lunes, 28 de junio de 2010

Steve Reich - DIFFERENT TRAINS


2. Europe - During the War (7:30)
3. After the War (10:32)

El nombre de esta composición del minimalista Steve Reich es "Trenes diferentes", cosa que en cuanto comenzamos a escuchar cualquiera de las versiones grabadas disponibles nos resulta una obviedad: la música fluye con el ritmo de un tren, con su cha-ca-chá, y con su pitido y todo. Pero para comprender las verdaderas intenciones de Reich tendremos que dar un paso atrás y ver el cuadro al completo.

Steve Reich

Reich, de origen judío, pasó los años de la 2ª Guerra Mundial viajando en tren desde Nueva York a Los Ángeles para visitar a sus padres, que estaban separados. Con el tiempo se dio cuenta de que, de haber vivido en Europa en lugar de en Estados Unidos, seguramente habría viajado en otro tipo de trenes: los que conducían a los campos de exterminio nazis. Trenes bien "distintos", en definitiva. En 1988 compuso esta obra que le valió el premio Grammy. Destaca, de entre las distintas grabaciones realizadas de Different Trains, aquella cuya portada adjunto arriba, junto al Kronos Quartet, en la que también se incluye la partirura de Electric Counterpoint en la que interviene Pat Metheny.

Otra grabación de la obra.

Different Trains consta de tres movimientos. America-Before the War ("América-antes de la guerra") incluye, además de sonidos reales de trenes y las cuerdas de los Kronos, voces grabadas en cinta magnetofónica correspondientes al ama de llaves de Reich, Virginia, y un revisor de trenes, Lawrence Davis, hablando sobre cómo era viajar en tren antes de la guerra. En Europe-During the War ("Europa-durante la guerra"), el músico cede la palabra a tres supervivientes del Holocausto que hablan sobre sus nefastas experiencias viajando en trenes a los campos. En el tercer movimiento, After the War ("Tras la guerra"), las voces de Virginia, Lawrence y los supervivientes mezclan sus voces mientras volvemos a escuchar trenes americanos.

Y otra.

Pese a lo abstracto de la obra, Steve Reich cuida bastante el detallismo en la recreación histórica, ya que procura que el sonido de los trenes del primer y tercer tema pertenezcan verdaderamente a trenes estadounidenses, mientras que los trenes del segundo tema son realmente europeos, así como lo son también sus silbatos, con distintos tonos y ritmos que los de los trenes americanos. También podemos escuchar las sirenas de los campos de concentración en el segundo tema.

Y otra más.

Hay quien ve en este Different Trains la obra definitiva de Steve Reich. Yo no puedo confirmar ni desmentir, primero porque debería conocer a fondo su repertorio antes de juzgar algo así, y segundo, porque no se si se trata de una obra lo suficientemente accesible como para llegar a todo el público y convertirse en un emblema personal para su autor. En cualquier caso, el buen melómano sabrá apreciar esta composición con un poquito de ayuda, y no tendrá duda de que es un perfecto ejemplo del cómo, el cuándo y el porqué del minimalismo como corriente de la música clásica.

Un interesante documento, con el segundo movimiento como tema central.

viernes, 25 de junio de 2010

Eno Moebius Roedelius - AFTER THE HEAT


1. Foreign Affairs (3:30)
2. The Belldog (6:16)
3. Base & Apex (4:29)
4. Tzima N'Arki (4:30)
5. Luftschloss (3:10)
6. Oil (4:12)
7. Broken Head (5:25)
8. Light Arms (1:29)
9. The Shade (3:08)
10. Old Land (4:10)

After the Heat es el título del álbum lanzado en 1978 por Dieter Moebius, Hans-Joachim Roedelius y el sempiterno mecenas de lo electrónico y experimental Brian Eno. La primera pregunta que podemos hacernos es por qué Moebius y Roedelius no figuran con el nombre de Cluster, como el dúo se había dado en llamar incluso en su primera colaboración con Brian Eno, Cluster & Eno (1977). La respuesta puede venir por varias vías, desde considerar que los dos miembros de Cluster no querían continuar con su proyecto krautrock a pensar que tal vez querían formar un "grupo" estable con Eno -que parece ir ganando terreno en este segundo trabajo también en lo estrictamente musical-. Sin necesidad de comernos el coco con lo escrito en la portada, podemos pasar directamente a una descripción del disco, para lo cual la portada -la imagen, para ser exactos- es bastante más reveladora.

