domingo, 29 de mayo de 2011

Moby - DESTROYED


1. The Broken Places (4:10)
2. Be the One (3:29)
3. Sevastopol (4:20)
4. The Low Hum (4:13)
5. Rockets (4:47)
6. The Day (4:32)
7. Lie Down in Darkness (4:25)
8. Victoria Lucas (5:54)
9. After (5:29)
10. Blue Moon (3:30)
11. The Right Thing (4:25)
12. Stella Maris (5:13)
13. The Violent Bear It Away (6:50)
14. Lacrimae (8:05)
15. When You're Old (2:18)

Acaba de salir a la venta el nuevo disco de Moby, titulado Destroyed, bastante tiempo después de que se hiciese popular en la red de redes el EP Be the One, adelanto gratuito del álbum. Richard Melville Hall, que lleva una década aglutinando en su persona las facetas -casi siempre incompatibles- del compositor espiritual y del ídolo del pop superventas-amigo-de-las-estrellas-de-Hollywood, regresa con un trabajo muy ambiental, muy chill, que ya llena cualquier búsqueda en Google de críticas variopintas.

Como no me gusta guiarme por lo que cuentan otras, empezaré con los hechos objetivos. Destroyed viene acompañado de un libro con fotografías de Moby sobre su última gira, convirtiendo el conjunto en una especie de crónica de lo que siente y vive un artista que se recorre el mundo a gran velocidad y en poco tiempo. Ahí están esas fotos de asépticos corredores de estaciones de metro y aeropuertos con luz artificial que sirven de arte conceptual al álbum y sus singles. Moby declara, además, que los temas de Destroyed son fruto de las ideas que se le ocurrían durante largas noches de insomnio.

Moby

La crítica: Destroyed, si bien demuestra que Moby sigue siendo capaz de grandes cosas, me ha resultado muy aburrido. Vaya por delante que escucho ambient habitualmente, y este mismo blog anda plagado de trabajos del género al que he puesto por la nubes; pero creo que Moby todavía no ha sido capaz de lograr una profundidad tal en sus composiciones que logre mantengan atentos pese a su estatismo genérico, como sí consigue el eterno referente Brian Eno. Moby, cuyo estilo (al menos bajo este seudónimo) siempre se ha caracterizado por su uso de sampleados R&B, electrónica casi bailable y algún toque guitarrero y de piano, se ha puesto demasiado cómodas sus zapatillas de ingeniero y ha ido perdiendo progresivamente la frescura de su obra maestra Play (1999), alucinante lección de imaginación e inmediatez. Desde entonces, y ya desde su todavía estupendo 18 (2002) se ha ido escudando en temas pop interesantes lanzados como singles-gancho para asegurarse las ventas, mientras que el resto de temas de cada trabajo, salvo honrosas excepciones, han caído un poco en lo repetitivo, en esquemas para él conservadores que los hacen llevaderos y bonitos, que no geniales.

Portadas del EP Be the One y del single The Day.

Destroyed es el culmen de todo ello, seguramente el fin de una etapa, y Moby deberá plantearse cómo continuar con su carrera. Sus sampleados tienen cada vez menos gancho -algunos parecen cánticos new age al estilo ERA-, su piano suena apagado y sus arreglos orquestales tipo banda sonora de peli de acción (por ejemplo, en After) cualquier cosa menos originales. Ni siquiera el correspondiente single pop The Day tiene demasiada gracia, quedando a mil millas de la divertida We Are All Made of Stars. Sí que hay cosas muy loables en Destroyed, como la pegadiza Be the One y su voz robotizada con vocoder; la sublime Stella Maris, otra demostración del cristianismo extrovertido del compositor que, de no ser por una sutil producción electrónica, suena casi como una obra auténtica de música sacra; y Lacrimae, una buena idea que quizá se prolonga más de lo necesario. Pero el grueso de temas contenidos en Destroyed es una serie de melodías no muy inspiradas, repetidas hasta la saciedad y con fondos new age un poco cargantes que no los alejan del maniqueísmo.

