martes, 20 de enero de 2015

Clannad - CLANNAD


1. Níl Sé Ina Lá (Níl Sé'n Lá) (4:50)
2. Thíos Cois Na Trá Domh (2:55)
3. Brian Boru's March (3:50)
4. Siúbhán Ní Dhuibhir (4:30)
5. An Mhaighdean Mhara (2:10)
6. Liza (2:00)
7. An tOileán Úr (4:03)
8. Mrs. McDermott (3:03)
9. The Pretty Maid (2:40)
10. An Pháirc (3:00)
11. Harvest Home (1:40)
12. Morning Dew (3:45)

Cuando se escucha uno de los trillones de antologías de música celta que hay por ahí, es posible quedarse con la impresión general (a mí me ha pasado) de que el género es más o menos compacto, y de que especialmente aquellos grupos con más renombre se parecen por aquello de ser, en general, los más apegados al folklore común. Clannad no se ajusta demasiado a esta característica, ya que siempre ha sido un grupo muy reconocible gracias a un estilo propio que le da carácter, y que se basa en la utilización de la voz, en polifonía por lo general, como principal elemento musical.

La historia del grupo es bastante conocida. Los tres hermanos Bhraonáin (o Brennan) Moya, Ciarán y Pól, junto con sus tíos, los mellizos Noel y Pádraig Dúgáin (o Duggan) se reunían para interpretar música tradicional en un pub rural del noroeste de Irlanda cuando recibieron la oferta de participar en un concurso cuyo premio sería la grabación de un disco. Efectivamente, resultaron ganadores del certamen y su carrera discográfica comenzó con este Clannad (1973), de manos de la compañía Philips. Una década más tarde sería reeditado con el nombre de The Pretty Maid y una portada distinta, aunque para su primera versión en compact disc se retomó tanto el nombre como el diseño originales.

Contraportada del CD.

En su día comentamos el que es tal vez el disco más conocido de Clannad, Magical Ring, que contiene su archiconocido Theme from Harry's Game, aunque esta formación familiar tiene en su haber algunos otros títulos célebres que podrían haber sido comentados antes de este trabajo de su primera y más desconocida época. ¿Por qué he elegido este? Porque me encanta el sonido que Clannad tenía entonces, un claro ejemplo de la luminosa mezcla de tradición y espíritu pop hippy de que hacían gala muchos folkloristas setenteros. Clannad suena insultantemente auténtico, artesano, pese a que solemos tener en mente momentos posteriores en los que el grupo haría gala de una exquisita producción y unas voces mucho más trabajadas, cercanas a veces al mundo etéreo de la new age. Aquí suena exactamente como lo que era: un grupo de personas de la misma familia, gente más o menos sencilla del campo con un gran talento para la música, y que eran capaces de llevarse a su terreno unas cuantas de las muchísimas canciones populares irlandesas de siempre.

Brian Boru's March

Como suele pasarme, me he fijado especialmente en su estupenda versión de la Marcha de Brian Boru, que es instrumental, aunque sus alegres y bellas canciones -en inglés y sobre todo gaélico- suenan maravillosas. No es solo música celta, ni abandona del todo este terreno para entrar en la fusión pop. Seguramente los Brennan y los Duggan estaban empapados de la edad de oro del pop-rock que se vivía en las Islas en los últimos años, y por mucho que conociesen al dedillo las maneras de los celtas más ancestrales, tendrían la necesidad de realizar un trabajo fresco y abierto que gustase al público general de los primeros años setenta. Incluyen, por cierto, una versión de la canción Morning Dew de Bonnie Dobson, cosa bastante curiosa en un álbum de música tradicional, considerando su temática post-apocalíptica.

Morning Dew

No es tanto un disco para disfrutar de las bondades de Clannad en su mejor momento como una dulce excusa para recuperar aquella época maravillosa en que hasta la música más sencilla renegaba de las etiquetas. Pura evocación y simplicidad bien entendida.

domingo, 11 de enero de 2015

Howard Shore - THE HOBBIT: THE BATTLE OF THE FIVE ARMIES


CD 1

1. Fire and Water (5:57)
2. Shores of the Long Lake (4:01)
3. Beyond Sorrow and Grief (Extended Version) (4:12)
4. Guardians of the Three (Extended Version) (5:48)
5. The Ruins of Dale (3:39)
6. The Gathering of the Clouds (Extended Version) (5:52)
7. Mithril (3:08)
8. Bred for War (3:20)
9. A Thief in the Night (4:14)
10. The Clouds Burst (4:13)
11. Battle for the Mountain (4:38)

