jueves, 8 de agosto de 2013

Descubriendo a los clásicos a través del cine (I).

Con estas entradas no pretendo hacer un análisis exhaustivo ni sentar cátedra, entre otras cosas porque sobre este tema hay excelentes sitios en Internet donde investigar a fondo; pero quienes leéis el blog con frecuencia notaréis que soy muy aficionado al cine, y por eso no puedo dejar pasar la ocasión para -de vez en cuando- comentar alguna cosilla sobre las relaciones del séptimo arte con la música. Recomiendo que mis siguientes "recomendaciones" musicales y cinematográficas se entiendan precisamente como eso, como recomendaciones, como un pequeño ejercicio de acercamiento a la música clásica de siempre mediante la gran ayuda popular que supuso su inclusión en grandes (y pequeñas) películas de la historia del cine. Evidentemente, me estaré saltando tanto a propósito como sin querer algún título que merecería estar aquí, pero os animo a tirarme de las orejas en los comentarios.


Un buen comienzo podría ser remontarnos hasta 1938, año en el que Sergei Eisenstein contó nada menos que con Sergei Prokofiev para componer la música de su primera película sonora, Alexander Nevsky. Todavía en aquellos tiempos vivían compositores clásicos de los que hoy podemos encontrar en las antologías más divulgativas, y la obra de Eisenstein y Prokofiev sigue siendo recordada como poco menos que el modelo a partir del cual se estandarizó la manera en que se realizan las bandas sonoras cinematográficas. Estamos ante una banda sonora que también es un clásico, clásico. Unas veces Prokofiev adaptaba la partitura a las imágenes, y otras Eisenstein trabajaba a la inversa. Una genialidad la escena de la batalla en el hielo, por cierto:


Solo dos años más tarde, en 1940, se estrenó una de las pocas películas que aun hoy podemos considerar verdaderamente revolucionarias. Se trata de Fantasía, tercer largometraje de animación de la compañía de Walt Disney, que se presentó en los cines como si de un recital clásico se tratase, repartiéndose incluso programas a los asistentes en cada sala. La idea era crear segmentos de animación para ilustrar algunas piezas clásicas muy populares, a modo de lo que muchas décadas después llamaríamos "videoclips". Se contó con la colaboración de Leopold Stokowski dirigiendo a la Philadelphia Orchestra. Además, la grabación de la música supuso uno de los primeros trabajos importantes con sonido estéreo.


El experimento todavía deja perplejo a cualquiera que tenga algo de buen gusto, y algunas piezas en concreto, como la combinación en el último tramo de Noche en el Monte Pelado de Mussorgsky y el Ave María de Schubert, son logros de un mérito apabullante. Hubo también lugar, entre muchas otras, para la Sinfonía Nº6 "Pastoral" de Beethoven, El cascanueces de Tchaikovsky, la Tocata y Fuga de Bach e incluso la todavía reciente La consagración de la primavera, cuyo magistral segmento animado no terminó de convencer a Igor Stravinsky. Como exquisito ejemplo de música descriptiva, siempre deberemos recurrir a El aprendiz de brujo, de Paul Dukas, famosísimo fragmento para mayor gloria del ratón Mickey. Unos trocitos de Fantasía...

Una versión orquestal de la Tocata y fuga en re menor de J. S. Bach.

El aprendiz de brujo, de Dukas.

Una maravillosa escena eliminada: Claro de luna, de Claude Debussy.

Durante las dos siguientes décadas, sin que el cine comercial diese la espalda definitivamente a la música clásica de siempre, hubo una enorme proliferación de músicos de primerísimo orden dedicados de manera profesional a crear bandas sonoras para películas. Recordemos esta entrada antigua para más señas. En fin, fue una edad de oro guiada por los dictados de Hollywood, que no se decidió a retomar a los clásicos hasta la revolución que impuso la emergencia de las vanguardias europeas a finales de los años 60. Si tenemos que quedarnos con un nombre clave, y a sabiendas de que hay varios, yo me quedo con uno: Stanley Kubrick.

Pese a que Kubrick ya había realizado varias películas de gran éxito antes de su obra maestra, hasta entonces no parecía haber tenido a la música entre sus famosas obsesiones como director. La cosa cambió en 1969 con 2001: una odisea del espacio. Lo que había sido una selección de temas clásicos que sirviesen para realizar el montaje provisional de la película terminó integrando la banda sonora final del filme de ciencia-ficción por excelencia. Kubrick había encargado la música a Alex North (véase esta entrada antigua), pero al parecer no le gustó y, apremiado por la fecha de estreno, lo dejó todo como estaba. Curiosamente, cada uno de los temas escogidos encaja tan perfectamente con sus escenas que parece haber incluso algún tipo de conexión conceptual profunda. 


No puede ser una casualidad que el tema de Richard Strauss que ilustra el amanecer de la inteligencia humana se titule precisamente Así hablaba Zarathustra, como el ensayo de Nietzsche en que se inspiró el músico; y tampoco puede ser coincidencia que suene El bello Danubio azul de Johann Strauss hijo mientras una nave espacial baila un vals con una elegante estación espacial sobre el planeta Tierra azul brillante. La pieza de Khachaturian perteneciente al ballet Gayane quizá no sea tan memorable, pero es impresionante a la hora de reflejar la soledad del espacio. Como ya comentamos en esta entrada antigua, la presencia del contemporáneo Gyorgy Ligeti tampoco fue cualquier cosa.

El bello Danubio azul, de Strauss (hijo).

Gayane, de Aran Khachaturian.

En La naranja mecánica (1971), sin embargo, Kubrick decidió que utilizaría los sintetizadores de Wendy Carlos para versionar a clásicos como Beethoven o Rossini. Transgresión, como la propia película demandaba. Hay otra entrada antigua que revisar, si se quiere. Muy diferente fue el caso de Barry Lyndon (1975), una superproducción de época en la que el director neoyorquino incluyó música del siglo XVIII a mansalva, a fin de preservar al máximo la ambientación histórica. 


Ahí están las deslumbrantes piezas de Handel, Mozart, Bach... mezcladas, eso sí, con algo del folk más auténtico y atemporal como no podía ser menos, en manos de The Chieftains. También hay populares piezas militares que se incluyen en el álbum oficial. Eso sí, Kubrick hizo trampa incluyendo un trío para piano de Schubert perteneciente al siglo siguiente, aunque le vino de lujo para ilustrar una escena tan impresionante como esta:

Andante con moto, trio para piano opus 100. Creo.

Para no aburrir, volvemos prontito con unas cuantas recomendaciones más.
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