martes, 14 de septiembre de 2010

Howard Shore - THE LORD OF THE RINGS: THE RETURN OF THE KING


2. Hope and Memory (2:46)
3. Minas Tirith (3:37)
4. The White Tree (3:25)
6. Minas Morgul (1:58)
9. Cirith Ungol (1:44)
10. Anduril (2:35)
11. Shelob's Lair (4:07)
12. Ash and Smoke (3:25)
14. Hope Fails (2:21)
16. The End of All Things (5:13)
17. The Return of the King (10:14)
18. The Grey Havens (5:59)
19. Into the West (5:48)

La trilogía dirigida por Peter Jackson, antes de que se estrenase su tercera y última entrega, ya había pasado a los anales del cine por su enormidad argumental, sus asombrosas soluciones técnicas y el respeto y reverencia mostrados al autor de la novela, J. R. R. Tolkien. Y las bandas sonoras de Howard Shore -las dos aparecidas antes de la que nos ocupa- dejaban a los posibles detractores del músico canadiense sin argumentos en contra de su perfecta recreación de ambientes y su forma de ampliar las ya grandiosas imágenes con un acompañamiento musical que lo elevaba todo a la categoría de la leyenda. Con El retorno del rey, Howard Shore cerraría uno de los episodios más admirables y meritorios en la ya relativamente larga historia de las bandas sonoras de cine.

Peter Jackson y Howard Shore en el estudio de grabación (Fotografía de
Daniel Smith para New Line Cinema).

Si consideramos los motivos musicales que Shore tuvo que manejar para dar forma a este episodio final, no podemos sino admitir que el músico se enfrentaba a toda una bestia parda: el director de la película llegó a admitir que, al lado de El retorno del rey, los dos anteriores no eran sino antesalas. Efectivamente, la tercera parte de la saga es la más larga en minutos de pantalla (unos 200 min. dura la versión estrenada en cines, 240 o más la edición extendida publicada en dvd), con lo que nos ponemos en la tesitura de componer música para una película que en última instancia se acercaría a una duración de 4 horas, y que emplearía acompañamiento musical en prácticamente todas sus escenas. La bestial edición de The Complete Recordings, con 4 CD's bien cargados, es un buen testimonio de la salvajada compositiva que supuso este capítulo final. Puede escucharse al completo en Spotify.

Portada del libreto de The Complete Recordings.

Howard Shore fue extremadamente inteligente. Para empezar, y teniendo en cuenta que la película debía mantener su raigambre en las dos entregas anteriores, muchos de sus temas son recuperados y transformados dependiendo de la trascendencia que se quiera dar a cada escena concreta. Por poner un ejemplo, el tema de Rohan de Las dos torres aparece como marcha triunfal en la escena en que los rohirrim se lanzan a la carga en la explanada junto a la ciudad de Minas Tirith, barriendo literalmente a su paso al ejército de Mordor en la que es una de las escenas bélicas más impresionantes jamás rodadas.

Portada de una edición especial en carpeta de cuero.

Pero como me gusta comenzar por el principio, hay que decir que El retorno del rey se abre con la escena en que conocemos el origen de Gollum, para la que Howard Shore añade unas cuantas notas musicales que nos recuerdan inequívocamente el tema compuesto para los hobbits en La comunidad, aunque la melodía es del todo nueva (escúchese A Storm Is Coming, en la parte inmediatamente posterior a la melodía introductoria con la que se abren las tres películas). Esto quiere decir que Shore mantiene en mente la idea de otorgar a cada pueblo de la Tierra Media un sonido reconocible.

No queda ignorado el pueblo de los elfos (escúchese Twilight and Shadow, con la voz de Renée Fleming, y alguna otra), pero aquí toman absoluta relevancia dos estilos: el perteneciente a Mordor y los siervos del Señor Oscuro, y el del reino de Gondor, el más importante de los hombres. El primero queda patente, y más poderosamente que nunca, en temas como Minas Morgul, Ash and Smoke y Shelob's Lair, la última en un registro musical sorprendente respecto al resto de composiciones "siniestras" de la saga.

Los villanos cobran protagonismo musical. En la foto, el Rey Brujo de Angmar.

En temas como Cirith Ungol, Shore hace que melodías pertenecientes a otro ámbito queden "contaminadas" por la negrura y la lobreguez de Mordor; y en The Fields of the Pelennor y The Black Gate Opens, la música describe exquisitamente la confrontación entre los héroes humanos y los orcos enviados por Sauron.