CD 2

1. The Darkest Hour (5:33)
2. Sons of Durin (4:24)
3. The Fallen (4:56)
4. Ravenhill (5:48)
5. To the Death (Extended Version) (7:23)
6. Courage and Wisdom (5:10)
7. The Return Journey (4:18)
8. There and Back Again (4:20)
9. The Last Goodbye (4:07)
10. Ironfoot (Extended Version) (6:11)
11. Dragon-Sickness (Bonus Track) (3:52)
12. Thrain (Bonus Track) (3:25)

Con La batalla de los cinco ejércitos (2014) ha llegado a su fin el periplo de Peter Jackson y Howard Shore por la Tierra Media. No caben demasiadas esperanzas de que veamos en pantalla nuevas adaptaciones de la obra de J. R. R. Tolkien hasta dentro de una buena cantidad de años, o bien cuando la familia Tolkien dé su brazo a torcer con los derechos -cosa que a día de hoy es impensable- o bien cuando estos sean de dominio público. Dentro de muchísimos años. De modo que esta es, presumiblemente, la última vez que escucharemos una banda sonora de Howard Shore para ese universo que le ha hecho inconmensurablemente importante como compositor en el panorama actual.

La película en sí funciona más como una especie de apéndice-resolución al grueso de la narración de El hobbit, que salvo por sus últimos cabos sueltos viene a desarrollarse casi entera en las dos entregas anteriores. De hecho, esta última película sufre de una simplicidad argumental que la hace demasiado dependiente, a mi entender, de sus predecesoras. Es una última gran escena de batalla que cierra la saga, y se nota que el director no ha querido estirarla más de lo necesario. Quien sí se ha estirado, incluso más de lo que cabía esperar, ha sido el canadiense Howard Shore, que nos trae una maravillosa banda sonora que mezcla, de manera magistral, toda la épica de una película poco menos que bélica con algunos de los pasajes más líricos y evocadores que ha compuesto para la(s) franquicia(s).

Howard Shore (de interviewly.com, procedente de Creative Commons).

Efectivamente, The Battle of the Five Armies funciona como casi todas las últimas bandas sonoras de las trilogías más famosas: recupera los temas y leitmotivs emblemáticos y los mezcla para buscar una sensación de redondez, de cierre de libro. Lo que ocurre es que Shore tiene el listón tan alto (el que le ponemos nosotros y el que se pone a sí mismo) que no puede limitarse a componer toda una partitura de más de dos horas a base de reciclajes, sino que procura seguir añadiendo pasajes memorables totalmente novedosos, y hasta cuando tira de lo conocido sabe darle los tintes dramáticos necesarios para la ocasión. Echaremos de menos, eso sí, aquel "Tema de la Montaña Solitaria" que nos deslumbró en Un viaje inesperado, y que al no ser una composición suya (parece que la compuso Plan 9 con la inspiración del sonido de las Minas de Moria en La Comunidad del Anillo) se ha preferido prescindir de él. O eso o tenemos de nuevo un problema de derechos entre manos, pero está claro que seguirá siendo siempre uno de los temas musicales distintivos de El hobbit.

La experiencia musical de La desolación de Smaug fue bastante elaborada, sesuda incluso, aunque aquella se trataba de una partitura sobria y madura que funcionaba más a nivel de inmersión que si intentábamos buscar en ella momentos concretos que nos deslumbrasen con su brío. Fue, por así decirlo, bastante más oscura que la de Un viaje inesperado. La batalla de los cinco ejércitos logra equilibrar ambos tonos acudiendo eficientemente a la emocionalidad de una película repleta de escenas espectaculares de batalla por un lado, y de algunos momentos de amargo dramatismo, por otro. 

Uno de los carteles ilustra el inicio del filme.

La banda sonora, como la película, comienza con el ataque del dragón a la ciudad del lago. Nos encontramos en Fire and Water con los temas de Smaug y de Bardo entremezclados en un ambiente de tensión más que de acción pura, con pinceladas pícaras del gobernador y su ayudante intentando huir. Seguiremos escuchando el leitmotiv del dragón en Beyond Sorrow and Grief y otras escenas en que el enano Thorin sufre la enfermedad de la codicia. En Shores of the Long Lake disfrutamos de un ambiente de quietud tras el trauma inicial, y retomamos aquel tema maravilloso para la guerrera Tauriel. En Guardians of the Three nos reencontramos con temas de la otra trilogía, como el de Lothlorien, con unos efectos bastante ominosos. 

