de cualquier acto artístico, y Einstein on the Beach no es una ópera biográfica sobre el físico alemán, sino una creación artística y escénica que le retrata como personaje, no como protagonista de una serie de hechos vitales.


Interpretación de la parte llamada Spaceship ("nave espacial").

Einstein on the Beach tiene una duración de 5 horas ininterrumpidas en el escenario, si bien su versión grabada es algo más corta. El público, por lo tanto, podía salir de la sala cuando le viniese en gana, al baño o a comer algo, como quien va a un museo y se detiene el tiempo que le place en mirar un cuadro o girar alrededor de una escultura. No es tampoco una ópera al uso por lo que se refiere a la música. No hay tenores, sopranos o barítonos que lleven la voz cantante, sino coros y unos cuantos solistas, entre ellos un niño; y ya hemos hablado del estilo de Philip Glass, con sus melodías hipnóticas en espiral, sus notas que suben y bajan constantemente de tono, formando un patrón tan sólido como cualquier teorema matemático. Agreguemos a todo eso la recitación de varios textos literarios leídos (que no cantados), alusiones a personajes mediáticos e ilustres, etc. El conductor habitual en las representaciones llevadas a cabo hasta ahora ha sido Michael Riesman, hombre pegado a la batuta que Glass nunca ha cogido, y las interpretaciones instrumentales corren a cargo, en las versiones grabadas, del Philip Glass Ensemble.

Portada de una de las ediciones.

Einstein on the Beach es ni más ni menos que una fusión de música y física, de melodías que recrean principios sobre la movilidad tempoespacial de los elementos en el universo, superponiendo ritmos como existen en paralelo las distintas dimensiones y creando enormes bucles que conducen a un mismo punto, utilizando toda clase de elementos escénicos que nos recuerdan a Einstein, la ropa que vestía, la gente que conocía y las matemáticas que estudiaba de niño ("one, two, three, four..."). Glass y Wilson tuvieron claro que querían centrar esta colaboración en un personaje histórico, barajándose y descartándose sucesivamente los nombres de Charles Chaplin, Adolf Hitler y Mahatma Gandhi. Sobre este último escribiría Philip Glass una ópera posterior, Satyagraha (1980), que junto a Akhnaten (1983, inspirada en el faraón Akenatón) forma una trilogía que comenzaba con esta ópera sobre Einstein. Glass las define como óperas-retrato, unidas por el hecho de que los retratados fueron capaces, a su modo, de cambiar la Historia mediante sus logros ideológicos y no necesariamente mediante el poder político o la guerra.

Otra portada, otra edición.

Esta ópera no se divide realmente en actos, sino que, por una mera cuestión formal (hay que mover los decorados, tienen que entrar y salir objetos y personas) Glass introduce varios interludios que llama "juegos de rodilla", aludiendo al hecho de que la rodilla articula una y otra parte de la pierna, uniéndolas y formando un todo con ellas. Renuncio a cualquier intento de describir la obra tema por tema, ya que sería demasiado largo y no lograría expresarlo demasiado bien.

En resumen, y sintiendo no haber sido del todo explícito, Einstein on the Beach debe ser una experiencia inolvidable para ser presenciada en directo, ya que el espectáculo de la producción escénica es muy divertido y evocador. Musicalmente hablando es hermético e inaccesible, y hay que estar más que familiarizado con la obra de Philip Glass para no caer en un profundo sopor. A falta de que se reestrene el año que viene (creo que para celebrar que el minimalista cumple 75 años), escucho algo del disco de vez en cuando, y admito que me embelesa bastante, aunque escucharlo de un tirón sea un ejercicio de voluntad inquebrantable.

Luar Na Lubre - PLENILUNIO


1. O son do ar (7:06)
2. Tu gitana (4:25)
3. Ao-tea-roa (3:35)
4. Roi Xordo (2:22)
5. Os teus ollos (2:52)
6. Ronsel (4:22)
7. Pola Ponte de Sant Xoan (3:46)
9. Sol de outono (4:24)
10. Cantiga de Falvan (3:14)
12. Galaecia (4:47)

Hablar de Luar Na Lubre es contar la historia del grupo más importante del panorama celta español de las últimas décadas. Hablo de grupos, porque solistas hay otros muy renombrados, a un nivel parecido. Comenzaron su carrera, discográficamente hablando, con el álbum O son do ar, de 1988, que contiene la que sigue siendo la canción más emblemática de la formación, llamada igual que aquel disco, "el sonido del aire", compuesta por el líder Bieito Romero. Como casi todo el mundo sabe, fue un conocido multiinstrumentista británico quien los dio a conocer, al grabar una versión de este mismo tema; y ellos, que no son tontos, lanzaron inmediatamente después este Plenilunio (1997), que supondría su consagración internacional.

