miércoles, 3 de noviembre de 2010

Ladysmith Black Mambazo - SHAKA ZULU


1. Unomathemba (3:47)
2. Hello my Baby (3:09)
3. Golgotha (3:57)
4. King of Kings (4:07)
5. Lomhlaba Kawunoni (2:55)
6. How Long? (3:05)
7. Ikhaya Lamaqhawe (3:13)
8. Yibo Labo (4:39)
9. Rain, Rain Beautiful Rain (2:18)
10. Wawusho Kubani? (5:31)

Imaginemos que nunca hemos escuchado un disco de música étnica africana, y alguien nos pide que describamos qué clase de música se hace en este maltratado y riquísimo continente. Es muy probable que, entre las varias posibilidades que se nos vendrán a la cabeza tras rastrear nuestra experiencia como televidentes y espectadores de cine, que en ambos lados se ve bastante mundo, nos decantemos por algo como lo que realiza el grupo vocal masculino Ladysmith Black Mambazo.

Ladysmith Black Mambazo (de la página www.abcmusicos.com).

Esta agrupación ya había logrado el primer disco de oro en la República de Sudáfrica (en pleno apartheid) para un álbum grabado por músicos negros mucho antes de que los "descubriera" Paul Simon, artífice de su explosión internacional y causante de que Ladysmith Black Mambazo sea un nombre infaltable cuando se habla de eso que desde las dos pasadas décadas se conoce como World Music. El mítico álbum Graceland de Paul Simon incluía cánticos de esta impresionante formación vocal encabezada por Joseph Shabalata.

Unomathemba, en vivo.

Y lo de "formación vocal" debe entenderse en sentido estricto, ya que los álbumes grabados por ellos son íntegramente a capella, es decir, sin acompañamiento de instrumentos. Las voces masculinas de los Black Mambazo crean sus propios ritmos, sus propios fondos y bases sobre los que desarrollar las hermosas melodías que los caracterizan, y que hablan de la tradición africana de las tribus, de los lazos con el mundo cristiano que se establecieron con la conversión de Shabalata, y sobre todo de cómo una zona del mundo tan terriblemente castigada por toda clase de males -guerras, racismo, enfermedades, pobreza, analfabetismo- va poco a poco emergiendo con pleno esplendor de donde seguramente muchos no pensaron que lograría salir jamás. Su estilo, entre lo exótico de aquellos remotos parajes del mundo y lo familiar del cántico ritual que en todas partes se practica y se conoce como gospel, posee un poder de evocación casi inexplicable.

Hello my Baby, en vivo.

Shaka Zulu (1987) fue grabado poco después del espaldarazo de Paul Simon, y es quizá uno de los discos más conocidos de Ladysmith Black Mambazo. Su título hace referencia al legendario Shaka, el líder de que consiguió transformar una tribu cualquiera, la de los zulúes, en una de las mayores potencias autóctonas africanas en lo que a resistencia frente a los británicos se refería. Shaka preparó a su gente para defender sus territorios ante el avance colonial europeo, y fuera como fuese logró que aun hoy en día exista un amplio territorio que, más allá de las fronteras oficiales, sigue conociéndose como Nación Zulú. No estamos habituados, desde luego, a pensar que una vez esos africanos que hoy vemos generalmente en televisión desprovistos de todo lo que consideramos comodidades, pudiesen erigirse en un ejército esplendoroso capar de hacer morder el polvo a los ingleses más de una vez, ataviados orgullosamente con pieles de tigre y portando escudos y lanzas. Shaka Zulú es en la actualidad, merecidamente, un personaje de referencia para los nativos ancestrales africanos.

King of Kings, en vivo.