Vídeo oficial de The Day.

Es casi como si Destroyed fuese para Moby un homenaje a sí mismo en clave "relax". Desde luego, como música para ambientar una lectura o una conversación es estupendo, pero le falta tanto la cualidad estremecedora y envolvente del buen ambient como... como eso que no se puede describir y que era simplemente mágico en Play, el disco con el que, para bien o para mal, cualquier obra posterior de Moby sigue siendo comparada. En Spotify. Aquí, Lacrimae:

jueves, 26 de mayo de 2011

Vangelis - OPERA SAUVAGE


1. Hymne (2:40)
2. Rêve (12:26)
3. L'Enfant (4:57)
4. Mouettes (2:28)
5. Chromatique (3:25)
6. Irlande (4:43)
7. Flamants Roses (11:50)

Opera Sauvage es el álbum que Vangelis Papathanassiou publicó en 1979 como banda sonora original de un documental de Frederic Rossif para la televisión francesa. El documental no estaba exclusivamente dedicado a la vida animal como otras obras de Rossif, sino que también se centraba en la exploración de ambientes y culturas exóticas, con lo que la música del griego también sonaría de una manera algo distinta de otros trabajos compuestos anteriormente para el documentalista como L'Apocalypse des Animaux (1973) o La Fête Sauvage (1976).

Vangelis

Opera Sauvage es un disco enormemente melódico, quizá el de carácter más "romántico" en la carrera de Vangelis, y contiene algunos de sus temas más conocidos, de los que nunca faltan en recopilaciones y de los que existe una multitud de versiones. Encabeza el ranking de popularidad Hymne, un himno en la más amplia acepción del término que el propio músico versionó con unos impresionantes coros en los noventa, publicándose esta nueva variación clasicista en el fabuloso recopilatorio Portraits (1996). Pero el tema original tiene vida propia, brillante en su sencillez y grandilocuencia. Hay mucha gente que lo ha utilizado como himno nupcial el día de su boda. Prácticamente podríamos decir que Hymne es el título que mejor puede definir el estilo de Vangelis de cara a quien queramos poner un ejemplo. El otro gran tema de Opera Sauvage, en fama al menos, es L'Enfant. Además de que tiene su propia pléyade de versiones, este corte alcanzó bastante difusión gracias a su uso en la película El año que vivimos peligrosamente (Peter Weir, 1982), que eclipsó en buena medida la banda sonora original de Maurice Jarre. L'Enfant es una composición tan sencilla como Hymne o incluso más, aunque tiene un tono misteriosamente vivaracho e impredecible, vivaracho casi, que le quita algo de plomo al carácter solemne impuesto por la otra pieza.

Vangelis reinventa Hymne en su concierto de Rotterdam de 1991.

Nada desdeñable es Chromatique, un corte con arreglos de guitarra que se mueve en una melodía con vaivén, muy onírica y sensual. Vangelis la dota, además, de interesantes efectos sonoros que le añaden valor "cromático" más allá de su teórica simplicidad. Y la breve pero bellísima Mouettes ("Gaviotas") resulta imprescindible por su delicadeza avasalladora, cercana en su ambientalismo a algún momento de L'Apocalypse des Animaux, un trabajo que pertenece -visto con distancia- a otro momento creativo de la evolución del compositor. En cuanto a Irlande, con sus campanadas entre la niebla, se trata de un tema quizá demasiado manierista, bonito pero falto de algo más de chispa.

Contraportada del libreto del CD.

