sábado, 28 de enero de 2012

Cómo perder el miedo a los verracos del rock progresivo.

A ver cómo empiezo esto... Demos por sentado (a nivel teórico, al menos) que el rock progresivo, aquella evolución hacia el gigantismo de las formaciones de bajo-batería-guitarra que floreció en los setenta, ha muerto. Se suicidó, según parece, a causa de sus propios excesos: álbumes dobles o triples con temas de 25 minutos, pasajes indescifrables de algarabía instrumental desmedida, guitarristas que o rivalizaban con Hendrix o no eran nadie, teclistas virtuosos con quince dedos en cada mano, letras exquisitamente retorcidas, metafóricas, alegóricas, trascendentales. Si el rock era la voz mundial de la juventud, ningún joven se sentía identificado con lo que llegó a ser el rock progresivo, el rock predominante durante aquella bastante lejana década. Los jóvenes querían sentir que ellos también podían hacer rock, y no se resignaban a la aparente verdad de que había que nacer genio para estar ahí arriba iluminado por los focos.

Cayó el rock progresivo, pero como muchos mitos del siglo XX (y alguno del XXI) murió joven y dejó un bonito cadáver en forma de álbumes majestuosos, megalómanos, que, precisamente por la pátina de misterio que otorga la distancia en las fechas y el recuerdo de lo que fueron, siguen reeditándose en mil versiones para aficionados de a pie o coleccionistas babeantes. En esta entrada realizaré un breve análisis de algunos de los álbumes dobles más importantes y conocidos del prog-rock en términos absolutos, en orden cronológico, sobre todo para que quienes de verdad tengan interés por lo que se hacía en aquella época les pierdan un poco el miedo y se atrevan con ellos de una vez por todas.

Portada de Tales from Topographic Oceans, obra de Roger Dean.

Podríamos empezar con Tales from Topographic Oceans de Yes. Salió a la venta en 1973 y, a pesar de  ser todavía fechas tempranas respecto al desarrollo de su género, ya tenía atisbos de "canto del cisne" por su enorme longitud, repartida únicamente en cuatro temas larguísimos de los que es difícil seleccionar un fragmento como ejemplo representativo. No fue especialmente bien recibido, aunque ha adquirido carácter de "álbum de culto".

Despliegue de portada y contraportada.

Se trata de un trabajo conceptual inspirado en el shastra, algo así como los pies de página de los escritos sagrados del budismo. Jon Anderson, Rick Wakeman, Chris Squire, Alan White y Steve Howe se recrearon en sus habilidades con pasajes interminables de recitación y ambientación instrumental, extrañamente fascinantes por su atmósfera como de ciencia-ficción o fantasía. Nunca está de más manejar las portadas del genial Roger Dean para meterse de lleno en el universo musical de cada trabajo de Yes.

Portada de The Lamb Lies Down on Broadway, obra de Storm Thorgerson.

El siguiente título a considerar es The Lamb Lies Down on Broadway, de Genesis. Publicado en 1974, narra la historia de Rael, un inmigrante puertorriqueño llegado a Nueva York que experimenta un viaje onírico-psicodélico en busca de su hermano, en el que se sucederán multitud de escenas surrealistas hasta el "renacimiento" final del protagonista. El argumento venía narrado en el interior de las tapas del LP. Los propios miembros del grupo no terminan de estar convencidos con el trabajo, sobre todo porque Peter Gabriel adquirió un protagonismo excesivo (incluso se afeitó una calva, casi una tonsura monacal, porque decía poder comunicarse mejor así con Rael) al ser prácticamente el único autor de las letras, y porque todo se realizó deprisa y corriendo.

Despliegue de portada y contraportada.

No obstante, crítica y público lo siguen alabando como una obra maestra por lo misterioso de su contenido y por su ambientación, mezcla de la creatividad casi milagrosa de Genesis en su mejor momento, y por la producción de Brian Eno. Destacan por su popularidad los temas Cuckoo Cocoon y, sobre todo, el inconmensurable The Carpet Crawlers (o Carpet Crawl, en alguna edición), que para muchos es la mejor canción individual que dio jamás el prog-rock, amén de un favorito personal. A continuación:


¿Cómo disfrutar de un álbum así? Se aconseja leer la historia del viaje de Rael, o mejor ir leyéndola sobre la marcha, aunque si uno se limita a sumergirse en el peculiar sonido abigarradamente melódico de Genesis (y si encima somos capaces de entender las letras) es prácticamente como leer un libro. De hecho, ya he comentado varias veces en el blog que, durante los años setenta, la música era el primer medio de entretenimiento, por encima incluso de la televisión.

Portada de Works Vol.1. Existen variantes según la edición, con o sin el logo de ELP.

