jueves, 23 de septiembre de 2010

Peter Gabriel: rascado de espalda en Madrid.

Antes que nada: ni estuve en el Palacio de los Deportes de Madrid ni me enteré de que Peter Gabriel actuaba allí anoche, de no ser por el Telediario. Vaya eso por delante, sobre todo teniendo en cuenta el enorme chorro de comentarios que surgieron de mi entrada sobre el concierto de Jean Michel Jarre en Santiago de Compostela. Por eso, porque no pretendo ofrecer ni críticas de primera mano ni atacar a los medios informativos españoles, que esta vez sí dieron a la noticia su merecida importancia, recomiendo a los verdaderos fans de Gabriel que amplíen la información acudiendo a páginas de información general propiamente dichas. Eso sí, he tenido que hacerme eco del evento sobre todo por una cuestión de no dejarlo pasar, sobre todo teniendo en cuenta que en su día realicé mi propia crítica del álbum que constituyó su base: Scratch my Back. La actual gira de Peter Gabriel lleva por título New Blood ("Sangre nueva").

Cartel promocional del concierto de Londres (petergabriel.com).

Al parecer, fui bastante benevolente con este extraño disco de versiones, sobre todo teniendo en cuenta que hay muchos críticos que -sin que pueda yo quitarles la razón del todo- lo ven como una excentricidad de artista mítico un tanto ocioso. Según cuenta por ejemplo Carlos Gosch en Yahoo Noticias y ABC, el concierto ofreció una visión algo oscurantista de los temas versionados en el último disco de Gabriel, aderezada por una puesta en escena efectiva. En otros casos (pongamos Pablo M. Beleña en Diariocritico) se quedan sobre todo con la segunda mitad del concierto, con los temas clásicos del repertorio del artista, en detrimento de una primera parte (Scratch my Back casi al completo) que pudo resultar algo pesada.

El aforo no se completó, y por el vistazo que he echado a algunos de los artículos que he encontrado, las opiniones son claramente dispares. Esta noche, Gabriel repite en Barcelona.

Solsbury Hill, ayer. Cuidado con el mareo.

La colección "Synthesizer Greatest"

Hagamos memoria para recordar aquellas famosísimas recopilaciones que se lanzaban entre los ochenta y principios de los noventa cuyo título era Synthesizer Greatest. Seguro que muchos recordamos los abundantes anuncios en TV de estos CD's que recogían versiones de grandes éxitos de la música electrónica de entonces a modo de antología. También recordaremos seguramente sus portadas inspiradas en la ciencia-ficción.

Portada del primer volumen.

Es bien sabido que la música instrumental tuvo un momento de gran difusión en aquellos años, y no es de extrañar que se intentase llegar a un público amplio por la vía rápida, lanzando al mercado discos que recogían todos aquellos temas que a la gente le sonaban por haber sonado en películas, documentales, anuncios, etc. Es algo muy típico el que haya temas famosísimos de las llamadas "nuevas músicas" que, pese a ser conocidos y tarareados por todo el mundo en algún momento de su vida, se quedan sin que la masa de oyentes los identifique con un músico en concreto, e incluso se quedan sin un nombre para denominarlos. Por eso hubo muchos pelotazos que en los '80 eran conocidos como "el tema del Tour de Francia", "la música de Carros de fuego" o "el tema de los pingüinos".

Pienso que la compañía Arcade, responsable de las antologías Synthesizer Greatest, contribuyó para bien en dar a conocer a los músicos y sus obras. Los volúmenes de la colección (creo que llegó a haber siete, y me huelo que en algunos países se siguen publicando nuevas entregas) tuvieron muy buenas ventas y una gran acogida popular desde el primer álbum de 1989, y no me cabe duda de que muchos de los que hoy somos aficionados a la música instrumental contemporánea nos iniciamos en mayor o menor medida escuchando alguno de aquellos discos. Yo, por ejemplo, siempre he tenido muy en cuenta los temas escogidos para los volúmenes de Synthesizer Greatest a la hora de sopesar la importancia de un determinado álbum, a veces de cara a darle más o menos preeminencia en este blog. Conseguí el vol. 2 siendo chaval, casi por casualidad, y allí estaban Vangelis, Jean Michel Jarre y Kraftwerk entre otros muchos. Evidentemente, cuando uno terminaba escuchando las obras originales, las de Synthesizer -aun manteniendo un buen nivel- terminaban por sonarnos un poco descafeinadas, como desprovistas de la magia que cada autor les daba en su personal laboratorio sonoro. Aquello era un importante punto en contra, claro.

El intérprete de todas aquellas versiones era Ed Starink, un músico nato que, además de componer sus propios temas para sintetizador, formaba parte del negocio musical desde hacía muchos años (había trabajado incluso con The Beach Boys). Nos dice la Wikipedia, fuente a menudo falible, que los fans de Jarre y Vangelis no suelen apreciar del todo la calidad de sus versiones, aunque apunta que "sus versiones son consideradas un enriquecimiento". No sé quién podría decir que Starink toca mejor Chariots of Fire que el propio Vangelis, pero todos sabemos que los artículos de la Wikipedia suelen ser obras de fans no demasiado objetivos.

