miércoles, 8 de marzo de 2017

Jóhann Jóhannsson - ARRIVAL

 

1. Arrival (2:51)
2. Heptapod B (3:42)
3. Sapir-Whorf (1:17)
4. Hydraulic Lift (3:32)
5. First Encounter (4:50)
6. Transmutation at a Distance (1:35)
7. Around the Clock News (1:35)
8. Xenolinguistics (3:29)
9. Ultimatum (1:52)
10. Principle of Least Time (1:20)
11. Hazmat (4:49)
12. Hammers and Nails (2:32)
13. Xenoanthropology (3:08)
14. Non-Zero-Sum Game (4:18)
15. Properties of Explosive Materials (3:31)
16. Escalation (2:02)
17. Decyphering (2:05)
18. One of Twelve (3:09)
19. Rise (1:47)
20. Kangaru (2:56)

Ya se notará a estas alturas que soy aficionado a la ciencia-ficción, y en el blog hemos tenido tanto trabajos musicales que podrían enmarcarse en el género por sí mismas como bandas sonoras destacadas para películas con esta temática. Una de las mayores sorpresas que me he llevado en los últimos tiempos, tanto en lo fílmico como en lo musical, es La llegada (Arrival, 2016), del director canadiense Denis Villeneuve. No revelaré más lo necesario sobre la trama de la película, así que comenzaré diciendo simplemente que el islandés Jóhann Jóhannsson ha logrado una de las más estremecedoras aproximaciones que he escuchado hasta ahora a lo que podría ser una música verdaderamente alienígena.

Jóhann Jóhannsson (de la web Brooklyn Vegan).

La película trata sobre la llegada (claro) a la Tierra de una serie de naves extraterrestres que simplemente se quedan suspendidas sobre el terreno, a la espera de que se establezca con ellas ese clásico "primer contacto" con la humanidad, que en este caso queda en manos, militares mediante, de una lingüista y un matemático. No es un argumento novedoso del todo, pero ese primer momento en el que entramos en la nave extraterrestre y descubrimos paso a paso sus secretos junto a los personajes interpretados por Amy Adams y Jeremy Renner es muy impactante. En el interior de la nave no se cumplen las leyes gravitariorias a las que estamos acostumbrados, y los visitantes se nos presentan a través de un grueso panel translúcido que, encima, está lleno de niebla blanca. Y aquí -entre los temas titulados en el CD como Hydraulic Lift y First Encounter- es donde la música nos eriza los vellos con sonidos vagamente humanos, humanoides en todo caso, quizá como de cetáceos, logrando una textura sonora en la que no sabemos dónde acaba la música y empieza el sonido ambiente de la propia escena. 
 
Es precisamente el juego que saca Jóhannsson a los sonidos humanos distorsionados el que destaca en los mejores momentos de su partitura. Nos encontramos con suaves voces casi líricas en temas como Sapir-Whorf, con una mezcla de las anteriores y voces "no musicales" sampleadas en Heptapod B y Kangaru, y sobre todo con abismales sonidos guturales (?) en el tema inicial Arrival, que en la película se asocia a las extrañas naves extraterrestres más que a sus ocupantes. Quien haya visto la película sabrá la importancia que tiene el lenguaje a lo largo de la trama, y de ahí la inteligencia del compositor a la hora de abordar su trabajo. También hay que destacar aquellos fragmentos fuertemente rítmicos (el mencionado Heptapod B, por ejemplo) en los que las percusiones consiguen efectos fascinantes que recuerdan involuntariamente a la maravilla que compusieron los de Geinoh Yamashirogumi para Akira (1989).

Heptapod B

También es verdad que algunos críticos -y creo que con razón- se quejan de que muchos de los otros temas de la partitura, de corte orquestal, son excesivamente convencionales y poco memorables. En realidad, la de Arrival es la clase de banda sonora que intenta pasar desapercibida durante la mayor parte del metraje del filme, salvo en los casos en los que, como hemos señalado antes, atraviesa la barrera del mero acompañamiento de las imágenes para convertirse en protagonista total. Quizá hablaríamos de una auténtica obra maestra si Jóhannsson se hubiese limitado a crear sonidos sintetizados en toda la partitura porque, si bien esto no la habría hecho necesariamente más digerible para un público amplio (y no lo es en absoluto), al menos sí que habría hecho las delicias de los amantes más hardcore del dark ambient y la música clásica contemporánea. Lo logrado es en cualquier caso sobresaliente, y cumple con las exigencias de quienes, como dice el propio compositor, "están hambrientos de nuevos sonidos". Ojito, porque seguramente la próxima obra que comentemos aquí de Jóhann Jóhannsson sea la secuela de Blade Runner.

