jueves, 7 de julio de 2011

Philip Glass - ORION


CD 1

1. Australia (12:14)
2. Interlude: Australia and China (2:18)
3. China (9:48)
4. Canada (10:47)
5. Interlude: Canada and The Gambia (2:24)
6. The Gambia (15:00)

CD 2

1. Brazil (10:24)
2. Brazil and India (3:38)
3. India (12:51)
4. Greece (11:17)

Cuando un músico alcanza las cotas de popularidad a las que ha llegado en nuestros días Philip Glass, puede permitirse muchas cosas. Ahí están las crípticas obras largas y académicas con las que apuntaló no solamente su estilo, sino todo el movimiento minimalista norteamericano con pilares irrompibles. Ahí están sus óperas de vanguardia, algunas absolutamente enrevesadas y no aptas para desprevenidos. Pero hay otro Philip Glass: el que podemos encontrar en sus obras para el cine, y el que se abre a todo tipo de públicos en trabajos como este. Porque Orion (2005) es, al menos de cuantas he escuchado hasta el momento, seguramente la composición más aperturista, luminosa y accesible de su carrera. Este es el Philip Glass que hace afición

El proyecto Orion surgió con motivo de la Olimpiada Cultural de Atenas 2004, y tuvo la fusión cultural internacional como principal baza conceptual, y también objetivo de las ambiciones de Glass. ¿Por qué el título y la portada? Porque la constelación de Orión, la más grande del cielo nocturno, no solamente puede verse desde ambos hemisferios terrestres, sino que -tal como señala el texto del libreto del álbum- ha inspirado numerosas leyendas prácticamente en todas las culturas de nuestro planeta. Sea como sea, este trabajo de Philip Glass está planteado como un viaje que recorre diversos lugares de nuestro planeta, todos muy característicos en sus raíces étnicas, hasta ir a parar a Grecia. Los temas del álbum contienen entre sí pequeños interludios que sirven para ir fundiendo unas composiciones con otras suavemente, dándonos a entender que se trata de una partitura única con sentido completo, y no una simple sucesión de fantasías étnicas.

Philip Glass (centro) rodeado por sus colaboradores, su "ensemble" en Orion.

El viaje comienza en Australia, donde Mark Atkins interpreta el inconfundible didgeridoo, ese instrumento aborigen de las antípodas que suena como una especie de trompa muy muy grave. Desde allí nos movemos a China, donde la reconocida virtuosa Wu Man interpreta esa especie de laúd oriental que es la pipa. En Canadá nos espera Ashley MacIsaac con su violín celta, y desde allí nos desplazamos hasta Gambia, donde el gurú mandingo Foday Musa Suso toca el kora, un instrumento fabricado con una calabaza. El segundo CD empieza en Brasil, con el grupo Uakti, para pasar después a la India con el sitar de Gaurav Mazumdar (el imprescindible Ravi Shankar, que debe tener medio millón de años y sigue al pie del cañón, es mencionado como participante, tal vez componiendo), y finalmente a Grecia y a la voz sublime de Eleftheria Arvanitaki. Todos son músicos referentes en la música étnica de sus respectivos países, pero aquí se someten inevitablemente a los dictados minimalistas de Glass, con sus bucles, sus repeticiones hipnóticas, su épica contemporánea de la escasez de notas. Aunque es complicado decir, ahora que lo pienso, quién somete a quien, si Glass a los otros, o los otros a Glass. Como siempre, dirige el conjunto Michael Riesman.

Grabación no oficial de una actuación del proyecto en México DF, en 2010 (suena India).

Todos los cortes del álbum son estupendos, cada uno a su manera y aportando todos sus respectivos colores al fresco general que supone Orion, pero yo me quedo especialmente con Australia y Greece, el primer movimiento y el último en esta sinfonía global. En el primero comprobaremos el efecto espectacular que se logra al utilizar el didgeridoo, un instrumento sin posibilidades melódicas, como fondo -casi como un pedal, lo que en inglés se llama "drone"- a los desarrollos minimalistas en espiral; y en el segundo nos encontraremos con una canción sorprendentemente sencilla si atendemos a lo que se podría esperar de alguien como Philip Glass, un tema al servicio de la Arvanitaki que posee muchos de los exquisitos sabores especiados del Mediterráneo, muy griegos, quizá un pelín arábicos e incluso lejanamente hebreos. Funciona como resumen sonoro de todo lo escuchado a lo largo del álbum, con contribuciones de los instrumentos de los países anteriores. Todos los temas de Orion son muy largos, y en honor a la verdad debo decir que a algunos les sobran minutos, pero todo es tan hermoso, tan artísticamente completo y a la vez tan sencillo de asimilar que no pienso ponerle ninguna pega.