Dejo para el final los dos cortes largos de Opera Sauvage: Rêve ("Sueño") se trata de un tema planeador de atmósfera meditabunda y casi jazzística en varios matices, nunca demasiado épico ni fanfarrón, nunca demasiado snob en su discreción. Llega a transmitir sensaciones parecidas a las que despierta el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, tal vez porque en ambos temas está presente la placidez del sueño como hilo conductor. Por su parte, Flamants Roses ("flamencos rosas") resulta exquisito con sus delicadas cortinillas cristalinas y con un desarrollo colorista lleno de imaginación que recrea perfectamente alguna clase de paisaje exótico. Su zona media es mucho más épica, aunque no rompe la estética del conjunto sino que le añade intensidad, consiguiendo darle casi un aire de poema sinfónico o de música programática. El Vangelis percusionista (que también lo es, no solamente teclista) se recrea en los efectos a lo largo de toda la pieza, y el eterno amigo Jon Anderson se encarga de tocar el arpa en toda la pieza. Aquí no canta.

Si hay que definir Opera Sauvage en términos generales, más allá de su gusto por lo romántico, hay que hablar de su sencillez. Vangelis logra ambientes sonoros impresionantes mediante el uso de unos pocos sonidos de sintetizador (su mítico Yamaha) y piano, amén de las ya mencionadas percusiones y algún efecto sonoro aislado; pero no estamos hablando de un disco especialmente complejo en lo técnico, si lo comparamos con otras obras anteriores del griego. Más bien parece que Vangelis confía tanto en sus dotes como compositor que se arriesga a apoyarlo todo sobre la perfección de sus melodías. De alguna manera, Opera Sauvage ha dejado atrás los experimentos cósmicos y orquestales respectivos de Albedo 0.39 y Heaven and Hell, así como el carácter furiosamente electrónico de Spiral y las extrañezas del improvisado Beaubourg y del inclasificable See You Later, de cara a adoptar una personalidad compositiva más clasicista. A la misma hornada de Opera Sauvage pertenece su también loable China, e incluso su mitológico Chariots of Fire, cuya segunda cara bebe abundantemente de las fuentes del disco que nos ocupa. Por cierto, en la película -y no en su banda sonora oficial, ojo- hay otra versión de Hymne durante una de sus famosas carreras a cámara lenta. En fin, que estamos ante otro de esos discos de cabecera, incuestionables e inigualados, de los amantes de la new age (entiéndase ésta en sentido muy muy amplio) y la electrónica de los setenta.

martes, 24 de mayo de 2011

ORGAN²/ASLSP, de John Cage

El órgano. Imagen extraída de la web oficial del proyecto.

Recomiendo que se lea hasta el final. Y que luego se opine también estaría bien.

Si el título ya desconcierta, cuando hablemos de la obra os vais a enterar de lo que vale un peine. Muy necesario es, en este caso más que en otros, conocer a la figura del compositor para comprender sus intenciones. John Cage, filósofo y micólogo (recolector de setas) entre otras cosas, es uno de los músicos clásicos estadounidenses más populares del pasado siglo, a pesar de que su obra se enmarca dentro de las vanguardias musicales en teoría más "inaccesibles" de aquellos años de desengaño tras la 2ª Guerra Mundial. Cage tuvo muy en cuenta para la formación de su estilo lo que hacían gente como Arnold Schoenberg, aunque desarrolló su propia teoría músico-filosófica, que se conoce como "música aleatoria".

La música aleatoria es aquella en la que hay multitud de elementos, algunos no estrictamente musicales, que forman parte de la obra y que tienen un carácter único e irrepetible por tener cabida en el momento preciso de la interpretación. Por poner un ejemplo que se comprenda fácilmente, decir que la obra seguramente más representativa de John Cage es 4'33''. Esta pieza consiste en una interpretación con cualquier instrumento o conjunto por parte de un intérprete, cuya única condición es que debe estar sin tocar una sola nota durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. Los músicos suelen quedarse mirando el teclado todo ese tiempo, a veces abriendo o cerrando la tapa del teclado para señalar cuando empiezan o acaban los tres movimientos de la obra. Por supuesto, mucha gente opina que esto no es música. Sin embargo, las intenciones de Cage son otras: para él, la esencia de la pieza artística es todo lo que se escucha en el ambiente mientras transcurren esos 4:33 minutos, desde las toses lejanas del público al sonido del tráfico o los pájaros si la obra se interpreta al aire libre. Rupturista a más no poder, acusado incluso de ser "antimúsica". La aleatoriedad de la obra la define, siguiendo Cage con su particular visión del mundo la filosofía del I Ching y la consideración del universo como caos.

