jueves, 29 de julio de 2010

Wendy Carlos - TRON


1. Creation of Tron (0:49)
2. Only Solutions - Journey (3:41)
3. We've Got Company (2:19)
4. Wormhole (2:29)
5. Ring Game and Escape (2:57)
6. Water, Music and TRONaction (2:25)
7. Tron Scherzo (1:46)
8. Miracle and Magician (2:40)
9. Magic Landings (3:44)
10. Theme from Tron (1:37)
11. 1990's Theme - Journey (2:08)
12. Love Theme (2:07)
13. Tower Music - Let Us Pray (3:47)
14. The Light Sailer (2:37)
15. Sea of Simulation (3:23)
16. A New Tron and the MPC (5:10)
17. Anthem (1:40)
18. Ending Titles (5:16)
19. TRONaction (1:29)
21. Anthem for Keyborad Solo (1:09)

¿A que alguno de vosotros no sabía que la pionera del sintetizador Wendy Carlos realizó la banda sonora de esta película tan rara? Pues sí. Fue en 1982 cuando Carlos recibió el encargo de componer la música para la película Tron, de Steven Lisberger, producida por la compañía Walt Disney. Teniendo en cuenta la imagen "extraña" que rodeaba a la compositora tanto por su trabajo con el incómodo Kubrick, como por aquel cambio de sexo que con tan poco tacto abordó la prensa, la verdad es que podemos decir que los del ratón se mojaron bastante. Quién ha visto y quién ve ahora a la ultraconservadora compañía madrina de Hannah Montana. Habrá que esperar a fin de año para ver la secuela de esta película, Tron Legacy, cuya banda sonora a cargo del dúo francés Daft Punk se anuncia a bombo y platillo.

Wendy Carlos

La película original Tron, como quizá recordemos (yo la vi hace siglos), cuenta la historia de un programador llamado Flynn que se mete en uno de los programas en los que trabaja para vivir una aventura que le enfrentará no solamente a un villano virtual, sino a una serie de peligros que incluyen luchas a muerte en moto y peripecias de todo tipo de las que entonces se vivían echando cinco duros a un armatoste tipo cabina telefónica que había en algunos bares. Aquel mundo de maquinitas matamarcianos iba perfectamente bien con lo que teóricamente Wendy Carlos podía ofrecer musicalmente. La idea era que la parte del filme que se sitúa en la realidad fuese acompañada por música orquestal de toda la vida, y Wendy Carlos se encargaría de realizar unas cuantas piezas para acompañar las secuencias dentro del mundo informático, que son muchas más. Carlos, sin embargo, optó por mezclar su sonido con el de una orquesta sinfónica y un coro, realizando una fusión bastante más artística entre ambos mundos. El sonido orquestal está ahí y se puede apreciar en todo momento (por ejemplo, en The Light Sailer), pero la música electrónica es la que manda en esta obra.


Imágenes de la película.

No nos viene mal recordar que Wendy Carlos había logrado su fama en la década anterior llevando a cabo lo que seguía siendo su especialidad: realizar versiones para sintetizador de temas clásicos. Ahí estaba su mítico Switched On-Bach (1969), aunque la propia banda sonora de La naranja mecánica (1971) también se sostenía en piezas clásicas, esta vez de Beethoven. En Tron la música debía ser original, completamente suya, y no tengo del todo claro si logró un trabajo redondo.

Carátula trasera del CD.

Me explico: está claro que cualquier banda sonora debe estar apuntalada por la música incidental, es decir, las piezas que suenan mientras los personajes se mueven, dialogan o luchan, acompañando tanto sus movimientos como sus emociones. Aquí, la música de Carlos va como la seda, arcaica como tenía que ser en aquel '82, con el sonido del Moog modular analógico y el GDS, que era digital, todo perfectamente acorde con el universo de azul y verde flourescente que se veía en la pantalla. Pero las grandes partituras para el cine siempre necesitan uno o varios temas que funcionen por sí mismos, sin necesidad de asociarlos con las imágenes de la película, y aquí es donde el Tron de Wendy Carlos se queda cojo. No tiene temas de esos que uno recuerda una vez acaba la película. Nada para tararear.

Otra imagen de Tron, con los protas.

