sábado, 28 de julio de 2012

Mike Oldfield brilla en la apertura de los Juegos Olímpicos.

Esperábamos una aparición fugaz en medio de un maremágnum de iconos pop-rock, quizá solamente unos acordes de su música, y al final fueron 11 minutos los suyos, lo que convierte a Mr. Oldfield en uno de los dos o tres protagonistas absolutos de la noche. La de Mike Oldfield fue, a todas luces, la aparición estelar de la ceremonia, amén de ser él el primer músico en aparecer. Fue presentado oficialmente por megafonía, cosa que solamente sucedió con otras cuatro o cinco personalidades (incluyendo la Reina Isabel II y Sir Paul McCartney), e interpretó una selección de diversos fragmentos de Tubular Bells mientras el espectáculo coreográfico ideado por el cineasta Danny Boyle se desenvolvía en mitad del estadio. Oldfield acompañó una sección de la ceremonia en la que se homenajeó a diversas instituciones en defensa de la infancia, incluyendo una lectura por parte de J. K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter. Un gigantesco Lord Voldemort que atemorizaba los sueños de los niños en sus camas era repelido por una lluvia de Mary Poppins, para concluir todo ello con un divertido baile -ya pasado el peligro- al son de In Dulci Jubilo, uno de los instrumentales cortos más conocidos de Oldfield.

Mike Oldfield en The Telegraph (fotografía de Ian Witlen).

Es decir, que no solamente se trató de que Mike Oldfield apareciese en la gala tocando sus instrumentos como hicieron los Arctic Monkeys y el ex-Beatle McCartney, sino de que un buen trozo de Tubular Bells, un pedacito de Tubular Bells III e In Dulci Jubilo, adaptados muy originalmente para la ocasión, formaron parte de la banda sonora del evento, quizá con la colaboración de los músicos oficiales responsables del acto, Underworld.

En la edición de hoy de The Telegraph se incluye una entrevista con el músico en la que desvela cómo se quedó a cuadros al recibir el encargo el verano pasado. Recibió al director Danny Boyle en persona en su casa de las Bahamas y pasó el día con él, acordando exactamente qué piezas musicales debían interpretarse y de qué modo (como esa impagable versión swing del fragmento inicial de TB), quedándose el bueno de Mike pensando por qué se habían acordado de él, no siendo a estas alturas un músico de rabiosa actualidad. Parece que Boyle había estado jugueteando con un montaje de su coreografía para la gala con las imágenes del concierto de presentación de Tubular Bells III en 1998, en el Horse Guards Parade, y de ahí surgió la idea. Pero esto no deja de ser el resultado de una serie de premisas, y la verdadera respuesta la encontramos en otras muchas webs de las que hoy se hacen eco de lo sucedido anoche en el nuevo estadio olímpico de Londres: Mike Oldfield es un músico a reivindicar, un creador de enorme importancia en el desarrollo de la música de nuestro tiempo, cuyas obras, incluso las más antiguas, siguen siendo objeto de estudio y revisión (y fascinación) constantes. 

Portada de Two Sides, el doble CD que sale a la venta estos días.

Como bien apuntan en oldfieldexposed, Tubular Bells es hoy trending topic en Twitter. Además, ya mismo se publica el  nuevo recopilatorio elaborado por el propio Mike, Two Sides, que incluye un password o algo así para descargar la música (y quizá el vídeo) de la actuación de anoche.

Mike Oldfield sigue siendo joven para hablar de "broches de oro" a su carrera, pero una actuación como la de ayer, ante una audiencia televisiva estimada de mil millones de personas y desarrollada impecablemente en lo visual y lo musical (¡¡¡los Juegos Olímpicos, pardiez!!!), ponen a este señor donde justamente se merece. Nos quejamos mucho los seguidores de Oldfield, pero hoy tenemos muchos más motivos para sentirnos orgullosos. A continuación, un vídeo colgado en Mike Oldfield Official donde Mike reflexiona un poco sobre el asunto.

jueves, 26 de julio de 2012

La edición "Deluxe" de Platinum.

Desde hace varios días se puede escuchar en Spotify la versión deluxe del álbum Platinum, de Mike Oldfield. De QE2 no se tienen noticias a este respecto, y al menos yo no acierto a encontrar dónde se puede escuchar online al completo. Por eso he decidido abordar primero el álbum de 1979 y dejar para después el de 1980.

Portada de la nueva edición. La etiqueta confirma que su remasterización es de 2012.

