jueves, 21 de junio de 2012

Juan Manuel Cidrón - SONIDO PARA ACCIONES 1


1. Cuatro escenas en el desierto de Tabernas (6:00)
2. Vendré aquí cuantas veces lo desee (3:33)
3. Cristóbal y María no están en casa (8:10)
4. Javier no llegó a la cima del Aconcagua (5:01)
5. Dentro de siete minutos y veintisiete segundos (7:27)
6. Solo por un instante (5:30)

Voy a tomarme la libertad de abordar este análisis en primera persona. No es que conozca íntimamente a Juan Manuel Cidrón, pero a lo largo de los años, la pequeñez del mundo y de la provincia de Almería hace que me haya sido imposible no toparme con su persona en más de una ocasión.

La primera vez fue gracias a un amigo y compañero de estudios que guardaba alguna relación familiar con Cidrón, y que guardaba alguno de sus discos en la excelsa colección electrónica y new age que había en casa de sus padres. Muchos de mis gustos musicales se afianzaron en su casa. Más adelante me he cruzado con este paisano músico en varias ocasiones. Es un tipo que parece ir siempre con prisas a todas partes, su melena negra y rizada al viento. Su presencia en las cuatro calles -la zona de la marcha en Almería- es muy habitual, y algo he escuchado sobre su fabulosa capacidad de ingestión de alguna marca espirituosa en el pub Vhada. En una feria del disco de la capital tenía yo en la mano el CD Zeit de Tangerine Dream; él, que andaba por allí, se detuvo y me señaló diciendo: "es un clásico". Tenía conciencia de su valía como compositor y de lo dilatado de su carrera (ambas cosas suelen ser interdependientes), aunque solamente una serie de búsquedas concienzudas en la red me hicieron consciente de que Cidrón tiene un nombre bien reconocido en el panorama actual de la música electrónica hecha en España. Y que conste que no es un localismo.

Juan Manuel Cidrón rodeado de sus aparatos. 

La serie de tres discos titulada Sonido para acciones viene a constituir el "impulso primigenio" de su carrera, en el que desarrolló su estilo personal, emparentado por voluntad propia con la Escuela de Berlín, la música cósmica y/o planeadora o, en términos menos técnicos, la música generada mediante sintetizadores que se preocupa más por las texturas que por las melodías. Hay quien considera a Cidrón como el rey del género en España y, como poco, podemos decir que no habrá muchos que le hagan la competencia.

Una interesante entrevista con Juanma Cidrón.

Sonido para acciones 1 (1989) es, como todo trabajo iniciático que se precie, un álbum que rebosa inspiración, que casi se viene a quedar pequeño a la hora de dar rienda suelta a las dignas ambiciones de su autor. No sé si por su talante patrio o por la lógica modestia de recursos del que empieza, Cidrón generalmente realiza efectivamente algo parecido a lo que podemos encontrar en un álbum de Klaus Schulze o Edgar Froese, aunque más sobrio, más carente de artificios. En este álbum en particular, de todos modos, hay un espíritu algo más dulce, menos oscurantista que el de la electrónica alemana, casi como si se buscase un equilibrio entre la exploración textural y los ambientes melódicos y coloristas de la mejor new age o del minimalismo más popular. El tema con el que comienza el disco es seguramente el más representativo del mismo: Cuatro escenas en el desierto de Tabernas, con una potente base secuencial sobre la que van sumándose progresivamente otras capas de sonido, sencilla melodía incluida. Tiene cuatro tramos bien delimitados, el primero y el tercero muy parecidos, hasta completar las cuatro escenas de las que habla. El título del tema debe hacer referencia a la utilización de este famoso desierto para rodar películas, desde los westerns de Sergio Leone a Lawrence de Arabia o Indiana Jones. Cidrón utiliza algún recurso dramático que viene a recordar lejanamente al Koyaanisqatsi de Philip Glass.

Un amanecer en el Desierto de Tabernas (Almería).

