miércoles, 12 de febrero de 2020

Vangelis - INVISIBLE CONNECTIONS


1. Invisible Connections (21:03)
2. Atom Blaster (8:37)
3. Thermo Vision (9:44)

En todas las discografías de los grandes músicos existe una oveja negra, un álbum señalado como el peor, el disparo fallido, ese que solo los completistas compran para tenerlo en la colección y nada más. En el caso de Vangelis, y a pesar de que su amplia discografía tiene muy pocos puntos flacos, el disco que los fans suelen mirar de reojo es Invisible Connections (1985). Y aun así, no creo que sea la clase de trabajo que mueva a la vergüenza ajena, sino que provoca más bien cierta incomprensión. Escepticismo, tal vez.

Contraportada del vinilo.

Invisible Connections tiene el raro honor de ser, hasta donde yo sé, el único trabajo de un compositor procedente del ámbito de la música popular publicado por la prestigiosa discográfica Deutsche Grammophon, especializada en música clásica. Es cierto que Vangelis se ha decantado durante la segunda mitad de su carrera por un sonido cercano al del clasicismo académico, cada vez con unos arreglos más orquestales, si bien 1985 parece una fecha algo temprana para buscar un precedente. Y además, Invisible Connections carece absolutamente de las propiedades románticas y sinfónicas ya tan conocidas en la obra de su autor.

El tema homónimo.

Es más bien un experimento radical en el campo de la vanguardia electrónica minimalista de laboratorio, rupturista, atonal, a tramos mucho más centrado en los espacios de silencio absoluto que en las notas disociadas y estridentes que salan aquí y allá. Es bastante posible que alguien que llegue desprevenido pueda sentir un sincero desagrado al escuchar algo tan extravagante. Salvo que se tenga conciencia de lo que realizaron gente como Cage o Stockhausen a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, lo grabado en Invisible Connections puede ser hasta calificado de anti-música.

Atom Blaster

Personalmente, suelo plantearme cada escucha del álbum (y admito que llevo unas cuantas, y no tan desagradables) como un pequeño juego. Juego a paladear los ecos de las notas sobre el fondo vacío, a intentar buscar algún elemento de coherencia-cohesión en cada una de las tres piezas del disco, a rascar la superficie para vislumbrar el "toque Vangelis" en alguna parte. Hasta quiero encontrar también algún parecido entre este álbum y las piezas más discretas e incidentales de Blade Runner (1982), y he llegado a pensar que podría ser el álbum del griego que más se parece en su atmósfera a tan célebre banda sonora. Así de lejos he ido con mi juego.

Thermo Vision

No obstante, está claro que el álbum al que más se parece es al anterior Beaubourg (1978), si bien en aquel, aparte del caos sin melodías ni ritmos aparentes, ocurrían tantas cosas a nivel sonoro que acababas sumergido en todo ello. Invisible Connections, sin embargo, llega a requerir un esfuerzo consciente -y trabajoso a ratos- para no dispersar tu atención. Yo lo disfruto bastante como experiencia sonora, y algunos críticos señalan que estamos ante el último trabajo (oficial) de Vangelis que mantiene, pese a su extrañeza, el sonido original de su etapa más mítica, antes de que se moviese hacia un estilo más moderno y tecnológicamente renovado en álbumes como Direct o Page of Life.

La más reciente edición remasterizada.

Ha sido objeto de remasterización en los últimos años a cargo de su propio autor y está incluido en el estuche de lujo Delectus. En 2018 también se incluyó en un recopilatorio de Deutsche Grammophon junto a piezas de Max Richter y Jóhann Jóhannsson. No es de mis favoritos, pero entre su propia peculiaridad y lo mucho que me costó hace años conseguir una copia física original, le tengo mucho respeto. 

4 comentarios:

juanitochapal dijo...

Verdaderamente no puedo decir que éste sea uno de mis discos favoritos del griego, pero lo cierto es que hice todo lo posible por tenerlo en mi colección. Lo conseguí allá por el año 2005 en una tienda (hoy cerrada) de Denver (Colorado), a través del portal GEMM (Global Electronic Music Marketplace), también desaparecido. Me costó un buen pellizco, pues se trataba de un CD nuevo, sin usar.
Ahora, después de leer tu entrada, me ha entrado la curiosidad de volver a darle una escucha, pues si soy sincero, creo que lo he escuchado 2 veces en los últimos 15 años, sin encontrarle atractivo. Ahora creo que le voy a dar otra oportunidad.
Muchas gracias Conde, es un placer leer tu blog.

Asrock77 dijo...

En mi humilde opinión considero este álbum, tal como se indica en la entrada principal, más como un "experimento musical" que un álbum en sí. Cuesta bastante sumergirse en este mundo atonal, lleno de reverberaciones, sonidos extraños y aparentemente inconexos, creado por el maestro griego. Considero que a Vangelis le agrada registrar este tipo de excentricidades sonoras, ya que de esta misma forma clasifico su anterior trabajo titulado "Beaubourg" del año 1978. Lo conseguí en compacto original hace muy poco tiempo en una tienda especializada y de verdad, creo que es una pieza más orientada hacia los coleccionistas de su obra. Claramente no es un álbum representativo de su sonido más clásico, ni tampoco lo recomiendo para aquellos que se quieran iniciar en su extensa discografía. Las veces que lo escucho, lo disfruto mejor con unos buenos auriculares... Saludos desde Chile !!!!!

José Ramón dijo...

Pues a mi, sin ser obviamente de lo mejor de el, no me aburre y de tanto en tanto lo escucho. Un experimento acertado , en mi opinión.

DANI dijo...

Lo compré por catalogo en Discoplay hacia el 2004, y desde entonces lo habré escuchado 3 o 4 veces. Evidentemente, es una obra árida y difícil. De esta clase de experimentos sonoros, la verdad es que prefiero el "Beaubourg" con diferencia, que he escuchado desde hace más tiempo y muchas más veces. De todas formas, si el propio Vangelis, hace no mucho, renegaba de este último, calificándolo de basura en una entrevista, no quiero ni imaginar cuál será su opinión actualmente de este "Invisible connections".
De cualquier manera, volveré a darle otra oportunidad, en un ambiente tranquilo, relajado, y con cascos. Es verdad que de estas obras tan "duras" se puede llegar a sacar algo en claro, no sé si con un cierto parecido a "Blade runner", pero sí al menos, con un patrón definido que me pueda hacer disfrutarlo. Seguiremos intentándolo.
Gracias, Conde!

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