El ojo de Sauron. Al fondo, el Monte del Destino.

El reino de Gondor queda representado por una fanfarria que se convierte desde la primera escucha en el tema más potente de la película. Lo escuchamos al final de Minas Tirith, cuando Gandalf llega a la ciudad, y apoteósicamente en The White Tree, con el encendido de las almenaras con las que Gondor pide ayuda a Rohan. Es muy interesante recordar que este tema sonaba muy por lo bajo en La comunidad del anillo, en aquellas escenas en que Boromir hablaba de la ciudad blanca (Minas Tirith) de la que él procedía, y de la perdida dinastía de reyes que un día la gobernó. No vimos el esplendor de la ciudad en las dos primeras entregas, y aquí se nos presenta con la magnificencia de quien ha oído hablar de ella -y es capaz de recordar la melodía que acompañaba el rumor- y ahora llega a contemplarla con sus propios ojos.

The White Tree.

Pero no es The White Tree el único clímax musical de El retorno del rey, sino que podemos encontrar otros muy poderosos en Anduril -la escena en que la espada rota es forjada de nuevo-y, sobre todo, en The End of All Things, un tema coral explosivo en el que se recrea el conflicto final en el interior del Monte del Destino, el último paso previo a la destrucción del Anillo Único. Interviene de nuevo en este tema, con un solo estremecedor, la voz lírica de Renée Fleming.



Lo que también podemos encontrar en El retorno del rey son unas cuantas sorpresas musicales, sobre todo las intervenciones de Billy Boyd (que interpreta a Pippin) cantando amargamente para Denethor en The Steward of Gondor; y la de Viggo Mortensen (Aragorn), que canta una canción en élfico en la escena de su propia coronación, en el tema The Return of the King. Es este último tema mencionado, el más largo de los compuestos en toda la trilogía, el que sirve como acompañamiento a la emotiva conclusión de la historia, retomando antiguos leitmotivs familiares en toda una suite digna de la ocasión. Interviene en todo el último tercio del disco el flautista Sir James Galway.


The Grey Havens funciona más bien como una especie de reposado epílogo que enlaza con el inevitable tema cantado por Annie Lennox (musa nórdica nº3), Into the West, cuya melodía ya escuchamos al final de The Black Gate Opens.

Portada de Into the West. No hubo vídeo oficial.

Resumiendo, podemos decir que El retorno del rey es exactamente lo que tenía que ser, y mucho más: el cierre de tantas líneas argumentales, tantas ideas desarrolladas a lo largo de tres larguísimas películas, tantas emociones contenidas en cada personaje, tantas melodías entrelazadas como las intrincadas escrituras de los elfos. Y sobre su esencia general de "resumen", esta banda sonora posee su propio poder como aglutinadora de momentos grandiosos inigualables, de tantos puntos álgidos como incluye esta película ganadora de 11 Oscars. Por cierto, uno fue para Annie Lennox y otro para Howard Shore, y en ninguna otra ocasión ha logrado un músico hacerse con este galardón en dos capítulos de la misma saga. A cada cual lo que se merece, y a Howard Shore hay que darle las gracias.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Howard Shore - THE LORD OF THE RINGS: THE TWO TOWERS


5. The Uruk-hai (2:56)
6. The King of the Golden Hall (3:47)
8. Evenstar (3:13)
9. The White Rider (2:26)
10. Treebeard (2:41)
11. The Leave Taking (3:39)
12. Helm's Deep (3:51)
14. Breath of Life (5:05)
15. The Hornburg (4:34)
16. Forth Eorlingas (3:13)
19. Gollum's Song (5:49)

Tras hacerse merecedor de todos los honores posibles con La comunidad del anillo, Howard Shore se dedicó a ultimar los detalles del segundo episodio de la saga, titulado Las dos torres (The Two Towers, 2002) pese a los intentos por parte del algunos sectores de que el título fuese alterado para no recordar el desastre de las torres del World Trade Center en el 11-S, que estaba muy reciente. No tengo muy claro si Howard Shore tenía el material ya más o menos preparado aun antes del estreno de la primera película, o si iba componiendo sobre la marcha. Apuesto por lo primero, sobre todo teniendo en cuenta que ya en La comunidad del anillo escuchamos tímidamente alguno de los grandes temas de El retorno del rey.

Las dos torres a las que se refiere el título:
Orthanc, en primer término, y Barad-Dûr, a la derecha.