En 1977 se publicó Works Volume 1, probable obra magna de Emerson, Lake & Palmer o ELP. Es un despiporre de egos desaforados, con cada miembro del grupo haciendo lo que le venía en gana. La primera cara es un concierto clásico para piano de Keith Emerson; la segunda una pequeña colección de temas lentos con fastuosos arreglos orquestales y corales, cantados por Greg Lake, la tercera una serie de versiones de clásicos por parte de Carl Palmer; y la cuarta, la única en la que el grupo toca como tal un par de temas muy complejos. Precisamente en esta última sección se encuentra uno de los himnos de ELP, su versión instrumental del tema de Aaron Copland Fanfare for the Common Man. Exceso, exceso y más exceso, aunque todo parte de la base indudable del genio de los tres músicos. Poco después se publicaría Works Vol. 2, aunque más que una secuela, se trata de un álbum de descartes del primero. Seguramente sea el trabajo que peor ha envejecido de los aquí comentados, aunque sigue siendo muy interesante.

Portada original de The Wall, de S. Thorgerson. Después se le añadiría el título a lo graffiti...

Finalmente, y compartiendo muchas características con los anteriores, está The Wall, de Pink Floyd, lanzado en 1979. A medio camino entre el desvarío surrealista de Genesis y las óperas rock que habían instituido The Who (Tommy, Quadrophenia), es una autobiografía no del todo encubierta de Roger Waters , quien ya sacaba la cabeza a la fuerza por encima del resto de la banda. Narra la vida de una estrella del rock, desde una infancia trágica marcada por la muerte del padre en la Segunda Guerra Mundial hasta una adultez en la que los excesos de la fama están a punto de conducirlo a la locura.

...Tal que así.

Obra oscura y árida donde las haya, The Wall es uno de los trabajos más políticos y explícitos de Pink Floyd, una banda que hasta entonces había trabajado mucho más en la línea de "el arte por el arte" y que sorprendió a todo el mundo al convertirse en el tercer álbum más vendido de todos los tiempos pese a su alto precio al ser doble; y, sobre todo, por ir a contracorriente, al estar la música mundial ya plenamente inmersa en la moda punk. Como ya sabemos, el director Alan Parker realizó una versión cinematográfica. Destacan aquí Hey You, Comfortably Numb, Run Like Hell y especialmente la archiconocida Another Brick in the Wall Part 2, curiosamente todas ellas compuestas a dos manos entre Waters y David Gilmour, que siempre ha tenido un mayor sentido de la comercialidad.

El vídeo de Another Brick in the Wall Part Two, también el single más vendido de Pink Floyd.

En todos los casos hablamos de álbumes conceptuales que no fueron igualmente acogidos por los fans, y que incluso amenazaron con -o directamente lograron- destrozar a los propios grupos desde dentro. Lo mejor que tiene escuchar discos así en la actualidad es comprobar cómo el aficionado a casi cualquier género puede encontrar algo interesante en ellos, desde el jazz y la música clásica a las nuevas músicas, pasando por el pop, las baladas rock y hasta por algo de heavy. Excesos, sí, pero también talento y creatividad. No creo que haya necesidad de que la música actual vuelva a hacer estas cosas, pero tampoco estaría de más que se recuperase algo de aquella magia. Ya veremos qué nos trae el futuro.

miércoles, 25 de enero de 2012

Hevia - TIERRA DE NADIE


1. Busindre Reel (4:37)
2. Naves (4:38)
3. Si la Nieve (5:00)
4. Gaviotes (3:41)
5. El Garrotín (4:36)
6. El Ramu (3:01)
7. La Línea Trazada (3:30)
8. Llaciana (3:26)
9. Sobrepena (4:23)
10. Barganaz (3:32)
11. Añada (4:39)

Uno de los mayores fenómenos en ventas en nuestro país, me atrevería a decir que de todos los tiempos, fue el causado por este audaz lanzamiento del gaitero asturiano José Ángel Hevia, allá por 1998. No es que su propuesta fuese nada del otro mundo (fusionar la música celta con ritmos electrónicos), pero lograr que un disco instrumental venda un millón de copias en España y otro millón en el extranjero no es cualquier cosa. El pequeño milagro mainstream de Hevia se tituló Tierra de nadie, subtitulado en algunas ediciones internacionales como No Man's Land, y creo que su autor puede estar orgulloso de haber colocado este trabajo en el pequeñísimo olimpo de las "músicas no convencionales" españolas que consiguen asomar la cabeza en los auditorios del gran público.

Imagen interior de la carcasa del CD.