El resto de títulos es también bastante curioso, ya que parecen responder a situaciones muy concretas de ¿la vida personal del músico? El contenido musical es muy fresco y de pureza cristalina, temas muy sólidos gracias a un sutilísimo trabajo de producción en el que no sobra nada. Vendré aquí cuantas veces lo desee tiene el encanto espontáneo de unos buenos Wim Mertens o Michael Nyman. Cristóbal y María no están en casa es más meditativa, menos luminosa, con un sampleado que imita un contestador automático. Javier no llegó a la cima del Aconcagua es muy nervuda y con algún toque percusivo que le da un sabor exótico. El título de Dentro de siete minutos y veintisiete segundos es un poco en broma, ya que es un tema de ritmos concienzudos que parecen huir irremisiblemente hacia el final del corte, exactamente siete minutos y veintisiete segundos después. Y Solo por un instante es otro ejemplo de bonita melodía con un estupendo tratamiento electrónico, para terminar con un buen sabor de boca.

Por sus planteamientos sonoros, Sonido para acciones debe ser excelente para disfrutar en vinilo, con sus clics y todo, pero con ese matiz hiperrealista de los sintetizadores interpretados a pelo; lo malo es que encontrar un ejemplar puede ser harto complicado, amén de muy muy caro. Hace poco supe que Cidrón había grabado un álbum a base de sonidos caseros, a lo "música concreta", titulado Electrodoméstico, y que debe ser la apoteosis de todo lo anterior. Seguiremos informando.

Javier no llegó a la cima del Aconcagua.

Solo por un instante.

lunes, 18 de junio de 2012

Talk Talk - SPIRIT OF EDEN



1. The Rainbow (9:09)
2. Eden (6:35)
3. Desire (6:57)
4. Inheritance (5:24)
5. I Believe in You (6:10)
6. Wealth (6:44)

Me gusta pensar que este es un blog abierto, no demasiado restrictivo respecto a los géneros musicales de los que trata, quizá porque en su propia naturaleza está lo sorprendente de las mezclas, la incertidumbre de los límites borrosos entre estilos. Este es uno de los álbumes más pop que hemos tratado por aquí, y sin embargo reúne todas las características que lo hacen interesantísimo para quienes gustáis de escuchar cosas "distintas". Me cuesta mucho trabajo entrar en el pop, precisamente porque es un estilo accesible para cualquiera, y hacer una defensa divulgativa de una obra del mismo podría ser redundante. Pero Spirit of Eden no es ni especialmente accesible... ni nada redundante.

La banda inglesa Talk Talk se había hecho un nombre con sus cuidadas aproximaciones al synth-pop tan de moda en los ochenta, una música bonita pero algo caduca respecto a las modas, anclada con fragilidad entre los ídolos veinteañeros new romantics y el casi nunca estimulante AOR (Adult Oriented Rock, rock orientado a adultos). Su mayor éxito hasta Spirit of Eden había sido The Colour of Spring (1986), en el que las ambiciones creativas de Talk Talk ya habían comenzado a indagar tímidamente entre otras posibilidades musicales. La discográfica les dio carta blanca para hacer lo que les viniese en gana en el siguiente álbum, y el resultado fue una de las obras musicales más controvertidas de la época.

Talk Talk

Spirit of Eden (1988) está concebido como una obra perteneciente a la esfera pop-rock, aunque mezclada con grandes dosis de jazz y algo de música electrónica meditativa, ambient y new age. Cuenta la leyenda -cierta o no- que el álbum se grabó en largas sesiones en las que la banda improvisaba la mayor parte del tiempo, y encima lo hacían a oscuras para crear ambiente. Los ritmos pop están prácticamente eclipsados por las  densas atmósferas jazzísticas (con percusiones más acariciadas que golpeadas) y arreglos ambientales, y la voz del cantante y líder Mark Hollis solamente aparece aquí y allá, logrando que su voz no sea más que otro instrumento en el conjunto, y no el principal hilo conductor de los largos temas. Todo un año tardaron en completar una obra musical cuya gestación recuerda en cierto modo a la de The Dark Side of the Moon, lo que -ya lo sé- es mucho decir cuando todo parece indicar que no era el contexto adecuado para que surgiese uno de estos álbumes que suponen un antes y un después en la música popular.