Si la banda sonora de La comunidad del anillo constituyó la columna vertebral del conjunto de la trilogía, instaurando el estilo compositivo que se mantendría hasta el final de la misma, Las dos torres tenía como función exactamente lo mismo que la película para la que estaba hecha: expandir el universo de Tolkien mostrado en las películas hacia todos los puntos cardinales -geográficamente hablando- y también hacia adentro -en lo espiritual. Al final, y si bien la película no es mi favorita de las tres, sí que es la que posee la banda sonora más rica, compleja y profunda de toda la saga. De lo que se trataba, al fin y al cabo, era de darnos un pequeño respiro meditativo entre los abigarrados planteamientos de La comunidad y la intensísima conclusión de El retorno del rey. Viene a ser como quien, mientras va subiendo una cuesta muy empinada, se detiene un poco en una explanada del risco para contemplar el paisaje, justo antes de afrontar la parte más difícil.

Portada del libreto de las Complete Recordings que, al igual que
en el caso de la BSO anterior, también han sido publicadas
en 3 CD's de larga duración.

Tal y como explicaba arriba, Las dos torres comienza con una escena -prácticamente un flashback- perteneciente a la parte central de La comunidad del anillo, aquella en la que el mago Gandalf se enfrenta al Balrog en las minas de Moria para caer ambos, enzarzados en su lucha, hacia las enormes cavernas que hay en las raíces de las montañas. En una sola secuencia, el director Peter Jackson hace un recorrido vertiginoso desde el punto más alto de la Tierra Media, la cima del pico Caradhras, hasta el punto más profundo que jamás ha sido mencionado en toda la obra del profesor Tolkien; y lo mismo hace Howard Shore con Foundations of Stone un tema que comienza divagando un poco sobre las cumbres nevadas para retomar los cánticos bélicos de aquel tema de la anterior entrega, The Bridge of Khazad Dum, dotando a Las dos torres de un prólogo que pone la piel de gallina.

En este estupendo vídeo podemos ver la escena original de La comunidad del anillo,
con el añadido correspondiente al inicio de Las dos torres y las melodías de The Bridge
of Khazad Dum y Foundations of Stone perfectamente enlazadas.

El grueso de la música de Las dos torres se compone de temas incidentales que incluyen una variedad sonora incluso mayor que la de la banda sonora anterior, contando de nuevo con temas claramente élficos (la voz de la cantante de origen indio Sheila Chandra funciona de maravilla en el tema Breath of Life) y otros que ilustran a los servidores del enemigo, que en este caso toma forma en dos frentes: Mordor, el reino de Sauron, e Isengard, donde el mago traidor Saruman acapara protagonismo. Pero la gran novedad es la inclusión de música perteneciente a uno de los grandes reinos de los hombres, Rohan. Howard Shore recurre, de forma distinta a lo que hiciese con el país hobbit en La comunidad, a composiciones de raíz nórdica, con un violín solista (escúchese The King of the Golden Hall).


Su objetivo es dotar de color a los jinetes rohirrim, cuyas vestiduras y forma de vida recuerda a los pueblos bárbaros de antaño, vikingos o celtas por hacernos una idea. En el tema Forth Eorlingas, este tema da lugar a uno de los momentos musicalmente más épicos de la trilogía, fundido magistralmente con el tema de Gandalf que comentaré después, y con la intervención del vocalista juvenil Ben del Maestro.


También compone Shore unos cuantos leitmotivs que vienen a dotar a la partitura de una sólida coherencia interna. Destacan los temas percusivos, que no melódicos, creados para el infortunado Gollum (escúchese The Taming of Sméagol) y el pastor de árboles, Bárbol (escúchese Treebeard), además del mencionado anteriormente y dedicado al pueblo de Rohan. Gandalf, que regresa a la acción reconvertido en Gandalf el Gris, tiene también un tema propio muy sencillo y grandioso que acentúa hasta el éxtasis escenas tan maravillosas como aquella en la que llama a su caballo Sombragrís (escúchese The White Rider). Eso sí, si yo tuviese que quedarme con un tema del disco, además de The White Rider me quedaría sin dudarlo con Evenstar, una barbaridad new-age cantada por la soprano Isabel Bayrakdarian, que pone los vellos de punta en la escena en que Arwen vislumbra su futuro una vez muera Aragorn y se convierta en viuda para toda la eternidad.