Huelga decir que los noventa (la segunda mitad, sobre todo) fueron una época de esplendor para los practicantes de la música celta, que obtuvieron enormes éxitos con álbumes recopilatorios de calidad variable, con músicos de otros ámbitos que hacían aquí sus pinitos o simplemente tomaban prestado y, en fin, con manifestaciones culturales del mundo celta que se extendían al cine en forma de películas tan conocidas como Braveheart, o a espectáculos musicales como Riverdande o Lord of the Dance. Internacionalmente les fue muy bien a vacas sagradas como The Chieftains o Liam O'Flynn, que vivieron una especie de segunda juventud -sobre todo los primeros-. Y en nuestra piel de toro, sobre todo en la zona norte, surgieron importantes figuras que, lejos de desaparecer con el cambio de las modas, parecen haber asentado el folk de la cornisa cantábrica (perdón por este término reduccionista) como una plaza bien fuerte en la música española. Ahí estuvieron dando la cara Carlos Núñez, Luar Na Lubre, el vasco Kepa Junkera, Berrogüetto, Cristina Pato, Javier Paxariño, los imprescindibles Milladoiro y un largo etcétera, más ortodoxos unos, más progresistas otros, supervivientes con la cabeza bien alta la gran mayoría. José Ángel Hevia parece haber quedado opacado últimamente, pero no dudo de que sigue en activo, y es posible que un momento dado vuelva con fuerza a la palestra.

El single Busindre Reel.

Tierra de nadie no fue el primer trabajo de Hevia, sino que ya había publicado otro en 1991 como premio al ganar un concurso de música tradicional. No es un músico que surgiera de la nada para dar el pelotazo de turno, sino que estaba bien curtido desde la infancia en el arte de su instrumento clave: la gaita. No obstante, su gran aportación a la música tradicional es ser co-creador de la gaita electrónica multitímbrica MIDI, una gaita como las de toda la vida, pero que no necesita ser soplada, y cuyo sonido es bastante sofisticado. Para hacer una descripción aproximada, su gaita es lo que una guitarra eléctrica a una acústica. Hevia aprovechó la innovación técnica para crear esta agradable propuesta de música celta hiper-tecnológica, acertando de pleno si entendemos que la gaita MIDI queda bastante mejor en un ambiente apropiado que colocada en un contexto del todo tradicional. Hay que admitir, cosa buena, que los arreglos electrónicos son elegantes y nada excesivos, así que por lo menos yo (que para algunas cosas soy un purista) no pienso quejarme.

Contraportada de la edición internacional.

Muchos de los temas de Tierra de nadie fueron publicados como singles, obteniendo tremendos éxitos incluso en las radiofórmulas más convencionales gracias a sus melodías sencillas y muy dinámicas, tal vez un pelín repetitivas para mi gusto, pero en todo caso acertadas de cara al consumidor medio. Un tema sonó incluso en la Vuelta ciclista a España. Los más conocidos son Busindre Reel y El garrotín, aunque hay algún otro que también nos sonará a todos. Uno de los detalles "cultos" que más me gustan del disco, teniendo en cuenta que tampoco es un trabajo especialmente profundo o sesudo en su conjunto, es la inclusión de pequeños fragmentos de cánticos en asturiano, se diría que cancioncillas salidas directamente de los labios de ancianos de esos pueblos norteños envueltos en nieblas. No tengo claro si son sampleados de archivo o fueron cantados para la ocasión, pero en cualquier caso añaden una capa de tradición que da bastante sabor a la mezcla. De hecho, Hevia ha sido nombrado académico de honor de la Academia de la Llingua Asturiana, que sin duda es un buen motivo de orgullo para el músico.

Edición especial con remixes.

Tampoco hay mucho más que decir, tratándose de un disco tan conocido. Es un álbum importantísimo por su trascendencia comercial y su impacto popular, y aun no siendo totalmente satisfactorio ni para los aficionados a la música celta más auténtica, ni para quienes gusten de algo artísticamente más denso, Tierra de nadie ha envejecido notablemente bien. No suceden muchos fenómenos como este en la música de nuestro país, y aunque solamente fuese por eso, Tierra de nadie y Hevia ya merecerían nuestro más sincero respeto y admiración. Por cierto, es un disco genial para escuchar mientras se conduce. Pero en el coche no hay Spotify.

Vídeo oficial de Busindre Reel.

lunes, 23 de enero de 2012

Música de Vangelis para operaciones de columna.


No es mi intención apuntarme el tanto del hallazgo (podéis ver la fuente original en el blog The Growing Bin, entre los enlaces a la derecha), pero no he podido pasar por alto algo tan rarísimo y sorpresivo como esto. Me he encontrado con que el bueno de Vangelis Papathanassiou, que está por aquí día sí, día no, grabó en 1998 un montón de horas de música para una colección de vídeos sobre cirugía de la columna vertebral. El autor de los vídeos es el Dr. Stergios Tegos, y el músico les aplicó su técnica de composición-interpretación instantánea con resultados atmosféricos, no muy melódicos. La idea fue hacer más llevadero este material técnico tan árido, aburrido y desagradable a los profesionales de la neurocirugía que se empeñen en verlo.