El álbum fue producido por el propio Paul Simon, y recoge en esencia una colección de temas en inglés y zulú que el grupo ya había publicado con anterioridad, aunque nuevamente grabadas y enfocadas al vasto mercado norteamericano, donde hicieron su agosto hasta lograr incluso un Grammy. Hay incluso quienes consideran el tema Hello my Baby como el tema vocal más hermoso jamás publicado en disco, y solamente por eso ya merece la pena escuchar todo el álbum. No voy a pararme a recomendar unos temas u otros, porque todos son absolutamente perfectos a la hora de transportarnos hacia los inmensos horizontes que hay tanto en África como en el alma de los africanos.

domingo, 31 de octubre de 2010

Kraftwerk - TRANS-EUROPE EXPRESS


1. Europe Endless (9:41)
3. Showroom Dummies (6:15)
4. Trans Europe Express (6:37)
5. Metal on Metal (2:12)
6. Abzug (4:54)
7. Franz Schubert (4:26)
8. Endless Endless (0:55)

¡Viajeros al treeeeen!

Habiendo fundado ya las bases de lo que en los años ochenta se conocería como tecno-pop con los precedentes Autobahn y Radio-Activity, el cuarteto de Düsseldorf Kraftwerk compuso una de sus obras maestras absolutas, este Trans-Europe Express (Trans Europa Express, en su versión alemana original), un homenaje a la línea férrea Trans Europ Express o TEE que abunda en la iconografía kraftwerkiana de la modernidad definida por los avances tecnológicos. El concepto del disco surgió cuando varios amigos de los componentes del grupo les animaron a componer música inspirada en el ferrocarril, ya que les parecía que encajaba bien con su estilo. Se cuenta, a modo de pequeño rumor, que el grupo pretendía borrar cualquier errónea filiación nazi por su parte, sobre todo después de titular a uno de sus grandes álbumes Autobahn, "autopista", uno de los máximos referentes técnicos del Tercer Reich en lo que a aportación de infraestructuras para Alemania se refiere. Quizá por eso han señalado algunos críticos que la melodía de los temas de Trans-Europe Express recuerda a algunas tonadillas populares de la República de Weimar (anterior al régimen de Hitler) y a otras del triste período de posguerra.

Kraftwerk, esperando en la estación (interior del libreto del CD remasterizado).

Ralf Hütter, Florian Schneider, Wolfgang Flür y Karl Bartos -sobre todo los dos primeros, autores de todos los temas- realizan en Trans-Europe Express (1977) un álbum conceptual sobre el ferrocarril tan compacto como una roca. Ya desde el principio se nos marca claramente el ritmo que va a acompañar a muchas de las melodías del disco, como si del constante traqueteo del tren al pasar sobre los travesaños de la vía se tratase.

Antes hemos hablado de tecno-pop, y desde luego está claro que este álbum está planteado como un disco de música pop al que se ha dado forma mediante el uso masivo de sintetizadores. Casi todos los temas son cantados y perfectamente radiables, nada que ver con lo que otras figuras del krautrock estaban haciendo entonces. Los Kraftwerk son precisamente los últimos grandes supervivientes del Krautrock original, una vez que la gente de Florian Fricke, Manuel Göttsching y Edgar Froese (por mencionar a los más conocidos) se habían decantado clara y definitivamente por la vertiente cósmica y new age del género setentero alemán.

Portada de la edición alemana.

¿Y qué fue antes, la gallina o el huevo? ¿Se movieron los Kraftwerk hacia el pop partiendo de la kosmischemusik típica alemana de entonces, renunciando en parte a su autoridad fundacional en busca de nuevas formas de expresión? ¿O más bien habían querido hacer música pop desde el principio, y nadie se había dado cuenta hasta que fue evidente? Kraftwerk, sea cual sea su verdadera ruta evolutiva, prefiere seguir un camino mucho más "convencional" que el de la Escuela de Berlín y sus viajes alucinógenos, transmutándose en simpáticos contrapuntos robóticos de los grupos pop-rock británicos de moda. En sus planteamientos de ciencia-ficción y futurismo retro radica la esencia de estos cuatro alemanes, eso sí, diferenciándolos de cualquier otra cosa que estuviese realizándose en aquellos días en el mundo entero.

Portada del single homónimo al álbum.