El álbum se cierra con Isengard Unleashed, en el que vuelve a intervenir Ben del Maestro, esta vez junto a Elizabeth Fraser; y Samwise the Brave, que enlaza al final con el tema cantado Gollum's Song ("La canción de Gollum"), que obviamente fue compuesto para la cantante islandesa Björk, y que a causa de su embarazo tuvo que interpretar la italiana Emiliana Torrini, cuyas cualidades vocales se le asemejan bastante. Muy bien cantada, en cualquier caso. Regresamos en breve con El retorno del rey.

Gollum's Song.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Howard Shore - THE LORD OF THE RINGS: THE FELLOWSHIP OF THE RING


1. The Prophecy (3:44)
2. Concerning Hobbits (2:47)
5. The Black Rider (2:49)
9. Many Meetings (3:06)
13. The Bridge of Khazad Dum (5:58)
14. Lothlorien (4:34)
15. The Great River (2:43)
16. Amon Hen (5:03)
18. May It Be (3:38)

Fue a finales de los noventa cuando se supo oficialmente que un semidesconocido director de cine gore, Peter Jackson, estaba llevando a cabo -en secreto- el rodaje de una adaptación de El Señor de los Anillos en su Nueva Zelanda natal. Pese a las noticias sobre su enorme presupuesto y la ambición de adaptar la trilogía completa, cosa que no se pudo hacer en la versión animada de los '70, la poca confianza que inspiraba un nombre con tan poco rodaje en superproducciones como el de Jackson causaba bastantes recelos. Debemos recordar que El Señor de los Anillos, obra del británico J.R.R. Tolkien, es uno de los dos o tres libros más importantes del siglo XX, y desde luego el más apreciado popularmente. Cada detalle que se iba aireando sobre estas películas tan esperadas era objeto de análisis, y una de las cosas que no cuadró en absoluto fue contar con el compositor Howard Shore para realizar su banda sonora.

Howard Shore

No es que Shore fuese un desconocido, ni un mal músico, pero el estilo que hasta aquel momento definía su carrera tenía poco que ver con la grandeza épica que requería el mundo de Tolkien. Howard Shore, recordemos, ha sido habitualmente requerido por gente como Martin Scorsese y David Cronenberg, para quien es poco menos que su músico fetiche. Además, la partitura seguramente más conocida de Shore hasta la fecha era la de El silencio de los corderos, y no parecía que el estilo oscurantista y ambiental del músico canadiense pudiese satisfacer a los fans que, en sus dulces sueños nerds, deseaban un acompañamiento musical para la trilogía que pudiese compararse al de Star Wars.

Una portada alternativa.

Pasó el tiempo, y la noticia de que la cantante irlandesa Enya iba a colaborar en la música del primero de los filmes ayudó a dar brillo a una banda sonora que, a priori, solamente despertaba desconfianzas. Es perfectamente conocido que Enya, una de las vocalistas femeninas más vendedoras del mundo (¿la que más?) y musa céltica por excelencia, es una admiradora confesa de la obra de Tolkien, habiendo basado unos cuantos de sus temas en la mitología del célebre profesor de Oxford. Confiesa leer El Señor de los Anillos una vez al año, cosa que me parece digna de mérito teniendo en cuenta el grosor del libro.

May It Be, de Enya.
(Vídeo oficial cargado por Mindfreak87 en la página www.dailymotion.com)

La banda sonora de La comunidad del anillo, primera entrega de la trilogía, salió a la venta unas dos semanas antes del estreno del filme, a principios de diciembre de 2001, conteniendo las composiciones realizadas por Howard Shore y dos temas de Enya: May It Be, tema que sonaría en los créditos finales de la película, y Aníron (Theme for Aragorn and Arwen), que aparecería incrustado en un tema de Shore durante la película. Ambos temas cumplen a la perfección con su cometido, mostrándonos a la Enya más tolkiana en su vertiente mística, completamente inspirada y en su contexto exacto. El segundo tema está cantado en élfico. Pero sería la música instrumental de Howard Shore la que daría la sorpresa. La gran sorpresa.

Otra portada alternativa. Creo que fue la original.

