domingo, 21 de julio de 2013

Vangelis - CHINA


1. Chung Kuo (1:43)
2. The Long March (5:50)
3. The Dragon (4:06)
4. The Plum Blossom (2:30)
5. The Tao of Love (2:40)
6. The Little Fete (2:57)
7. Yin & Yang (5:48)
8. Himalaya (10:54)
9. Summit (4:32)

Tras unos días de descanso en los que se ha mezclado el ir y venir a la playa con una ruptura irreparable y sustitución de mi disco duro, tenía gana de volver con un álbum importante, y Vangelis siempre es un as en la manga para casos así. Veo que las últimas entradas que le he dedicado, salvo excepciones, han estado más relacionadas con álbumes algo raros o poco conocidos, y llevo demasiado tiempo obviando clásicos tan populares como este estupendo China, editado en 1979.

De un disco como este, para mi gusto personal al menos, lo único malo que puede decirse es que se hace demasiado corto. Dura solo 40 minutos, aunque todo lo que contiene es pura genialidad. Lo cierto es que Vangelis Papathanassiou se lo tomó muy en serio con China, tratándose de su primer lanzamiento para el sello Polydor, tras salir de RCA con el opaco Beaubourg (1978). Su idea fue la de ofrecer un trabajo con amplios alcances mediáticos, comercial y musicalmente poderoso, y la nueva compañía discográfica le apoyó con una buena campaña de marketing que incluyó extensas sesiones de fotos y alguna filmación en el estudio.

Esta edición promocional incluye un largo texto explicativo y montones de fotos. 
Pueden verse en la página correspondiente de la web Vangelis Movements.

China, no obstante, es mucho más que una de tantas afortunadas adiciones a la discografía del compositor griego. Él lo entendió como un tributo a una cultura cuya filosofía estaba cerca de la suya propia, siendo por lo tanto un trabajo con un componente personal importante. Yo nunca he sido capaz de asociar la música de Vangelis con esas ideas algo blanditas que venden los flautistas de herbolario sobre la sanación-relajación, pero es cierto que el propio músico siempre ha sido muy espiritual para estas cosas, muy "new age" si queremos verlo así, incluso asumiendo que su estilo como artista trasciende y deja en la cuneta al 99% de los artistas que engloba este género en concreto. Decir que Vangelis incide con China en las propiedades espirituales de la música, tal como él entiende tal cosa, es decir la verdad.

Parece que Vangelis tiene fobia a volar, aunque no sabemos si esa fue la razón por la que evitó desplazarse a China y se "documentó" para esta obra conceptual con lo que tenía a mano, desde visitas al barrio chino hasta leyendo libros. Sí que se informó más o menos a fondo sobre los instrumentos tradicionales chinos, de modo que se hizo con unos cuantos de cara a reunirlos con su habitual arsenal de sintetizadores y percusiones varias. Al final ocurre que China suena muy "chino" seguramente porque Vangelis recurre al tipo de estructura compositiva que se asocia a este país en la cultura de masas, siendo el álbum seguramente más una cuidada ficción mainstream que una aproximación desde la pura ortodoxia. Y da el pego.

Tanto la portada como esta imagen de la funda del vinilo están diseñadas por Vangelis, que aparece bañándose en una piscina.

China comienza con el tema Chung Kuo, que en algún caso ha estado sujeto a confusiones debido a la continuidad que mantiene con el siguiente corte, The Long March. En el recopilatorio Themes, por ejemplo, el título correspondiente contiene en realidad ambos temas unidos en uno. Chung Kuo es más que nada una introducción, un prólogo, con un sonido atmosférico como de la corte china medieval, lleno de gongs y fanfarrias. The Long March, por su parte, es algo más lúdico y moderno. Quizá se ha buscado un contraste entre la China antigua de los emperadores y la República Popular China tras la llegada de Mao. Su tramo final de piano es de una delicadeza maravillosa. Se publicó, por cierto, una versión en single de The Long March con un coro de niños sobre la melodía en la cara B, de título The Long March Part II:


