jueves, 27 de mayo de 2010

King Crimson - ISLANDS


1. Formentera Lady (10:14)
2. Sailor's Tale (7:21)
3. The Letters (4:26)
4. Ladies of the Road (5: 28)
6. Islands (11: 51)

Hace unos años tuve una racha en que escuchaba este álbum compulsivamente durante mis horas de trabajo frente al ordenador, y no puedo evitar asociarlo con un estado inigualable de placidez y satisfacción sensorial. Para mí, Islands (1971) es el segundo mejor trabajo de King Crimson, en absoluto por ello un segundón si tenemos en cuenta que su obra magna es el gigantesco In the Court of the Crimson King (1969).

No estarán de acuerdo los seguidores del grupo, que suelen apostar por los nada desdeñables Lark's Tongues in Aspic y sobre todo Red. Pero Islands tiene algo especial que llega a lo más profundo de la sensibilidad del oyente, quizá por su sencillez o por su carácter introspectivo, y porque, pese a que la experimentación sonora desarrollada en el mismo tiene un afán tan revolucionario como en cualquier otro álbum de la banda, la carga conceptual no se le escapa al aficionado de a pie que tenga un mínimo de sensibilidad. Islands maneja un doble concepto: las islas como lugares geográficos y las islas como formas de entender la manera en que cada persona se recluye inevitablemente en sí misma.

Robert Fripp a la guitarra.

Hablemos de King Crimson. Los chavales de Robert Fripp y Peter Sinfield fueron abanderados de lo mejor que la contracultura de los últimos sesenta podía reflejar en la música popular, ocupando uno de los dos o tres lugares más destacados entre los ases del rock progresivo, vistos por muchos como el reverso nocturno y tenebroso de Yes. King Crimson se nutre del jazz (free jazz, más bien) y hace rock con él, casi siempre anteponiendo la música a la voz y huyendo de la estructura de la canción pop para ofrecer -esto es típico de casi cualquier buena banda progresiva, lo admito- obras muy libres, con desarrollos sorprendentes que hacen de la escucha del álbum cualquier cosa menos una experiencia monótona o previsible.

En lo que a "islas" se refiere, debemos tener en cuenta un importante influjo balear en esta grabación. Fue en estos primeros años '70 cuando las Islas Baleares se convirtieron en refugio de soñadores y vividores, de aquella juventud algo descreída que buscaba una vida cercana a los ritmos de la naturaleza junto al mar y bajo la luz indescriptible del Mediterráneo español. De álbumes como este Islands y algunos otros (digamos Meddle, de Pink Floyd) se decía que eran los favoritos de los turistas progres y adinerados que iban a contemplar las famosas puestas de sol de Ibiza en los cafés de moda.

Despliegue de portada y contraportada. En la original no figuraba título alguno.

Se ha hablado de cierto contenido misógino y hasta obsceno en la letra del tema Ladies of the Road (el título, "damas de la carretera" no deja lugar a la duda), y es cierto que la mujer tiene un lugar destacado en los cortes vocales de Islands, no se si intencionado o no, o si para bien o para mal. Por cierto, fue el último álbum de King Crimson en que trabajó como letrista Peter Sinfield, que igual era un poco machista. Al margen de esto, de los temas del disco solamente pueden decirse maravillas: Formentera Lady es de una sensualidad cautivadora, con su lento desarrollo instrumental y la manera suave en que canta Bozz Burrell mientras el tema va creciendo en intensidad con la adición de una soprano y unas flautas jazzísticas; Sailor's Tale, alocada con su saxofón y con una batería al rojo vivo; The Letters, mínima y triste hasta que explota de forma épica y vanguardista en una algarabía de instrumentos azarosos y el propio cantante alcanza niveles dramáticos tremendos; Ladies of the Road, atrevida con su ritmo de blues y su guitarra eléctrica; Prelude: Song of the Gulls, toda una pequeña pieza ortodoxa de música clásica; y finalmente Islands, un cántico desconsolado y melancólico, pura ensoñación con el sonido del mellotrón sonando por debajo de todo lo demás.

Carátula trasera del CD.

Recomiendo muy en serio este trabajo a los aficionados al rock progresivo que no lo hayan escuchado todavía, ya que es un perfecto ejemplo de la creatividad propia del género, además de uno de los discos más elegantes que puede uno imaginarse. De hecho, nunca después los King Crimson realizaron un álbum conceptual en la misma línea. Qué tiempos debieron ser aquellos...

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