El Dr. Tegos comenta, en los textos que acompañan el pack de vídeos, que pidió a Vangelis 1) un electroencefalograma y 2) música para los vídeos de las operaciones. El músico no accedió al punto 1, pero sí al 2, comentando por su parte unas cuantas cosas sobre la conexión entre la naturaleza, la vida y la música. El doctor intenta también describir la técnica espontánea del compositor mediante términos neurológicos. Los textos han sido escaneados en uno de los archivos que podemos descargar en el blog referido.

Imagen incluida en el estuche de los vídeos.

Según comentan en The Growing Bin (está en inglés), alguien anónimo se ha pasado las navidades haciendo malabares con la edición de los tres vídeos VHS originales para regalarnos esta tremenda cantidad de material desconocido a los seguidores del griego, que para más alegría resulta tener una enorme calidad tanto en la composición como en el sonido. Para que os hagáis una idea, en total hay colgados 35 archivos para descargar, y los que he bajado por el momento están entre los 15 y los 25 minutos cada uno, lo que nos da una idea de lo que hay ahí. La página Vangelis Collector, que hace tiempo ya informaba de la existencia de esta publicación, habla de un total de 12 horacas de música. Completistas, al ataque.

Imagen procedente de Vangelis Collector. Agradecimientos a The Growing Bin.

lunes, 16 de enero de 2012

Steve Hackett - BAY OF KINGS


1. Bay of Kings (4:57)
2. The Journey (4:15)
3. Kim (2:25)
4. Marigold (3:39)
5. St. Elmo's Fire (3:08)
6. Petropolis (2:46)
7. Second Chance (1:59)
8. Cast Adrift (2:15)
9. Horizons (1:47)
10. Black Light (2:32)
11. The Barren Land (3:46)
12. Calmaria (3:23)
13. Time Lapse at Milton Keynes* (3:57)
14. Tales of the Rivebank* (2:02)
15. Skye Boat Song* (1:37)

*Bonustracks incluidos en la reedición del álbum en la discográfica del artista, en 1994.

"...la guitarra acústica es una pequeña orquesta que cobija a otros instrumentos. Pianos, cellos y arpas están escondidos en su interior..."

Texto incluido en la contraportada de la edición en CD.

Bay of Kings (1983) no es el primer álbum de Steve Hackett que comentamos en el blog, pero podría haberlo sido, por su calidad y su carácter único. Se trata del primer álbum completamente instrumental que publicó el ex-guitarrista de Genesis, y posee unas cualidades sonoras sobresalientes que lo convierten en una pieza imprescindible para los amantes de la música "inusual". Ojo, porque Bay of Kings no es un disco hermético o cerrado al público masivo, sino una obra delicada y hermosa que, por su carácter meditativo y centrado en la guitarra, se aleja un poco -que no una barbaridad- de lo que podía esperarse de un músico curtido en el mundo del rock progresivo más clásico. Hackett realizaría después obras geniales en una línea semejante, pero por alguna parte se empieza. Pero... ¿empezó aquí la cosa?

Contraportada del LP original.

¡No! Porque ya estando en Genesis, nada menos que en mítico LP Foxtrot (1972) ya podíamos encontrar una pedazo de joya instrumental titulada Horizons que, pese a su brevedad, adquirió una notoriedad especial dentro del álbum. Todo el mundo, por un motivo u otro, ha escuchado Horizons; y a quien no recuerde dóndem (incluso porque no lo ha hecho), seguramente le parecerá que la conoce igualmente. En varios de sus compases se inspira en una conocida pieza de J. S. Bach, aunque el sabor es genuinamente Hackett. Horizons no falta, en una nueva versión, dentro de este álbum de guitarra que estamos comentando.

Horizons en la versión de Foxtrot.

Cuando lo escuché por primera vez, tuve la impresión de que Bay of Kings era precisamente un álbum recopilatorio, o de versiones instrumentales de temas de este artista, pero  no lo es. Se trata realmente de una aproximación al mundo de la música clásica que supone todo un ejercicio de riesgo y valentía por parte de un músico popular. De hecho, se sabe que este trabajo tuvo problemas a la hora de su publicación, ya que la compañía de Hackett no lo veía batiendo récords de ventas, de modo que el músico, que se negó a alterar el concepto original del álbum, se marchó de la compañía y publicó Bay of Kings en Lamborghini Records, la compañía discográfica del dueño de esta casa de coches de lujo.