También es verdad que la productora dio varios recortes a la música tal cual fue realizada, por ejemplo eliminando la correspondiente a la secuencia de las motos (para realzar los efectos sonoros, parece), y sobre todo la de los títulos finales, que fue reemplazada por un insulso tema pop del grupo Journey, tristes sustitutos de los inicialmente implicados Supertramp. Para estos créditos, Carlos crea la melodía más accesible de la partitura, acompañada por el órgano clásico del Royal Albert Hall. Por suerte, y no sin mucho bucear en archivos y restaurar másteres, la banda sonora completa de Tron, con descartes y todo, fue finalmente editada en 2001 con ocasión del lanzamiento de la película en DVD.

Portada de la edición original.

Creo que esta banda sonora no es precisamente una obra sencilla de digerir, sobre todo porque su sonido está tremendamente desfasado respecto a los cánones actuales -como la película, para bien o para mal-, aunque no debemos albergar duda: la de Tron fue una partitura muy influyente que no deja de ser referencia obligada en la evolución de la música electrónica, y tanto si nos va a servir para echar a volar la imaginación como si la entendemos en su vertiente de documento histórico, merece la pena conocerla.

The Light Sailer

lunes, 26 de julio de 2010

Mike Oldfield - QE2


1. Taurus I (10:17)
2. Sheba (3:32)
3. Conflict (2:48)
4. Arrival (2:45)
5. Wonderful Land (3:37)
6. Mirage (4:39)
7. QE2 (7:39)
8. Celt (3:04)
9. Molly (1:13)

Habrá quien siga diciendo aquello de que el mejor Mike Oldfield terminó con Incantations, y no sabría yo si darle la razón o quitársela. La cosa es que este QE2, un álbum no especialmente ambicioso y no especialmente complicado, tiene siempre un lugar de honor entre los favoritos de los seguidores del británico. Y no, el mejor Mike Oldfield nunca ha terminado de irse, y menos en 1980.

Mike Oldfield vestido de capitán de transatlántico en un póster promocional.

QE2 debe su nombre al famoso transatlántico Queen Elizabeth 2, y los colores del casco del barco están reproducidos en la -en principio- enigmática portada del disco, que viene a ser su proa. Tal vez Mike concebía el álbum como un viaje de placer, y desde luego es innegable que todos y cada uno de los temas que lo componen son pequeñas aventuras musicales, prácticamente postales que uno llevaría en la maleta tras un largo e intenso crucero. Y el viaje es de placer, porque se nota que Mike se relaja bastante respecto a sus obras épicas anteriores para deleitarse incluso con un par de versiones de temas que le gustaban (Arrival de ABBA y Wonderful Land de The Shadows), superando con creces a los originales aunque esté feo decirlo.

Portada del single Arrival. La del álbum de ABBA es muy parecida.

La idea era también lanzar unos cuantos singles llamativos que le abriesen por fin el mercado americano a su música, haciendo caso de las sugerencias de la compañía Virgin, que ya empezaba a meter mano en sus obras más de la cuenta. En teoría, cualquier disco sería más fácil de vender si estaba constituido de una serie de temas no demasiado largos y bien delimitados entre sí, que pudiesen radiarse independientemente y resultasen accesibles a públicos que no querían complicarse la vida con suites de 20 minutos sin cortes. Pero Mike es Mike y termina por colar Taurus I, de diez minutos largos, y el homónimo QE2, de siete y pico.

Vídeo oficial de Wonderful Land.

A partir de QE2, Oldfield va configurando poco a poco una banda más o menos estable que se conocería informalmente como The Mike Oldfield Group, en el que estaban gente como la inconfundible cantante Maggie Reilly, el teclista Tim Cross y el recientemente fallecido batería Morris Pert. Además, en Taurus I y Sheba colabora a la batería Phil Collins, que entonces ya había sustituido a Peter Gabriel como vocalista principal de Genesis. Todo ello viene a significar que Mike Oldfield va quitándose de encima algunos de los instrumentos que hasta entonces manejaba en plan "hombre orquesta", para centrarse solamente en unos cuantos y dejar el trabajo a otros tantos buenos profesionales a sus órdenes.

Portada del single Wondeful Land.

En lo que se refiere al estilo de QE2, se podría decir que Oldfield reduce la complejidad de la producción en favor de un sonido limpio y directo cercano al pop-rock, acentuado ésto por la presencia de una batería más sólida y constante que la que se haya escuchado antes en sus discos, salvo en casos aislados. Algún momento concreto, sobre todo Taurus I (que tendría dos secuelas en los discos Five Miles Out y Crises), es prácticamente un tema de rock progresivo. No obstante, cabe señalar que hay quien ve QE2 como un trabajo de "rock celta", seguramente por el uso que se hace de algunas percusiones, o más bien -pienso yo- porque es tan extremadamente melódico que algunos no asumen una música así fuera del folclore más colorista.

