sábado, 12 de junio de 2010

Michael Nyman - THE PIANO


2. Big my Secret (2:52)
6. The Promise (4:15)
8. The Fling (1:29)
12. Lost and Found (2:25)
13. The Embrace (2:36)
14. Little Impulse (2:11)
15. The Sacrifice (2:49)
17. The Wounded (2:29)
20. The Heart Asks Pleasure First / The Promise (Edit)

Cuando a un profano se le habla en un momento dado sobre algo llamado "nuevas músicas", es muy probable que se tenga que utilizar como ejemplo un trabajo como este para hacerse entender. Porque la banda sonora original de El Piano (1993) es ni más ni menos que el paradigma.

El tipo que compuso El Piano.

Michael Nyman realizó esta bella partitura para la película de Jane Campion que narraba la historia de los desvelos de una mujer muda y su hija por recuperar un piano que se han llevado con ellas hasta Nueva Zelanda, y que es abandonado en la playa en un primer momento por la dificultad de su transporte. La historia es bastante trágica y melancólica, con un importante componente erótico, y la música de Nyman se adhiere perfectamente a las imágenes oscuras y neblinosas del filme.

Imagen de la película.

The Piano supone una cierta desviación respecto al estilo desarrollado por el compositor minimalista en sus múltiples colaboraciones con Peter Greenaway, ya que aquí no encontramos los temas histéricos y cíclicos de aquellas partituras ("Nyman aporrea su piano", decía yo en mi comentario de The Draughtsman's Contract hace unos meses), sino temas más melódicos y con sabor mucho más clasicista, en clave de adagio me atrevería a decir, aunque sin dejar de lado piezas con la urgencia característica del británico, como Here to There. Aquí predominan los fondos de cuerda muy profundos y lentos, casi inmutables, sobre los que otras melodías juguetean armoniosamente, sin sobresaltos ni estridencias (To the Edge of the Earth, Dreams of a Journey). Y claro, por encima de todo destaca el piano. El piano saca pecho para convertirse en un ser vivo, muy arriba sobre el resto de la orquesta en temas como el emblemático The Promise, o que directamente se lo lleva todo, por ejemplo, en The Fling y en la delicadísima The Scent of Love. También tiene su peso el clarinete, pero su presencia queda diluida, tal vez por el simple título del trabajo.

Portada de la partitura publicada comercialmente.

Lo que más sorprende cuando se escucha The Piano por primera vez es la enorme variedad de melodías, todas ellas compactadas en un álbum que, en lo que a esfuerzo creativo se refiere, vale como diez de cualquier otro músico del gremio. Michael Nyman no se limita a cumplir con el encargo de la Campion, sino que da el recital de su vida, creando no solamente su álbum más satisfactorio, sino empujando a todas las "nuevas músicas" en su vertiente más clásica a un estatus de popularidad y difusión mediática nunca conocido hasta entonces, a principios de los '90. El músico ha terminado admitiendo varias veces que esta obra clave de su trayectoria pesa sobre su figura como una losa, y que "teme" ser recordado en la posteridad como el tipo que compuso The Piano, dejando en la cuneta otros clásicos indiscutibles como Drowning by Numbers o el antes mencionado Contrato del dibujante.

Portada de una reedición del CD.

No sé qué más decir de un disco tan conocido como este, salvo que a mí mismo me abrió los ojos en su momento a la existencia de otras realidades musicales inmensas que, pensaba, habían muerto con los grandes músicos clásicos de antaño. The Piano tiene un poder evocativo inmenso, una capacidad tremenda para estimular la mente y enviarla de viaje a esos paisajes húmedos y oscuros que recrea, tal vez porque cada uno de nosotros los lleva insertos en la geografía del alma, y pienso que quien sea capaz de saborear todo el álbum y otorgarle su justa condición de obra maestra de la música contemporánea estará atrapado para siempre en las redes de las otras músicas. Mejor para él.

3 comentarios:

Julio Salvador dijo...

Maravilloso Conde, excepcional descripción, excepcional trabajo de Nyman para una película además bella.
Muchas gracias.

Mannelig dijo...

¡Qué casualidad! ¿A que no sabes lo que estaba escuchando justo cuando he abierto tu página?

El conde dijo...

¡Saludos a ambos!
De nada, Julio, a mandar. Por cierto, enhorabuena por lo de tu chaval, ya vi que ha pasado su prueba hace unos días.

Mannelig, es que es uno de esos discos a los que uno vuelve a menudo. Seguramente también en tu caso.

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