domingo, 16 de octubre de 2016

Wim Mertens - VERGESSEN


1. Inergys (3:08)
2. Circular Breathing (3:47)
3. Mildly Skeeming (7:10)
4. 4 Mains (3:11)
5. Multiple 12 (6:39)
6. Inergys (Reprise) (7:00)

Algo tiene la música clásica contemporánea que hace sentir recelos a buena parte del público mayoritario. Cuando hablamos del academicismo más representativo, y pese a que en los últimos años la cosa se ha diversificado, la imagen general es la de un mundo de melodías inexistentes o difíciles de seguir, silencios prolongados, ruidos mezclados con música... es un poco como cuando un neófito entra en una galería de arte vanguardista, que lo mismo te topas con un lienzo de seis metros lleno de salpicaduras que un retrete de oro puro. 

En una franja estrecha entre lo académico y lo popular se encuentra un grupo de artistas de los llamados minimalistas, en general bastante diferentes entre sí pero con características que los acercan a uno u otro lado, a veces con distintos grados de éxito en su habilidad para atraer al público. En el lado "difícil" nos encontraríamos con gente como Steve Reich o Terry Riley, y en el "fácil" (siempre con sus peros), sonidos de mayor alcance mediático como los de Michael Nyman o Yann Tiersen. Philip Glass, quizá el artista más representativo del subgénero, andaría entre dos aguas. Si me pidiesen que señalase al músico minimalista más cálido, con mayor capacidad para coincidir con los potenciales gustos del público, seguramente me quedaría con Wim Mertens.

Otra versión de la portada.

Todo un erudito sobre su propio campo de trabajo, el belga no solamente ha ejercido como compositor, sino también como musicólogo divulgador, presentador y productor de programas de radio. Mientras encontraba su camino como músico, llegó a grabar incluso un interesante álbum experimental (For Amusement Only) que contiene piezas inspiradas en los videojuegos ochenteros de primera generación. Vergessen (1982), uno de los primeros trabajos del Mertens clasicista, con temas totalmente propios, es bastante influyente en la configuración de su estilo posterior. Por aquel entonces, Mertens publicaba sus álbumes con el nombre de Soft Verdict, que en realidad venía a ser el nombre de su ensemble completo. Sería más adelante cuando el artista que nos ocupa comenzaría a firmar en solitario sus portadas.

Vergessen comienza con la interesante pieza Inergys, basada al principio en fugaces fraseados melódicos entrecortados que van creciendo en complejidad hasta crear un entramado musical completo. La plácida Circular Breathing ("Respiración circular") se asienta sobre un delicado fondo de dos pianos y desarrolla una sutil melodía de saxofón. Totalmente distinta pero también muy Mertens es Mildly Skeeming ("Conspirando tranquilamente"), con una progresiva y cautivadora superposición de instrumentos sobre un fondo de cromorno, un instrumento medieval de sonido áspero. 


4 Mains

4 Mains es considerada hoy en día una obra esencial del repertorio del músico, una pieza rápida con protagonismo del piano a cuatro manos, con una melodía algo menos árida de lo habitual en el minimalismo "duro". No suelen hablar bien los críticos de Multiple 12, quizá porque es un corte predecible y repetitivo, como para principiantes en el género, pero no deja de ser un ejercicio elegante gracias al sonido de la viola. El álbum se cierra con un largo "reprise" del tema inicial Inergys, esta vez enfocado de un modo menos agresivo, más cálido, con otra instrumentación que lo acerca a la horizontalidad.


Inergys (Reprise)

Acompañan a Mertens el piano de Hans François, el arpa de Gyde Knebusch, la trompa de Herman Lemahieu, el flautín de Marylyn Maingart, el clarinete de Roger Nupie, otro clarinete y un saxo de parte de John Ruocco, el bajo de de Karel Vereertbrugghen, la percusión de Pieter Vereertbrugghen y la viola de Frans Vos. Vergessen, en fin, no es uno de los álbumes más esenciales de Wim Mertens, pero sí que tiene su importancia como establecedor de su sonido personar. Tampoco está mal si queremos introducir el minimalismo a algún novato que se pueda asustar ante obras más empecinadas.

domingo, 2 de octubre de 2016

Jean-Michel Jarre convertirá Oxygene en trilogía.


A través de su cuenta en Facebook, Jarre ha anunciado que el 2 de diciembre saldrá a la venta un nuevo álbum que de momento se titula Oxygene 3, si bien por una cuestión de coherencia debería llamarse más bien "Oxygene 14-20". No me atrevo a especular acerca de si ha sido un verdadero ataque de inspiración repentina o una forma de enderezar el rumbo tras la irregular acogida de su proyecto doble Electronica, todavía muy reciente, pero me inclino por lo segundo. En todo caso, me ha hecho "zas, en toda la boca" porque al final de mi última crítica vaticinaba varios años de sequía por parte del francés. Admito que me alegro de haberme equivocado.

