martes, 9 de febrero de 2010

Suzanne Ciani - THE VELOCITY OF LOVE


1. The Eighth Wave (5:06)
2. Lay Down Beside Me (8:25)
4. Malibuzios (8:49)
5. History of my Heart (9:44)

"...slowly, slowly, with the velocity of love..."
("...lentamente, lentamente, con la velocidad del amor...")

Entiendo a quien pueda quejarse de que no haya una especial presencia femenina en estos mundos extraños de las músicas inusuales, pero esta diferencia estadística se da también en cualquier otro género. No es inusual, pero de todos modos hay varias compositoras e intérpretes de gran solvencia que han estado y estarán en la primera fila de estos géneros. Tienen las mujeres, como en prácticamente todo, un toque especial de sentimiento e inclinación hacia lo tierno en lo que hacen, cosas ambas muy visibles en las obras del puñado de grandes damas de las mal llamadas "nuevas músicas", que son más bien pocas pero están entre las grandes.

Portada alternativa. Quizá esté incluso más extendida que la de arriba.

La italoamericana Suzanne Ciani es una de ellas, una pianista dedicada a la música new age en su expresión más clásica: para relajarse, para pensar, para ambientar. Su música nos transporta de manera efectiva a un estado de placidez que se basa en la búsqueda de que cada oyente se sienta como en casa, con unas melodías "no-agresivas" y un ritmo pausado, bastante sensual -por no decir erótico en algún caso, a juzgar también por el título de algún tema y la frase entrecomillada de la contraportada- que resulta inequívocamente agradable. Suzanne Ciani, que desde sus años de estudiante se interesó por las posibilidades de los sintetizadores como complemento a su amor por el piano y la música clásica, sabe lo que hace y es consciente de lo que se espera de ella. No son los temas especialmente distintos entre sí -domina la presencia de un muy buen piano-, pero el disco tiene personalidad y se disfruta bastante mientras hace uno cualquier otra cosa. Ponerse a escucharlo sin más, de un tirón, no se si es lo preferible (tampoco sería un error, claro que no), sobre todo porque suena a música para acompañar a algo.

Este The Velocity of Love (1986) es uno de sus álbumes más célebres, quizás el que más salvo por Seven Waves (1982), el primero e inmediatamente anterior, que suele citarse como su gran aporte al género. Su new age es bastante comercial, del que se consumía en los '80 en Estados Unidos (y también en Japón, donde tiene una aceptación bastante amplia). Vangelis colabora en tres de los temas, para más señas.

sábado, 6 de febrero de 2010

Vangelis - ALBEDO 0.39


1. Pulstar (5:45)
2. Freefall (2:20)
5. Sword of Orion (2:05)
6. Alpha (5:45)
9. Albedo 0.39 (4:30)

Si la obra de cualquier creador se sustenta en tres o cuatro obras fundamentales, Albedo 0.39 (1976) es uno de los pilares en la carrera de Vangelis Papathanassiou. El álbum fue grabado en sus estudios Nemo de Londres, donde, tal y como el músico ha explicado, había un continuo desorden a causa de las obras que se estaban realizando por allí. Esto se nota un poco en el leve zumbido de fondo que se escucha a lo largo de la grabación, pero un defecto como ese, en este caso, no hace sino subrayar el lanzamiento de esta obra maestra con los aires míticos de la anécdota.

Portada alternativa.

Vangelis ya era un tipo conocido y admirado entonces, y contaba con unos buenos ahorrillos que le permitían hacerse con lo último que iba apareciendo en la industria del sintetizador y los instrumentos electrónicos. Está claro que, escuchado hoy en día, Albedo 0.39 -un disco cuyo peso recae en esta clase de artificios más que en otros instrumentos- es un fiel testimonio de aquella "edad de oro" de los teclados para enchufar.

Vangelis en su estudio, en una foto de aquellos años.

No sabría muy bien cómo explicar sobre qué trata Albedo 0.39, aunque está claro que se trata de un disco conceptual sobre el espacio. ¿Qué espacio? Seguramente el interplanetario, las galaxias y las estrellas lejanas. Pero hay detalles que me dan a entender otras cosas: los insertos que tienen algunos temas como Pulstar, con voces telefónicas, o Alpha, en el que suena alguna clase de herramienta más bien tosca justo antes de que comience el corte. Pero la clave está en el título, porque el albedo es la cantidad de luz que refleja un astro, y 0.39 es el albedo de la Tierra. Pienso que este disco realiza una especie de matrimonio entre nuestro planeta y el espacio exterior, partiendo de la base de que cualquiera de nosotros y nuestras actividades diarias, así como nuestros objetos de uso cotidiano, somos tan propios del universo como cualquier nebulosa.