Portada original, un retrato de Kim, la esposa de Steve Hackett.

Personalmente, nunca he sido aficionado a escuchar álbumes dedicados a un instrumento solista. Suelen volverse para mí rutinarios, pesados, insufribles según pasan los minutos y el virtuoso de turno sigue dándole al piano o al violín... Pero Bay of Kings es diferente, y no por la minucia de que las guitarras se vean sutilmente acompañadas por sintetizadores ambientales o alguna flauta, sino por el ambiente que logra recrear el autor. Sí, son 45 minutos de un tipo tocando la guitarra acústica, pero ¡qué guitarra! ¡Y qué producción! Se queda uno embelesado con los maravillosos efectos de eco de los temas de Hackett, con la exquisitez de la ejecución y la composición, que exprime al máximo esa calidez especial inherente al instrumento.

Fotografía utilizada en la contraportada del CD.

Los temas son todos maravillas sin parangón, desde los alucinantes Bay of Kings y The Journey con su sabor mediterráneo hasta el ejercicio de música descriptiva titulado St. Elmo's Fire, pasando por la dulzura como de cuento de Second Chance (perteneciente a una serie de televisión); todos perfectos, todos redondos, a la vez sobrios y cautivadores. Es la clase de música que parece emanar de la placidez pura, de la felicidad y la plenitud personal, de los sueños tal vez. Está completo en Spotify, aunque no puede seleccionarse el álbum como lista de reproducción autónoma. Maravilla.


The Journey, en vivo.

jueves, 12 de enero de 2012

Nusrat Fateh Ali Khan / Michael Brook - NIGHT SONG


1. My Heart, My Life (5:30)
2. Intoxicated (7:34)
3. Lament (5:14)
4. My Comfort Remains (6:39)
5. Longing (5:35)
6. Sweet Pain (6:28)
7. Night Song (4:47)
8. Crest (6:14)

Todo en la vida del cantante pakistaní Nusrat Fateh Ali Khan, cuyo ambiente familiar estaba ligado a la música desde hacía siglos, indicaba que su destino era erigirse como fiel defensor de la música religiosa sufí, de la tradición Qawwali. Pese a ser un estudioso, no se quedó en la pura erudición, sino que se unió al "ensemble" familiar y llegó a convertise, no solamente en máxima figura en su género dentro de su región geográfica, sino en un auténtico exportador de las sonoridades de Oriente Medio al resto del mundo. Aunque falleció en 1997, sigue siendo venerado como uno de los mayores mitos que ha dado la conocida como World Music.

Por supuesto, contribuyó mucho a su éxito su carácter abierto, entrañable para sus conocidos, que no se ahogó en purismos culturales o religiosos, sino que le hizo buscar la fusión con otros sonidos. Muchos artistas occidentales contaron con él para amalgamar sus cánticos ultraterrenos con estilos más accesibles en Europa y Estados Unidos, y Night Song (1996) es quizá su trabajo más representativo en este sentido. Unió aquí su buen hacer al del guitarrista y productor Michael Brook, invitados ambos por el sello Real World de Peter Gabriel. Mientras Brook se ocupa en Night Song de la instrumentación y los arreglos (junto a algunos otros invitados que se encargaron de instrumentos étnicos), Khan se limitó a hacer lo que convierte su música en una experiencia inconfundible: dejarse llevar en mitad del cántico, abandonarse en un éxtasis de virtuosismo del que solamente puede salir airoso quien tiene total confianza en su perfección técnica. Las múltiples filigranas que despliega el cantante en sus temas son sobrecogedoras, imposibles de copiar por su complejidad, tal como pueden serlo -a otro nivel- los quejíos del mejor flamenco, o qué sé yo.

Sir Nusrat Fateh Ali Khan y Michael Brook.

En general, Night Song puede considerarse un álbum más orientado a occidente que a oriente, sobre todo porque la voz de Khan es copiosamente arropada entre ritmos y fondos electrónicos de vanguardia. De hecho, hay quienes se quejan de que hasta bien entrado el disco no disfrutamos plenamente de uno de sus arrebatos vocales. El anterior trabajo de ambos en Real World, Mustt Mustt (1990), es algo más ortodoxo, más purista, seguramente porque se buscó un mayor grado de fidelidad al estilo originario de Khan; pero Night Song es más suave, más comercial incluso, si es que preferimos hablar claro. La página oficial de Michael Brook explica que la grabación del álbum se llevó a cabo aprovechando cada rincón de los estudios Real World, no solamente las salas específicas para ello; y que algunos de los músicos que intervienen en los temas fueron "reclutados" sobre la marcha, prácticamente según los veían pasar por allí. La idea era dotar a Night Song de frescura y variedad, aunque Khan tuvo la sabia y ortodoxa idea de contactar con varios poetas de Pakistán para que realizasen las letras de las canciones. Como anécdota, se comenta que el cantante se quedó prendado de los sonidos de un órgano Korg, nada del otro mundo, en detrimento de los instrumentos tradicionales de su banda.