El álbum oficial, publicado por Deutsche Grammophon, reordena algunos temas (los dos primeros, por ejemplo) para que el trabajo funcione mejor de cara a su escucha aislada, aunque en la red pueden encontrarse versiones ilegales con el material organizado de otra manera, o incluso expandido. Por cierto, en la película se incluye el tema On the Nature of Daylight, de Max Richter, que muchos aficionados han echado de menos en la edición oficial del álbum. Puede escucharse en YouTube.


viernes, 24 de febrero de 2017

Anunciado el nuevo álbum de Penguin Cafe.


Ya iba tocando un nuevo trabajo de Arthur Jeffes y los suyos. El álbum se llamará The Imperfect Sea ("El mar imperfecto") y saldrá a la venta el 5 de mayo. Esa misma noche lo presentarán en concierto en Nueva York. Las expectativas son razonablemente altas dada la calidad creciente de sus dos discos anteriores, A Matter of Life... (2011) y The Red Book (2014). La banda ha publicado también un par de imágenes promocionales, una de las cuales (la que encabeza esta entrada) tiene pinta de ser la portada. Como adelanto, además, puede escucharse el nuevo tema Cantorum.

viernes, 17 de febrero de 2017

Tangerine Dream - LOGOS (LIVE)


1. Logos, Part One
Intro, Cyan, Velvet, Red, Blue (25:41)
2. Logos, Part Two 
Black, Green, Yellow, Coda (19:28)
3. Dominion (5:45)

Es acertado afirmar que la banda alemana Tangerine Dream vivió su mejor etapa entre principios de los setenta y mediados de los ochenta. Tuvieron su gran oportunidad gracias a su fichaje por la compañía británica Virgin, que durante muchos años fue quizá el sello "grande" que más cultivadores de las nuevas músicas tuvo entre sus filas. Eso no significa que los años Virgin de TD fuesen homogéneos en cuanto al estilo musical de la formación, ya que, como comentamos en su momento, su sonido fue adaptándose a una industria cada vez menos tolerante hacia los excesos virtuosos de los setenta.

Una página del libreto del CD.

Logos (1982) fue un álbum fronterizo en muchos aspectos. Mantenía la larga duración y la complejidad técnica de las obras clásicas de la banda, mientras que su tendencia cada vez más acusada hacia lo melódico apuntaba hacia lo que vendría después. También está el hecho de que Edgar Froese, Christopher Franke y Johannes Schmoelling habían catado el éxito (quizá no enorme pero sí suficiente) en Hollywood, y Logos apareció poco antes de que se volcasen en los diversos proyectos para el cine que por entonces irían cayendo en sus manos.

Logos se grabó en el Dominion Theatre de Londres durante la gira europea en la que andaban embarcados. En general, se tiene constancia de que los primeros conciertos de TD eran pura improvisación, viajes alucinógenos entre marañas de cables y lucecitas parpadeantes. Álbumes míticos como Ricochet (1975) o Encore (1977) surgieron de este enfoque, mientras que Logos surge del montaje de diversos pasajes de las dos horas del concierto londinense, en el que sonaron piezas de álbumes de aparición más reciente como Exit o White Eagle. El sonido del álbum, pese a ser en directo y contener los lógicos aplausos, es tan nítido como el de una grabación de estudio.

Portada de la primera edición.

Lo cierto es que Logos, escuchado hoy en día, es uno de los trabajos más estimulantes de aquella etapa, ya que el equilibrio entre lo puramente secuencial y las poderosas melodías (aunque el tema final Dominion es decepcionante por ser demasiado simple y comercial) logra construir una experiencia musical compleja y muy factoria. La primera edición en CD unía las partes 1 y 2 en un solo corte, aunque también hay ediciones que subdividen cada una de las anteriores en tramos nombrados por colores, añadiendo una introducción y un epílogo. Esto hace más evidente la diferencia de estilo entre melodías y texturas, aunque el conjunto, como decíamos (y sin olvidar que es un collage de trozos de un concierto), fluye sin que nos chirríe su heterodoxia.

Precisamente por ser un estupendo muestrario del antes y el después de Tangerine Dream, podría ser un trabajo adecuado para iniciar a un neófito en el sonido de la banda.

Velvet

Un trozo de Red.
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