Portada de un single italiano con el tema Pulstar.

Vangelis da un recital de rock progresivo (abunda el uso de la batería, nada común en la obra del griego) mezclado con música cósmica, y quizá algo de jazz en el sentido más extravagante del término, una música que cohabita el mismo universo gélido de Tangerine Dream y el Krautrock, pero que se abre al mundo por su accesibilidad y su vertiente aventurera y épica. Cada una de las dos caras del LP se inicia con uno de los dos temas más populares del álbum. Pulstar, tema con el que se abre esta odisea espacial, es poderoso y vibrante (los secuenciadores aquí tienen un efecto tremendo), monumental en su concepción como "obertura" frente a lo que viene después. Free Fall (o Freefall, que de ambas maneras lo he encontrado) significa "caída libre", y sin embargo se trata de un tema lento y dubitativo con más percusión que teclado. Mare Tranquillitatis, nombre de un mar de la Luna, es un tema atmosférico que incluye grabaciones de los astronautas que descendieron allí en el Apolo XI, prestadas por la NASA. Main Sequence es una pieza muy larga y aparentemente improvisada, lo más jazzístico del conjunto. Y Sword of Orion es una especie de solemne himno espacial, con un toque casi medieval, como de cuento.

La segunda cara del álbum comienza con Alpha, tema cuyo máximo objetivo es dejar al oyente con los vellos de punta y clavado al asiento, pretensión que cumple con creces. Es, además, una lección casi académica de en qué consiste eso de la "música progresiva". Después de este alarde, los dos temas titulados Nucleogenesis resultan las dos piezas más experimentales del disco, con muchos efectos de sonido, secuenciadores echando chispas y toques dispersos de batería. Termina el opus con el tema homónimo, muy ambiental y evocador, con la voz del ingeniero del estudio Nemo, Spencer Allen, recitando una serie de datos astronómicos sobre nuestro planeta. Como curiosidad, decir que este hombre no sabía que sus palabras iban a ser grabadas por Vangelis, aunque no se habrá arrepentido al comprobar el efecto estremecedor de la recitación sobre aquellos fondos cósmicos.


Como a veces hay que refrescar la memoria en plan "andar por casa", decir que Pulstar se ha utilizado en la cadena de radio española COPE hasta el vómito (¿Recordamos aquella parodia en nochevieja?), y que Alpha es muy conocido por su aparición habitual en la serie Cosmos, de Carl Sagan, un genio ya desaparecido que contó con la música de Vangelis en más de una ocasión, y muy acertadamente. Albedo 0.39 es un clásico muy gordo, casi tanto como el contemporáneo Oxygene de Jarre, así que a escucharlo y a alunizar sin salir de casa.

jueves, 4 de febrero de 2010

Rick Wakeman - JOURNEY TO THE CENTRE OF THE EARTH


2. The Battle / The Forest (18:57)

Hace algo menos de 65 millones de años -tres décadas, para ser exactos- proliferaban los que hoy se han dado en llamar "dinosaurios" del rock. Caracterizados muchos de ellos por haber seguido en activo contra viento y marea hasta nuestros días, se puede decir que vivieron su época verdaderamente creativa, revolucionaria incluso, en los años '70. Grupos como Genesis, Pink Floyd, Emerson, Lake & Palmer o King Crimson consiguieron entonces todo el fervor del público y las alabanzas de la crítica con sus mega-obras de rock progresivo y sinfónico, a cual más ambiciosa, a cual más larga en minutos de duración, a cual más espectacular en cuanto a virtuosismo musical y manejo de los instrumentos. Destacaron, además de las bandas antes mencionadas, los británicos Yes. Este álbum, Journey to the Centre of the Earth (1974), fue el segundo en solitario de Rick Wakeman, uno de los primeros synthesizer heroes y teclista de Yes, y está a medio camino entre la música de vanguardia en sentido amplio y alguna clase de rock sinfónico instrumental de difícil clasificación. Hubo, como en este caso, algunas adaptaciones musicales de obras literarias entre las obras más conocidas del rock de entonces.

Portada de una edición en dvd.

