domingo, 25 de agosto de 2013

Tangerine Dream - TANGRAM


1. Tangram Set 1 (19:47)
2. Tangram Set 2 (20:28)

Al ritmo que estoy empleando para comentar la discografía de Tangerine Dream, creo que van a acabar antes las obras de la Sagrada Familia. De manera que este es tan buen momento como cualquier otro para irnos a Tangram (1980), el álbum de estudio que sucedió al anteriormente comentado Force Majeure (1979) y que, de nuevo, necesita quizá un poco de contextualización para ser descrito. Y que conste que la descripción es una cosa y el disfrute de escucharlo, otra muy distinta. Es de nuevo un álbum muy accesible, perfecto para iniciarse en el sonido -a veces algo opaco- de esta banda alemana.

En este orden: Schmoelling, Froese y Franke. (de www.johannesschmoelling.de)

Tangram, titulado como el famoso juego chino de figuras planas, viene a ser (para nuestro placer, cosa rara en estos casos) el fruto de la relativa "confusión" que padecían los miembros de TD a finales de los años setenta. Hacía un par de álbumes que se había marchado de la banda Peter Baumann, quedándose Edgar Froese y Christopher Franke un pelín necesitados de un tercer colega. En Force Majeure capearon la situación a dúo y con mucha solvencia, pero en Tangram se les unió el muy eficiente Johannes Schmoelling, aportando al grupo la solidez mínima de los taburetes. 

Portada alternativa.

Pero la "confusión" que mencionábamos también era palpable en lo que se refiere a la evolución del sonido de TD, que en los últimos tiempos, y sobre todo con el álbum Cyclone (1978), había derivado hacia el rock progresivo-cósmico de un modo algo titubeante. No todos los seguidores de la banda aceptaron que se irían alejando visiblemente del oscuro ambient de la Kosmische Musik de sus primeros años, y por eso Froese y compañía procuraron que el cambio fuese gradual, fácil de digerir. El caso es que, pese al obvio espíritu prog-rock de Cyclone y el guitarreo en Force Majeure y el presente Tangram, al final la deriva fue más hacia lo que podríamos llamar new age en el sentido más electro-pop del término (temas casi cantables y cortitos) que hacia algo parecido a Genesis o Pink Floyd. Supongo que la toma de decisiones tuvo lugar durante la segunda mitad de los años Virgin, a comienzos de la década. Seguramente sea Tangram uno de los álbumes bisagra más evidentes.

Imagen de la contraportada.

¿A qué me refiero? A que Tangram, por un lado, presenta la ya clásica estructura de los álbumes instrumentales épicos de los setenta, con una suite ininterrumpida en cada cara del vinilo; y a que, por otra parte, el sonido cósmico abigarrado a base de capas y capas de electrónica estática se ha simplificado hasta dejarlo en el esqueleto. En fin, nos encontramos con dos largas estructuras con ritmos y texturas cambiantes, con tramos hipnóticos como en bucle, con secciones de un ritmo frenético, e incluso con algunos pasajes meramente ambientales que recuerdan obras clave de la década anterior (el final de ambas partes, por ejemplo, la segunda mucho más siniestra). Supongo que el hecho de que Schmoelling fuese intérprete de sintetizador ayudó a restablecer el dominio de los teclados en Tangram, por mucho que en su primera cara haya una guitarra eléctrica con un importante papel en el desarrollo musical. 

El caso es que Tangram se propone alcanzar un equilibrio entre lo que en su día hizo famosa a la banda y lo que quería ser ésta en los años por venir, y lo consigue a la perfección. No traiciona el espíritu estructural de álbumes imprescindibles como Rubycon o Ricochet, pero tampoco suena a auto-homenaje ultraconservador. Es el álbum de Tangerine Dream de 1980, con todo lo que ello significa, y es uno de los favoritos de los fans. Con razón.

Está en Spotify.

Así empieza Tangram.

1 comentario:

José Ramón dijo...

Un disco impresionante. ¡Vaya comienzo¡

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