No es el trabajo de Philip Glass que mejor le define como artista (generalmente es más urbano, más frío y "gris", en un sentido no necesariamente negativo), pero sí que puede ser una buena forma de adentrarse en su obra si uno es un neófito.

martes, 5 de julio de 2011

The Chemical Brothers - HANNA


1. Hanna's Theme (2:o8)
2. Escape 700 (5:16)
3. Chalice 1 (0:47)
4. The Devil Is in the Details (3:22)
5. Map Sounds / Chalice 2 (0:15)
6. The Forest (1:07)
7. Quayside Synthesis (1:21)
8. The Sandman (1:45)
9. Marissa Flashback (2:44)
10. Bahnhof Rumble (2:37)
11. The Devil Is in the Beats (2:35)
12. Car Chase (Arp Worship) (4:58)
13. Interrogation / Lonesome Subway / Grimm's House (4:25)
14. Hanna vs Marissa (1:46)
15. Sun Collapse (0:11)
16. Special Ops (1:28)
17. Escape Wavefold (3:21)
18. Isolated Howl (0:42)
19. Container Park (3:45)
20. Hanna's Theme (Vocal Version) (5:28)

Hanna (2011) es la nueva película del británico Joe Wright, uno de los últimos vigorizantes del cine de época, que en este caso ha optado por cambiar de registro y ofrecernos un thriller de acción protagonizado por una adolescente. No he visto Hanna, pero parece que lo que hace original a su argumento es que la protagonista es una mega-asesina implacable sin dejar de tener las inseguridades y sentimentalidad propias de una quinceañera. Un motivo más para ver la película es su banda sonora, compuesta por The Chemical Brothers, un dúo también británico hasta ahora especializado en música de baile "big beat", cañera.

El director Joe Wright ya conocía a Tom Rowlands y Ed Simons tras haberles dirigido algún vídeo musical o algún espectáculo multimedia para conciertos. El caso es que el listón de Wright estaba alto, si consideramos que la banda sonora de su trabajo más famoso hasta ahora, Expiación, ganó el Oscar de su categoría. La música de Hanna, desde luego, no tiene nada que ver con lo que compuso entonces Dario Marianelli, pero sí que anda en la línea de otro reciente ganador del premio, la banda sonora de La red social de Trent Reznor y Atticus Ross; y tampoco me olvido del éxito creativo apabullante de Daft Punk con Tron Legacy, otro ejemplo muy similar de DJs metidos a compositores de cine.

Los químicos.

En cualquier caso, Hanna no ha sido ideada como la potentísima y coherente sinfonía digital de Daft Punk, prácticamente una narración en sí misma que funciona a las mil maravillas sin ayuda de la película. Hanna es una banda sonora mucho más utilitaria, en el sentido de que The Chemical Brothers no parecen muy interesados en crear composiciones memorables más allá de lo meramente necesario para realzar las escenas de la película. Aun no habiéndola visto, uno detecta en seguida un montón de pinceladas musicales que cumplen funciones de efectos sonoros, casi como si el sonido de una puerta que se abre o un motor que arranca fuese aportado por los músicos antes que por estos objetos en el set de rodaje. Lo que sí tiene Hanna es un tema principal muy reconocible. Es bastante bonito, con delicadas percusiones y cantos a coro, como una frágil nana levemente "orientalizante". A mí me recuerda un poco al tema que compuso David Byrne para los créditos iniciales de El último emperador, aunque también detecto matices de la banda sonora de Akira, de Geinoh Yamashirogumi. Por supuesto, son apreciaciones personales que pueden estar muy equivocadas.

Portada alternativa, seguramente previa a la definitiva.

Hanna's Theme suena en dos versiones distintas al comienzo y al final del álbum, y por medio nos encontramos con una amplia variedad de cortes en general muy breves. Es todo un muestrario de sonidos sintéticos variados, algunos en apariencia correspondientes a escenas de acción y persecución (como el pseudo-arábico Escape 700), y otros más relajados (The Sandman) e incluso simpáticos (el infantil The Devil Is in the Details). Casi imposible es definir cada tema uno por uno, pero en suma los Chemical Brothers demuestran ser capaces de dar empaque musical a una película de gran categoría mediática mediante una colección electrónica muy "a pelo", sin adornos orquestales de ningún tipo, y se diría que con bastante espontaneidad. Casi parece que cada tema de Hanna hubiese sido grabado tal cual, sin pasar por un estudio que le lime las asperezas. También parecen haber pasado con éxito estos dos músicos la prueba de fuego que supone abstenerse de su toque bailable para hacer algo mucho más experimental, y es que incluso los temas más potentes del álbum no van mucho más allá de, por ejemplo, aquel Extreme Ways que aportó Moby para las películas sobre el espía Jason Bourne, y que argumentalmente podrían tener puntos en común con Hanna.

