martes, 20 de agosto de 2013

Rodrigo Rodríguez - THE ROAD OF HASEKURA TSUNENAGA


1. Kumoi Jishi (6:04)
2. Sagari Ha (3:34)
3. 5 October 1614 (3:38)
4. Sanya Sugagaki (9:20
5. Shika No Tone (5:21)
6. Kogarashi (6:23)
7. Azuma Jishi (3:12)
8. Dialogues: King Philip III (7:35)
9. Departure to Rome (5:55)
10. Azuma Jishi Duet (9:11)
11. Beneath High Cliffs (5:29)
12. Towards God (Hasekura's Baptism) (4:39)
13. Arrival in Sendai (6:16)

Lo primero que a muchos se nos viene a la cabeza al pensar en Japón es lo lejos que está. Está lo suficientemente lejos como para que lo poco que sabemos de él nos llegue convertido en un puñado de clichés a través de los medios de masas y la cultura pop: rollitos de pescado crudo y arroz, abigarradas calles con enormes carteles de neón, kamikazes haciéndose el harakiri, honorables samuráis y geishas moviéndose sigilosos por estancias con muros de papel... De su música actual tampoco sabemos demasiado. Solo sabemos que de allí sale una especie de pop electrónico meloso y ultramoderno que no se estila en occidente, pero que se prodiga en karaokes locales.

Sobre la música tradicional japonesa tampoco se difunde demasiado en los medios, aunque sí que se tienen atisbos de sus sonidos gracias a documentales y películas "de época". Algo nos suena de su instrumentación minimalista (con percusiones de madera, por ejemplo) y su tono sobrio, muy poco melódico. Quizá estas sensaciones de lejanía se deban a que Japón siempre fue un país relativamente aislado del resto del mundo, no solamente por su condición de isla, sino sobre todo por el conservadurismo a ultranza que lo mantuvo estático durante muchos siglos, mientras en occidente manteníamos un proceso de evolución cultural mucho más palpable. La música tradicional japonesa de hoy no es muy distinta de la que se componía allí mismo hace dos mil años. Quizá el propio Hasekura Rokuemon Tsunenaga escuchaba una música parecida a la que contiene el disco que nos ocupa, y que es una obra conceptual sobre su persona a cargo de Rodrigo Rodríguez que se publicó hace muy poquito.

Rodrigo Rodríguez

Hasekura Tsunenaga fue, de hecho, la personificación del inevitable aperturismo que un día Japón, en el siglo XVII, necesitó practicar de cara a presentarse ante un mundo cambiante del que no quería quedarse descolgado. Su expedición, recordada como Embajada Keicho, llevó a Hasekura -convertido en una especie de embajador universal de su nación- a recorrer medio mundo en busca de alianzas comerciales y políticas. No solamente se detuvo en varios puntos del continente americano tras atravesar el océano Pacífico, sino que cruzó el Atlántico para visitar la principal metrópoli global del momento, la mismísima España, remontando el Guadalquivir. No sé muy bien qué debieron pensar los españoles de entonces cuando vieron bajar del barco a aquel hombre de ojos rasgados y extrañas vestimentas... pero por lo menos, sabemos que en Coria del Río (Sevilla) hay una estatua en su honor, con katana y todo.

El monumento a Hasekura Tsunenaga en Coria del Río (de www.abcdesevilla.es).

Tampoco tengo noticia de qué pensaron los japoneses cuando el músico hipano-argentino (mallorquín de adopción) Rodrigo Rodríguez bajó de un avión con la sana y muy respetuosa intención de doctorarse en uno de los instrumentos tradicionales del folclore nipón, la flauta Shakuhachi. No sé si algún día le dedicarán una estatua en Tokio como hicieron con Hasekura Tsunenaga en Coria, pero en cualquier caso se ha demostrado que Rodríguez no solamente adquirió un dominio perfecto del instrumento, sino que su buen hacer está muy solicitado en ámbitos internacionales en lo que se refiere a conciertos y colaboraciones de prestigio. El disco que nos ocupa ha salido a la venta en un dulce momento de relaciones diplomáticas entre España y Japón, celebrándose precisamente la llegada de Hasekura a nuestro país hace 400 años, con lo que Rodríguez se ha encontrado con la oportunidad -que no el oportunismo- de ser también profeta en su tierra.

Los viajes de Hasekura Tsunenaga (commons.wikimedia.org).

¿Qué nos vamos a encontrar en The Road of Hasekura Tsunenaga? Pues una colección de piezas para ejercicio y lucimiento de la flauta Shakuhachi, ese cálido instrumento de bambú que Rodríguez maneja con maestría. Sin más. Y tampoco es que hagan falta aderezos, ya que esta flauta es por sí sola tan expresiva que puedes pasarte todo lo que dura el disco en un estado de fascinación permanente. El viaje a través de la imaginación que nos produce su escucha es tan rico como puede imaginarse en un trabajo de esta naturaleza. Sí que resulta algo más difícil identificar los temas con los títulos que poseen en el "tracklist" del álbum, y que están relacionados con diferentes etapas del viaje (y la vida) del embajador Hasekura, tales como su llegada a Roma, su encuentro con el rey de España, Felipe III, o su abrazo del cristianismo. La narrativa de esta obra conceptual es bastante sutil, complicada de seguir, dada la naturaleza minimalista del planteamiento de Rodríguez. Quizá no sea necesario complicarse la vida y convenga dejarse llevar.

Además de la música propiamente dicha, hay algo muy atrayente en The Road of Hasekura Tsunenaga. Music for Shakuhachi Flute: la sensación de trascendencia de una obra que, de algún modo, nos hace imaginar a Rodrigo Rodríguez realizando un viaje a la inversa respecto al emprendido por aquel sirviente del Shogun. Japón se abrió a occidente con Hasekura, y de vez en cuando, de un modo mucho más modesto pero igualmente loable, algún avispado occidental viaja al país del sol naciente para que occidente se abra a Japón al traer consigo sus exóticas esencias casi inalteradas. Otsukaresamadesu ("buen trabajo").

En la web del autor hay mucha más información, y el álbum puede escucharse en Spotify.

Kumoi Jishi.
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