Por destacar algunos temas, yo mencionaría el inicial My Heart, My Life, los muy sofisticados e interesantes Intoxicated y My Comfort Remains, y la poderosa Longing. Aviso: no es fácil escuchar el álbum, ya que no está completo ni en Spotify, donde pueden escucharse los temas sueltos en recopilatorios, ni en YouTube, de donde he rescatado un montaje de fotografías sobre My Heart My Life para que sirva como ejemplo de lo que contiene Night Song, al final de la entrada. Mejor bajárselo o comprarlo (no nos arrepentiremos en el segundo caso). Mencionar por último que se publicó un álbum titulado Star Rise en 1997 con remezclas bastante interesantes de ambos álbumes de Khan y Brook, aunque advierto que no en todas las páginas de Internet donde hay temas colgados tienen claro si son los temas originales o sus remixes.

martes, 10 de enero de 2012

Enigma - 6: A POSTERIORI


1. Eppur Si Muove (3:41)
2. Feel Me Heaven (4:50)
3. Dreaming of Andromeda (4:26)
4. Dancing with Mephisto (4:25)
5. Northern Lights (3:39)
6. Invisible Love (4:55)
7. Message from Io (3:09)
8. Hello and Welcome (5:08)
9. 20.000 Miles Over the Sea (4:23)
10. Sitting on the Moon (4:21)
11. The Alchemist (4:41)
12. Goodbye Milky Way (5:58)

Hace ya bastante tiempo que comentamos el quinto trabajo de Enigma, titulado Voyageur. La verdad es que no pensaba tardar tanto en comentar el sexto, pero me ha venido a la cabeza de pronto, y ya va tocando. A Posteriori (2006) es el primer intento abiertamente cósmico de la formación que lidera Michael Cretu. Su argumento, un pelín difuso, trata sobre la astronomía en general y sobre la futura colisión de la Vía Láctea con la galaxia de Andrómeda. Está dedicado "a todos los visionarios de la raza humana".

Despliegue del libreto.

A Posteriori fue precedido con bastante antelación por un sencillo de escasa repercusión titulado Hello & Welcome lanzado en 2005 para promocionar un combate de boxeo (?), y que es uno de los pocos singles editados por Enigma que no estuvo relacionado directamente con ningún álbum. Fue incluido en A Posteriori de manera quizá algo postiza, aunque remezclado para facilitar el encaje en el contexto del álbum. Se puede escuchar todo el contenido del single en Spotify. A continuación, el vídeo oficial -con el tema original del single- en apoyo del boxeador con pinta de macarra Felix Sturm:


El conjunto del disco me agrada bastante. No es que A Posteriori sea un trabajo imprescindible, ya que se enmarca en los años de decadencia de Cretu y los suyos, pero se siente en él todavía mucha frescura, mucha imaginación y, sobre todo, mucho afán por seguir ampliando los horizontes conceptuales de la formación alemana. Es una obra muy electrónica, alejada casi del todo del etnicismo, el erotismo light y la pseudo-religiosidad de sus primeros discos; sustentada sobre todo en la elaboración de patrones rítmicos por encima de melodías. De hecho, el tema elegido como single promocional, Goodbye Milky Way es una de las canciones más flojas y carentes de chispa en toda la trayectoria del proyecto. Es en esencia un álbum instrumental con algún tramo cantado, aunque sí merece la pena destacar la muy bonita Sitting on the Moon, en la que el propio Cretu se defiende más o menos bien como vocalista tras muchos intentos mediocres en trabajos previos.

Imagen del interior del estuche del CD.

A Posteriori es, sobre todo, un estupendo ejercicio de creación de atmósferas cósmicas, muy actuales y electrizantes, de altísima tecnología (Cretu estrenaba para la ocasión un nuevo estudio móvil con sonido 5.1 llamado Alchemist), perfecto para quienes gustamos de deleitarnos con la nitidez y perfección de la música electrónica de más alta calidad. Es un gran placer para los sentidos dejarse llevar por temas como el inicial Eppur Si Muove ("Y sin embargo, se mueve", como dijera Galileo cuando salvó el cuello ante los inquisidores), Dreaming of Andromeda o Message from Io, aunque en general no se puede decir que el álbum tenga mucho material de relleno. En todo caso, hablaríamos de que hay en él algunos temas más resultones que otros. No falta algún que otro sample clásico.

Trasera del CD.