Como ya comentamos en su momento, Platinum fue un disco-bisagra mucho más obvio que el anterior Incantations (1978), que demostraba un cambio de actitud de Oldfield hacia los sonidos contemporáneos del pop-rock, sirviendo como puente entre sus obras épicas instrumentales hacia su sonido algo más ligero de los años ochenta. Es en Platinum donde encontramos por primera vez temas más cortos, incluso un par de canciones plenamente pop, aunque la suite que da título al disco mantiene la complejidad surrealista, cubista, escheriana, del Oldfield anterior. Las expectativas no eran especialmente altas tras la decepción inicial de Incantations en versión deluxe, un disco muy infravalorado en su momento de cuya reedición se esperaba que estuviese a la altura de sus merecimientos, sobre todo teniendo en cuenta que el año pasado fue el único título publicado de la nueva serie. Al final subsanaron el asunto del fallo de sonido, y el balance resultó en un aprobado raspado. Creo que Platinum (e imagino que QE2) pueden rozar o alcanzar el notable. 

El sonido del álbum original es prácticamente perfecto. Además, los temas extras del primer CD están bastante bien, sobre todo el remix de North Star. La versión jam de Platinum suena muy bien, y no podía faltar Blue Peter; pero North Star es probablemente el mejor de los retoques de temas antiguos de cuantos Oldfield nos ha ofrecido hasta el momento, sobrio y alejado de los excesivos tecnicismos de otros intentos.

Contraportada.

Lo mejor está en el segundo CD. Tengamos en cuenta que Mike Oldfield posee una discografía muy extensa en la que hasta ahora solamente había publicado un álbum en directo, Exposed. La inclusión de material en directo, qué digo, de todo un concierto inédito en CD, es un acierto. Tampoco habrían estado de más las habituales maquetas de ediciones anteriores, aunque la naturaleza sencilla de Platinum implica que tal vez no habrían tenido excesivo interés en este caso (fanatismos aparte, quiero decir), con lo que la opción del concierto es seguramente la mejor. Y encima es un conjunto de temas en vivo de muy alta calidad, grabados en el mítico Wembley Arena, muy inspirados y con algunos toques novedosos que le aportan originalidad, como alguna flauta travesera y un saxofón. 

En el apartado negativo podríamos poner, más que nada, lo que falta en la reedición. Falta el Sally original, sustituido esta vez de manera definitiva por Into Wonderland; y falta la inencontrable All Right Now (o Alright Now), cuya inexistencia incluso como mp3 pirata me resulta inexplicable a estas alturas.

Londres se engalana.

A la espera de poder escuchar QE2 me quedo con un último apunte: ojo a la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres, ya que multitud de fuentes apuntan a que Mike Oldfield en persona podría actuar en algún momento del espectáculo. Hace tiempo se filtró que en los fastos sonarían Tubular Bells e In Dulci Jubilo, y además parece que se ha diseñado una "supercampana" para el evento que da mucho que pensar respecto a la obra magna de Mike y su posible implicación en el asunto. Para echar más leña al fuego, el blog de referencia oldfieldexposed.blogspot.com afirma que Mike Oldfield acaba de llegar a Londres desde su hogar en las Bahamas, amén de otros detalles que invitan a atar cabos.

sábado, 21 de julio de 2012

Steve Reich - DRUMMING


1. Drumming: Part I (17:30)*
2. Drumming: Part II (18:11)
3. Drumming: Part III (11:13)
4. Drumming: Part IV (9:50)

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que comentamos un trabajo de música clásica en la línea más "pura", y he querido solucionarlo con esta interesantísima obra del norteamericano Steve Reich. Drumming,  composición teóricamente completada en 1971, es otro de esos buenos -y raros- casos en los que una obra perteneciente a un ámbito bastante cultureta de la música contemporánea, como es el minimalismo, posee unas características que, sin hacerla lo más accesible del mundo, puede agradar bastante a muchos profanos.

Tal como nos informa la Wikipedia, Drumming fue el producto de un breve viaje al África negra. Allí, Steve Reich anduvo realizando prospecciones artísticas de los estilos tradicionales, muy percusivos, de los conjuntos locales. En especial, parece que se fijó en lo que hacían en la etnia de los Ewe, que habita en Togo, Benin, Nigeria y Ghana. Un tal Gideon Alorwoyie, músico y coreógrafo de gran peso en círculos académicos de la música étnica internacional, le influyó especialmente. Este viaje de estudios africano se interrumpió cuando Reich contrajo la malaria. 

Steve Reich en todo lo suyo (de http://www.wnyc.org).