En The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring nos encontramos con una de las partituras orquestales más sólidas de las últimas décadas, riquísima en sus múltiples variaciones temáticas y todo un pepino nuclear en lo que se refiere a su integración con las escenas de la película. Se trata además de un trabajo muy puro y académico, de la vieja escuela anglosajona, en el sentido de que renuncia a los artificios sintéticos ultramodernos que gente como Hans Zimmer había puesto de moda en su famosa banda sonora para Gladiator, del año anterior. Howard Shore cuenta con la Orquesta Sinfónica de Nueva Zelanda, la Orquesta Sinfónica de Londres, el coro London Voices y otras tantas pequeñas colaboraciones vocales repartidas aquí y allá por la obra. Pero lo más importante de esta partitura cinematográfica es el profundo estudio que debió realizar Howard Shore (junto a Peter Jackson, que mantuvo un control directo de cada aspecto de la producción) del universo mitológico descrito en El Señor de los Anillos. Hagámonos una idea.

Otras cuatro portadas alternativas.

La historia tiene lugar en un continente imaginario, lejanamente inspirado en el pasado remoto de Europa, conocido como Tierra Media. Este lugar está poblado por diferentes razas que, a su vez, han desarrollado rasgos culturales muy bien definidos y diferenciados unos de otros: los elfos, sabios e inmortales, un tanto taciturnos; los enanos, algo hoscos y celosos de sus costumbres; los hombres, descendientes de una raza que Tolkien emparenta veladamente con la de los atlantes, ahora en decadencia; y los hobbits, seres de baja estatura dedicados a un estilo de vida despreocupado y rural. A todos ellos hay que sumar a las criaturas siniestras que sirven al Señor Oscuro, Sauron, forjador del Anillo Único que desencadena la trama. No debió ser moco de pavo para Howard Shore el dotar a todos estos pueblos de un estilo musical reconocible que los definiese como cultura, sobre todo teniendo en cuenta que afrontar algo así superficialmente podría desvirtuar el enorme esfuerzo llevado a cabo por Tolkien en su obra, y en las películas por extensión.

Concerning Hobbits, en vivo.

Concluye Shore que la música de los elfos debe definirse por su carácter coral femenino, espiritual, incluso con un ligero toque exótico-oriental (escúchese Lothlorien). La de los enanos, que no tiene una especial relevancia dado que este pueblo tiene muy poca presencia en el libro, es muy percusiva -recordemos que los enanos de Tolkien se dedican a la minería- y también coral, aunque más masculina y cercana a obras como El Príncipe Igor, de Borodin (escúchese The Bridge of Khazad Dum, quizá el mejor tema de la partitura, que contiene el único leitmotiv claro de la misma, justo al principio).


La correspondiente a los hombres es música clásica en una línea wagneriana, no muy alejada del estilo John Williams vigente desde los '70, aunque bastante más sobria (escúchese The Great River). Y la de los hobbits está muy próxima al folk de Gran Bretaña, sin dejar que caiga del todo en lo celta, lo que habría sido una incongruencia en un universo ajeno al nuestro (escúchese Concerning Hobbits). Los sirvientes del enemigo, especialmente los Jinetes Negros, van acompañados por coros mixtos muy poderosos y piezas orquestales básicas, apenas melódicas, acentuando lo grotesco y malvado de estas criaturas (escúchense el segundo tramo de The Shadow of the Past o The Black Rider). Hay que tener en cuenta que Peter Jackson rueda las escenas tenebrosas con un estilo propio del cine de terror más ortodoxo. Y este vasto conjunto, por si acaso se queda corto, incluye numerosos pasajes corales cantados nada más y nada menos que en cada una de las lenguas imaginarias creadas por Tolkien para todos estos pueblos, desde el élfico hasta la lengua de Mordor, recreando canciones y poemas que estaban en los libros originales y que, claro está, no tenían una música asociada a las mismas hasta este momento.


La banda sonora de La comunidad del anillo ganó, evidentemente, el Oscar de aquel año. Enya se quedó a las puertas con May It Be. Y si el álbum publicado originalmente suponía un trabajo monumental, sus admiradores terminarían de deleitarse con el lanzamiento de las grabaciones completas, que recogían todo el material compuesto para la película -recordemos, solamente estoy hablando de la primera película- en un total de 3 CD's y en estuche de lujo. Además, en una edición especial de la BSO de Las dos torres aparecería el tema Farewell to Lorien, correspondiente a una escena de la versión extendida de la primera película.

Imagen del libreto de las grabaciones completas.