El sexto álbum de Enigma tuvo también alguna variante en Internet, lanzándose una versión remezclada en iTunes que se tituló A Posteriori Private Lounge Remix, con todos los temas revisados para darles un ambiente más discotequero, más de pub. Se publicó, además, una versión en dvd del álbum original con algún remix añadido e imágenes de acompañamiento. No lo he visto, pero supongo que irá en la línea de otros vídeo-álbumes del grupo, muy dado a este formato desde sus inicios. Por cierto, he encontrado en YouTube algunos vídeos interesantes con una entrevista a Cretu, aquí y aquí.

Portada alternativa (¿De una edición especial? ¿De los remixes?).

Resumiendo, podríamos decir que A Posteriori es un buen disco en la medida en que sigue caminando hacia adelante respecto a lo que Engima había realizado antes, aunque quizá le falte algo de ambición y peque de una cierta desgana en algún momento. No hay en él temas comerciales fuertes que lo catapultasen en su momento al estrellato, con lo que seguramente será siempre uno de los discos menos populares de la formación de Michael Cretu. Y sin embargo, se mueve. En Spotify.

jueves, 5 de enero de 2012

Hans-Joachim Roedelius - WENN DER SÜDWIND WEHT


1. Wenn Der Südwind Weht (4:11)
2. Weinchenwurzeln (5:01)
3. Mein Freund Farouk (4:14)
4. Mutee (4:11)
5. Freudentanz (2:00)
6. Goldregen (1:00)
7. Auf Leisen Sohlen (3:47)
8. Saumpfad (8:30)
9. Sonnengeflecht (3:25)
10. Felix Austria (4:21)

"Cuando sopla el viento del sur" es el poético título del séptimo álbum en solitario de Hans-Joachim Roedelius, ex-componente de los estupendos Cluster. Ya habíamos comentado por aquí Durch Die Wüste (1978), su primer álbum, que es bastante menos accesible que éste y, sin embargo, podría guardar con él alguna clase de extraño parecido que se intuye por sus portadas.

No tengo ni idea de si hay conexión o es pura casualidad, pero de entre los discos de Roedelius que podría haber comentado, me ha gustado ir a por este. Wenn Der Südwind Weht se publicó en 1981, un año relativamente tardío respecto a los mejores embites del krautrock y la Kosmische Musik (música cósmica alemana). Cluster ya había tenido pleno contacto con Brian Eno y había internacionalizado su sonido, y otros clásicos del gremio como Tangerine Dream caminaban ya hacia nuevas etapas algo más prosaicas de su trayectoria. Roedelius parece hacer en este álbum una especie de amalgama entre lo antiguo y lo contemporáneo, ya que Südwind mezcla por un lado la sencillez primitiva, "a pelo" de los primeros tiempos de la música electrónica teutónica -pensemos en álbumes como Autobahn de Kraftwerk- con estructuras musicales menos estáticas, menos basadas en texturas que la música cósmica clásica setentera. 

Hans-Joachim Roedelius

Si en los largos álbumes electrónicos y conceptuales de la década anterior predominaba un afán de buscar el trance, la sutil progresión a través de piezas de veintitantos minutos de duración, en Südwind se aprecia que Roedelius seguía considerando a su banda Cluster como su mayor inspiración, amén del trabajo de otros artistas como los músicos ambientales y new age norteamericanos, e incluso álbumes de moda como Oxygene. Tanto Cluster como Jarre y los antes mencionados Kraftwerk solían decantarse más por las piezas cortas e intensas que por los largos desarrollos, y Roedelius mantiene estas ideas a comienzos de los ochenta, utilizando toda la sabiduría tecnológica de que disponía para lograr un álbum maravilloso y, sobre todo, comprensible para un público masivo.

Los temas de Wenn Der Südwind Weht son como pequeños paseos en un tiovivo, luminosos, divertidos y soñadores, con una transparencia cristalina y una belleza naïf que parecen renunciar al experimentalismo en favor del puro disfrute sensorial. Añade Roedelius a cada corte la dosis necesaria de distorsión, de "lijado" para que los sonidos no sean estridentes, sino dulces y sinuosos, amén de un poco retro. Se nota que entre Cluster y Eno se intercambiaron muy buenos consejos. Cada tema del álbum es una exquisitez en sí mismo, pero personalmente me he dejado cautivar por la imaginativa Auf Leisen Sohlen y Felix Austria, que en sus compases esconde un alma de vals. Otras piezas como Mutee o Sonnengeflecht nos hacen pensar, entusiasmados, en lo mucho que estas obras electrónicas han influido (directa o indirectamente) en la música vanguardista y electrónica actual. Un disco no muy conocido, pero excelente a todos los niveles y muy muy optimista. Vale la pena descubrirlo y disfrutarlo. En Spotify. Debajo, el tema homónimo del álbum montado sobre bonitas imágenes de archivo en B/N.