Guardians of the Three

The Ruins of Dale combina distintos momentos musicales, comenzando por el de la ciudad del lago, muy emotivo con su violín. Es en The Gathering of the Clouds cuando empezamos a encontrarnos piezas musicales de batalla, humanas y élficas, mientras unos y otros combatientes se van apostando en las cercanías del reino enano. El tema de la ciudad del lago, en concreto, alcanza cimas de gran espectacularidad en el corte Mithril, que comienza con una bella melodía mientras Thorin entrega a Bilbo Bolsón su famosa cota de metal enano. 

Mithril

En Bred for War nos encontramos también parafernalia prebélica, en este caso macabras melodías asociadas al bando orco. A Thief in the Night viene a ser un tema meramente funcional, para subrayar la silenciosa fuga de Bilbo y su pacto con Bardo y el rey elfo. The Clouds Burst es ya un corte plenamente marcial, y en él se nos presenta el leitmotiv de Dain, el aliado enano, que suena a fanfarria celta con gaitas. Concluye el primer CD con la incidental y bélica Battle for the Mountain.

Comienza el segundo disco con el solemne The Darkest Hour, otro tema -como el anterior- construido a base de leitmotivs varios, y que tiene también la función de subrayar una secuencia de escenas rápidas de lucha. Pero para solemnidad, Sons of Durin, con los enanos de Thorin lanzándose a la lucha y sus temas asociados sonando con toda su épica. 

Sons of Durin

The Fallen y Ravenhill son otros dos temas incidentales, con tiras y aflojas entre los buenos, los malos y sus respectivos temas conductores. La tensa To the Death acompaña a un par de escenas hiperdramáticas, tanto la despedida de algún personaje principal como la resolución de la batalla. Con Courage and Wisdom vamos cerrando tramas individuales, esta vez con la distensión de lo que ya ha terminado, y temas individuales de varios personajes aportando su grano de arena a este emotivo fragmento. Se insinúa, por cierto, el tema de La Comunidad del Anillo. En The Return Journey cerramos lo ya comenzado en la pista anterior, con atisbos del mundo hobbit y del tema del anillo; y en There and Back Again nos reencontramos ya a las claras con el tema de la Comarca y el del anillo.

El tema cantado de esta película, pese a no tener el glamour del ex-Crowded House Neil Finn, ni la actualidad del cantautor juvenil de moda Ed Sheeran, suena bonito y cálido en la voz de Billy Boyd, quien interpretó al hobbit Pippin en la trilogía anterior. Ya cantó alguna cosilla para el senescal de Gondor, pero su The Last Goodbye no puede ser más apropiado para despedirnos tanto de esta otra saga como de la Tierra Media fílmica de Peter Jackson y su gente.

The Last Goodbye

A modo de epílogo, Ironfoot contiene un desarrollo más o menos concertante del tema de Dain, seguido de otros fragmentos más o menos identificables con temas conductores de la película. Y en la edición especial (en la que, por cierto, me he basado para este análisis) hay dos temas más, Dragon-Sickness y Thrain, el primero relacionado con el tema de Smaug y su reutilización cuando Thorin se vuelve avaricioso, y el segundo relativo al padre de este último, que en la versión extendida de La desolación de Smaug -que no he visto-, debe aparecer para hacer alguna referencia a Sauron y Mordor. Curiosa la elección para cerrar el álbum.

Portada de la edición normal, que también tiene 2 CDs.

Toda la música ha sido compuesta por Howard Shore, aunque las orquestaciones corren a cargo de Conrad Pope. También se encarga Pope de dirigir a la Orquesta Sinfónica de Nueva Zelanda, la intérprete "material" de la música de las dos últimas entregas de El hobbit.

¿Qué más podemos decir? Que aunque Shore tenía poco margen para componer nuevos temas conductores en la sexta película realizada sobre Tolkien, al menos sí que gestiona a la perfección -musical y emocionalmente hablando- todos sus esfuerzos previos, logrando una composición, en su conjunto, tan redonda como merecía la ocasión. En cualquier caso, y a modo de aviso, debemos tener en cuenta que la música de ambas ediciones del álbum no guarda una correspondencia exacta con la utilizada en la película. Algunas piezas han sido reelaboradas para un formato o para el otro, y otras han sido unidas o separadas a base de fragmentos que en la película estaban situadas de manera distinta, sin duda para mejorar la experiencia del álbum en su escucha aislada. 