Vistas del interior del álbum en vinilo.

Destacar unos cuantos temas de QE2 viene a ser una simple cuestión de pareceres, ya que en el disco no sobra nada. Otra vez Mike lanzaba un álbum sin una pizca de material de relleno. Yo me quedo con Arrival y QE2 por lo evocadores que me resultan (¿A quién no le despierta la imaginación una música así?), pero también están ahí Taurus I, Wonderful Land, Sheba y Mirage todos imprescindibles. QE2, si bien no refleja la extrema complejidad técnica de la que era capaz entonces Mike Oldfield, sí que puede ser el álbum perfecto para recomendar a quien no haya tenido la suerte de escuchar nada de este señor. Es un buenísimo punto de partida. Podemos escuchar en Spotify su edición "deluxe", publicada en 2012.


El tema QE2.

P. D.: Fue a la salida de QE2 cuando Mike Oldfield fue entrevistado a fondo por el periodista español Ángel Casas, en el mítico programa de TVE Musical Express. Aquí podéis ver el vídeo, que incluye una interpretación de buena parte del álbum del que estamos hablando:

(Agradecimientos a rtve.es y al blog de Neil Parsons).

miércoles, 21 de julio de 2010

Miles Davis - IN A SILENT WAY



Quienes seáis aficionados al jazz (yo no lo soy demasiado) seguramente contéis entre los dos o tres músicos más importantes del género al trompetista Miles Davis. Este señor no solamente creaba ramas del jazz prácticamente con cada disco que publicaba, sino que solía reunirse con troupes completas de músicos cuyos nombres forman también parte de la constelación de estrellas de este estilo musical.

No voy a entretenerme con datos biográficos a los que cualquiera puede acceder tirando de Wikipedia, sino que prefiero centrarme en el disco que nos ocupa, y que para muchos se trata nada más y nada menos que del más decisivo intento de un músico serio y "ortodoxo" por realizar una fusión con otros géneros ajenos al suyo. Fue en 1969 cuando, seguramente preocupado por el decreciente interés del público mayoritario por el jazz, cosa que se veía en los clubes especializados cada vez más vacíos, Davis se decidió a fusionar aquel género que él defendía a capa y espada con el rock tan de moda. Se considera que In a Silent Way fue el primer disco de su período "eléctrico".

En la trasera del CD puede verse qué músico interpreta cada instrumento.

No creo que In a Silent Way pueda realmente considerarse como una obra que fusione jazz y rock, sino que Miles Davis y sus acompañantes -John McLaughlin, Chick Corea, Herbie Hancock y Joe Zawinul, entre otros muchos- realizaron algo completamente nuevo, no sé si por casualidad, del mismo modo en que Colón se topó con América mientras buscaba Japón. In a Silent Way es, visto hoy en día y considerado de forma no histórica, un álbum ambient con reminiscencias jazzísticas. Davis introduce ritmos más propios del pop que del jazz, y hay ya elementos electrónicos de por medio, aunque al final todo resulta un ejercicio atmosférico con una estructura muy sencilla, y casi transmitiendo la sensación de que Miles se pasa el rato llevándose el índice a los labios para que a ninguno de sus músicos se le vaya a ocurrir tocar con demasiado entusiasmo o destacar. No hay florituras ni virtuosismos accesorios en In a Silent Way.

It's About That Time en vivo, con Joe Zawinul (su compositor).

El álbum está construido de forma muy esquemática y simple, con dos largas piezas compuestas cada una por tres movimientos: una exposición que introduce la pieza y nos pone en situación, un desarrollo de la melodía más o menos exhaustivo, y una recapitulación que retoma casi exactamente la introducción, para redondear. Todo ello sigue las formas de las sonatas clásicas, y eso se debe bastante más a la labor de edición -recorte, para entendernos- del productor Teo Macero que a lo que Davis y compañía tocaron en aquellas sesiones en la CBS de Nueva York.

Portada original del álbum.