Parece que se está poniendo de moda contar con músicos electrónicos para el cine comercial, y por lo visto no se les está dando nada mal. Esto demuestra dos cosas, a mi juicio, muy positivas: que el cine actual se está abriendo a músicas menos convencionales, y que esos DJs que en sus trabajos de rutina suelen ser repetitivos y a veces cansinos, tienen un lado artístico que merece la pena seguir explotando. En Spotify.

domingo, 3 de julio de 2011

Jean Michel Jarre live in Monaco.


Como ya sabemos, ayer se casaron Alberto II de Mónaco y Charlene Wittstock, príncipe y princesa de este coqueto paseo marítimo con nacionalidad propia del sur de Francia. Pese a que no he estado muy atento estos días a la televisión, pude ver que los informativos españoles anunciaban el concierto de los Eagles del jueves (más viejunos que los chinitos de la suerte), pero poca cosa he sabido del de Jean Michel Jarre la noche del 1 de julio, víspera del enlace real. Afortunadamente, la prensa de Internet ha hecho los deberes y hay abundancia de artículos sobre el evento, así que no me voy a extender más allá de recoger la noticia -obligado me siento, por supuesto, por la temática del blog- e invitaros a un par de sitios interesantes.

El primero, el blog amigo Oxygeneration (agradecimientos a Darkaos), donde podemos ver el concierto completo en streaming. Si no me equivoco, fue emitido por el canal Euronews. En él podemos comprobar cómo Jarre tuvo que coger un cacho de Francia para que le cupieran los láseres y los camerinos, ya que el reducido territorio del principado no daba para el escenario, los asientos del público y la grada para los 20.000 hijos secretos del príncipe de Mónaco. Es broma.

El segundo, un lugar donde descargarse el audio del concierto en mp3 de alta calidad. Vaya por delante, por si Teddy Bautista rompe las correas y se echa al monte, que no cuelgo un enlace de descarga, sino que redirijo hacia una página donde hay un enlace. Cosa bien distinta.

ACTUALIZACIÓN: aunque sigo recomendando visitar Oxygeneration, donde hay mucho material interesante sobre este concierto, lo cuelgo directamente para verlo entero sin salir de aquí. Advierto que el vídeo comienza con un molesto pitido que dura unos minutos. Paciencia hasta que empiece la música.

sábado, 2 de julio de 2011

Una reflexión personal sobre la industria.

Esta entrada es paralela, si no prima hermana, de la que titulé "¿En vinilo o en CD? ¿Y qué tal en mp3?", del 17 de enero de 2010. Con alguna actualización coyuntural.

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

Ayer me sorprendió, admito que gratamente, el enterarme de que la justicia iba a saco contra la SGAE. Es de suponer también que en Internet en general, y entre quienes manejamos blogs en particular, debe haber cierta algarabía. Creo que es bueno recordar que esta intervención policial va mucho más encaminada a saber qué se hace con el dinero que recauda la SGAE que a perseguir o castigar las prácticas que hasta ahora nos han puesto los pelos como escarpias a los consumidores de productos de entretenimiento.

Un funcionario de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado
procede al registro de las arcas de la SGAE.

Y digo bien, "consumidores de productos de entretenimiento", porque en el fondo la cosa no va contra esos que se conocen como "piratas" porque cuelgan música en la red para que otros la obtengan gratuitamente, o porque someten mediante coacción a los pobres manteros de los paseos marítimos. La cosa ha ido contra todos, incluso contra quienes han seguido manteniéndose religiosamente del lado de la legalidad y lo políticamente correcto, comprando sus CDs y DVDs en tiendas y grabándolos solamente para uso propio, ya que el famoso cánon les ha hecho pagar por el caso supuesto de que algún día les diese por vender al por mayor copias ilegales de su música o sus películas. Un impuesto preventivo, podríamos llamarlo. La verdad, no sé que fue del cánon después de que un tribunal de justicia europeo lo juzgó abusivo, amén de que cualquier sentido común lo considera inmoral desde el principio. No sé si se sigue aplicando en la actualidad, aunque sospecho que, en tal caso, le quedan dos telediarios. Pero repito: paciencia y menos cohetes, porque lo de ayer, el edificio de Madrid bajo registro y Teddy Bautista bajo disposición judicial no tienen por qué hacer variar las políticas que la SGAE ha desplegado hasta ahora, que es lo que realmente nos interesa a los internautas.