Como siempre, una gozada que ya deberíamos ir colocando en nuestra colección. Cómo vamos a echar esto de menos...

jueves, 1 de enero de 2015

¡¡¡Feliz 2015!!!

Que en este año que comienza sigamos disfrutando de la música y de esos otros pequeños (y grandes) placeres de cada día que hacen feliz nuestra vida. Abrazos para todos y todas.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Mike Oldfield - THE SONGS OF DISTANT EARTH


1. In the Beginning (1:24)
2. Let There Be Light (4:57)
3. Supernova (3:23)
4. Magellan (4:40)
5. First Landing (1:16)
6. Oceania (3:19)
7. Only Time Will Tell (4:26)
8. Prayer for the Earth (2:09)
9. Lament for Atlantis (2:43)
10. The Chamber (1:48)
11. Hibernaculum (3:32)
12. Tubular World (3:22)
13. The Shining Ones (2:59)
14. Crystal Clear (5:42)
15. The Sunken Forest (2:37)
16. Ascension (5:49)
17. A New Beginning (1:37)

No quería dejar que terminase 2014 sin haber comentado un álbum esencial que cumple 20 años, The Songs of Distant Earth (1994), del todavía entonces plenipotenciario Mike Oldfield. Se trata también de un disco muy especial para mí, ya que fue el primer trabajo de Oldfield que llegó a mis manos. Es también uno de los pocos álbumes de este señor que pueden considerarse conceptuales en sentido estricto.

Lo trajeron sus majestades de Oriente a casa de mis tíos, posiblemente porque mi tío tenía unos cuantos vinilos de los ochenta en su colección y pensaron que me gustaría también. Supongo que fue una elección razonable para regalarme (yo por entonces era un patético indocumentado musical), sobre todo porque Oldfield estaba muy de actualidad tras el éxito enorme de Tubular Bells II dos años antes, y la campaña publicitaria del nuevo álbum era muy potente en los medios. La primera vez que lo escuché -sin excesiva atención- me gustaron algunos fragmentos más que otros, aunque resultó fascinante disfrutar de una música así de cósmica en la recién adquirida minicadena con CD del hogar familiar. No sería hasta una buena temporada más tarde cuando comencé a ser consciente de la grandeza de la carrera del sr. Oldfield, y me abrí plenamente a The Songs of Distant Earth. Como ya comenté en alguna ocasión, coincidió que el mismo disco entró por la chimenea de un buen montón de amigos y conocidos, hasta el punto de que la mitad de viviendas de mi entorno tenía su copia. Las ventas en España debieron ser bestiales, aunque no conozco las cifras.

Mike Oldfield en el libreto del CD.

Terminado este prólogo autobiográfico, toca ponerse profesionales y comentar el disco a nuestra vieja usanza. The Songs of Distant Earth puede ser considerada la última obra maestra de Mike Oldfield, previa al período de vaivenes en el que todavía anda metido. Con muy honrosas excepciones como el bellísimo Voyager, el fresco Guitars, el novedoso Music of the Spheres o el sorprendente Man on the Rocks (2014), la carrera de este artista se ha movido entre la autosatisfacción (Tubular Bells III, Tubular Bells 2003), las apuestas fallidas (The Millennium Bell) y el tonteo superficial con los géneros de moda (Tres Lunas, Light + Shade). Pero The Songs of Distant Earth es una de sus grandes obras, exactamente lo que se espera que dé a luz un artista de su categoría al encontrarse en un momento de plena libertad creativa y favor popular.

La idea de The Songs of Distant Earth surge de varios frentes. Por un lado están las nuevas formas de abordar la música instrumental popular que surgen en los noventa, con obras de gran éxito como los primeros álbumes de Enigma o Deep Forest, que se caracterizan por fusionar lo étnico con lo electrónico. El propio Oldfield llegó a recomendar públicamente la escucha de los segundos, y Michael Cretu (cerebro de Enigma) debía ser conocido de Mike tras haberle coproducido un tema del álbum Islands (1987). Incluso hubo quien afirmó que el seudónimo de Cretu, Curly MC, ocultaba en realidad a Oldfield. La segunda influencia para el álbum, la principal, es el gusto de Mike Oldfield por la ciencia-ficción.

