jueves, 21 de julio de 2016

Juan Manuel Cidrón - GNOSTIC LABERYNTUS


1. Gnostic Laberyntus (63:15)

Hace cosa de un mes tuvo lugar en la Alcazaba de Almería un concierto nada corriente. El músico autóctono Juan Manuel Cidrón, acompañado por su elenco de instrumentos electrónicos, recreó en vivo su álbum Gnostic Laberyntus (2012) con motivo de las XXXIII Jornadas de Teatro del Siglo de Oro. Cidrón dedicó la pieza a la figura de Giordano Bruno, quemado en la hoguera de la Inquisición por su teoría sobre el carácter infinito del universo. 

Conocía la obra desde hacía algún tiempo, y es curioso que pocos días antes de que se anunciase el concierto había estado escuchándola en casa. Lo primero que habría que decir de ella es que, paradójicamente, puede resultar un álbum facilísimo o dificilísimo de escuchar, según nuestra actitud en ese momento.

Gnostic Laberyntus es un juego de palabras que mezcla "gnóstico" y "laberinto" para asemejarse a una zona muy agreste de Marte llamada Noctis Labyrinthus. Efectivamente, el álbum tiene un enfoque cósmico, aunque Cidrón explicó en su momento que su disco proponía tanto un viaje por el espacio exterior como uno por el espacio interior, personal, de cada oyente, en busca de los misterios que pueda haber en ellos. Es un álbum fácil de escuchar si lo queremos entender como obra ambient o como música planeadora sin estridencias molestas y un progreso lento; una música que anule el silencio mientras hacemos alguna otra cosa. Y puede ser muy difícil de digerir para quien, como tantas veces sucede, no tiene tiempo de pararse a escuchar con detenimiento una obra musical durante una hora entera, ya no como acompañamiento a una lectura o una plácida conversación, sino con toda la atención puesta en la música: capas y capas de sonido sutil elegantemente superpuestas, combinadas en sucesión y con una gran atención a los efectos de eco. Supone una experiencia de inmersión sensorial impresionante.

Juanma Cidrón, en el libreto del CD.

Hace años, durante una de las ferias del disco de ocasión que se celebran periódicamente en mi tierra, me topé con una copia en CD de Zeit (1972), un largo y extraño álbum de Tangerine Dream que comentamos en su día por aquí. Mientras lo sostenía en una mano y continuaba mi búsqueda con la otra, Juan Manuel Cidrón, que andaba por allí, lo señaló y me dijo: "ese es un clásico". Asentí con la cabeza y sonreí. No he podido evitar pensar en Zeit mientras escuchaba Gnostic Laberyntus, ya que ambos trabajos comparten una visión parecida del espacio profundo como un lugar oscuro y frío, bastante estático. Lo que ocurre es que, mientras que Zeit tiene en muchos momentos un carácter siniestro e inquietante, la obra de Cidrón es quizá un poco menos abismal. Hay planetas y nebulosas en la soledad de allí arriba, pero al final son más un fascinante producto de la física y las matemáticas que algo sobrenatural hacia lo que podamos sentir temor. El viaje hacia el interior de uno mismo, la otra posibilidad que nos ofrece el álbum, siempre dependerá de nuestra capacidad para zambullirnos en nuestra psique mientras las largas notas de la música nos dejan el resto de la percepción en blanco. Un gran álbum que bien merece 63 minutos y 15 segundos de nuestro tiempo.

Desafortunadamente, no he podido encontrar vídeos para colgar... Pero si se pincha en el enlace de mi lista a la estupenda página Electronic Orgy, a la derecha, se puede encontrar en ella (no hay que buscar mucho) el álbum al completo para descargar. No soy un defensor de la piratería musical pero, al parecer, el autor de la entrada tuvo permiso del artista para colgar el disco. Así todos contentos.

martes, 5 de julio de 2016

Un junio de récord (y no sé por qué).

Una notilla nada más, no lo llamaremos una entrada, para agradecer el vertiginoso aumento de visitas que el blog ha tenido en junio. Si en mayo lográbamos alrededor de 9.000 visitas, en junio hemos sobrepasado las 19.000. Gracias, gracias y mil veces gracias. Y si encima alguien se atreve a explicar el porqué de una subida así, que me lo diga para volver a hacer... lo que sea que... haya hecho. O no hecho. No lo sé...

miércoles, 29 de junio de 2016

Cosmic Machine: la edad de oro de la electrónica francesa.

Portada del primer volumen.