Trans-Europe Express es como un agradable viaje en tren, comenzando por la bonita Europe Endless ("Europa sin fin"), en la que se nos introduce el concepto ferroviario y se nos va presentando, mediante las voces de Ralf y Florian, una visión del viejo continente basada en contrarios, en luces y sombras que oponen modernidad a antigüedad, elegancia a decadencia, ofreciendo con frases muy sencillas -propias de un androide- una lúcida visión de Europa que puede encajar tanto entonces como ahora.


The Hall of Mirrors es un tema más pausado, un pelín siniestro y que habla de la imagen que tienen de sí mismos los artistas famosos. De hecho, la dualidad entre la propia imagen y la distorsión que se produce de ésta a raíz de la popularidad es otro de los conceptos básicos del disco. Showroom Dummies es un típico tema tecno de los que convirtieron a Kraftwerk en predecesores, por ejemplo, de Depeche Mode. Su título, "maniquíes", va enlazado con el arte conceptual del álbum, en el que los cuatro músicos parecen maniquíes bien arregladitos y puestos en un escaparate.

Los maniquíes de Kraftwerk.

Los siguientes tres temas, el homónimo Trans-Europe Express, Metal on Metal y Abzug, son de algún modo una pequeña suite que retoma un ritmillo que recuerda al de Europe Endless y lo convierte en una pieza más fría, minimalista en lo vocal y lo instrumental, propia de una máquina. Al parecer, en su gestación pudo tener algo que ver un encuentro del grupo con David Bowie, que les profesaba una auténtica adoración. Franz Schubert es un alivio luminoso tras estos tres temas, un bonito instrumental de corte ambient; y Endless Endless, tanto en el título como en el sonido, funciona de epílogo por su paralelismo con Europe Endless.

Portada de una reciente reedición.

Creo que Trans-Europe Express es un disco que debe escucharse de un tirón, como todo buen álbum conceptual, y teniendo en cuenta que no es tan colorista como, por ejemplo, el posterior The Man Machine. Aquí la idea es aquella de "menos es más". Se trata, y eso hay que decirlo porque es un hecho constatado en numerosos medios de comunicación, de uno de los álbumes más importantes e influyentes de toda la historia de la música popular. Casi nada.

Vídeo oficial de Trans-Europe Express.

Y el de Showroom Dummies.

jueves, 28 de octubre de 2010

Queen - FLASH GORDON


1. Flash's Theme (3:30)
5. Football Fight (1:29)
7. Execution of Flash (0:43)
9. Arboria (Planet of the Tree Men) (1:41)
12. Vultan's Theme (Attack of the Hawk Men) (1:15)
13. Battle Theme (2:20)
18. The Hero (3:31)

Todo gran grupo suele tener una vertiente menos explorada, más abierta a la experimentación que, sea por encargo -como en este caso- o por propia iniciativa, se materializa en trabajos como el que tenemos delante. Como pago por tales insolencias, suele ocurrir que estos álbumes provocan fuertes polémicas cuando alguien las sitúa entre los álbumes "regulares" de sus autores. Ese es el caso de la banda sonora de Flash Gordon. Tomémonos una pausa entre tanto sonido misterioso y tonificante para recrearnos con una célebre fantasía del rock, y nada menos que a cargo de Queen, que están prácticamente en las antípodas de lo que cabe esperar en este blog.

La banda Queen, en la carpeta interior del álbum.

Flash Gordon (1980) emerge como proyecto cinematográfico cuando se pone de moda la "space opera" a finales de los setenta, que se materializa en una serie de filmes regulares o claramente malos que intentan repetir, o aprovecharse por lo menos, del éxito de Star Wars. George Lucas reconoció como influencias para su trilogía los tebeos de Flash Gordon que creó Alex Raymond y sus versiones en forma de serial que se proyectaban en cines en los años treinta. Lucas no pudo hacerse con los derechos de Flash y se conformó con Skywalker, así que era de esperar que alguien terminara por sacar al viejo deportista rubiales a la palestra. Fue el productor Dino De Laurentiis quien se llevó el gato al agua, y llevó a cabo (o perpetró, según se mire) este tripi envuelto en celofán brillante y cartón piedra que pretendía suscitar la nostalgia de la vieja guardia con su estilo forzadamente retro. No era mala la idea, pero hoy día pocos consideran que se logró el efecto pretendido. Aunque hay quien la ve, eso sí, como una cinta de culto. Por ahí he leído, y que conste que es un piropo, que Flash Gordon es la mejor mala película jamás filmada.