Rosa Cedrón, voz y chelo en la primera etapa de Luar Na Lubre.

Se lo montaron bien, ya que para Plenilunio regrabaron O son do ar con instrumentación y arreglos distintos, algo más modernizados y acordes con los tiempos. Los tiempos eran los de un nuevo resurgir del género celta, seguramente el más intenso desde los primeros años setenta, cristalizado en una cantidad notable de trabajos -casi siempre recopilatorios- que sirvieron para poner de moda las gaitas, el bodhran, los acordeones y las flautas diversas. El momento era el idóneo, tras el reciente éxito de películas como Braveheart y alguna más, que evocaron con acierto ante las masas todo ese mundo brumoso y un tanto tosco de las tierras altas, las praderas verdes de hierba y las mujeres lánguidas de piel clara. Al final, como siempre, se pasaron de la raya con tanto triple disco "Celtic nosequé" anunciado en la tele, con tanto grupo del montón venido a más (sí, amigos, hablo de The Corrs), y con tanto Lord of the Dance y tantas "Damas celtas interpretan a Enya con cuatro duros".

Contraportada del CD.

Los de Luar Na Lubre, como no podía suceder de otra forma, se vieron tanto impulsados como puestos en duda por el empujón mediático que suponía tanto la cansina moda mainstream de aquellos años como el apoyo del tío de las campanas, que se los llevó de gira por Europa como eficientísimos teloneros. Había muchos más grupos celtas en España, algunos míticos de verdad (acordémonos de Milladoiro, por ejemplo), pero esta gente estaba sonando con fuerza en la radio y tenía buenos argumentos: un respeto indudable de la tradición celta gallega, con letras en su lengua, con versiones de temas de siempre, virtuosismo instrumental fuera de toda duda y, sobre todo, la personalidad que le otorgaba la voz inconfundible de Rosa Cedrón, tan poderosa que llega a incomodar. Su éxito, visto hoy en día (el grupo sobrevive y mantiene un buen nivel), fue merecido.

Foto interior.

Pasando a analizar Plenilunio, podemos decir que tiene el afán de "sampler" que poseen esos discos que, sin ser los primeros de un grupo, sí que aspiran a ser su primer pelotazo. Lo de sampler lo digo en sentido figurado, ya que los temas son nuevos. Me refiero a que el disco presenta cortes muy distintos, algunos divertidos e inquietos, otros más tranquilos y profundos, probablemente dando fe de las distintas facetas de la banda y haciendo, en general, que no resulte sencillo entender el disco completo como unidad, sino más bien como colección de canciones aisladas. Se detecta cierto sabor medieval en algunos de los temas de la segunda mitad de Plenilunio (por ejemplo, Cantiga de Falvan), más allá de la música celta en sentido amplio del resto de la obra, que es generalmente atemporal. La versión de O son do ar supera de largo a la original de 1988, y encontramos aquí otras canciones bastante conocidas como, sobre todo, Tu gitana.

O son do ar , en un vídeo-montaje.

No pretendo sentar cátedra sobre la calidad de esta grabación dentro de su género, ya que el celta no es uno de mis estilos musicales de a diario, pero debo decir que tuve ocasión de asistir a dos conciertos de Luar Na Lubre, uno en la gira que mencioné antes, otro después en mi pueblo, en un ambiente tan íntimo como si estuviesen contratados para tocar en una boda o amenizar la noche de una cafetería. La experiencia fue impresionante, porque todos cuantos estuvimos allí (no seríamos más de 100) sentíamos que tocaban para cada uno de nosotros, hablándonos de tú, y tan a gusto y en familia que se recrearon haciendo una mínima parodia de Queen (We Will Rock You, para más señas) y sacando a pasear uno de los músicos una guitarra eléctrica brutal que nos dejó absortos por lo bien que se integraba. Mi padre, que estuvo conmigo aquella noche, se convirtió en un fan absoluto de Luar Na Lubre. Tendré que pasarle este Plenilunio, que creo que no lo ha escuchado todavía.