La verdad es que Wakeman se lo curró bastante: se endeudó hasta las cejas en su realización, superó un montón de problemas en el estudio de grabación causados por la enormidad de la obra, y finalmente el hombre se salió con la suya, consiguiendo un número 1 aplastante en varios países, además de vender unos 14 millones de copias (imagino que hasta el día de hoy, no solamente en su salida). Fue grabado en directo -previamente a las florituras de la edición en estudio- en el Royal Festival Hall de Londres, con Rick Wakeman acompañado nada menos que por la London Symphony Orchestra y el English Chamber Choir, y contando con la ayuda de varios colaboradores que aportaban tanto las voces como el contenido rock al trabajo: guitarra, bajo y batería. No se me ocurrirá restar méritos a este clásico, sobre todo teniendo en cuenta la gran labor de ese profesional acreditado que es Rick Wakeman, pero debo decir que el disco no me gusta nada.

Rick Wakeman. Sí, lleva capa. Sí, entonces estaba de moda.

No fue la primera ni la última vez que la voz de un narrador se utilizaba como conductora en un disco musical: se había hecho en Days of Future Passed, de The Moody Blues, y se haría en Musical Version of The War of the Worlds, de Jeff Wayne. Pero aquí, la narración del texto de Julio Verne por parte de David Hemmings no funciona bien, porque todo suena muy metido con calzador, poco natural. El sonido de la grabación, con demasiados ecos e imprecisiones por aquello de haberse realizado en directo, no es del todo bueno; el uso que Wakeman hace del sintetizador es excesivamente pomposo, y no acaba de encajar con el sonido de la orquesta... En fin, que Journey to the Centre of the Earth, pese a que en su momento fue merecidamente un éxito (y vuelvo a decirlo, me alegro mucho por el músico), ha envejecido fatal. Escuchado a día de hoy, absolutamente todo en él está desfasado: la grandilocuencia, el sintetizador primitivo que suena como a película antigua de marcianos, la alternancia de fanfarrias con "baladas rock", todo ello es propio de un dinosaurismo muy mal llevado, producto de una época en la que, o las cosas se hacían con cierta intuición, o los años las trataban a patadas. ¡Y qué portada! Uffff. Puedo añadir, como apunte, que tampoco me alegra el que fueran precisamente estos excesos los que propiciarían, al final de la década, la escalada del todavía más nefasto movimiento punk y su "no sabemos tocar, cantar ni componer, pero a los chavales les molamos y eso nos hace los reyes".

Solamente recomendaría este disco a los incondicionales de aquellos sonidos "retro", sobre todo si vivieron aquella época y la sienten como propia. Yo nací en 1979, y esto me suena más rancio que la zarzuela.

martes, 2 de febrero de 2010

Cluster / Brian Eno - CLUSTER & ENO


1. Ho Renomo (5:07)
2. Schöne Hände (3:03)
3. Steinsame (4:06)
4. Wehrmut (3:20)
5. Mit Simaen (4:26)
6. Selange (3:30)
7. Die Bunge (3:45)
8. One (6:06)
9. Für Luise (5:01)

El título del álbum no podía haber sido más escueto y preciso. Los krautrock Cluster y el omnipresente Brian Eno se unieron para realizar esta muy acertada colaboración creativa, aportando Dieter Moebius y Hans-Joachim Roedelius su curioso sentido del ritmo, y Eno su delicado tratamiento de las piezas. Sirvió el álbum, además, para impulsar un poco la hasta entonces demasiado discreta carrera internacional de Cluster, un grupo que tradicionalmente se ha considerado infravalorado y merecedor de más atención por parte del público.

Personalmente, considero que el disco es más de Cluster que de Eno, actuando el segundo como productor (lo que no es decir poco, ya que su mano es poco menos que mágica en este apartado) y dejando su impronta como compositor en alguna de las piezas (Ho Renomo). Pero ese ritmillo agradable y algodonoso es de Cluster, las melodías hermosas y sencillísimas son de Cluster, la forma de entender el ambient como un género no meramente ornamental o utilitario es de Cluster. Y los títulos de los cortes están en alemán...

Brian Eno y los dos componentes de Cluster.

Los temas se mueven entre la meditación y la melancolía, pasando por el misticismo oriental y las imágenes oníricas. Por describirlos de alguna manera, vamos. Colaboran con sus sintetizadores Holger Czukay (bajista de otra banda krautrock, Can) y Asmus Tietchens (que no se quién es).

Si hay una virtud que caracterice este disco es, sin duda alguna, lo agradable que resulta su escucha. Siendo seguramente una pieza fundacional -en sentido estricto- de lo que luego se llamaría chill-out, Cluster & Eno es un ejercicio musical fresco y directo, imaginativo y accesible, nada aburrido ni autocomplaciente. Desde luego, antes que enfrascarse en la escucha de otras obras ambientales más largas e indigestas, recomendaría este disco como puerta de entrada a su género.

Für Luise
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