jueves, 9 de febrero de 2012

Jorge Granda - MUZAK


1. La buena estrella (3:23)
2. Un segundo en el tiempo (2:13)
3. Montmartre (1:38)
4. Rottenburg (3:10)
5. After the Rain (2:51)
6. Madrid-Zahara (3:13)
7. Los cineastas (1:31)
8. Final y muerte de Borja (1:02)
9. Parque del retiro (1:17)
10. El confesionario (1:11)
11. Los desiertos del mundo (1:56)
12. Mirada al sur (0:29)
13. Dioses (1:32)
14. Luz blanca (0:28)
15. Las palabras (0:52)
16. Parque de atracciones (1:03)

"Muzak" es un término peyorativo de origen anglosajón que se utiliza para referirse a la sosa e intrascendente musiquilla que escuchamos mientras empujamos el carrito en Mercadona, o mientras esperamos a que el dentista nos deje entrar en su potro de tortura. Pero Jorge Granda, un músico joven nacido en Oviedo, ha titulado así a su segundo álbum, en el que parece que se ha volcado de cara a lo que le depare su carrera en el futuro. No creo que conciba su música como "melodía de fondo para ascensores". 

Granda es especialista en crear música para fines específicos, tanto de videojuegos como de campañas publicitarias, aunque indagando en su web personal se nota que su debilidad son las bandas sonoras cinematográficas. De momento, este compositor se mueve en el mundillo de los cortometrajes, y precisamente como sucede con la mayoría de estas películas en miniatura, incluso las mejores, necesita un extra de promoción que le ayude a dar a conocer su trabajo. El álbum Muzak (2011), bastante cortito en duración pero muy intenso en su variedad, viene a ser algo así -y no es que lo diga yo- como un muestrario que el buen vendedor ambulante va mostrando puerta a puerta. Al parecer, es una recopilación de los trabajos que hasta el momento ha realizado para diversos cortos, algunos de éxito.

Con una sólida formación académica, Jorge Granda ha formado parte de un par de grupos de rock gracias a sus dotes a la guitarra, y no es de extrañar que algunos de los cortes de Muzak tengan a este instrumento como protagonista. Tampoco se queda atrás el piano, del que también posee un amplio manejo. Aunque podría haberse decantado por la música electrónica pura (parece que es experto en informática), se nota que ha elegido decantarse por un sonido más cálido que solamente la música acústica puede proporcionar; aunque no desdeña las posibilidades de unos buenos arreglos sintéticos, como es natural.

Hay más fotos de Jorge Granda en Internet, pero sí él utiliza esta en su página... pues esta pongo yo.

Los temas recolectados en Muzak son esencialmente composiciones melódicas, tanto que en algún momento se acercan peligrosamente a alguna clase de pop "íntimo". No obstante, se termina imponiendo un tratamiento minimalista bastante más interesante que las meras posibilidades de su música para acompañar a una hipotética voz solista. En este sentido, y pese a su solidez estructural, creo que quizá La buena estrella no era la mejor elección para abrir el álbum, ya que puede producir la sensación equivocada de estar ante una mera propuesta de easy listening, como dicen los anglosajones, cuando Muzak es bastante más que eso. Sin ir más lejos, Un segundo en el tiempo, con su seguramente involuntaria reminiscencia del One of These Days de Pink Floyd, me parece un tema mucho más redondo. Y Montmartre es cautivador, cálido, con un ritmo exótico sobre un elegantísimo piano. Rottenburg va en una línea parecida al anterior, con una guitarra no muy bien ensamblada a nivel de edición que, sin embargo, resulta muy fresca en su espontaneidad. After the Rain es una estupenda pieza incidental y meditativa, y con ella nos vamos metiendo en el núcleo duro del disco: Madrid-Zahara, que tiene algo de la magia del Gustavo Santaolalla de la película Babel, con mucho nervio y efectismo; Los cineastas, que posee el encanto inexplicable de, digamos, el Angelo Badalamenti de alguna rareza de David Lynch; y Final y muerte de Borja, cuyo título hiperdramático casa con su desarrollo in crescendo. Parque del retiro parece pertenecer al mismo universo que La buena estrella, aunque es más festiva y tiene un toque naïf de película española antigua que le va muy bien. El confesionario tiene un alma rockera oldie y simpática que desconcierta respecto a lo que el título puede sugerir. Añaden exotismo posteriormente la horizontal y evocadora Los desiertos del mundo y la aflamencada Mirada al sur, antes de encarar la recta final con la poderosa y rockabilly Dioses, la enigmática Luz blanca, la clásicamente minimalista Las palabras y la soñadora Parque de atracciones.