Portada original de Oxygène (1976).

Según explica el músico, durante las grabaciones de Electronica trabajó en un tema que ha terminado convirtiéndose en Oxygene 19, y que le sonó como si el álbum Oxygene (1976) hubiese sido compuesto en la actualidad. A partir de esta epifanía, y en pocas semanas, ha completado por sorpresa un nuevo trabajo que es secuela directa de su disco más conocido. En aquellos tiempos, explica Jarre, se vio muy limitado por las posibilidades técnicas del momento, pero en la nueva entrega que se avecina ha procurado mantener el enfoque "minimalista". En resumen, que Jarre parece mantener cierta visión purista sobre su propio pasado que muchos de nosotros pensábamos que había abandonado del todo. Otro error por mi parte del que también me alegro.

 Portada de la secuela de 1997.

Recordaremos que en 1997 se publicó la muy digna continuación Oxygene 7-13, que hasta este momento ha sido vista como el punto y final del Jarre de las estructuras sinfónicas, de las suites cósmicas, del enfoque más o menos conceptual. Personalmente, y reconociendo el enorme poder mediático que tuvo aquella primera y seminal entrega, siempre me he decantado más por la redondez épica de Equinoxe (1978) o por la valentía de Zoolook (1984), pero es evidente que Oxygene posee ese aura de mito que lo hace digno de revisiones periódicas, como la regrabación eficaz pero innecesaria de 2007.


La regrabación de 2007 incluía un dvd en 3D (para ver con gafas coloreadas) que no estaba nada mal.

Como decíamos, y a falta conocer nuevos datos mientras la campaña publicitaria va ampliándose, sabemos que el álbum se publica el 2 de diciembre, coincidiendo con el 40 aniversario del Oxygene original. Al parecer, también podrá adquirirse en un estuche junto a las dos entregas anteriores, en CD, en vinilo y en formato libraco de sobremesa. A ver cuántos minutos tardan los miserables de siempre en comprar cualquier edición limitada que salga del álbum para revenderla en ebay a precio de oro. Por cierto, hay portadas para el propio Oxygene 3, el rebautizado Oxygene 7-13 (no me gustan nada estas cosas) y el pack, la última encabezando la entrada.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Vangelis - ROSETTA


1. Origins (Arrival) (4:21)
2. Starstuff (5:15)
3. Infinitude (4:30)
4. Exogenesis (3:33)
5. Celestial Whispers (2:31)
6. Albedo 0.06 (4:45) 
7. Sunlight (4:22)
8. Rosetta (5:02)
9. Philae's Descent (3:05)
10. Mission Accomplie (Rosetta's Waltz) (2:12)
11. Perihelion (6:35)
12. Elegy (3:07)
13. Return to the Void (4:20)

Ayer mismo echamos mano al flamante nuevo álbum de Vangelis Papathanassiou, uno de los mayores monstruos musicales que quedan rondando por ahí. Con una edad ya considerable y una discografía que produce mareos por lo extensa y por lo magnífica, el griego bien podría haberse jubilado hace tiempo, y sin embargo su agenda sigue estando bastante cargada de proyectos para documentales y películas. En muchos casos, estos encargos le llegan por parte de amigos personales y suele tratarse de obras modestas con las que un simple "toque Vangelis" cumple a la perfección con las aspiraciones de cada uno. En realidad, podemos admitir que Vangelis está más o menos encallado en un estilo compositivo muy clasicista desde los años noventa, aunque no tengo tan claro que esto vaya en paralelo con una actitud más perezosa ante el hecho de componer o interpretar. Al parecer, su ritmo compositivo no ha bajado precisamente. En cualquier caso, sí que se va haciendo cada vez más rara la aparición de nuevos álbumes de estudio. El último fue, si mal no recuerdo, la versión para el teatro de Chariots of Fire, publicada en 2012.


Un vídeo promocional que incluye imágenes de Vangelis grabando el álbum.

A su vez, el "toque Vangelis" siempre ha estado asociado acertadamente al espacio, y son varios los trabajos del músico relacionados con estas temáticas. Así de pronto recuerdo Albedo 0.39 (1976) y Mythodea (2001), amén de sus préstamos para la inolvidable serie Cosmos de Carl Sagan. No es raro que entre los encargos que llegan a sus manos se encontrase, hace un par de años, nada menos que el de la ESA (Agencia Espacial Europea) para poner música a las grabaciones de vídeo que se realizaron de la primera misión destinada a aterrizar en un cometa. No sabemos si por motivos de recaudación de fondos o por puro carácter promocional de la exploración espacial, la ESA montó toda una campaña mediática, sobre todo en YouTube, para dar a conocer todos los detalles del aterrizaje de Philae en el cometa 67P/Churiumov-Guerasimenko. Philae es el pequeño vehículo con ganchos que -no sin tropiezos- consiguió encaramarse al cometa, y Rosetta es el nombre de la sonda mayor de la que se separó Philae. No ha pasado todavía un mes desde que se confirmó con alivio que la pobre Philae sí que está enganchada a la roca cósmica con forma de cacahuete que aparece en la portada del álbum.