Cartel de la película Flash Gordon.

Gran parte de la culpa de que todavía recordemos aquella peli la tiene su banda sonora, para la que Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor soltaron toda la sobrecarga glam que todavía les quedaba en la reserva de la década que iba a terminar y dieron a luz una rareza en el arte de componer música para cine. Flash Gordon, la grabación de Queen que, pese a lo que opinan los puristas, es el álbum oficial que lanzó Queen entre The Game y Hot Space, es un disco básicamente instrumental que contiene solamente un par de temas vocales a cargo del vocalista habitual Mercury, seguramente incluidos ahí para hacer notar la presencia de uno de los grandes grupos de la historia del rock.

El vídeo de Flash.

Lo demás es puro delirio, sintetizadores tocados de punta a punta por primera vez en la historia de la banda (este disco se grabó conjuntamente con The Game, en el que también aparecían), arreglos imposibles, ostentosas orquestaciones a cargo del reputado músico de cine Howard Blake, formidables punteos de guitarra sobre fondos minimalistas y, sobre todo, una técnica peculiar que sirvió a la banda para, de alguna manera, poner voces a sus temas: sampleados de diálogos originales de la película.

Imagen de la contraportada del LP.

Pero, a diferencia de la película, el álbum Flash Gordon sí que es una obra musical digna de plena admiración. No sé qué clase de magia (a kind of magic) emplearon los chicos de May, pero realmente consiguen inundar ese poco creíble planeta Mongo de un aura retro y comiquera que funciona a las mil maravillas. Era algo así como "música guay" que todavía despierta sonrisas en quienes la sacan a colación. La música de Queen para esta película está llena de colorido, de imaginación y creatividad, lo que no deja lugar a dudas sobre un hecho indiscutible: se lo pasaron bomba colaborando absolutamente todos en la composición, y eso que no estaban habituados a crear música instrumental, y mucho menos música incidental. Flash Gordon debió ser para ellos una forma de explorar nuevos territorios musicales que sus fans hambrientos de himnos rockeros no tendrían por qué haber aceptado en cualquier otro de sus álbumes. Pero este disco era otra cosa, y todo estaba permitido.


Hay en Flash Gordon temas realmente fabulosos, como aquel Vultan's Theme que acompañaba el ataque de los hombres-halcón, que es mi favorito del disco. También destacan Ming's Theme, digno del villano de opereta de la película; Execution of Flash, exquisita sin necesidad de descripciones vacuas; Football Fight y The Wedding March ("marcha nupcial") versión psicotrópica del tema de Lohengrin, de Richard Wagner, apuntalando todos ellos un estupendo conjunto tan inclasificable como los propios Queen y digno de figurar entre las bandas sonoras más originales y divertidas jamás compuestas.

martes, 26 de octubre de 2010

Terry Oldfield - OUT OF THE DEPTHS. DE PROFUNDIS


1. De Profundis (24:50)
2. Out of the Depths (14:07)
3. Hear my Plea (9:30)

Como ya sabéis los lectores del blog, no soy un especial fanático de la música new age en su estado más puro. No es que la odie o que me parezca censurable, pero tiendo a buscar cosas algo más ricas y elaboradas que las que suelen encontrarse en los álbumes new age al uso, aquellos que sirven lo mismo para curarte una hernia discal que para olvidarte de los gritos de jefe y la maldita crisis económica. No obstante, a veces quedo sorprendido con cosas que no esperaba. Eso es lo que me ha pasado cuando, por primera vez y hace muy pocos días, he escuchado un par de álbumes de Terry Oldfield, uno de los músicos más importantes y prolíficos del género.