Arthur C. Clarke y la portada original de su novela.

No es solamente que el artista que nos ocupa sea un fan acérrimo de 2001, la película de Kubrick (como tantos otros músicos de su generación), sino que está un par de escalones por encima en lo que a frikismo se refiere, ya que es además seguidor de Star Trek incluso en algunas de sus menos populares variantes televisivas. En cualquier caso, Oldfield quiso apuntar bien alto y se fue a buscar al último de los Grandes Maestros de la ciencia-ficción literaria que quedaba vivo en 1994 (en una franja de pocos años habían desaparecido tanto Robert A. Heinlein como Isaac Asimov), nada menos que Arthur C. Clarke, autor de la saga de 2001 y otros clásicos como El fin de la infancia o Cita con Rama. Podemos imaginarnos al muy hospitalario Clarke y Oldfield sentados en sillones de mimbre en el frondoso jardín de la residencia del primero en Colombo (Sri Lanka), mientras el segundo le comenta su idea para un disco conceptual basado en su novela Cánticos de la lejana Tierra (1986). Parece que Clarke admiraba la música de Oldfield, en concreto su banda sonora para Los gritos del silencio (The Killing Fields), y debió sentirse contento con la idea de que se adaptase musicalmente. Recordemos que, por poner un ejemplo, los agradecimientos de la novela 2010: odisea dos incluyen a Jean Michel Jarre, Vangelis y John Williams por su inspiración, de manera que el ofrecimiento de Mike Oldfield encajaría bastante bien en sus gustos.

Imagen de la segunda versión en CD del álbum, procedente del videoclip de Let There Be Light.

Musicalmente hablando, lo que se hizo en The Songs of Distant Earth fue plantear la composición como una obra de música electrónica cósmica. No se decantó Oldfield por hacer algo al modo de Tangerine Dream, sino más bien por aplicar su estilo compositivo, medio clásico medio progresivo, a piezas en las que los sintetizadores más avanzados llevasen -junto a sus guitarras, por supuesto- la voz cantante. Al final, The Songs... se convierte en el ejemplo más perfecto de cómo se puede hacer ciencia-ficción con música. El argumento de la novela sirve como hilo conductor del álbum, aunque al tratarse de una obra instrumental es complicado apreciar todas las equivalencias entre escenas del libro y pasajes musicales, títulos aparte. 

El diseño del estuche del disco abundaba en planetas, burbujas y mantas rayas.

El disco comienza con un impresionante fondo sobre el que escuchamos cánticos de ballenas y al astronauta Bill Anders recitando los primeros versículos del Génesis mientras orbitaba alrededor de la luna en el Apolo 8. In the Beginning ("En el principio") se llamó al corte, y a continuación llega el primer tema estrella del álbum, Let There Be Light ("Hágase la luz"), que nos sumerge en un fascinante ambiente de viaje espacial, con cánticos étnicos, voces sampleadas y una elegante melodía de guitarra eléctrica cristalina. Con la carne de gallina nos vamos a Supernova, que entra en faena con la trama del libro: el sol va a estallar antes de lo que suponían los científicos, y la única alternativa de la humanidad es crear una especie de arca de Noé, la nave Magallanes, para salvar a cuantos individuos sea posible, en estado de hibernación. Es un tema ambiental, muy electrónico, que se mueve in crescendo hasta llegar a la explosión propiamente dicha, Magellan, donde una inesperada banda de gaitas nos hace saltar de puro épico. First Landing ("Primer aterrizaje") suena precisamente a un progresivo apagado de motores, y Oceania nos presenta un panorama de expectante quietud en el que se retoma, meditativa, la melodía de Let There Be Light, convertida ya en principal leitmotiv del disco. Por derroteros parecidos y enlazada mediante un sonido pulsante se mueve Only Time Will Tell ("Solo el tiempo lo dirá"), una pieza atmosférica bastante densa y llena de voces sampleadas. Los siguientes dos temas, Prayer for the Earth ("Oración por la Tierra") y Lament for Atlantis son dos himnos planteados de un modo distinto. El primero es un cántico de tipo indígena, y el segundo una melodía grandilocuente e instrumental. Con ellos culmina la primera mitad del álbum.