Vangelis consigue algo complicado en este momento de su carrera: sorprender. Ojo, porque no estamos hablando de que Rosetta sea desde ya uno de sus discos clásicos, un puntal de su trayectoria como compositor. No lo es. Pero sí que consigue innovar, salirse del esquema algo predecible de obras anteriores para ofrecer un trabajo que conjuga su actual carácter sinfónico con algunos de sus mejores sonidos electrónicos "puros" de sus mejores tiempos. Es un excelente ejemplo de lo que alguien como él puede seguir aportando a la música cósmica.

 Contraportada

Origins (Arrival) comienza con notas grandiosas, las propias del Vangelis posterior a 1492: Conquest of Paradise, pero en un par de minutos irrumple una excelente secuencia de sintetizador que nos devuelve momentáneamente a sonidos clásicos como los del álbum Spiral. Con unas sutiles transiciones de campanillas muy a lo Blade Runner comienza Starstuff ("Materia estelar"), un tema pausado y muy cósmico, con una amplitud sonora impresionante. Infinitude es el regreso a los noventa, con notas de piano y coros computerizados, aunque sin abundar en lo meramente melódico. Exo Genesis viene a recordar, con su constante teclado inquieto y sus toques de percusión cristalina, a algún fragmento del ya lejanísimo Ignacio mezclado con una tenue melodía solemne. Celestial Whispers ("Susurros celestiales") es un Vangelis totalmente nuevo por la dulzura ingenua de la melodía y su carácter soñador, muy suave, casi puramente ambiental. 


Un fragmento de Origins (Arrival)

No es que Albedo 0.06 sea un remake del portentoso álbum de 1976 más allá de su título, pero regresamos a un tema enérgico, sostenido por una potente secuencia que vuelve a hacernos viajar al pasado cósmico de su autor. Sunlight ("Luz del sol") es una pieza solemne pero elegante, nada machacona con la melodía pero sí muy reconocible como propia del Vangelis de las últimas décadas. Con el tema homónimo al álbum nos llevamos otra agradable sorpresa. Rosetta contiene la melodía más marcada del álbum, interpretada con un sonido como de arpa, sintético pero a la vez muy orgánico, muy mediterráneo además, y con un punto melancólico maravilloso. Es el tema estrella del disco, o al menos el que tiene visos de recordarse en futuros recopilatorios.


Rosetta

En Philae's Descent ("Descenso de Philae") encontramos una pieza nerviosa y optimista, prácticamente un corte incidental de banda sonora de cine, con un Vangelis que vuelve a recurrir a sus primitivas percusiones como hacía tiempo que no las escuchábamos. Con Mission Accomplie (Rosetta's Waltz) terminan las tribulaciones de Philae y lo celebramos con un fabuloso vals cósmico marca de la casa. 


En el vídeo de la ESA Philae's Journey sonó un tema parecido, que no idéntico, a Philae's Descent.


El vídeo original de la ESA con Rosetta's Waltz como banda sonora.

Si queríamos secuencias, en Perihelion nos vamos a enterar. Se trata de un tema largo que ensambla varios fragmentos bien diferenciados y en el que se cuelan sonidos que Vangelis no utilizaba desde la noche de los tiempos. Es lo más experimental del disco, en el mejor sentido de la expresión. Lo mejor es la sensación que deja de que podremos descubrir nuevos detalles en posteriores escuchas. Elegy es en esencia una despedida casi eclesiástica, una sobria pieza melódica previa al epílogo del álbum. Y finalmente, Return to de Void ("Regreso al vacío") es una composición minimalista y muy galáctica, casi digna del desaparecido Tomita, que parece invitarnos a flotar en la solitaria negrura del espacio. Un gran final.