Terry Oldfield se metió en el mundillo de las músicas terapéuticas en los '70 tras participar en un grupo de exégesis (una escenificación del renacer a una nueva vida espiritual), en la que se le pidió que compusiera piezas musicales que pudiesen acompañar a las sesiones de terapia. La cosa debió irle bien, ya que abandonó el "folk más o menos en sentido amplio" con el que, dando tumbos, iba procurando hacerse un hueco en la música británica sin tener que aprovecharse eternamente de su apellido. El flautista Terry Oldfield es hoy en día poco menos que el gran gurú de la new age relajante, gran maestre de la secta del reiki y sumo sacerdote en la logia de los chakras, y eso podría haberle convertido para mí en un compositor a evitar. Pero resulta que, realizando discos que cumplen perfectamente con sus propósitos de meditación e introspección (puede hacerse seguramente un muy buen yoga con ellos), la música de Oldfield posee una alta calidad que la hacen digna de ser apreciada perfectamente por sus cualidades artísticas, y no solamente por las curativas. Investigando un poco por encima, he tenido la impresión de que este Out of the Depths (1993) es uno de sus álbumes más conocidos. Me ha gustado más algún otro como Illumination, pero he preferido decantarme por esta obra, por razones de popularidad y porque me permite enlazar con algún tema para escuchar (Goear, Youtube...) sin tener que remitirme al Rapidshare.

Terry Oldfield

Seguramente no fue Terry Oldfield ni el primero ni el último músico que incluyó sonidos de ballenas -proverbialmente místicos- en un álbum de música relajante. Escuchamos estos cánticos en todos los temas, y también en De Profundis y Hear my Plea predomina una voz solista femenina (Imogene Moore) que les da estructura de canción ritual que suena un poquillo dulzona de más. Y especialmente en Out of the Depths se luce Oldfield como estupendo flautista, con melodías muy muy sencillas, pero que funcionan muy bien entre el lento oleaje y la verborrea de los cetáceos, creando un ambiente verdaderamente majestuoso y evocador con la ayuda de unos muy bien empleados efectos sonoros y sintetizador. Creo yo que Terry Oldfield debe mucho en su estilo al pionero Paul Horn y sus experiencias en famosos edificios de la antigüedad, aunque el músico que nos ocupa tiene un estilo propio menos improvisado que el del autor de Inside.

Pero lo más importante que yo destacaría en la obra de Terry Oldfield, sobre todo si tenemos en cuenta que sus habilidades como compositor e intérprete no son ni mejores ni peores que las de otros músicos del género, es que en sus discos está especialmente cuidada la producción. Puede parecer algo secundario, pero al final, cuando uno tiene que emitir un juicio personal sobre una obra musical del campo new age estándar, el hecho de que suene demasiado casera, demasiado a "organillo casio a pilas adquirido en el todo a cien" suele pesar demasiado. Hay muchos discos new age que, aun mostrando una riqueza artística por encima de la media, se quedan en casi nada por contar con producciones pobres o poco trabajadas. A Terry Oldfield le pasa lo contrario, porque parece tomarse muy en serio y si a eso le añadimos que compone con eficacia la clase de música que se espera de él, nos encontramos con que es merecidamente un personaje de referencia.


Quiero aprovechar la ocasión, ya que estamos, para reivindicar la labor de este músico frente a cierta mala prensa que creo que le acompaña. Suele ocurrir, sobre todo entre los fans de su hermano Mike, que la imagen de Terry se vea dañada por las malas relaciones entre ambos. Mike ha acusado varias veces a su hermano, no sé si del todo en serio, de ser un mercenario musical que compone para ganar dinero. La verdad, si puede acusarse a alguien de tacaño o de materialista por comer del propio trabajo, por mucho que se trate de un trabajo de tipo artístico o creativo, apaga y vámonos.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...