1. Chung Kuo (1:43)
2. The Long March (5:50)
3. The Dragon (4:06)
4. The Plum Blossom (2:30)
5. The Tao of Love (2:40)
6. The Little Fete (2:57)
7. Yin & Yang (5:48)
8. Himalaya (10:54)
9. Summit (4:32)
Tras unos días de descanso en los que se ha mezclado el ir y venir a la playa con una ruptura irreparable y sustitución de mi disco duro, tenía gana de volver con un álbum importante, y Vangelis siempre es un as en la manga para casos así. Veo que las últimas entradas que le he dedicado, salvo excepciones, han estado más relacionadas con álbumes algo raros o poco conocidos, y llevo demasiado tiempo obviando clásicos tan populares como este estupendo China, editado en 1979.
De un disco como este, para mi gusto personal al menos, lo único malo que puede decirse es que se hace demasiado corto. Dura solo 40 minutos, aunque todo lo que contiene es pura genialidad. Lo cierto es que Vangelis Papathanassiou se lo tomó muy en serio con China, tratándose de su primer lanzamiento para el sello Polydor, tras salir de RCA con el opaco Beaubourg (1978). Su idea fue la de ofrecer un trabajo con amplios alcances mediáticos, comercial y musicalmente poderoso, y la nueva compañía discográfica le apoyó con una buena campaña de marketing que incluyó extensas sesiones de fotos y alguna filmación en el estudio.
Esta edición promocional incluye un largo texto explicativo y montones de fotos.
Pueden verse en la página correspondiente de la web Vangelis Movements.
China, no obstante, es mucho más que una de tantas afortunadas adiciones a la discografía del compositor griego. Él lo entendió como un tributo a una cultura cuya filosofía estaba cerca de la suya propia, siendo por lo tanto un trabajo con un componente personal importante. Yo nunca he sido capaz de asociar la música de Vangelis con esas ideas algo blanditas que venden los flautistas de herbolario sobre la sanación-relajación, pero es cierto que el propio músico siempre ha sido muy espiritual para estas cosas, muy "new age" si queremos verlo así, incluso asumiendo que su estilo como artista trasciende y deja en la cuneta al 99% de los artistas que engloba este género en concreto. Decir que Vangelis incide con China en las propiedades espirituales de la música, tal como él entiende tal cosa, es decir la verdad.
Parece que Vangelis tiene fobia a volar, aunque no sabemos si esa fue la razón por la que evitó desplazarse a China y se "documentó" para esta obra conceptual con lo que tenía a mano, desde visitas al barrio chino hasta leyendo libros. Sí que se informó más o menos a fondo sobre los instrumentos tradicionales chinos, de modo que se hizo con unos cuantos de cara a reunirlos con su habitual arsenal de sintetizadores y percusiones varias. Al final ocurre que China suena muy "chino" seguramente porque Vangelis recurre al tipo de estructura compositiva que se asocia a este país en la cultura de masas, siendo el álbum seguramente más una cuidada ficción mainstream que una aproximación desde la pura ortodoxia. Y da el pego.
Tanto la portada como esta imagen de la funda del vinilo están diseñadas por Vangelis, que aparece bañándose en una piscina.
China comienza con el tema Chung Kuo, que en algún caso ha estado sujeto a confusiones debido a la continuidad que mantiene con el siguiente corte, The Long March. En el recopilatorio Themes, por ejemplo, el título correspondiente contiene en realidad ambos temas unidos en uno. Chung Kuo es más que nada una introducción, un prólogo, con un sonido atmosférico como de la corte china medieval, lleno de gongs y fanfarrias. The Long March, por su parte, es algo más lúdico y moderno. Quizá se ha buscado un contraste entre la China antigua de los emperadores y la República Popular China tras la llegada de Mao. Su tramo final de piano es de una delicadeza maravillosa. Se publicó, por cierto, una versión en single de The Long March con un coro de niños sobre la melodía en la cara B, de título The Long March Part II:
The Dragon es un tema nervioso y potente, bastante comercial si queremos verlo así. Es bastante conocido entre los aficionados al mundo del misterio, ya que Iker Jiménez lo utiliza como cabecera del radiofónico Milenio 3. The Plum Blossom ("La flor del ciruelo") es uno de los temas más memorables de China, con un violín exquisito a cargo de Michel Ripoche y unos toques estruendosos de sintetizador que vuelven a transportarnos a un entorno como de ensueño medieval oriental. Su continuación natural es The Tao of Love, un tema bastante importante en la discografía de Vangelis si a versiones de otros artistas nos referimos, gracias a su bella e hipnótica melodía y el sonido nítido y elegante del koto; una pieza de las que gusta escuchar con el volumen muy alto o con auriculares. Una gozada.
En este raro documento, diversas imágenes del estudio de Vangelis se mezclan con sus interpretaciones de
The Dragon, el solo de piano de The Long March y The Tao of Love.
The Dragon, el solo de piano de The Long March y The Tao of Love.
Concluye la cara A del vinilo original con The Little Fete ("La pequeña fiesta"), tema delicado y ambiental con unos sonidos iniciales como de flautas, muy evocadores. Se inspira en un poema de Li Po del siglo VIII, que es recitado junto a la música -en inglés- por Yeung Hak-Fun y Koon Fook Man. Parece que Ridley Scott "descubrió" a Vangelis al utilizar un trozo de The Little Fete para un famosísimo anuncio de Chanel Nº5, y de ahí la cosa se movería poco a poco hacia su colaboración en Blade Runner.
Yin & Yang es uno de los temas con sonido más tradicional del álbum, con unas cuerdas orientales que se van fundiendo espectacularmente bien con una algarabía de sonidos de sintetizador y efectos sonoros en su segunda mitad. El último plato fuerte de China, no obstante, es Himalaya. Esta larga pieza posee un carácter envolvente muy peculiar, épico incluso pese a su planteamiento bastante minimalista a base de una secuencia de notas repetitiva y con pocas variaciones. El efecto paisajístico es espectacular. Tras él, Summit ("Cumbre", recordemos que acabamos de escalar un buen rato) queda como un relajado, bello y luminoso vistazo al vasto panorama desde lo alto de la cordillera.
Himalaya y Summit, seguidos.
Total, que nos encontramos ante uno de estos escasos álbumes a los que no les sobra un solo minuto de escucha, además de ser una de las obras clave en la carrera del gran Vangelis. ¿Un poderoso paso adelante hacia la world music tal como se entendería después? Es probable, pero China no necesita (y esto también es raro al tratarse de una obra esencialmente electrónica) una contextualización para resultar un trabajo musical que cualquiera puede disfrutar por sí mismo sin tantas explicaciones como yo me gasto. Más que un disco, una experiencia. Está en Spotify.
Agradecimientos a Vangelis Movements.
Agradecimientos a Vangelis Movements.
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