Dejando las anécdotas a un lado, podemos describir Drumming, que es lo que interesa. Para empezar, está en la línea de otras obras cuya duración depende de lo que se decida sobra la marcha. Se considera que es una de las obras bisagra en la trayectoria de Reich, entre las más convencionales y las que más libertad otorgan al ocasional intérprete. La instrumentación abarca diversas formas de percusión como bongos, marimbas y xilófonos, así como voces femeninas y un silbador. Drumming contiene cuatro movimientos que básicamente consisten en diálogos entre diferentes patrones percusivos repetitivos, unas veces manteniendo un mismo ritmo, otras variándolo para dotar de complejidad a los ritmos. Esta técnica se conoce como faseado (Phasing), y es minimalismo puro: un par de instrumentos a lo sumo creando texturas hipnóticas a base de repeticiones cíclicas, sonando a ratos uno como eco del otro, el otro como reverberancia del primero, e incluso logrando que, llegados a cierto punto, sean los breves espacios entre los golpes de tambor los que adopten el protagonismo rítmico. Los resultados son bastante grandilocuentes, aunque no lo parezca.


 Otras versiones de Drumming.

Hay quienes identifican Drumming con la música étnica propiamente dicha, pero personalmente creo que se trata de un trabajo puramente clásico, como mucho inspirado por lo que hoy conocemos como World Music, pero sin mezclarse con ella. Para el oyente no iniciado que se atreva, seguramente Drumming funcione mejor como experiencia sensorial que como música en términos convencionales (¿y no se trataba de eso, en definitiva?) aunque, como muchas otras obras de los minimalistas "duros", corramos el riesgo en más de un momento de sufrir jaquecas. Yo recomiendo este trabajo, aunque quizá aconsejaría disfrutarlo por tramos. Está en Spotify.

*La duración de los movimientos es la perteneciente a la versión que enlazo a través de Spotify.

Como muestra, un botón: la primera parte, en concierto.

viernes, 13 de julio de 2012

Jean Michel Jarre - OXYGENE 7-13


1. Oxygene 7 (11:41)
2. Oxygene 8 (3:54)
3. Oxygene 9 (6:13)
4. Oxygene 10 (4:16)
5. Oxygene 11 (4:58)
6. Oxygene 12 (5:40)
7. Oxygene 13 (4:27)

En 1976, el joven músico francés Jean Michel Jarre cimentó para siempre la electrónica dentro del panorama general de la música popular. Cuando Oxygene salió a la venta, lo cierto es que el género ya estaba entrando en su etapa de mayor plenitud; los alemanes de la kosmische musik y la Escuela de Berlín alcanzaban su apogeo -también en ventas- gracias a la fuerte entrada de Tangerine Dream en la industria británica con álbumes como Phaedra o Ricochet, y a los éxitos mayúsculos de Kraftwerk. Los pioneros de la generación anterior como Wendy Carlos o Tomita seguían sonando bien, y músicos algo más heterodoxos como Vangelis Papathanassiou (L'Apocalypse des animaux, Albedo 0.39) o Mike Oldfield (Tubular Bells, Ommadawn) habían elevado tanto la electrónica de vanguardia como la música instrumental, en general, a cotas de popularidad indiscutibles. Con Oxygene, la sorpresa estuvo sobre todo en su carácter aperturista, accesible a rabiar, pese a que en lo meramente técnico era un trabajo en la línea "dura" de la electrónica europea. El tema principal del álbum, el archiconocido Oxygene 4, rompió barreras entre géneros y supuso el principal ejemplo (si no el inicio) de lo que hoy conocemos como "música planeadora", inaugurando de paso lo que habría de ser la electrónica en los años ochenta.

Cuando Jarre publicó la continuación de su disco más famoso, en 1997, con la perspectiva que dan los años se puede decir que concluyó esa época de esplendor de la electrónica comercial que él mismo había iniciado veinte años antes. Y que conste que no ha habido cantos del cisne mucho más bellos que este.

Imagen del interior del estuche del CD.

Oxygene 7-13 es, como decíamos, una secuela directa del Oxygene de 1976. El músico con el que incomprensiblemente suele compararse a Jarre, Mike Oldfield, también publicó una fastuosa segunda parte de su mayor éxito en los '90. Se trataba de Tubular Bells II (1992), y era mucho más un remake que una continuación. No sé si Jarre tomó alguna idea de lo hecho por Oldfield más allá del concepto "regreso a...", pero desde luego su Oxygene 7-13 se queda un poco entre Pinto y Valdemoro: ni es un remake, ni es exactamente una secuela, porque hay elementos en su estructura que recuerdan a las claras a su predecesor. Y aun así, Jarre consigue sorprendernos, y mucho.

       
Distintas portadas del single Oxygene 8.