¿Qué convierte a In a Silent Way en un álbum imprescindible? Sobre todo su influencia posterior, que abarca desde el propio jazz hasta la new age, la clásica contemporánea y diversas tendencias de la electrónica como el chill out. Además, se cuenta entre los trabajos más populares y exitosos de Miles Davis, no muy por detrás de su archiconocido Kind of Blue (si bien las críticas fueron muy diversas) y, en cualquier caso, perteneciente a aquellos prodigiosos años entre finales de los '60 y principios de los '70 en los que, al menos culturalmente hablando, cualquier cosa estaba permitida y todo parecía posible.

domingo, 18 de julio de 2010

Steve Hackett / The Royal Philharmonic Orchestra - A MIDSUMMER NIGHT'S DREAM


1. The Palace of Theseus (2:46)
2. A Form in Wax (4:40)
3. By Paved Fountain (2:00)
4. Titania (2:24)
5. Set Your Heart at Rest (3:31)
6. Oberon (2:32)
7. Within This Wood (2:36)
8. In the Beached Margent of the Sea (2:38)
9. Between the Cold Moon and the Earth (2:44)
10. Puck (1:52)
11. Helena (4:21)
12. Peaseblossom, Cobweb, Moth and Mustardseed (4:28)
13. Mountains Turned into Clouds (4:36)
14. The Lunatic, the Lover and the Poet (4:14)
15. Starlight (4:48)
16. Lysander and Demetrius (2:45)
17. Celebration (6:15)
18. All Is Mended (3:13)

William Shakespeare escribió El sueño de una noche de verano entre 1595 y 1596, tomando como pretexto la celebración de la boda de Sir Thomas Berkeley y Elizabeth Carey para escribir un alegre retrato de la vida en pareja ambientado en la antigua Grecia mitológica; de parejas en distintos momentos de su vida en común, de distintas formas de entender la unión de los cónyuges. De paso, creó una de las grandes comedias de la literatura universal. No es raro que esta obra tan conocida terminase siendo adaptada musicalmente, destacando la ópera de Bejamin Britten, la obertura de Felix Mendelsson y este álbum de Steve Hackett de 1997.

Steve Hackett, en la contraportada.

Hackett, como ya apunté en una entrada anterior sobre él, fue componente de la banda de rock progresivo Genesis durante los mejores años de la formación, realizando después álbumes del mismo género tan interesantes como Voyage of the Acolyte. Sin embargo, hay quienes recuerdan a Hackett por una faceta algo más específica de su carrera como músico: su habilidad como guitarrista clásico. Yo me enamoré de su guitarra en aquel tema instrumental llamado Horizons del disco Foxtrot de Genesis, y me sorprendí todavía más cuando, con el tiempo, supe que Steve Hackett había ido volcándose más y más en su vertiente de guitarrista hasta el día de hoy. Este A Midsummer Night's Dream es la demostración de su tremendo genio y de su madurez como compositor clásico de pleno derecho.

Acompañado por la Royal Philharmonic Orchestra (conjunto muy frecuentemente reclamado para colaboraciones de todo tipo con artistas provenientes del universo pop-rock), Steve Hackett desarrolla una serie de piezas completamente instrumentales sin otro ingrediente que la orquesta completa y su guitarra clásica, contándonos, como si de un largo poema sinfónico se tratase, la historia de todos aquellos personajes shakespearianos: Teseo, Hipólita, Oberón, Titania, Puck, Helena... Para rematar la faena con práctica perfección, no se me ocurre exactamente cómo lo hace Steve Hackett, pero no nos resulta difícil imaginar que esta obra pudiese ser interpretada tal cual en los tiempos del propio Shakespeare sin desentonar con lo que se podía estar tocando entonces en los más delicados auditorios cortesanos.

Portada alternativa.

El tono de la música es siempre suave, casi onírico -recordemos que es un sueño-, acentuando este ambiente relajado con un ligero efecto de eco, logrando que se le ponga a uno la carne de gallina con solo pensar en cómo debe sonar este disco mientras se echa uno la siesta en un "locus amoenus". Y que quede claro que no estamos hablando de música new age ni de ambient, sino de música clásica con todas las letras, un género en el que Hackett se mueve como si se hubiese criado en él desde siempre: las melodías, los ritmos, el equilibrado diálogo guitarra-orquesta, todo funciona de una manera completamente distinta a lo que podríamos esperar en el caso de uno de tantos trabajos pseudo-clásicos de estrellas del rock de antaño, que suelen abundar en esquemas poblados de estribillos encubiertos y vacuas fanfarrias de trompeta por doquier. Steve Hackett es un tipo musicalmente adulto que sabe lo que quiere, y deja de lado cualquier triunfalismo, realizando un álbum que en nada recuerda a sus años en Genesis, salvo en todo caso su aplastante calidad compositiva.

En fin, solamente decir que soy incapaz de pensar en un disco de música basado en una obra literaria que dé en el clavo de una forma tan perfecta como éste. Es una exquisitez de la que el propio bardo se sentiría orgulloso. Y nosotros, a ver si soñamos más en estas tórridas noches de verano.

Celebration.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...