martes, 11 de mayo de 2010

Laraaji - AMBIENT 3: DAY OF RADIANCE


1. The Dance #1 (9:06)
2. The Dance #2 (9:39)
3. The Dance #3 (3:15)
4. Meditation #1 (18:42)
5. Meditation #2 (7:50)

Cuando Brian Eno comenzó su ambiciosísimo proyecto que, en sus sucesivas entregas, se conocería como "Ambient" (amén de bautizar todo un estilo musical, casi un género a día de hoy), no se si realmente pensaba que pudiesen ser otros quienes llevasen la voz cantante, por encima de la suya. Tras Music for Airports y The Plateaux of Mirror, la tercera parte de la saga se llamó Day of Radiance ("Día radiante"), y fue obra del norteamericano Edward Larry Gordon, también conocido como Laraaji.

Laraaji, que empezó como actor de "club de la comedia" y estudió violín, descubrió en algún momento que le encantaba el misticismo oriental y se hizo con una cítara, un instrumento con una cantidad tremenda de cuerdas que produce un peculiar sonido cristalino. Brian Eno se lo topó tocando su instrumento en el Washington Square Park y le dio la oportunidad de grabar este, su primer trabajo firmado con su seudónimo, con la producción y el apoyo del casi todopoderoso músico británico. Podríamos hablar de un golpe de suerte, teniendo en cuenta que el disco no es precisamente fácil de digerir.

Swami Laraaji Nadananda, de cómico a maestro del yoga.

He estado tentado de titular esta crítica como "La cama del faquir", porque eso es precisamente lo que representa Ambient 3: Day of Radiance (1980). Laraaji pulsa las cuerdas frenéticamente, no de una manera anárquica, sino muy calculada, si bien el resultado es una serie de piezas hipnóticas capaces, según quién las escuche y con qué disposición de ánimo, de resultar deliciosas o insoportables. Como en la cama de un faquir, Laraaji clava cientos de miles de clavos de punta afilada con su cítara y su dulcimer (un instrumento de cuerda percutida) y nos pide que nos tumbemos sobre ellos, contando con que están tan cerca unos de otros que nuestra piel -menos mal- nunca llega a soportar tanta presión como para ser perforada. Los temas son, por así decirlo, colchones de clavos entre los que se cuela alguna fibra delicada que va realizando pequeñas variaciones, a fin de no caer en una monotonía total. La idea es que, pasados unos minutos de escucha, y siempre y cuando pongamos un poco de nuestra parte, deje de parecernos que nos clavetean el cerebro y terminemos uniendo el sonido individual de cada roce de las cuerdas con el anterior y el siguiente, formando un todo que deja de agredir nuestra sensibilidad y nuestra paciencia. Y entonces se supone que podremos centrarnos en disfrutar de la melodía y en alcanzar un estado de meditación nada desdeñable.

Diseño para la edición en CD, a cargo, al igual que la original, del propio Eno.

Los movimientos titulados The Dance se basan en un mismo patrón, interpretado incansablemente por Laraaji y sutilmente tratado por el sutil productor Brian "Sutil" Eno, que no usa demasiados efectos electrónicos, sino más bien trucos de estudio de grabación para dejar su impronta en la obra. Los movimientos llamados Meditation, en cambio, son mucho más ambientales, con las cuerdas y los efectos electrónicos (ecos, reverberaciones, etc.) repartiéndose el protagonismo con mayor democracia. Si quitáramos de en medio la cítara y el dulcimer de Larraji nos encontraríamos con algo parecido a los temas de The Plateaux of Mirror, muy aéreos y flotantes, y con un aroma a sofisticación y elegancia difícilmente explicable con palabras. Yo me quedo sobre todo con las "meditaciones", pero es probable que haya que concebir Day of Radiance como una experiencia completa, electrizándonos primero con los movimientos The Dance y entrando después en un merecido estado de relax con los Meditation. Se supone que un buen masaje es aquel que duele un poco, y eso mismo sucede con la experiencia de escuchar Ambient 3: precisamente porque sufrimos ligeramente al principio, sentimos el doble de placer al final.

Meditation #2
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