Hace unos días, mientras echaba un vistazo en una oscura tienda de discos en Greenwich, de viaje de estudios con mis alumnos, me llamó la atención la portada del segundo volumen de la antología que nos ocupa, cuyo título secundario es "Un viaje a través de la vanguardia cósmica y electrónica francesa (1970-1980)". Publica la compañía Because y el recopilador es un tal Uncle O. Ni idea. No sabiendo muy bien si gastar mis libras en algo que desconocía en su mayor parte, preferí investigar un poco al volver a España.

Portada del álbum lanzado el pasado abril.

En los álbumes Cosmic Machine (2013) y Cosmic Machine: The Sequel (2016) nos encontramos ante una exquisita recopilación de temas electrónicos de los años setenta, con la particularidad de ser todos de artistas franceses. Es cierto que suele mirarse hacia Alemania cuando se trata de fijar el canon de la música cósmica de los setenta, con los revolucionarios del Krautrock y la Escuela de Berlín como cabezas de cartel, pero es de justicia reconocer que el país galo también contribuyó en gran medida al establecimiento de la electronic music -en sentido amplio- como un género de gran alcance popular.

Contraportadas respectivas.

Las dos antologías publicadas hasta ahora tienen la misma filosofía: recoger piezas representativas de la época, todas instrumentales y con los sintetizadores como elemento crucial. Debemos estar al tanto también de que muchos de los temas tienen unas características rítmicas propias de la música de baile (música disco, en realidad), e incluso en estos casos hay tal dosis de colorido galáctico que suenan de maravilla. Aun así, hay material de sobra para encandilar a los que preferimos una aproximación algo más clasicista, más "new age" si se quiere.

EPs con remezclas de los temas.

Entre los numerosos artistas representados encontramos a gente tan popular como Serge Gainsbourg, Francis Lai, Joël Fajerman, Pierre Schaeffer y, por supuesto, Jean Michel Jarre, que en vez del inevitable Oxygene aporta la relativamente desconocida Blackbird. En realidad, aunque en las antologías se recogen temas bien conocidos como Magic Fly de Space o una versión de Popcorn, se prefiere en general tirar de rarezas antes que de temazos muy manidos, por lo menos cuando se trata de músicos de renombre. Es de suponer que se busca impresionar tanto a los novatos como a los ya iniciados.

Diseños publicitarios de la "secuela".

Aunque no se debe juzgar un disco por su portada, aquí debe decirse que se ha acertado de lleno al contar con esas fabulosas ilustraciones al estilo de Moebius para cómics como El Incal y la revista Metal Hurlant. Tanto el diseño conceptual como -por supuesto- el contenido musical son todo un viaje mental contracultural hacia aquellos tiempos en los que convivían los desvaríos psicodélicos de los últimos años sesenta con el establecimiento de la fantasía y la ciencia-ficción como eje de la cultura mainstream juvenil en los ochenta. Dos maravillosos álbumes que se disfrutan mucho más en formato físico, sea en CDs o en vinilos dobles.

Por supuesto, aquí pongo unos ejemplillos:



viernes, 24 de junio de 2016

Robert Reed - SANCTUARY II


1. Sanctuary II Part One (19:16)
2. Sanctuary II Part Two (20:02)

El galés Rob Reed hizo en 2014 un regalo impagable a los nostálgicos del rock progresivo instrumental del que Mike Oldfield fue abanderado en los años setenta. Su acertadísimo Sanctuary, además de homenajear de la mejor manera posible al espíritu de Tubular Bells, demostró que Reed es un tipo con una creatividad desbordante y un virtuoso de la larga lista de instrumentos que interpreta. Con todo, no es injusta aquella valoración del primer Sanctuary que lo califique de pastiche, ya que a lo largo de sus dos suites es bastante fácil señalar a qué melodía del Oldfield clásico se hace referencia. Este defecto puede haber sido el punto de partida a la hora de afrontar la composición de Sanctuary II.

Portadas "virtuales" del disco de extras y el EP de remixes Marimba.