Vídeo del tema Madrid-Zahara.

Como decía antes, y haciendo balance de virtudes y defectos, quizá en algún punto parece estar pidiéndose a gritos que alguien empiece a cantar, aunque la habilidad para la evocación y el viaje sonoro quedan más que demostrados. Lo peor que se puede decir de Muzak es que, primero por su brevedad y segundo, por su carácter de sampler, no es fácil encontrar un único hilo conductor que nos ayude a disfrutar del conjunto como un todo coherente, si bien el 99% de su contenido es de altísima calidad. Lo mejor que puedo decir de Muzak, y con esto debemos quedarnos, es que Jorge Granda parece bullir de creatividad y ser plenamente consciente de sus posibilidades como compositor. Es difícil encontrar hoy en día una colección instrumental con tanta riqueza melódica en todos y cada uno de sus temas, y al final, por mucho que nos empeñemos en las atmósferas y los efectos, la belleza de las melodías sigue siendo -afortunadamente- un valor seguro. Otro músico español para tomar nota.

Pincha aquí para visitar la web del autor, donde podrás también escuchar algunos temas y adquirir el CD. Aquí, un reproductor con una buena selección de temas:

martes, 7 de febrero de 2012

Satisfacción Lab: el ruido premeditado.

Hace un par de meses recibí un EP de Jorge Marredo, músico patrio que se mueve bastante -al parecer- al cobijo de las indudables posibilidades de Internet para difundir nuevas creaciones. Se titula Ad nutum, y es entendido por el autor, que publica bajo el seudónimo de Satisfacción Lab, como una sutil mezcla de realidad y fantasía a través de sonidos "cotidianos". Entiéndase esto último a un nivel más bien inconsciente, como perteneciente a las pequeñas escapadas mentales que realizamos cuando nos quedamos un momento... digamos en blanco. No estamos hablando de música que ilustre un mundo realista, ni un mundo fantástico, sino pura abstracción que exige un importante esfuerzo de concentración por parte del oyente. Tampoco es que se trate de música concreta en términos ortodoxos, pero sí que hay algo en ella muy de cada día: ruido.

Imagen promocional del EP Ad Nutum, de Satisfacción Lab, de Zeronoize.

El ruido molesta, el ruido irrita o desconcierta, aunque existe una rama en la música vanguardista actual que, con resultados variables, explora sus posibilidades como forma de expresión artística. Ruido intencionado, premeditado. Se conoce oficialmente como Noise ("ruido" en inglés, literalmente) y suele consistir en variaciones sobre espesos fondos de ruido de interferencias estáticas creadas en estudio, algo así como si grabásemos lo que suena en una televisión o un aparato de radio sin sintonizar, para luego añadir una variedad de sampleados sutiles, percusiones, efectos en cinta magnética o incluso voces. Buscando en páginas de consulta, descubriremos que el noise es una manifestación de aquella vanguardia de comienzos del siglo XX que fue el Futurismo, y que partía de la admiración hacia la tecnología como base para la creación artística y literaria. Ya estamos bastante lejos de componer una oda a la máquina de vapor o a las autopistas, pero seguimos nadando en un universo de electricidades y ondas varias que nos siguen a todas partes y que, aun sin que nos demos cuenta,  nos envuelven por completo. Vivimos, por así decirlo, en la ciencia ficción que imaginaron algunos pioneros. No es de extrañar que haya músicos fascinados por la posibilidad de convertir el ruido de las máquinas en arte.

Fotografía artística de Jorge Marredo.