Con The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, Howard Shore no solamente satisfizo a los incondicionales de Tolkien espoleados por eso que en Internet llaman "hype", sino que logró una obra musical que puede escucharse sin la referencia de las imágenes de la película y aun así funciona a la perfección y mantiene una plena coherencia narrativa. Estamos ante una de las más grandes bandas sonoras de todos los tiempos, se mire como se mire, y debemos tener en cuenta que todavía nos quedan dos tercios del total por comentar.

Portada de May It Be.

Como último apunte, ya al margen, decir que leí El Señor de los Anillos allá por 1998, antes de que se supiese absolutamente nada sobre el rodaje de la trilogía cinematográfica. Curiosamente, no sólo acompañé mi lectura con los temas más relajantes que Enya había publicado hasta entonces, sino que acudí en algún caso a discos de música clásica rusa, entre ellos al mencionado Borodin, que me parecía muy marcial. Mi conexión con la banda sonora de La comunidad del anillo fue, por lo tanto, poco menos que milagrosa. Volvemos con Las dos torres.

Ryuichi Sakamoto - NEO GEO


1. Before Long (1:20)
2. Neo Geo (5:08)
3. Risky (5:27)
4. Free Trading (5:28)
5. Shogunade (4:33)
6. Parata (4:21)
7. Okinawa Song - Chin Nuku Juushii (5:19)
8. After All (3:08)

"¡Qué difícil es escapar de los estereotipos!", debió pensar el compositor japonés Ryuichi Sakamoto en algún momento de la década de los '80, previo al lanzamiento de este Neo Geo. El álbum es una afirmación de la identidad nacional de un Japón que se caracteriza por mucho más que los platos de pescado crudo, los samuráis y los luchadores de sumo. En aquella década, el país del sol naciente competía directamente con los Estados Unidos de América en su crecimiento económico, sostenido sobre todo en un desarrollo técnico puntero que, si bien no termina de hacer despegar la economía nipona a día de hoy, convirtió entonces a Japón en la meca de la tecnología. Además, aquel país del que tanto se hablaba en términos de "tradicionalismo a ultranza" y de "trauma de posguerra" abrazó una cultura multiétnica, rica en sus influencias internacionales y completamente abierta a la cultura que le llegaba de todas partes. El propio Sakamoto y su música son una prueba de que lo japonés podía llegar a cualquier parte, a las listas de ventas del pop y del tecno, e incluso a triunfar en las alfombras rojas de Hollywood en forma de bandas sonoras.

Imagen de la contraportada.

Neo Geo (1987) es uno de los discos más populares en la carrera de Ryuichi Sakamoto, aparte de sus partituras para El último emperador, Merry Christmas Mr. Lawrence y El cielo protector, entre otras muchas. Desde luego, conviene estar prevenido: aparte de su gusto por los teclados, especialmente el piano, Sakamoto no es un músico clásico tal y como podría deducirse de sus aproximaciones al cine. Es un compositor contemporáneo que gusta de experimentar con los últimos adelantos electrónicos y, como en este caso, contar con personajes tan claramente avant-garde como el bajista Bill Laswell o el inclasificable cantante Iggy Pop.

Todos los temas de Neo Geo son diferentes visiones, postales sonoras tal vez, del Japón aperturista y avanzado de los años ochenta, y para convertir estas visiones en música Sakamoto cuenta con todo un arsenal de sonidos, desde sintetizadores hasta instrumentos del rock, pasando por multitud de sampleados que recuerdan por momentos a trabajos míticos como My Life in the Bush of Ghosts o Zoolook.

El álbum se abre con la meditativa y melancólica Before Long, con su forma inconfundible de tocar el piano. Neo Geo, tema central del disco, es ya una pieza claramente moderna con influencias occidentales obvias, un bajo potente y batería. La nota japonesa la ponen las percusiones y las voces. Risky, otro tema destacado, es una canción muy ochentera en la que Iggy Pop juega un poco a ser David Bowie, con resultados inquietantes. Pero si hay un tema que destaque por encima de todos, ese es para mí Okinawa Song, un tema con una hermosa melodía y un ritmo muy bien planteado que servirá claramente con influencia a Eldorado de Jean Michel Jarre, unos años después.

Neo Geo.

Okinawa Song.

En fin, que Neo Geo es como un estupendo muestrario del Japón moderno, todo un decorado musical para las calles atestadas de transeúntes entre los que se cuela alguna geisha, los comercios adornados con enormes carteles de neón y los kamikazes con traje y maletín. Un perfecto testimonio de los que fueron los ochenta en un país que solamente creemos conocer.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...