The Dragon es un tema nervioso y potente, bastante comercial si queremos verlo así. Es bastante conocido entre los aficionados al mundo del misterio, ya que Iker Jiménez lo utiliza como cabecera del radiofónico Milenio 3The Plum Blossom ("La flor del ciruelo") es uno de los temas más memorables de China, con un violín exquisito a cargo de Michel Ripoche y unos toques estruendosos de sintetizador que vuelven a transportarnos a un entorno como de ensueño medieval oriental. Su continuación natural es The Tao of Love, un tema bastante importante en la discografía de Vangelis si a versiones de otros artistas nos referimos, gracias a su bella e hipnótica melodía y el sonido nítido y elegante del koto; una pieza de las que gusta escuchar con el volumen muy alto o con auriculares. Una gozada.

En este raro documento, diversas imágenes del estudio de Vangelis se mezclan con sus interpretaciones de 
The Dragon, el solo de piano de The Long March y The Tao of Love.

Concluye la cara A del vinilo original con The Little Fete ("La pequeña fiesta"), tema delicado y ambiental con unos sonidos iniciales como de flautas, muy evocadores. Se inspira en un poema de Li Po del siglo VIII, que es recitado junto a la música -en inglés- por Yeung Hak-Fun y Koon Fook Man. Parece que Ridley Scott "descubrió" a Vangelis al utilizar un trozo de The Little Fete para un famosísimo anuncio de Chanel Nº5, y de ahí la cosa se movería poco a poco hacia su colaboración en Blade Runner.

Yin & Yang es uno de los temas con sonido más tradicional del álbum, con unas cuerdas orientales que se van fundiendo espectacularmente bien con una algarabía de sonidos de sintetizador y efectos sonoros en su segunda mitad. El último plato fuerte de China, no obstante, es Himalaya. Esta larga pieza posee un carácter envolvente muy peculiar, épico incluso pese a su planteamiento bastante minimalista a base de una secuencia de notas repetitiva y con pocas variaciones. El efecto paisajístico es espectacular. Tras él, Summit ("Cumbre", recordemos que acabamos de escalar un buen rato) queda como un relajado, bello y luminoso vistazo al vasto panorama desde lo alto de la cordillera.

Himalaya y Summit, seguidos.

Total, que nos encontramos ante uno de estos escasos álbumes a los que no les sobra un solo minuto de escucha, además de ser una de las obras clave en la carrera del gran Vangelis. ¿Un poderoso paso adelante hacia la world music tal como se entendería después? Es probable, pero China no necesita (y esto también es raro al tratarse de una obra esencialmente electrónica) una contextualización para resultar un trabajo musical que cualquiera puede disfrutar por sí mismo sin tantas explicaciones como yo me gasto. Más que un disco, una experiencia. Está en Spotify.

Agradecimientos a Vangelis Movements.

miércoles, 3 de julio de 2013

Enigma - 7: SEVEN LIVES MANY FACES


1. Encounters (3:13)
2. Seven Lives (4:26)
3. Touchness (3:36)
4. The Same Parents (5:20)
5. Fata Morgana (3:24)
6. Hell's Heaven (3:52)
7. La Puerta del Cielo (3:29)
8. Distorted Love (4:12)
9. Je T'aime Till My Dying Day (4:19)
10. Déjà Vu (2:56)
11. Between Generations (4:32)
12. The Language of Sound (4:21)

Hacía tiempo que no teníamos por aquí a Michael Cretu y su proyecto Enigma. Como el que nos interesa hoy es el último álbum completamente nuevo que han lanzado hasta la fecha, con Seven Lives Many Faces (2008) nos ponemos al día con ellos. La verdad es que el disco me pilló por sorpresa en su momento, sobre todo porque el anterior A Posteriori había salido solo dos años antes, un tiempo relativamente corto si tenemos en cuenta los lapsos que han mediado entre otros trabajos de Enigma. Las expectativas estuvieron bastante altas antes de su salida, por lo que sé, e incluso tuvo cierta repercusión gracias a las redes sociales de moda entonces, aunque debo decir que es un disco al que todavía no le he encontrado el gusto.