En Otras músicas. Otros mundos hemos comentado ya varios discos de dark ambient ("psicodelia oscura" también lo llaman por ahí, que personalmente me parece lo mismo aunque sean términos distintos) que inciden en las posibilidades del noise, como aquel tan estupendo de Lustmord o, hace unos días, el último de Marc Broude. Creo que Ad Nutum, el EP que comentaba al principio y que contiene un único tema, va mucho más allá en su grado de exigencia de cara al oyente. Debí comentarlo hace mucho, pero no he querido hacerlo hasta estar plenamente convencido de qué quería decir sobre él, para lo que he tenido que informarme mucho más a fondo sobre el noise y sus aledaños: la música industrial, la "música del tercer mundo", etc. Al final me he quedado un poco igual que al principio, porque Ad Nutum, como ejemplo claro de noise, me sigue desconcertando. ¿Realmente estoy escuchando algo que Satisfacción Lab ha plasmado ahí? ¿O soy yo quien oigo lo que quiero oír? No puedo responder a estas cuestiones, pero sí puedo recomendaros este enlace donde escuchar Ad Nutum y, de paso, plantearnos si el noise es o  no ruido, y si el ruido puede ser o no bello. Por cierto, en este otro enlace podemos escuchar otras muy interesantes piezas del mismo autor. Habrá que seguirlo.

sábado, 4 de febrero de 2012

Penguin Cafe Orchestra - SIGNS OF LIFE


1. Bean Fields (4:26)
2. Southern Jukebox Music (4:39)
3. Horns of the Bull (4:35)
4. Oscar Tango (3:15)
5. The Snake and the Lotus (The Pond) (2:56)
6. Rosasolis (4:22)
7. Dirt (4:49)
8. Sketch (4.22)
9. Pepetuum Mobile (4:28)
10. Swing the Cat (3:26)
11. Wildlife (10:57)

Érase una vez, en medio de la ciudad más gris del país más gris del continente más gris, una cafetería de fachada gris en cuyo interior sucedían cosas maravillosas. Uno podía ir caminando hacia su gris empleo en una mañana gris de otoño y detenerse, quizá por casualidad, a tomar un café en su interior. Allí se encontraría con que el local estaba regentado por pingüinos que no solamente servían las mesas con su divertido y torpe caminar, sino que tenían una pequeña banda, poco más que un grupito de cámara cuyas melodías apenas destacaban sobre el tintineo de las cucharillas en las tazas y el arrastrar de las sillas. El café le sabría a gloria y, adormecido por los tambores y violines, no tardaría en encontrarse caminando por verdes pastos bajo un cielo azul intenso, correteando con la candidez de la infancia entre simpáticos pingüinos músicos y despojado de todo pudor absurdo, de todo anhelo simplón del día a día en la gris oficina. Véase este enlace, posible influencia para toda esta iconografía.

Una imagen del libreto del CD, con pedacitos de portadas anteriores.

Así podría empezar alguna clase de fantástica biografía de la Penguin Cafe Orchestra, el genial proyecto de Simon Jeffes, autor de una breve serie de álbumes que suponen el acercamiento más bonito y accesible realizado hasta ahora al mundo -a veces un poco espeso- del minimalismo musical contemporáneo. Ya comentamos hace mucho Music from the Penguin Cafe (1976), Penguin Cafe Orchestra (el homónimo, 1981) y Broadcasting  from Home (1984), los tres primeros trabajos de la formación; y ahora le toca el turno al no menos magistral Signs of Life, de 1987. Preguntarnos si este trabajo es mejor o peor que este o aquel es perder el tiempo, porque cada uno de los títulos de la Orchestra es un hallazgo igualmente maravilloso para quien se lo topa por primera vez. Me remitiré, eso sí, a los tópicos habituales que describen las obras de Jeffes: folk insultantemente simple de un país imaginario, aproximación libérrima de la música académica a otras expresiones musicales más accesibles que parecen surgir de expresiones mínimas, sencillísimas; placer de explorar, innovar y enloquecer de pura belleza.

Portada de otra edición (la primera vez que la veo).

Simon Jeffes y su gente no eran la clase de músicos que destacan por su amplio anecdotario, de modo que tampoco hay demasiado que contar sobre la gestación o la promoción de Signs of Life. En todo caso, podríamos hablar de su frescura compositiva y su estructura muy bien equilibrada, con temas alegres e íntimos bien intercalados, piezas de largo desarrollo como la conclusiva y atmosférica Wildlife o pequeños milagros "made in Penguin" como la cuasi-mexicana Bean Fields o mis favoritas, las indescriptibles RosasolisDirt. Para mucha gente, eso sí, Signs of Life es el álbum que contiene uno de los clásicos de la banda, Perpetuum Mobile, que a mi me suena un poco a versión clasicista con alguna variación del Music for a Found Harmonium de su álbum anterior.