Empeñado en cimentar lo que iba a ser el ambient propiamente dicho, Eno y los pioneros seguramente involuntarios Cluster se unen para ofrecer una experiencia musical oscura y sensual en la que el sonido de ambos núcleos creativos -los alemanes y el británico- se democratiza, decantándose incluso el resultado hacia el lado de Eno. No es de extrañar que muchas de las reseñas que pueden encontrarse de After the Heat señalen el parecido de algunos temas (Belldog, por ejemplo) con los que grabase el ex-Roxy Music en álbumes como Another Green World o Before and After Science, que son, como este mismo disco que nos ocupa, previos al climático Music for Airports. Nótese el posible influjo que los temas The Shade y Old Land de este After the Heat pudieron tener sobre aquel Ambient 1. A mí también hay momentos que me recuerdan lejanamente a My Life in the Bush of Ghosts, pero bueno.

Los padres de la criatura.

Aquí Brian Eno canta en unos cuantos temas, cosa que dudo mucho volviese a hacer en adelante, a no ser que fuese filtrando su voz hasta convertirla en algo irreconocible. Muchos de los cortes de After the Heat tienen ritmo y maneras de canciones pop, aunque siempre transformados en algo distinto mediante lo minucioso del tratamiento de estudio, que hacen de la voz un elemento más. Se preguntarán los seguidores de Cluster, por lo tanto, qué ha sido de su aportación al disco si Eno ha realizado algo tan coherente respecto a su discografía previa. Yo veo a Cluster en la estructura cíclica de las melodías, en su suavidad esponjosa y minimalista, y en unos ritmos muy medidos que no son exactamente los habituales en los álbumes de Brian Eno. Están muy presentes en Light Arms o Foreign Affairs, y en la bonita melodía de Luftschloss, que es una mezcla perfecta entre los estilos de Cluster y el fundador del ambient.

En resumen, decir que After the Heat es apreciado como obra de culto y posible cumbre creativa de la reunión de sus tres componentes, si bien yo encontraba una atmósfera más cálida y agradable, y una cohesión de conjunto mayores, en Cluster & Eno. Quizá sea por eso que el disco se titula precisamente "Tras el calor".


Foreign Affairs

jueves, 24 de junio de 2010

Ennio Morricone y la "Trilogía del dólar".

Ennio Morricone y Sergio Leone, tal para cual.

El western es uno de esos géneros que, a lo largo de su devenir por la gran pantalla, han sido considerados como especies en extinción. Hoy mismo nadie da un duro porque vaya a volver a estar de moda el cine del oeste, al igual que nadie lo daba hace unos años, cuando se estrenaron Bailando con lobos o Sin Perdón. Nunca se sabe cuándo va a volver, pero sin duda lo hará, porque ya ha sucedido en el pasado.

Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef, o sea, el bueno, el feo y el malo.

El western se encontraba en decadencia cuando, a mediados de los años '60, el joven director italiano Sergio Leone (1929-1989) se propuso, utilizando un lenguaje fílmico mucho más propio de las vanguardias europeas que del Hollywood dorado, dar un nuevo enfoque a aquel viejo modo de rodar duelos al sol, persecuciones de cuatreros y asaltos al ferrocarril. Fue el penúltimo revival del cine de cowboys, y tal vez el más intenso. Despectivamente se conoció como "Spaghetti Western" por tratarse de producciones mayoritariamente italianas, y hoy en día son idolatradas por su talante inequívocamente cínico y decadente.



Aquí no estaba John Wayne con sus camisas color salmón delicadamente planchadas, sino que nos encontrábamos con una cuadrilla de macarras con la piel ennegrecida por el sol, la ropa hecha un asco, los dientes amarillos y ninguna clase de escrúpulo moral. El oeste que creó Sergio Leone en sus archifamosas Por un puñado de dólares (A Fistful of Dollars, 1964), La muerte tenía un precio (For a Few Dollars More, 1965) y sobre todo El bueno, el feo y el malo (The Good, the Bad and the Ugly, 1966), se caracteriza porque, pese a que los personajes hacen referencias vagas a lugares reales de Estados Unidos, nos hace pensar en todo momento que eso no es el lejano oeste americano, sino uno cinematográfico que no es más real que cualquier mundo de ficción. Es un universo propio en el que solamente existe el desierto, los blancos poblados mexicanos y alguna cantina donde despachan whisky, todo ello recreado en la reseca Almería. Y nada de marchas triunfales para acompañar; nada de Elmer Bernstein y Los siete magníficos; nada de Dimitri Tiomkin o Max Steiner: no hay aquí una orquesta que fluya con las imágenes, sino una música primitiva, tosca y cortante que no deja de autoalimentarse, ensuciando todavía más de polvo y sangre seca las caras de Eastwood, Van Cleef y compañía. La música del amigo de la infancia de Leone, Ennio Morricone.