Portada del primer single promocional, lanzado antes que el álbum.

Quizá sea que el principal problema para mí es que me suena a poco novedoso. Con ello no quiero decir que el grado de sofisticación electrónica y perfección tecnológica sean bajos... de hecho, son tan altos como siempre o más. Lo que ocurre es que se decanta hacia una comercialidad (casi todos los temas son cantados, y no siempre del todo bien) marca-de-la-casa que deja poco sitio para sorprenderse con alguna idea nueva que aporte algo diferente. En fin, es como si Cretu y su gente hubiesen hecho "un disco de Enigma" adrede, sin más finalidad que la de reivindicarse a sí mismos. El alma mater del grupo declaró que se trataba de un álbum "omnicultural", aunque todos los que conocíamos sus anteriores obras ya estábamos acostumbrados a la mezcla constante de sonidos étnicos y sampleados de todo tipo y toda procedencia.

Lo más curioso que nos encontramos aquí es el uso del dialecto balear, cosa más o menos lógica si recordamos que Michael Cretu vive en Ibiza desde finales de los ochenta. Suenan curiosas las letras en el tema promocional La Puerta del Cielo y Between Generations en catalán balear, que por lo demás, no son canciones de esas memorables como Gravity of Love o Return to Innocence. No puedo evitar sentir que en ambos temas la melodía va por un lado y el ritmo por otro.

El vídeo oficial de La puerta del cielo, como algún otro de este álbum, 
contiene escenas recicladas de clips antiguos de Enigma.

En general, Seven Lives Many Faces ("Siete vidas, muchas caras") es un álbum un tanto oscuro, quizá un regreso algo forzado a las atmósferas góticas y eróticas del seminal MCMXC a.D. (1990), con aires relativamente más frescos logrados a duras penas gracias al recorrido realizado desde entonces en discos mucho más luminosos e imaginativos. En cualquier caso, este séptimo álbum de Enigma no termina de encontrar un equilibrio entre todo ello. Los temas cantados son un pelín sosos y, aun admitiendo que hay hallazgos muy interesantes (esa guitarra eléctrica de Fata Morgana, mismamente), los instrumentales se quedan algo planos también, excepción hecha del muy bonito Déjà Vu:


Desde luego, se aprecia una deriva hacia la madurez gracias a una simplificación de los arreglos ambientales, cosa que no es mala, aunque esta parquedad cromática se extiende al conjunto del álbum y nos deja con la impresión que comentaba antes, de titubeante regreso a los orígenes, referencias iconográficas religiosas inclusive. Los mejores temas no dejan de ser aceptables, meritorios en algún caso, aunque los peores tocan fondo: Distorted Love, con todos los respetos, es un tema horrendo en todos y cada uno de sus aspectos. No digo que Andru Donalds cante mal, pero creo que Michael Cretu debería haber buscado hace muchos años un vocalista más acorde con las atmósferas de sus temas. Buf.

Contraportada del CD.

Pienso que Seven Lives Many Faces supone seguramente el punto creativo más bajo en la trayectoria de Enigma, un proyecto musical (que no un grupo, como ya sabemos) que no ha dejado de decaer poquito a poco desde aquel magistral Le Roi Est Mort. Vive Le Roi! de 1996, a mi juicio su cima artística. Y pese a todo, en The Screen Behind the Mirror (2000) y A Posteriori (2006) seguía habiendo momentos sublimes que justificaban las grabaciones al completo. Lo malo de Seven Lives Many Faces, más por culpa de su sosez generalizada que por algún otro error concreto, es que se ve superado incluso por el "arriesgado" Voyageur (2003), cuya rareza solamente se explicaba en un contexto de aperturismo musical. 