Sanctuary II (2016) tiene la rara peculiaridad de sonar como un álbum de Oldfield sin que sea demasiado fácil encontrar las referencias exactas. La técnica de progreso melódico sorprendente está ahí, la aventurada combinación de instrumentos de todo tipo también sigue vigente, y sobre todo sigue llevando la voz cantante esa limpia y expresiva guitarra eléctrica... pero las referencias a las primeras obras del inglés se amplían a trabajos no tan clásicos (las partes instrumentales de Platinum, Five Miles Out, o Discovery, por ejemplo), aumentando la cantidad de sabores en la coctelera. Este enriquecimiento de influencias puede ser una gran virtud para quienes queremos ver a Reed alejarse un poco del canon y juguetear por su cuenta, ya que vamos detectando poco a poco partes totalmente originales. O también, haciendo un complicado ejercicio de imaginación, podríamos ver Sanctuary II como un álbum que Oldfield habría podido componer si su etapa de los instrumentales épicos no hubiese concluido con Incantations (1977), tal vez en los ochenta, en una realidad alternativa. Incluso hay fragmentos que pueden recordar al Mike de los noventa, con soluciones musicales que llegan hasta el tardío Guitars (1999).

Un extracto del álbum.

Reed otorga a Sanctuary II un aire a veces más rockero, a veces más folk que el del primer álbum. O lo que es lo mismo, se acentúan los extremos. A su vertiente de rock progresivo contribuye la presencia notable de Simon Phillips, batería imprescindible del Oldfield ochentero. Si bien no es el suyo un instrumento con el que pueda dejarse una impronta demasiado personal, sus intervenciones son muy oportunas y refrescantes. Por otra parte, Robert Reed ha contado con otro colaborador de Oldfield, Les Penning, flautista de categoría que aquí contribuye a crear varios pasajes juguetones, en la línea del villancico que publicó junto a Reed las pasadas navidades. Ya que hablamos de presencias oldfilianas, recordaremos que vuelven a participar -aunque en menor medida- los técnicos Tom Newman y Simon Heyworth.

Un vídeo promocional con Les Penning.

En cualquier caso, si bien Sanctuary II reafirma las virtudes del álbum original, también acentúa algunos de sus defectos. En Sanctuary hacían falta varias escuchas para llegar a apreciar el fluir de la música entendida como un todo, como una narración sonora coherente. Costaba trabajo, pero se lograba. En el caso de Sanctuary II, y aunque todavía tengo que hacerlo girar unas cuantas veces antes de llegar a un veredicto, da la sensación de que va a ser mucho más difícil percibir la conexión interna entre las partes. Hasta hay varios puntos en los que se podría haber situado un cambio de pista en el CD sin que el flujo musical se resienta. Parte de la culpa de este carácter caótico del disco la tiene el entusiasmo descontrolado de Reed, que acumula momentos de clímax sin el suficiente criterio para lograr el efecto deseado, esto es, construyendo poco a poco y preparando al oyente para esos momentos de grandeza. Por detalles como este, el propio Mike Oldfield sigue estando a años luz de este leal seguidor, por mucho que haya quien desea que uno pudiese cambiarse por el otro.

Un extracto titulado Salzburg, incluido en el CD de extras.

Con lo que nos quedamos es con el empeño de Robert Reed por cumplir el deseo del viejo Mike: que alguien tomase el relevo y continuase componiendo instrumentales largos en los que el oyente pueda sumergirse. Ha costado años que alguien llevase a término esta idea de manera tan explícita, y solo nos queda esperar a que en un futuro y más que probable Sanctuary III, Robert Reed sea capaz de seguir deleitándonos sin necesidad de estar a la sombra del gigante. Poco a poco lo va logrando.

El nuevo álbum puede adquirirse en un pack que incluye otro CD con material extra y un tercer disco con la mezcla 5.1 de Sanctuary II. El material extra contiene piezas como las hermosísimas Salzburg y Pen y Fan, que mantienen el sonido general del álbum aunque son piezas independientes; las versiones tipo single de Marimba y el fragmento con Les Penning; un remix de Marimba a cargo de Chimpan A; dos versiones descartadas (pero muy interesantes) del comienzo y el final de la segunda suite del álbum; y lo mejor de todo, una versión de la totalidad del álbum con un fabuloso trabajo de producción de Tom Newman. Realmente, hay tantas diferencias respecto al disco "definitivo" (creo que aquí no está Simon Phillips, por ejemplo) que en gran parte parece un trabajo distinto, más delicado gracias al cuidado puesto en el volumen y el tratamiento de cada instrumento, de cada capa de sonido, en realidad. Quizá suene menos fresco, menos directo, pero el toque artesanal en la línea del Oldfield clásico es mucho más notorio. Que Reed incluya esta versión en un segundo CD no solo es una gran idea, sino todo un regalo para el oyente. Con franqueza, existiendo esta edición con material extra, ni me plantearía hacerme con Sanctuary II en una versión básica.
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