COLEGA, ¿DÓNDE ESTÁ MI ENLACE?

Me he puesto a reflexionar sobre este asunto porque he comprobado que muchas de las personas que se topan con este blog y dejan sus comentarios parecen sentirse algo desorientadas al no encontrar los clásicos enlaces de descarga para bajar la música que comento. Llamémosle cobardía o exceso de prudencia, pero desde que empecé con Otras músicas. Otros mundos estuve decidido a que fuese un blog meramente de referencia, como una obra de consulta modesta y casera (yo de profesional tengo poco o nada), evitando el mal trago de que un día alguien me lo cerrase y diese al traste con todo el trabajo que he ido acumulando. Desde entonces he visto cómo cerraban algunos blogs magníficos de entre mis favoritos, y nunca he querido que me pasara lo mismo. Pero ojo: en ningún caso quiero criticar ni influir a quienes cuelgan enlaces de descarga. Como podéis comprobar a la derecha, entre mis enlaces recomendados hay blogs -algunos sobresalientes- en los que no solamente se puede descargar música, sino en los que yo mismo obtengo algunas de las obras que comento. Soy un usuario más, y muchos de quienes han optado por la opción de los enlaces se cuentan entre los blogueros cuyo trabajo más respeto. No me hace ninguna gracia cuando la SGAE, o quien sea, interviene y corta por lo sano la vida de blogs que son mucho más que un simple enlace a megaupload.

EN TIERRA DE NADIE

¿Cuál es mi posición ética sobre las descargas? Sinceramente, no lo sé. Por un lado soy tan consciente como cualquiera de que el precio de un CD original de cualquier artista tiene un precio excesivo; y por otro, entiendo que cualquier creador tiene derecho a recibir dinero por su trabajo. Siempre me lo he planteado de este modo: si voy y me compro el novísimo CD de Brian Eno, Drums Between the Bells, nadie puede impedirme que se lo preste a mis amigos. Si tengo 20 amigos, cada uno de ellos puede hacerse una copia del mismo para uso personal de modo totalmente legal. ¿Qué me impide entonces, en lugar de prestarles el CD uno a uno, transformarlo a mp3 y colgarlo en Internet para que mis amigos se lo bajen de mi página cuando y como quieran? Lo he pagado yo, y nadie puede impedir que lo preste a quien me dé la gana. ¿Qué ley puede definir quiénes son mis amigos y quiénes no, como para poner trabas a quien quiera tomar prestado ese disco? Hasta aquí nos estamos moviendo por una especie de limbo administrativo del que yo, como usuario de descargas en Internet, no me pienso quejar. Más bien todo lo contrario. Compartir gratuitamente NO es robar, por mucho que se quejen algunos. Sí que podría quejarse con razón Brian Eno si al final ha dejado de ganar una cierta cantidad económica porque esos potenciales compradores de su disco han preferido bajárselo de mi blog...

TENER Y NO TENER

...Y por eso Brian Eno demuestra ser un tío listo. Me explico. El formato LP de los de antes, en vinilo, tenía aquellas maravillosas portadas, aquellos estuches desplegables que eran toda una delicia para el coleccionista. Sin embargo, el estuche clásico de un CD suele contar con un libreto más o menos coqueto, y poco más. Una buena forma de hacer que los fans fieles a un artista sigan pagando por su música es incentivarlos, como ha hecho el bueno de Brian, con un formato libro plagado de fotos y material no necesariamente musical, de modo que quien tenga la música de Drums Between the Bells en mp3 a 128 kbps no pueda ir realmente fardando de "tener" el nuevo álbum. Lo que se suele "tener" es el equivalente a aquellas cintas de cassette regrabadas que usábamos hace siglos, con un sonido nada fiel al original y que, aunque pueda resultar satisfactorio al consumidor de fast-food musical, no soporta ni el primer asalto a oídos de un aficionado auténtico. Sé que hay un colectivo de músicos, entre ellos Peter Gabriel, que desde hace tiempo andan buscando un formato alternativo al mp3 que no implique el descenso en calidad sonora de éste. Pero esa es otra historia.