Let There Be Light

La segunda mitad comienza de manera prometedora, con el tema filo-gregoriano The Chamber ("La recámara") convirtiéndose en el espectacular y mucho más rítmico Hibernaculum, que fue primer single del álbum, aunque de todos los temas es seguramente aquel en el que se nota más la influencia de las modas de entonces. Antes de que alguien se asuste con el título del siguiente tema, Tubular World ("Mundo tubular"), debe decirse que no solamente es perfectamente coherente en el contexto musical del álbum, sino que ni siquiera suena a refrito de Tubular Bells más allá de su título. The Shining Ones ("Los que brillan"), que habría hecho furor en tiempos de los ácidos, es un tema original e innovador que sigue ampliando las fronteras del universo creado por Oldfield; y de Crystal Clear ("Claro como el cristal") debe decirse que es un tema para escuchar hasta el final antes de opinar, ya que empieza como un ejercicio ambiental estático, un poco soso, para ofrecernos después uno de los más impresionantes y extáticos solos de guitarra eléctrica que se ha marcado nunca Oldfield. Justo antes del gran final del CD nos deleitamos con la muy lograda The Sunken Forest ("El bosque sumergido"), con un ambiente subacuático fabuloso, muy envolvente y evocador.

Hibernaculum

El tema que cierra The Songs of Distant Earth tiene cierta alma de suite-resumen del disco, aunque la maestría con mayúsculas de Mike convierte a Ascension en una maravilla de esas que le han puesto en la cumbre de la música instrumental contemporánea. Con un ritmo muy marcado nos movemos entre atisbos de Let There Be Light, Supernova y Only Time Will Tell, para conducirnos hacia otra apoteosis de guitarra eléctrica que termina de erizarnos los vellos de la nuca. Y todavía queda un potente fragmento coral para derrotarnos del todo. Tras una serie de explosiones (no he leído la novela, pero supongo que es el momento culminante de la misma), nos quedamos con un último tema, A New Beginning ("Un nuevo comienzo"), con un estremecedor cántico que suena a polinesio. Fastuoso.

Portadas de los singles Hibernaculum y Let There Be Light. Hubo multitud de ediciones con o sin remixes.

No todos los fans del músico lo apreciaron de la misma manera en su momento, unos porque se trataba de un trabajo menos acústico, menos "orgánico" que los que habían dado fama a Mike en sus mejores tiempos; otros, porque consideraron que contenía muchos fragmentos-puente que hacían la experiencia un poco pesada, quizá demasiado ampulosa. A veinte años de su lanzamiento y con numerosos avances por el camino en el arsenal de cualquier músico de vanguardia, no cabe duda de que The Songs of Distant Earth ha envejecido muy bien. Aunque su naturaleza bastante sintética no ayudó a subrayar las maravillas a nivel de producción que tanto deslumbraron en Tubular Bells II, sigue siendo todo un impacto sensorial sumergirse en este mundo cósmico tan elaborado, tan exquisitamente cuidado. Oldfield no solamente se dejó la piel en sus virtuosos momentos a la guitarra, sino que supo dar al disco una perfecta estructura sinfónica muy bien equilibrada y calculada al dedillo. 

Portada de la segunda versión del CD.

Entre los numerosos singles que se lanzaron para promocionar el álbum se colaron tres temas nuevos. Se trata de The Song of the Boat Men, The Spectral Army e Indian Lake. Los dos primeros, sobre todo, tienen pinta de haber sido descartados del disco que nos ocupa.

The Spectral Army

Como no creo necesario insistir en las bondades de esta obra, solamente queda mencionar que este fue el primer disco de música que incluyó una pista interactiva para ordenador. Tal honor quedó algo deslucido al tratarse de unos contenidos en CD-Rom exclusivos para ordenadores Macintosh (Mac) de Apple, que eran una opción minoritaria entonces. La primera edición del CD llevaba una pegatina advirtiendo que el primer corte (el interactivo) no debía reproducirse en un equipo de música, por si acaso te lo cargabas. Y hablo de esa primera edición en contraste con una versión posterior, en la que cambió tanto la portada como todo el diseño del libreto, y que no llevaba este tipo de advertencias impresas. Sí que estaba en ambas el texto redactado por Arthur C. Clarke para la ocasión, que concluía dando la bienvenida al espacio a Mike Oldfield, y prometiéndole que "sigue quedando muchísimo espacio por ocupar ahí afuera".

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