John Cage (Copyright: John Cage Trust)

Pues bien, ASLSP (1985), que viene de As Slow As Possible -"Tan lento como sea posible"- es como se titula la obra más ambiciosa de John Cage, y ríete de lo que uno consideraba ambicioso. Se inspira en un escrito de Michael Praetorius, un compositor del siglo XVI que afirmaba que se había construido un órgano en la catedral de Halberstadt en 1361 cuya variedad de notas posibles se mantuvo en todos los teclados hasta la actualidad. Si restamos esa fecha al año 2000, que los seguidores de Cage debieron tomar como significativa por todo aquel asunto del milenio, nos sale un número: 639. Exactamente los años que dura en teoría la interpretación íntegra de ASLSP. No has leído mal, amigo melómano. Estamos hablando de una obra musical de seis siglos y pico de duración que a día de hoy se sigue tocando ininterrumpidamente en una iglesia de Alemania llamada St. Burchardi, gracias a una fundación dedicada a que el órgano construido específicamente para la pieza siga en buen estado y sonando gracias a un sistema de pesos que mantienen los pedales y teclas pulsados, generando notas que se mantienen estáticas durante años. En agosto de este año comenzará a sonar una nueva nota, y toda la obra terminará de sonar en el año 2640.

¿Y para qué este invento? Tenemos que tener en cuenta que John Cage compuso la obra para piano, y para que durase unas veinte horas y pico, aunque su idea era la que ahora se está poniendo en práctica. Quizá ASLSP siga sonando mientras el ser humano pone el pie en Marte, en Venus y quién sabe dónde más; cuando el orden mundial sea quizás totalmente distinto del actual, y hayan caído y surgido nuevos y desconocidos imperios; cuando la concepción que la Humanidad tiene del arte haya podido evolucionar hacia ámbitos que hoy nos son incomprensibles. Porque ASLSP es una vara de medir de toda nuestra civilización, y el hecho de que la última nota llegue a sonar en ese lejanísimo siglo veintisiete será la prueba irrefutable de que no solamente hemos sobrevivido, sino de que nuestra especie ha sido capaz de mantener vivo algo tan frágil como es el arte. Y todo lo que suene en el mundo mientras el órgano se mantenga en marcha, ya sean cantos de paz o cañonazos, formará parte de la aleatoriedad de ASLSP.

Iglesia de St. Burchardi, hoy dedicada casi en exclusiva a la pieza de John Cage.

Existe una grabación de ASLSP de unas quince horas de duración a cargo de una tal Diane Luchese en la Universidad de Townson, que mantiene la proporcionalidad de la obra original y Joe Drew planea una versión de dos días enteros. Pero esto nada tiene que ver con lo que podemos escuchar en la página web oficial del proyecto de Alemania. Pinchando aquí, y luego en el pequeño reproductor de arriba a la izquierda. Los pelos como escarpias.

jueves, 19 de mayo de 2011

Mike Oldfield - CRISES


1. Crises (20:40)
2. Moonlight Shadow (3:34)
3. In High Places (3:33)
4. Foreign Affair (3:53)
5. Taurus 3 (2:25)
6. Shadow on the Wall (3:09)