PAN PARA HOY, HAMBRE PARA MAÑANA

Ahora viene otro asunto que puede parecer de perogrullo, pero creo que uno de los principales motivos por los que la gente ha dejado de comprar CDs, más allá de sus precios o la perversidad de las productoras: la música tan mediocre y cortoplacista que se escucha hoy en día en la radio y la televisión. Mientras las discográficas se gastan millones en hacer que Lady Gaga, Beyoncé, Justin Bieber o Shakira estén cada diez minutos en uno u otro canal de televisión del mundo entero, los compradores potenciales saben perfectamente que los éxitos que estos cantantes son flor de un día, carnaza volátil para pubs y discotecas, y que ese CD que les va a costar de 15 a 18 euracos mañana les va a causar incluso vergüenza cuando, ya pasado de moda, suene en los altavoces de sus coches en presencia de sus amigos. Los artistas más cacareados del panorama actual hacen conscientemente música de usar y tirar, y esto se refleja también en las cifras de ventas. Un ejercicio para ti, amigo/a lector/a: en adelante, cuando hablen en la tele del éxito de estos artistas que menciono, fíjate que lo miden en referencia al número de visitas a su Facebook o al número de veces que sus clips se han visto en YouTube. Ya no se dan cifras de ventas de discos, porque son irrisorias, así que los periodistas-cómplices huyen por la tangente para dejar en buen lugar a quienes les pagan parte del salario.

Me sorprendió bastante una noticia de hace unas semanas según la cual uno de los discos más vendido en España el pasado año, pese a tanta tramoya con la Gaga y la Shakira, fue el de Sergio Dalma. Y encima triplicaba, cuadruplicaba o quintuplicaba las cifras de cualquiera de estos artistas top-Disney que enumeré antes. Sergio Dalma no es santo de mi devoción (veánse los géneros que trato en este blog), pero debo reconocer que este señor, haciendo canciones clásicas que no engañan a nadie y con una promoción discreta, sigue logrando que sus seguidores/as compren sus discos como toda la vida. Porque, nos guste o no, no da el perfil del plasta mediático y cortoplacista que hoy copa las ondas. Puedo asegurar que jamás me compraré un disco de Sergio Dalma, pero admito que me alegro por esta curiosidad estadística.

NADA ES MÁS BARATO QUE LO GRATIS

Una de las soluciones que suele apuntarse para el tema de la piratería es que se eliminen intermediarios y que cada músico venda sus trabajos directamente, a través de Internet. Craso error, al menos en España, donde si admites públicamente haber pagado 50, o 30, o 10 céntimos por algo que podría haberte salido gratis, te conviertes automáticamente en imbécil. Basta con saber que, mientras en Norteamérica y el norte de Europa han tenido una aceptación relativamente buena las páginas de descarga legal (tipo i-tunes) a precios más que razonables, en España no las utiliza ni el tato. Y Spotify se va a ir al carajo en cuanto te obliguen pagar un solo céntimo. Si no, tiempo al tiempo.

LA SOLUCIÓN: ¿RECONVERSIÓN?

Para terminar, quería hacer un apunte bastante preocupante. Hay quienes ya advierten de forma decidida a que el futuro de los músicos de hoy está en sus actuaciones en directo. Los discos están a punto de convertirse en parte del merchandising de los artistas, prácticamente artículos publicitarios como los pósters o las camisetas, y cada cual tendrá que dedicarse a las giras y las galas para llenar el bolsillo. El problema está en que desde finales de los años sesenta el disco ha pasado a ser una obra de arte per se para muchos artistas, e incluso para géneros enteros. Vale que Rihanna pueda interpretar su último disco enterito en un escenario con relativa fidelidad a lo grabado en CD, pero dudo mucho que los artistas de la new age, la electrónica, el ambient o la música clásica contemporánea puedan hacer lo mismo. Algunas de las mejores obras que he comentado por aquí son llanamente imposibles de tocar en vivo al tratarse de sofisticados experimentos de estudio con horas y horas de minucioso trabajo de ingeniería detrás. La verdad, sería una lástima que al final todo se redujese a un grupo de personas tocando guitarra, bajo, batería y algún teclado en un escenario. Es una involución, francamente, así que deberíamos pensar en alguna otra solución. Lo malo es que -por lo menos a mí- sigue sin ocurrírseme ninguna.

Mientras tanto, en la SGAE...
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