Estamos en 2013, con lo que podría estar al caer algún otro trabajo de Cretu y los suyos. Cruzaremos los dedos, a ver si sale un poco mejor. En Spotify podemos escuchar el álbum original, aunque se editó una edición limitada con un segundo CD y cuatro o cinco temas añadidos, que no sé si estará también disponible para escucharse gratuitamente.

miércoles, 26 de junio de 2013

Francisco José Villaescusa - EL BOSQUE


1. El bosque - Parte I (El despertar) (3:12)
2. El bosque - Parte II (Riachuelos) (3:18)
3. El bosque - Parte III (Niebla invernal) (4:55)
4. El bosque - Parte IV (Raíces) (3:37)
5. El bosque - Parte V (Árboles centenarios) (3:11)
6. El bosque - Parte VI (El baile de las luciérnagas) (2:35)

Siempre se ha dicho que Beethoven compuso su 6ª Sinfonía, la Pastoral, cuando supo que se estaba quedando sordo sin remedio. Le encantaba dar paseos por el campo, y al saber que no podría volver a escuchar el canto de los pájaros o el murmullo de los arroyos, se dedicó a componer una partitura cuya sola lectura le sirviese para recrear en su cabeza ese paisaje sonoro que tanto le gustaba. No creo que Francisco José Villaescusa vaya a enfadarse si afirmo que él no es Beethoven, entre otras cosas porque con la comparación no vengo a referirme a una diferencia cualitativa de perogrullo, pero cuando escuchas esta obra suya titulada El bosque (2012) te queda el pensamiento de que es un locus amoenus portátil, un agradable paseo por la naturaleza que cabe en un pendrive.

Francisco José Villaescusa.

El músico albaceteño (de Caudete, para ser exactos), lanzó su primer álbum en 2010, y se ha ido depurando como compositor de música instrumental desde entonces. El bosque es un disco muy sencillo, sin alardes en la instrumentación y los arreglos, pero efectivo cuando intenta aportar una música descriptiva delicada y con un sonido envolvente y cuidado. Como suele suceder en mi caso, me llegan mucho más los temas más sutiles y/o  sombríos, como por ejemplo Niebla invernal o Raíces, mientras que los más alegres (Árboles centenarios, El baile de las luciérnagas) seguramente puedan identificarse más con danzas campesinas o fantasías mitológicas con duendes y gnomos que con sonidos verdaderamente "naturales".

Raíces.

Si no fuera porque se nota que los temas han sido bastante lijados en estudio (¿habrá ayudado el que el autor sea informático profesional?) y porque hay en ellos un claro componente de sintetizador, casi podríamos decir que Villaescusa se sale de algo que podríamos llamar new age para moverse de lleno en una especie de música neo-clásica hiperaccesible. El mismo título que lleva cada tema, como si fuesen movimientos de una sinfonía, deja claro que todo el trabajo es una unidad musical que evoluciona sobre sus conceptos básicos, con diferentes tratamientos tonales y rítmicos. 

El baile de las luciérnagas.

En fin, se puede decir que El bosque es un trabajo muy agradable que satisface -sin complicarse demasiado la vida, cosa buena o mala según se mire- sus propias aspiraciones musicales y, además, deja un poso en el oyente. Un buen sabor de boca ante lo sencillo, directo e inspirado. Me pregunto qué tal sonará El bosque sentado a la sombra de alguna arboleda este verano...

Puede escucharse al completo aquí.

sábado, 15 de junio de 2013

Anthony Gonzalez / Joseph Trapanese - OBLIVION


1. Jack's Dream (1:23)
2. Waking Up (4:10)
3. Tech 49 (5:59)
4. StarWaves (3:41)
5. Odyssey Rescue (4:09)
6. Earth 2077 (2:23)
7. Losing Control (3:57)
8. Canyon Battle (5:58)
9. Radiation Zone (4:12)
10. You Can't Save Her (4:57)
11. Raven Rock (4:34)
12. I'm Sending You Away (5:38)
13. Ashes of Our Fathers (3:31)
14. Temples of Our Gods (3:14)
15. Fearful Odds (3:10)
16. Undimmed by Time, Unbound by Death (2:27)
17. Oblivion (Feat. Susan Sundfor) (5:57)

Tras dos semanas de inactividad bloguera a causa de la acumulación de trabajo con el fin de curso, regresamos con esta interesante banda sonora que seguramente algún lector estaba echando en falta, sobre todo teniendo en cuenta lo mucho que me gustó la música de Tron: Legacy (2010).