lunes, 2 de enero de 2012

Lisa Gerrard / Patrick Cassidy - IMMORTAL MEMORY


1. The Song of Amergin (5:27)
2. Marantha (Come Lord) (3:43)
3. Amergin's Invocation (6:19)
4. Elegy (6:41)
5. Sailing to Byzantium (5:04)
6. Abwoon (Our Father) (4:12)
7. Immortal Memory (4:28)
8. Paradise Lost (7:03)
9. I Asked for Love (5:00)
10. Psallit in Aure Dei (9:01)

Superadas ya las chorradillas de la última entrada, vamos con algo muy serio. Muy muy serio. Se trata de Immortal Memory (2004), álbum de la ex-componente de Dead Can Dance Lisa Gerrard y el compositor Patrick Cassidy.

En primer lugar, dejaremos claro que no se trata de un álbum fácil de escuchar, aunque tampoco es una de esas obras opacas para los muy expertos que asustan un poco al neófito. Immortal Memory es un disco oscurantista, tan solemne que llega a sonar casi funerario de no ser por algunos momentos épicos que nos transportan a una especie de Edad Media mítica de guerreros y batallas entre las nieblas del norte de Europa. Gerrard y Cassidy se conocieron más o menos en la época en que la primera intervenía en la banda sonora de Gladiator (2000). Quienes recordéis esa película, probablemente recordaréis también su banda sonora, obra bastante representativa del chunda-chunda de Hans Zimmer de no ser por la inusual abundancia en ella de cortes mucho más íntimos, sorprendentemente delicados, en los que Lisa Gerrard puso voz y también algo más de espíritu que el que tuvieron todas aquellas fanfarrias de Zimmer, calcadas de clásicos unas, pedestres otras. 

Lisa Gerrard

Immortal Memory podría entenderse, a modo meramente descriptivo, como una profundización en ese ambiente de la parte espiritual de Gladiator, aunque el compañero bloguero Faustinger explicaba en su excelente página Nuevas Músicas que tuvo como impulso inicial un encargo de Mel Gibson para La Pasión de Cristo que no llegó a cuajar. Es muy probable, teniendo en cuenta las letras en arameo de algún pasaje; y considerando que el álbum fue promocionado por sus autores como una narración musical cíclica sobre el nacimiento, la muerte y la vuelta a la vida.

Lo cierto es que, si en los mejores trabajos de Dead Can Dance nos sumergíamos en atmósferas góticas intemporales, vanguardistas incluso, en Immortal Memory nos recreamos en algo más "de época", quizá menos telúrico, pero de un calado igualmente hondo. Ayuda bastante el que Patrick Cassidy (a quien no debemos dejar en segundo plano) se haya especializado en crear melodías pseudo-medievales que han funcionado bien en algunas películas de éxito más o menos recientes. La excepción podría ser el primer tema del álbum, The Song of Amergin, que podría encajar perfectamente con algún desolado paisaje post-apocalíptico con tanta facilidad como en un episodio de la leyenda artúrica. Su tuétano es celta (Amergin era un druida, uno de los primeros patriarcas del pueblo irlandés), pero el resto es digno del paisajismo gótico inexplicable que ha hecho famosa a la Gerrard, así como de su capacidad para mimetizarse con diferentes estilos étnicos que hace suyos sin dificultades.

Portada alternativa.

Hay algún momento no tan sobrio en Immortal Memory, como las más bien marciales Amergin's Invocation y  Sailing to Byzantium, pero el núcleo duro del álbum está encarnado en sus invocaciones y cánticos elegíacos, entre los que destacan entre otros el "gladiatoriano" Abwoon y el etéreo Paradise Lost

No recomendaría Immortal Memory a personas con tendencia a la depresión, pero sí a quienes nos gusta retirarnos con la imaginación a lugares remotos que, más allá de paisajes, personas o hechos concretos, están asociados con una emoción imposible de reproducir en el mundanal ruido del presente. Estaríamos hablando casi de un cuadro impresionista casi perfecto, de no ser porque la música, cuando suena sin el acompañamiento de la voz solista, revela su naturaleza algo más artificial de lo deseable, demasiado "soundtrack" muchas veces, demasiado sintética y descafeinada otras. Habría funcionado todo mucho mejor si Gerrard y Cassidy hubiesen contado con una verdadera orquesta sinfónica para sus pasajes más clasicistas, porque en algún momento se ve el cartón. Aun así, creo que es un trabajo recomendable que posee muchas más virtudes que defectos, y con un nivel musical lo bastante alto como para empezar el año en buena forma. En Spotify.

Video-montaje amateur sobre el tema Immortal Memory.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...