Portada alternativa.

Y Spirit of Eden fue efectivamente un antes y un después, ya que muchos críticos lo emparentan de forma directa con lo que luego se llamaría post-rock, la evolución vanguardista de los viejos cánones de bajo-guitarra-batería-voz hacia algo más intenso y completo, más artístico y libre. Por supuesto, en su día se acusó a Talk Talk de querer salirse del tiesto, de ser unos snobs y de haber publicado un disco pretencioso y vacío de sustancia; y la discográfica EMI se cabreó a lo bestia por las ventas insuficientes y la dificultad de extraer singles promocionales para la radio, con lo que los Talk Talk tuvieron que meterse en juicios para cambiarse a alguna compañía más tolerante. Desde Spirit of Eden, por cierto, se sabe que muchas compañías introducen clausulas en sus contratos para que a los artistas no se les ocurra pasarse de arriesgados.

El único problema del disco es que quizá no hay una gran diversidad entre el planteamiento de los distintos temas, sino que todos comparten una visión espiritualista; y la voz de Hollis suena siempre muy parecida, como si cantase todos los temas del mismo modo. No obstante, la asombrosa riqueza de su colorido instrumental y la modernidad aplastante que rezuma de cada minuto de escucha compensan de sobra por cada defecto que podamos encontrar. Esta música, que es pop pero no lo es, está tan vigente como si hubiese sido grabada ayer mismo.

I Believe in You.

viernes, 15 de junio de 2012

Avalancha de Mike Oldfield. Actuemos con criterio.

Como los pasados tres veranos, llegan no del todo puntuales las ediciones "deluxe" de otros dos trabajos de Mike Oldfield. Se trata de los clásicos Platinum (1979) y QE2 (1980), obras no del todo elogiadas como merecen por el público general, y que para los aficionados de toda la vida son el equivalente a los bocatas de Nocilla: hay meriendas quizá mejores, más sanas, pero son los sabores de la infancia y tienen un regusto juvenil muy especial. Aquellos maravillosos años... Salen a la venta el 23 de julio.


Ambos álbumes serán editados en tres formatos: vinilo, CD sencillo y CD doble, y ya se conoce la lista de temas. En Platinum encontraremos -amén de los temas de siempre- un remix actual de North Star (aquella versión de Philip Glass) a cargo del propio Oldfield, una misteriosa rareza de estudio y la sintonía del programa infantil de la BBC Blue Peter. En QE2 estarán Polka, la versión single de Wonderful Land (versión del tema homónimo de The Shadows) y una remezcla actual de Sheba rebautizada como Shiva. Cada edición en CD doble incluye un segundo compacto con conciertos de la época, que seguramente serán lo más jugoso a nivel de novedades. Pero cuidado, porque estos temas en vivo no son necesariamente los mismos del álbum correspondiente, sino que incluyen extractos de temas clásicos como Tubular Bells, Ommadawn e Incantations. Se ha buscado -acertadamente- inmortalizar la gran actividad en concierto de Oldfield en aquellos años de aperturismo personal.


Y claro, ningún deluxe de Oldfield sería lo mismo sin las amargas ausencias: ni rastro de la versión original de Sally (eso sí, han corregido el tema del álbum como Into Wonderland), y tampoco del super-tesoro del coleccionismo Oldfiliano: la versión que grabó con su banda de All Right Now, el clásico rockero de los Free, tan difícil de encontrar que a veces dudo de que el propio Mike tenga una copia.

Hasta aquí lo esperable, pero hay más. Saldrán a la venta en breve nada menos que dos recopilatorios más, uno titulado Mike Oldfield Icon, que es otro sacacuartos de los que mezclan churras con merinas; y Two Sides, CD doble con instrumentales por un lado y canciones por el otro, que tampoco es nada del otro mundo salvo por curiosas inclusiones como The Lake del álbum Discovery o un par de trozos de Amarok y Music of the Spheres.