Mare Crisium o Mar de las Crisis es el nombre que recibe una amplia zona de la Luna, más o menos con la extensión de Gran Bretaña, y que puede observarse perfectamente desde la Tierra. También es el nombre que el artista Terry Ilott puso a uno de los cuadros que pintó en 1978 para una edición ilustrada de la novela clásica de ciencia-ficción El mundo sumergido, de J. G. Ballard. No parece que aquella edición fuese finalmente publicada, o al menos no con las ilustraciones de Ilott, pero desde luego éstas fueron lo suficientemente atractivas para que el músico Mike Oldfield se comprase una. Sea of Crises muestra un edificio en medio de un mar verde, con una luna enorme -también verde- sobre él. Oldfield, inspirado por el título del cuadro que compró, tituló Crises a su álbum de 1983 y lo puso en la portada. Se añadió además una figura humana que observa la alineación del edificio y la luna desde una esquina, en una especie de paseo marítimo; y en la contraportada se puede leer la frase "The watcher and the tower, waiting hour by hour", o "El vigilante y la torre, esperando hora tras hora". Por cierto, una ventana del piso superior del edificio tiene una luz encendida. ¿Enigmático?

¿Enigmático?

No es tan enigmático el disco de Oldfield, ya que funciona perfectamente como puente entre lo que venía haciendo desde finales de los setenta y lo que iba a hacer en el resto de los ochenta, mostrando una vez más esa evolución tan lógica y precisa que caracteriza la carrera del compositor. Crises mezcla el rock progresivo instrumental y accesible de QE2 (1980) y Five Miles Out (1982) con una serie de contenidos pop que emparentarían con los posteriores trabajos Discovery (1984) e Islands (1987). El formato de canción "convencional" va ganando terreno en este trabajo, frente a la presencia casi anecdótica de Family Man en Five Miles Out, aunque Oldfield se sigue reservando un espacio notable para su suite larga correspondiente, en la primera cara del LP.

Díptico interior del libreto promocional del tour de Crises, con los cuadros de Ilott.

Crises, el tema largo que da título al álbum, está compuesto por varios tramos bastante diferenciados, comenzando por un auto-homenaje por el décimo aniversario de Tubular Bells con arreglos grandilocuentes en la línea del Chariots of Fire de Vangelis, para continuar después con una serie de movimientos que podrían calificarse de heavy-metal-Oldfield, con guitarras potentes y efectos sonoros de sirenas policiales y cristales rotos. El propio Mike recita más que canta unas cuantas frases. La segunda mitad del tema se estructura mediante una melodía minimalista, la misma con la que comienza el corte, aunque tratada con diferentes fondos que van evolucionando in crescendo hacia un gran clímax final. Es uno de los mejores instrumentales que Mike Oldfield compuso en los ochenta, igualado para mi gusto por Taurus II y solamente superado por el inefable Amarok (1990), que es para echarle de comer aparte. Creo que Crises es una de las composiciones que demuestran el hecho de que Oldfield fue un adelantado a su tiempo, ya que la producción y el tono casi de "techno industrial" de algunos fragmentos es más propia de los noventa que del '83.

Portada de los singles Moonlight Shadow y Shadow on the Wall.

La parte más conocida del álbum comienza con su segunda cara y el greatest hit Moonlight Shadow, que es indiscutiblemente el tema vocal más famoso de Mike Oldfield, su segunda obra en cuanto a popularidad tras los compases iniciales de Tubular Bells y, no sé si por extensión o únicamente porque sí, una de las diez o doce canciones que primero recuerda cualquiera de aquella década. A ver quién es el guapo que lo niega. Yo mismo conozco Moonlight Shadow desde que tenía cinco o seis años, sin tener ni idea de quién era Mike, y para mí fue un shock descubrir que aquella canción tan bonita de mi infancia era obra del mismo tío que, allá por 1994, publicó The Songs of Distant Earth, primer álbum suyo que tuve. Moonlight Shadow (que se entendió como tributo a John Lennon, pese a inspirarse en el mago Harry Houdini) es la culpable directa de mi afición -casi fanatismo durante un tiempo- por la música del versátil Oldfield. Maggie Reilly, cantante oficial del músico en esta época, contribuye también con su voz a la mucho más aburrida e insulsa Foreign Affair, un tema que en mi humilde opinión es puro material de relleno. Jon Anderson, que no necesita presentaciones, puso voz a la interesante In High Places, de lo mejor del disco por su atmósfera prog-rock soñadora. El último tema vocal de Crises es Shadow on the Wall, una canción rock bastante macarra pero de gran calidad, cantada por Roger Chapman y con un sonido espectacular.