Ed Starink (fotografía de la web StarinkWorld)

Pero que nadie se engañe: no pretendo desvirtuar el trabajo de Ed Starink en Synthesizer Greatest, sino reivindicarlo y rendirle homenaje, primero por su carácter difusor, y segundo por sus amplias miras a la hora de escoger los temas. No se arruga Starink (o la productora, no sé quién tenía la última palabra) a la hora de unir en una sola colección temas de The Alan Parsons Project como Mammagamma, puro rock progresivo; Enola Gay, de OMD y su electro-pop; Mike Oldfield y su inclasificable Tubular Bells; La guerra de los mundos de Jeff Wayne; e incluso los temas centrales de Bailando con Lobos y El último emperador, que se parecen entre sí como la velocidad y el tocino. Y sin embargo todos comprendíamos las conexiones internas que unían a estos temas, y que no eran otras que su búsqueda de creaciones musicales instrumentales de gran calado cultural, ya proviniesen de la música electrónica propiamente dicha o incluso de la música clásica más académica. Yo no puedo quejarme, porque mi blog viene a ser lo mismo. Disfrutemos del popurrí que abría el Synthesizer 2:

martes, 21 de septiembre de 2010

David Bedford - THE RIME OF THE ANCIENT MARINER


1. The Rime of the Ancient Mariner (Part One) (20:32)
2. The Rime of the Ancient Mariner (Part Two) (20:38)

David Bedford, uno de los músicos británicos más infravalorados de las pasadas décadas, es el responsable de esta adaptación musical del famoso poema del autor inglés Samuel Taylor Coleridge.

Coleridge fue coautor del compendio poético Baladas Líricas (1798) junto a William Wordsworth, constituyendo la obra y su famoso Prefacio lo que en las letras inglesas se entiende por "manifiesto del Romanticismo". Por si alguien anda despistado, el Romanticismo no debe confundirse con el mundo de lo sentimental y amoroso de las novelas rosas, sino con una corriente artística desarrollada durante el siglo XIX que buscaba su inspiración principal en lo legendario y lo sobrenatural.

Tanto la portada como la contraportada reproducen
grabados de Gustave Doré sobre el poema original.

Mientras los poemas de Wordsworth se decantaban por una temática bucólica y rural, los de Coleridge se basaban en algún caso en viajes oníricos y un tanto surrealistas inspirados por el consumo de opio. The Rime of the Ancient Mariner ("La rima del anciano marinero") cuenta la historia de un viaje en barco durante el cual uno de los marinos caza un albatros, un ave atada a supersticiones marítimas cuya muerte es vista por todos como un mal presagio. Obligado a cargar con el ave muerta colgada del cuello por una cuerda, el marinero ve cómo el barco se queda estancado en medio del mar por la falta absoluta de viento, agotándose pronto las provisiones de comida y agua hasta que sólo queda él con vida para penar por la tropelía cometida contra el destino. En ese punto comienza a tener visiones de criaturas fabulosas que emergen de las aguas y le acosan en la madrugada mientras lucha febrilmente por la supervivencia.

A continuación iban fotos de David Bedford, Mike Oldfield y esa gente,
pero en vez de esos tíos feos y barbudos he puesto más grabados de Doré.

Siendo una de las grandes historias de uno de los momentos de gracia de la literatura inglesa, no era de extrañar que alguno de los gurús conceptuales de los '70 la sacase a relucir como base para la elaboración de un álbum de música conceptual. David Bedford, que se encontraba en la etapa más dulce de su carrera gracias a su simbiosis con la megaestrella de entonces, Mike Oldfield, llevó a cabo este trabajo en 1975, un año antes de su mejor álbum, The Odyssey. Consta de dos partes largas, una por cada cara del vinilo. Y no se trata de un disco precisamente fácil de escuchar, si bien no termina de fallar a la hora de comprender el clima irreal del poema de Coleridge. Frecuentemente recurre Bedford a la voz de un narrador, Robert Powell, para situar al oyente en el punto preciso de la narración en esta composición tan abstracta.

"¡Agua, agua por todas partes! Y ni una gota para beber" (decía el poema).