Las tres películas de Leone protagonizadas por ese hombre sin nombre que encarnaba un joven Clint Eastwood no son realmente secuelas las unas de las otras, si bien mantienen una gran cohesión temática, sostenida en buena medida por sus inconfundibles bandas sonoras. Morricone da una lección de frescura y originalidad con sus bandas sonoras para la "Trilogía del dólar", que se sustentan en campanazos, punteos de guitarra española y eléctrica, flautas lejanas y toda clase de sonidos procedentes de las cuerdas vocales humanas, prácticamente en ningún momento haciendo algo que podamos llamar "cantar". Tampoco olvidemos los antológicos silbidos del jienense Curro Savoy (conocido como Kurt Savoy), que nadie podría disociar de Por un puñado de dólares y El bueno, el feo y el malo. Las melodías son bastante sencillas, fluctuando entre lo épico y lo aterradoramente nostálgico de algunas piezas que incluyen coros. Añadiría como una impresión personal que hay escenas enteras de estas películas rodadas únicamente como excusa para que Morricone diese uno de sus recitales.



Hoy en día, el western es indisociable como género de lo que llevó a cabo el tándem Leone-Morricone hace cuatro décadas a fuerza de crear arquetipos eternos, influyendo enormemente en la cultura popular (la melodía principal de El bueno, el feo y el malo es ya seguramente el tema más famoso en la historia del cine del oeste) y en películas como, por ejemplo, Kill Bill o Malditos bastardos, para las que el director Quentin Tarantino no dudó en reciclar temas antiguos de Morricone en la línea de sus westerns clásicos. La de Ennio y Sergio es una revolución que todavía no ha terminado.

Esta escena de El bueno, el feo y el malo incluye el famoso tema The Ecstasy of Gold.

Morricone realizando un arreglo orquestal de uno de sus temas estelares.

miércoles, 23 de junio de 2010

Goldfrapp - FELT MOUNTAIN


1. Lovely Head (3:49)
2. Paper Bag (4:05)
3. Human (4:36)
4. Pilots (4:29)
5. Deer Stop (4:06)
6. Felt Mountain (4:17)
7. Oompa Radar (4:42)
8. Utopia (4:18)
9. Horse Tears (5:10)

Creo que este es el disco menos "ortodoxo" del que he hablado hasta ahora en el blog. Llevo tiempo esquivándolo, pero me doy cuenta de que, pese a su pertenencia al mundo del pop indie -que generalmente no me gusta nada-, hay aquí planteamientos musicales que van un paso más allá de lo meramente moderno o cool, innovando y poniendo sobre la palestra sonidos que podríamos calificar de todo menos de convencionales.

Will Gregory y Alison Goldfrapp.

Alison Goldfrapp y Will Gregory grabaron Felt Mountain (2000), su disco de debut, nada más firmar su contrato con la productora Mute. Ha de entenderse que gran parte de la inspiración les llegó durante el propio período de grabación, por ejemplo a través de las sensaciones nada agradables que la vocalista Alison experimentaba en el bungalow que alquilaron en el condado británico de Wiltshire. Los temas son bastante oscuros, trágicos incluso, aunque siempre en el sentido más teatral del término. Nos dice la Wikipedia (si no existiera, deberían inventarla) que son como "cuentos inspirados por películas" (Oompa Radar, por ejemplo, se inspira en Callejón sin salida, de Polanski), mezclados con recuerdos de infancia de la cantante y letrista.

Imagen de la carpetilla del CD.

Hasta aquí la descripción objetiva del álbum, pero creo que será necesario un punto de vista más personal. Felt Mountain es un trabajo inclasificable, adscrito al pop-rock por el simple hecho de que hay una voz solista y los temas siguen la estructura más o menos tradicional de la canción pop de toda la vida. Pero los Goldfrapp demuestran que, musicalmente hablando, tienen la cabeza muy bien amueblada: encontramos arreglos grandiosos, propios del rock cósmico de antaño, o incluso de Kraftwerk y hasta del Vangelis de los setenta; reminiscencias de las bandas sonoras para westerns de Morricone, de los temas de James Bond de John Barry, o de películas de fantasía de Danny Elfman; aires de cabaret berlinés decadente y, sobre todo, una concepción de la canción como pequeña obra de arte cuidada al máximo en la que la instrumentación no es eclipsada por la voz principal, pese a que la segunda sea de muy alta calidad.

Imagen promocional de Felt Mountain.

Destaco, por encima de cualquier otro, el tema Utopia. Se trata de una especie de canción de amor en mitad de una distopía de ultraderecha tal y como la concebirían Orwell, Huxley o K. Dick, con lavados de cerebro y clonaciones a destajo.

Vídeo de Utopia.

Y el de Lovely Head.

Si a eso le sumamos un innegable sentido del espectáculo (sus puestas en escena son dignas del Peter Gabriel más desfasado de Genesis) y un interés constante por deleitar al oyente con una calidad de producción vanguardista y deslumbrante, nos daremos cuenta de por qué Goldfrapp está alcanzando unas cotas de popularidad que pronto les hará ser declarados "personas non gratas" en el submundo indie. Démosles una oportunidad a estos dos talentos que se salen del tiesto, y si todavía se pregunta alguien qué hace este disco en nuestro blog, escuchad:

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