Rosetta está estructurado, en esencia, como una narración musical del desarrollo de la misión de la ESA, esto es, la sonda despega de la Tierra y viaja por el Sistema Solar mientras, a su vez, el cometa "despierta" al salir de la lejanía cósmica y aproximarse al Sol. A continuación viene la lucha por lograr el anclaje de la sonda en el cometa. Todo sale bien -demasiado bien, si comparamos la música con lo que realmente sucedió- y, en fin, la misión es un éxito y el cometa completa su órbita alrededor del Sol y vuelve a alejarse y sumirse en el silencio. Un muy buen álbum que todo seguidor de Vangelis disfrutará muchísimo. Por cierto, antes del clásico enlace a Spotify pongo un link a la página oficial del disco, que hará las delicias de los amantes de los videojuegos matamarcianos: http://www.vangelisrosetta.com/


domingo, 18 de septiembre de 2016

Genesis - TRESPASS

 

 1. Looking for Someone (7:08)
2. White Mountain (6:43)
3. Visions of Angels (6:53)
4. Stagnation (8:49)
5. Dusk (4:14)
6. The Knife (8:56)

Ya ha pasado mucho tiempo desde que alguien me recomendó un análisis en condiciones de la discografía de Genesis, ya que otro de los grandes grupos del progresivo como es Pink Floyd ya ha tenido abundante espacio en nuestro blog. Y lo seguirá teniendo, considerando la nueva tanda de lanzamientos que se avecina. Pero toca Genesis, y tengo que admitir que la idea de empezar por el principio se me ha torcido. Me cuesta mucho trabajo conectar con su primer y caótico álbum, From Genesis to Revelation (1969), por lo que he pasado directamente a Trespass (1970), que está más acorde con la clase de prog-rock que sigue teniendo potencial para gustar a los recién iniciados.

 Despliegue de portada y contraportada.

A finales de los años sesenta convivían diferentes tendencias dentro del rock, entendido éste en un sentido mucho más amplio del que le solemos dar hoy en día. El progresivo ya daba sus primeros pasos, aunque todavía estaba entretejido fuertemente con la psicodelia, el free jazz, el experimentalismo con tintes folk del sonido Canterbury... Trespass tiene un poco de cada uno de ellos, y por eso es acertado mencionarlo como uno de los álbumes decisivos en la configuración de lo que hoy conocemos como rock progresivo en su forma definitiva. Un LP decisivo, sí, pero no por ello es considerado un clásico de forma unánime. Sin ser un álbum maldito, en realidad Trespass suele mencionarse todavía como una obra inmadura, primero porque el carácter barroco de las composiciones de Genesis cede ante un tono melódico bastante estable; segundo, porque la banda aún no incluye a sus componentes más clásicos.

 Con estos diseños tan chulos se presentaban las letras.

A la guitarra y la batería están, respectivamente, Anthony Phillips y John Mayhew. Sabemos que, en la cumbre de su popularidad, estos instrumentos tendrían nombres tan resonantes como los de Steve Hackett y Phil Collins. Ya estaban a bordo, eso sí, los cerebros de Tony Banks (teclados) y Mike Rutherford (guitarras), amén de la voz hiperactiva de Peter Gabriel, que además aporta esa flauta tan importante para lograr el sabor plácido y pastoral que impregna Trespass. En cualquier caso, se trata de un trabajo hacia el que los propios músicos han mostrado algunos resquemores, y sobre el que muchos aficionados se enzarzan en discusiones sobre cuáles son sus mezclas y remasterizaciones más idóneas, las que "aplanan" el álbum para hacerlo más bucólico, o las que acentúan ciertos instrumentos para que suene más a rock.

 Despliegue del interior de la funda del vinilo.

Trespass ("irrupción") comienza con Looking for someone ("Buscando a alguien"), que es bastante melódica pero al mismo tiempo tiene la clásica característica estructural de un tema de Genesis: fraseados muy diversos unidos entre sí a modo de collage melódico, con Gabriel aportando la argamasa teatral al conjunto. White Mountain ("Montaña blanca") es delicada y muy melódica, exquisita en sus guitarras y su teclado y con un ritmo arrebatador. Quizá sea el tema más campestre del disco, entre otras cosas por su letras: una historia fantástica protagonizada por lobos.


White Mountain subtitulada en español.

Visions of Angels ("Visiones de ángeles") también tiene un fuerte sabor rural y una épica melodía con grandes solos instrumentales. En algún punto, el órgano quiere retomar algunas notas de Looking for Someone. Muy delicadamente comienza Stagnation ("Estancamiento"), un tema en general suave pero con nervio y muchas exhibiciones de virtuosismo (alrededor del minuto 3 hay un fragmento exquisito).


Stagnation subtitulada en español.

Dusk ("Anochecer") es pura placidez, con sus polifonías y su instrumentación (¿es una bossa nova lo que suena hacia el minuto 2?), un contrapunto para lo que será el final del álbum. The Knife ("El cuchillo") despliega todo el poderío rockero que ha quedado fuera en el resto de temas, con voz y guitarras distorsionadas, batería a tope y un ritmo rabioso.


The Knife subtitulada también.

Y es rock progresivo, porque las melodías se alternan, los instrumentos dialogan y cada músico busca su preeminencia. Muchos consideran a The Knife como el primer tema clásico de Genesis, un habitual en sus conciertos, además. Pese a ello, soy más del gusto de los temas previos, los que hacen de Trespass un disco único.


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