El álbum comienza con el fantástico Oxygene 7, potente en su ritmo y efectivo en su melodía, que viene a ser como una "reducción" de la de Oxygene 4, con menos notas pero el mismo fraseado. Me encanta su segundo tramo, en el que el potente fondo se desarrolla libremente de un modo cósmico y grandilocuente. Oxygene 8 fue escogido como primer single del álbum. Aunque sus hechuras son propias del Jarre de los setenta, o incluso más primitivas (casi parece que el nervioso ritmo de fondo está hecho analógicamente, sin secuenciadores siquiera), su melodía está quizá un poco más cerca de Equinoxe o Rendez-Vous que de Oxygene, pero no deja de ser un corte fabuloso y bien integrado en el conjunto. 

Vídeo oficial de la versión single de Oxygene 8.

Vídeo oficial con un remix de Oxygene 8.

Oxygene 9 supone un feliz regreso al Jarre más experimental, el de los temas mal llamados "de transición" de sus álbumes clásicos, y que no son sino demostraciones de que este músico nunca se ha quedado contento con ofrecer una simple colección de tonadillas pegadizas. De transición o no, Oxygene 9 es pura música cósmica, compleja, rica y colorista, estupendamente difícil de predecir. 

Vídeo oficial con un remix de Oxygene 10.

En resumen, hasta este punto tenemos plena conciencia de que Jarre ha sabido regresar con éxito a su sonido más clásico y orgánico, con ese puntito primitivo y galáctico de antaño que nos retrotrae no solo a Oxygene, sino a lo que la música electrónica era, en general, en los setenta. Alguien habría empezado a quejarse de encontrarle al invento un cierto toque maniqueo. Y entonces comienza Oxygene 10.

       
Portadas de Oxygene 10 y Oxygene 7.

Oxygene 10 es Jean Michel Jarre en los noventa, es lo que se esperaría de él después de Chronologie (1993), es un Oxygene / Equinoxe de última generación. El ritmo es potente, moderno, y la melodía tan elegante y elaborada como en los mejores años. Oxygene 11 vuelve a dar el golpe con sus brutales secuenciadores, justificando plenamente la existencia del sonido estéreo, en un desarrollo frenético que aporta una nueva dimensión de creatividad y riesgo a lo ya escuchado en el álbum. Oxygene 12 retoma las notas básicas de la melodía de Oxygene 7, aunque con una atmósfera más dramática e intensa. Alguien sugirió una inspiración directa del tema final de Blade Runner, aunque parece que la melodía en cuestión proviene del propio Oxygene

Concluye el disco con Oxygene 13, una recreación de Oxygene 6 que supera al original gracias a su melodía mucho más épica, más bella y evocadora, si bien se mantiene la base rítmica para lograr que ambos álbumes concluyan de manera similar. Por esto y por los parecidos entre Oxygene 7 y 4 decía yo lo del remake parcial, porque es como si Jarre estuviese decidido a hacer algo totalmente nuevo, pero manteniendo varios anclajes bastante obvios.

El álbum Odyssey Through O2 fue una recopilación de remixes de Oxygene 7-13 por DJs de la época.

Oxygene 7-13 no fue un megaéxito, quizá precisamente porque su sonido pertenece en buena parte a la época dorada de la electrónica de vanguardia, y a finales de los noventa eso lo convertía poco menos que en un carcamal discográfico. Pero tampoco funcionó mal. La gran cantidad de singles con remixes que se publicaron ayudaron a darlo a conocer a todos los públicos, aunque desde luego no creo que los fans de toda la vida tuviesen nada que objetar al álbum en sí, uno de los más completos e inspirados de Jarre en toda su carrera, pese al evidente auto-homenaje. El caso es que el músico no suele recuperar demasiados cortes de Oxygene 7-13 para sus muchos conciertos, más allá de versiones revisadas de las partes 12 y 13, por lo que da la sensación de que no acaba de estar satisfecho con el disco. Su carrera desde entonces ha ido dando tumbos entre muy esporádicos regresos al pasado y numerosos experimentos en la modernidad mainstream, incursiones en el chill-out, intentos de tecno-pop y música de baile con escasa personalidad. No creo que Jarre haya perdido su inspiración, sino más bien que  lleva diez años largos intentando hacerse un hueco en la electrónica de hoy, la de los DJs, quizá atormentando por las arrugas, los vaivenes conyugales y los años que le caen encima a gran velocidad. Otros a su edad se compran una Harley-Davidson, pero bueno. No sé si Jarre volverá a hacer algún día un disco como los que le dieron la fama, pero es evidente que hasta entonces seguirá vigente su Oxygene 7-13, brillante final de una generación dorada de la que el francés fue delantero centro.
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