Vídeo oficial de Moonlight Shadow, muy bonito pero un pelín confuso.

El de Shadow on the Wall también mola.

Me dejo para el final Taurus 3, una miniatura instrumental medio disimulada entre las canciones. Comienza maravillosamente con una melodía de guitarra española, aunque acaba pasada de vueltas en su folclorismo de peineta y tarde de toros, con un zapateado muy muy estridente. Tampoco termino de entender por qué lleva el título "Tauro" (signo del zodiaco de Oldfield) si no tiene absolutamente nada que ver con el Taurus I de QE2 y el Taurus II de Five Miles Out, temas que a su vez sí estaban muy emparentados. Por cierto, la versión americana de Crises contó con la canción Mistake incluida en la primera cara del disco, que allí contenía las canciones.

Contraportada del LP.

En general, Crises no suele contarse entre los discos favoritos de los aficionados a Mike Oldfield pese a sus grandes cifras de ventas (número 1 en Europa) y al éxito arrollador de Moonlight Shadow, quizá porque su principal baza de cara a los fans, el tema largo de la cara A, es relativamente tributario de Tubular Bells (hubo incluso un gran concierto en el estadio de Wembley para celebrar el aniversario de la campana y presentar Crises); y seguramente también porque cada día estaba más clara la presión a la que se sometía al músico por parte de la discográfica Virgin para que hiciese temas pop radiables. Seguramente hubo quien pensó que Crises sería el principio del fin del gran Oldfield épico de los setenta, un compositor tan libre e innovador que había dado vértigo, y por eso debió ser un trabajo recibido con sensaciones agridulces por mucha gente. Discovery, un año más tarde, imagino que fue la puntilla. Visto todo ello con distancia, no obstante, me sigue maravillando que aquel muchacho de menos de treinta años fuese capaz de crear cosas así de distintas y unirlas en un sólo álbum.

Me grabaron en cinta Crises hará unos quince años, y lo escuché tantas veces que terminé por aborrecerlo. Ahora me vuelvo a sentir capaz de quitarle el polvo. Así comienza Crises:

martes, 17 de mayo de 2011

Nino Rota - AMARCORD



1. Amarcord (2:05)
2. La fogaraccia (2:14)
4. Lo struscio quel motivetto che mi piace tanto (0:42)
Stormy Weather (0:40)
La cucaracha (0:23)
6. Gary Cooper (1:19)
8. Sibonei (2:05)

Se quejan muchos aficionados al cine, y seguramente con razón, de que el moderno cine italiano tiende a ser ultraconservador, demasiado anclado en tiempos pasados, como si el dominio absoluto del régimen allí vigente forzase de algún modo a los cineastas a sonreír con nostalgia al recordar los tiempos del fascismo cutre y a ensalzarlos veladamente. Para alguien que no tenga ni idea de quién fue Federico Fellini, esto es igualmente válido; y si escuchamos a la ligera esta banda sonora de su clásico Amarcord (1973) podemos tener una impresión parecida. Ambas serían visiones equivocadas sobre lo que superficialmente puede parecer una "italianada".

Nino Rota, en una de sus fotografías más difundidas.

Como este blog no versa sobre cine y realizar una definición breve del estilo felliniano es muy difícil, basta con decir que la obra del más famoso director italiano de todos los tiempos se caracteriza por su mezcla de costumbrismo y surrealismo, todo ello con una potente carga de exotismo y colorido tonal que convirtió al compositor Nino Rota en el perfecto acompañante musical. Rota, músico de formación académica, supo adaptar su talento a los tiempos que corrían en lo cinematográfico con el estallido de un nuevo cine europeo -como contrapunto artístico frente al más estereotipado de Hollywood-, sembrando sus partituras de un sabor popular, casi de vodevil folclórico, que pese a su aparente simplicidad en la producción y las orquestaciones ocultaba la labor de un compositor en la gran tradición de la música clásica del cine.