¿Qué pinta aquí Tron Legacy? Pues es sencillo. Para empezar, el director de ambas películas es el mismo, Joseph Kosinski, y el arquitecto sonoro de sus dos partituras musicales es también el mismo, Joseph Trapanese. Y para continuar, la idea central a la hora de crear la banda sonora es similar: buscar a un grupo francés ultramoderno y "domarlo" hasta sacar de él una serie de piezas que encajen con los convencionalismos de Hollywood, dejando un sabroso regusto a ciencia-ficción musical. Debo advertir que buena parte del análisis del álbum se ha realizado por comparación entre ambas obras, al ser la primera tan digna de referencia.

Una imagen de Oblivion.

Si en Tron teníamos a Daft Punk, aquí tenemos a M83, una formación electrónica fundada por Nicolas Fromageau y el coautor de esta Oblivion, Anthony Gonzalez. La portada del álbum te deja un tanto dudoso respecto a quién está y quién no, ya que indica que la música es de M83 y la composición está en manos de Gonzalez y Trapanese. Me da en la nariz que, tras la presencia aquí del nombre de la banda, puede haber más de estrategia mercadotécnica que de otra cosa. Algo parecido sucedió en Tron: Legacy, donde el trabajo de Joe Trapanese quedó reconocido solamente en los títulos del interior del libreto, a pesar de ser responsable de cosas tan importantes como la orquestación, los arreglos y... en fin, de sacar una auténtica obra maestra de las manos de dos músicos electrónicos house normalitos como son los miembros de Daft Punk.

Realmente hay que decir que M83 es una banda de gran talento, con unas miras musicales (pop-rock electrónico con tintes épicos y una cierta inclinación hacia lo instrumental) claramente más amplias que las de Daft Punk, por lo que Anthony Gonzalez debe haber metido mucha más mano en Oblivion que aquellos otros, en lo que se refiere a pedalear junto al especialista Trapanese. Afirma haber compuesto su parte de Oblivion durante momentos de descanso en la última gira del grupo, como una forma de desconectar un poco.

Otra imagen de la película.

Oblivion, película estrenada hace un par de meses y protagonizada por la megaestrella Tom Cruise, ha recibido numerosas buenas críticas que hacen referencia explícita a su banda sonora. La visión de Kosinski de un futuro postapocalíptico es bastante elegante y algo minimalista, basada en imágenes naturales para las que una música con un toque electrónico y ambient le ha venido que ni pintada. Por supuesto, no habría encajado aquí una electrónica tan angulosa, tan agresiva como la de ciertos pasajes de Tron: Legacy, y se ha optado por hacer más visible la presencia orquestal y lucir sintetizadores en algunos momentos tan acertados como StarWaves o Earth 2077, ejemplos perfectos de paisajismo electrónico. A Trapanese lo rastreamos sobre todo en cortes de acción y/o tensión, con golpes de sonido parecidos a los escuchados en Tron, que en algún caso restan frescura al conjunto del disco. Gana el puso lo orquestal frente a lo electrónico, aunque la brillantez de los pasajes más "M83" puede dar la impresión de que es al revés.

¿Una portada alternativa? Creo que es la de la edición en vinilo.

Para cerrar el disco, se incluye un tema cantado por la vocalista noruega Susanne Sundfor, bastante bonito pese a que no es quizá la clase de canción que pueda servir como single promocional en la radio y demás. Complemente al resto del disco y le da un toque cálido. Y poco más.

El tema cantado de Oblivion.

Es cierto que quedarán dudas sobre quién manda en la música de Oblivion, o sobre si la idea de contratar músicos europeos es una sutil forma de esnobismo, pero esta banda sonora es un gran trabajo que no solamente se disfruta como álbum, sino sobre todo (y esto es hoy en día cada vez más raro) dentro de la propia película. Siempre se ha tratado de eso, ¿no?

Aunque existe una edición "deluxe" del disco, enlazo a continuación con la versión normal, la que he utilizado para el análisis. En Spotify.

StarWaves
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