Perpetuum Mobile, en vivo.

Como elemento ligeramente distintivo en el concepto, en todo caso se podría afirmar que Signs of Life es un álbum de plena madurez en el que la banda se atreve incluso a sonar más clásica y sobria de lo habitual en cortes como Oscar Tango o Southern Jukebox Music, sin perder un ápice de su sentido de la maravilla. Un disco imprescindible que hay que conocer sí o sí, aun con el peligro de pasarnos una semana tarareando entre dientes alguna de sus melodías. Está en Spotify.

viernes, 3 de febrero de 2012

Marc Broude - NREM


1. Cure (3:08)
2. Bury Me in Plains of Silent Plants (4:36)
3. Maladaptive Daydreaming (13:53)
4. Breaking the Silence of the Soul (9:25)
5. Rites of Death (38:53)

En mi opinión, hay una manera muy interesante de distinguir entre todas las personas que hay en el mundo: las que tienen miedo de enfrentarse consigo mismas en soledad y las que gustan de hacerlo de vez en cuando. Yo pertenezco al segundo tipo, y precisamente por eso valoro, en esta realidad de cada día que es un follón constante, ese lujo que es el silencio. Creo que discos como NREM (2012) son lo inmediatamente posterior al silencio, en lo que a música se refiere.

Marc Broude, que promociona este álbum experimental enviándolo -como en mi caso- a diversas webs afines a su estilo, afirma que es su tercer y último disco. Ya comentamos por aquí su anterior Medicine (2009), aunque NREM me ha resultado incluso más rupturista. Como mínimo, cualquiera notará que ha aumentado su grado de oscurantismo lúgubre, y que los pocos "instrumentos" que podían distinguirse entonces a duras penas aquí se reducen casi del todo a ruidos capturados del entorno inmediato no musical (música concreta, por así decirlo) y todo tipo de trucajes artesanales a base de grabaciones en cinta y percusiones modificadas. Una marcianada que, la verdad, cuesta mucho recomendar a los neófitos.

Pero nadie ha dicho que Broude se dedique a los neófitos, y estoy seguro de que los aficionados al dark ambient y las atmósferas góticas y opresivas van a saber valorar NREM con justicia. El músico afirma que este álbum es una incitación hacia el subconsciente, una obra conceptual sobre diversos estados de ánimo para los que los esquemas musicales tradicionales no sirven en absoluto. Es el oyente el que va construyendo el significado de cada pieza musical según la escucha y la hace llegar a su psique; casi como si interpretase esas ambiguas manchas de tinta de los tests de Rorschach. Se diría, no obstante, que Broude apunta certeramente a las zonas más oscuras de nuestra mente, aquellas donde los temores humanos primarios permanecen latentes hasta que, en esos momentos de introspección a los que me refería al comienzo de esta entrada, afloran y nos topamos con ellos sin desearlo.

Esquizofrenia pura en esta imagen promocional.

Cure es el primer tema, una recitación maléfica a cargo de la artista conceptual Susanne Hafenscher que parece una psicofonía, con ruidos de fondo indefinibles y pitidos. Bury Me in Plains of Silent Plants ("Entiérrame en llanuras de plantas silenciosas", toma título) contiene casi en su totalidad ruido de fondo analógico con algún sobresalto estridente, bastante interesante en general. De Maladaptive Daydreaming existe una versión demo el doble de larga, aunque el original ya cumple bien su cometido: seguir aturdiéndonos con su negrura y sus efectos sonoros desasosegantes como de animales grotescos. Breaking the Silence of the Soul ("Rompiendo el silencio del alma") es otra progresión de ruidos y fondos difusos, igualmente impactante que lo anterior aunque no necesariamente distinta, salvo por un tramo final escalofriante; y finalmente la larguísima Rites of Death, que es más de lo mismo pero más largo y profundo. Estoy seguro de que tras varias escuchas resultará más fácil encontrar detalles distintivos entre los temas, aunque al principio todo suena como si fuese un solo corte, salvo quizá el tema inicial.

NREM es, en resumen, una puerta tenebrosa que no sabemos si queremos atravesar, un viaje en medio de la oscuridad hacia quién sabe qué sentimientos lúgubres. Dante se habría sentido identificado. Lánzate si te atreves, pero yo no me hago responsable de lo que halles al final de ese sendero.

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