Esperemos que no haya saltitos en los CDs y que no tenga que publicar largas quejas al respecto. El año pasado casi batimos el récords de visitas del blog con las susodichas de Incantations.

Agradecimientos a tubular.net, mike-oldfield.es, Mike Oldfield's Exposed y Mike Oldfield Official, donde pueden hacerse ya las reservas.

Ron Geesin / Roger Waters - MUSIC FROM THE BODY


1. Our Song (1:24)
3. Red Stuff Writhe (1:11)
7. Chain of Life (3:59)
8. The Womb Bit (2:06)
9. Embryo Thought (0:39)
13. Body Transport (3:16)
14. Hand Dance (1:01) 
15. Breathe (2:53)
18. Piddle in Perspex (0:57)
22. Give Birth to a Smile (2:49) 

Puedo creerme cualquier cosa que me cuenten sobre un álbum de los setenta. Me lo creeré a pies juntillas si encima es un disco lanzado entre los últimos sesenta y los primeros setenta. Y sigue pareciéndome muy raro algún que otro descubrimiento como el de este Music from The Body (1970), uno de los varios proyectos paralelos a la banda -entonces- de culto Pink Floyd. Vale que el músico principal del disco sea el extraño y experimental Ron Geesin, pero desde luego estamos ante una obra que entronca con el carácter libérrimo de la psicodelia inglesa de la que los PF fueron estandarte.

Ron Geesin

Music from The Body (que deberíamos traducir como Música de "El cuerpo", sin omitir las comillas) es la banda sonora de The Body, un documental británico sobre el cuerpo humano que dirigió Roy Battersby, con locución de Vanessa Redgrave y Frank Finlay. Si investigamos un poco en la web en busca de análisis de expertos, la mayor parte de las críticas que encontraremos irán de malas a malísimas, argumentando que, efectivamente, se trata de una parida de las que a veces veían la luz en aquellos tiempos, y que hoy no solamente serían imposibles de vender, sino también muy difíciles de apreciar por quienes vayan buscando algo en la línea de la primera época de Pink Floyd. Roger Waters hace algunas intervenciones más o menos en su futura línea como cantautor, pero el resto del trabajo está compuesto a base de música "orgánica", una variante de la música concreta que consiste en sampleados de sonidos corporales, aderezada por extraños arreglos orquestales y música de cámara desestructurada. Estamos hablando de música amalgamada con respiraciones, risas, susurros, palmadas... Y sí, estamos hablando de pedos. Pedos terriblemente gordos, cuescos tremendos que harían las delicias del Quevedo más zafio.

Roger Waters

Ya es difícil comprender, o aproximarse siquiera, a trabajos como Ummagumma (inmediatamente anterior), y eso que en él no hay flatulencias como parte de la instrumentación; pero Music from The Body tiene bastante interés como pieza musical experimental, como una obra de creación que nada tiene que ver con el rock progresivo, sino más bien con las ansias de innovar de aquella generación. Los mismos Pink Floyd estuvieron intentando grabar un álbum completo de música concreta que iba a titularse Household Objects ("Objetos caseros"), justo después de The Dark Side of the Moon, anque todo quedó en agua de borrajas salvo por alguna maqueta a medio terminar que circula por ahí a trocitos. Seguramente la banda de Waters, Gilmour y compañía ya estaba demasiado atada al universo progresivo como para que sus seguidores aceptasen algo tan raro. De hecho, se sabe que el último corte de este Music from The Body, titulada Give Birth to a Smile, cuenta con toda la banda, aunque no figure como tal en los créditos.

Contraportada.

¿Imprescindible? Para nada. ¿Interesante para el fan de Pink Floyd? Sólo si eres un completista acérrimo. ¿Interesante para el aficionado a la música extraña y experimental de todo pelaje? Muchísimo.

Un trozo del álbum.
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