A diferencia de The Odyssey, The Rime of the Ancient Mariner no recurre especialmente a los instrumentos electrónicos de que se disponía entonces, sino que Bedford se decanta por el sonido del piano y el de otros instrumentos clásicos como el órgano y algunas percusiones sencillas. La primera cara del álbum contiene una pieza de tono oscuro bastante solemne, aunque en algún punto se crea un ambiente de terror un poco "kitsch" que parece invitar al mismísimo Drácula a entrar súbitamente en escena en la piel de Bela Lugosi. La segunda cara comienza con un pasaje hipnótico con notas de piano sueltas sonando de forma ominosa a las que se suma después la guitarra de Oldfield en una línea bastante improvisada (lo parece al menos) que, si bien resulta inconfundible, no se parece demasiado, melódicamente hablando, a lo que se podía encontrar en su álbum contemporáneo Ommadawn. Este pasaje sinuoso va a parar al tema más bello y popular del disco, que recibió el título de The Rio Grande y que canta un coro de niños con acompañamiento de -esta vez sí-, el Mike Oldfield de siempre. El dorso del LP se completa con un desarrollo más largo de una pequeña fanfarria "de época" que sonaba al comienzo de la cara A, seguido de unos cuantos punteos más del amigo Mike, creando una conclusión etérea y bastante más luminosa que el resto de la obra.

El marinero, con el albatros colgado, tiene visiones fantásticas.

The Rime of the Ancient Mariner no es un álbum conceptual que destaque por su originalidad, ya que algunos de sus elementos principales, como el uso de un narrador, era cosa habitual desde hacía tiempo. Destaca este álbum, eso sí, por el hecho de ser una obra mucho más cercana a la música clásica que al rock progresivo que solía encargarse de estas faenas, y por tanto, bastante más madura y profunda de lo que cabría pensar a priori. Puede escucharse en Spotify aunque, sorprendentemente, parecen haber colgado una copia defectuosa con clics eléctricos, pequeños estallidos típicos del disco de vinilo, etc.

The Rio Grande.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Robert Schröder - HARMONIC ASCENDANT


1. Harmonic Ascendant (22:16)
2. Future Passing By (9:19)
3. The Day After X (11:41)

"Si en este mundo existe la música romántica contemporánea, ésta es la que interpreta Robert Schröder. Robert era una de las personas que me enviaban cartas y cintas con su música. (...) Su música no era en absoluto artificiosa, sino ingenua y hermosa. Así que verdaderamente quería conocerle. Le visité en su casa en Aix-La-Chapelle y nos hicimos amigos. Surgió la idea de grabar este disco, y lo hicimos entre finales de 1978 y el otoño de 1979. (...) Te hace sentir -como un buen amigo mío lo describió- como si te dieses un baño en su interior."

Klaus Schulze


Siempre es agradable volver a la música electrónica de corte krautrock, y debo decir que este disco ha sido una de las más agradables sorpresas que me he llevado últimamente al respecto. Con Harmonic Ascendant (1979) he encontrado, por fin, un álbum de música cósmica experimental accesible para cualquier oyente con un mínimo de interés.

Admito que no había oído hablar de Robert Schröder hasta el momento en que escuché el álbum, y desde luego se ha convertido para mí en un artista a conocer y a seguir con interés. Harmonic Ascendant es la primera grabación que figura oficialmente en su discografía, y fue gracias al apadrinamiento del gran Klaus Schulze que esta obra salió adelante. Efectivamente, Schröder y Schulze debían mantener en aquel momento un idilio estilístico bastante intenso, ya que el álbum podría pasar, superficialmente hablando, por uno del autor de Irrlicht y Timewind. Pero no nos quedemos en lo accesorio, porque Robert Schröder demuestra ser capaz de dotar a su música de un carácter (relativamente) cálido y envolvente del que Schulze no siempre se ha preocupado demasiado. Schröder incluye, sobre la música electrónica repetitiva y ambiental del primer tema, el sonido de una guitarra -interpretada por Udo Mattusch- y un violonchelo -a cargo de Wolfgang Tiepold-, que aportan un decisivo toque humano a las composiciones. Me han recordado bastante a lo que Michel Huygen y Neuronium hicieron en sus primeros lanzamientos discográficos, y al álbum Dune de Klaus Schulze (por el violonchelo, más que nada).

Robert Schröder (fotografía de Claus Cordes, 1979).

También se puede hablar de los otros dos cortes del disco, Future Passing By y The Day After X, en los que toma protagonismo uno de los instrumentos característicos de la música experimental de los '70, tanto en el rock como en lo electrónico: el vocoder, que convierte la voz del cantante en la de una especie de robot, diluyendo lo lingüístico hasta convertirlo en una simple secuencia armónica que casa a la perfección con el ambiente cósmico de grabaciones como esta. De hecho, lo de la cara B de este disco es prácticamente una letanía.

No apostaría yo porque Harmonic Ascendant fuese una gran novedad en el momento de su publicación en 1979, cuando muchas de sus soluciones musicales ya habían sido exploradas anteriormente por los grandes de la Escuela de Berlín, pero pienso que este álbum recoge lo mejor que había aportado hasta entonces el género en su vertiente más oscura y espacial, la del norte de Europa, con solvencia en las composiciones y la producción, y ofreciendo una experiencia musical muy inspiradora y satisfactoria. Quienes disfruten con Schulze y los Tangerine Dream no deben perdérselo.

The Day After X.
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