Trailer americano de la película. Incluye fragmentos de su música.

Amarcord ("Me acuerdo"), además de poseer elementos autobiográficos de Fellini, puede entenderse como una de las películas más representativas de su peculiar estilo, y también del de Nino Rota. Ahí tenemos ese tema principal ardorosamente melódico y sensual, mezcla de nostalgia y ensueño, como si despertase en nosotros recuerdos que -tal y como sucede en la propia película- son tanto realidades pasadas como productos de la imaginación. Gran parte de la banda sonora se cimenta en este tema principal, como en el elegante corte titulado La gradisca e il principe, en el que se convierte en un vals; en Danzando nella nebbia, donde parece sonar de manos de una banda de jazz de club nocturno; o en Gary Cooper, con una maravillosa versión al piano en su conclusión. También podríamos concluir que el tema titulado simplemente Amarcord está asociado directamente con ese personaje de la chica guapa del pueblo donde se desarrolla la trama, conocida como la Gradisca, que aspira a casarse con un príncipe y es objeto de admiración por parte de los muchachos. No obstante, la mayor parte de los temas posee un alma de festejo a la italiana, de los que se celebran en la plaza con una modesta banda tocando mientras la gente baila. Incluso puede apreciarse algún matiz circense y travieso en sorpresas como su versión de La cucaracha.


Dos carteles de Amarcord.

Lo que está claro es que Nino Rota consigue dotar a su música de ese aura de "amable esperpento" que es la película Amarcord, y como las carnosas ninfas que pueblan las casas de la villa donde se desarrolla la trama, sus melodías se desarrollan sinuosamente entre múltiples instrumentaciones de lo más variopinto, con abundantes trompetas y trombones, e incluso algún sencillo acordeón, como en Le manine di primavera. Resumiendo, se trata de una obra muy cortita, de menos de treinta minutos, que sin embargo resulta plenamente satisfactoria por la variedad de melodías y ambientes que recrea. Un buen ejercicio puede ser comparar este luminoso y optimista ejercicio de Amarcord con el bastante más agrio de las famosas partituras para la saga El Padrino, también de Nino Rota. No es una simple cuestión de recrear el folclore italiano; es una cuestión de administrarlo con sutileza y sacarle partido inteligentemente.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Otro recopilatorio de Jarre... ¿Otro?


El próximo 30 de mayo sale a la venta Essentials & Rarities, una nueva antología del músico electrónico francés cuyo mayor atractivo es el de alejarse notablemente de otras colecciones publicadas anteriormente sobre su obra. Contendrá dos CDs, el primero con una selección de grandes éxitos más o menos al uso (con alguna inclusión extraña, en todo caso, como Arpegiateur y algunos temas relativamente recientes), y el segundo con una selección bastante representativa de lo que el músico realizó antes del éxito de Oxygene y su catapulta hacia la fama mundial.

Jarre presenta el recopilatorio, justo antes de su partida de petanca.

Según explica Jean Michel Jarre en el vídeo de arriba, Essentials contiene temas relacionados de algún modo con el fallecido Francis Dreyfus, amigo del músico y dueño de su discográfica de toda la vida, Disques Dreyfus. Por su parte, los temas de Rarities muestran lo que Jarre hacía en el Centro de Investigación Musical de Pierre Schaeffer a finales de los sesenta, amén de temas diversos de sus dos primeros álbumes Deserted Palace y la banda sonora de la película Les Granges Brûlées. Me parece evidente que el interés reside sobre todo en el segundo disco, especialmente por la feliz idea de incluir los míticos La Cage y Erosmachine, ambos del primer single publicado por Jarre y objetos de gran devoción entre los entendidos; todo ello remasterizado con la tecnología actual para una mejora del sonido que no creo que decepcione.

Imágenes en la contraportada. ¿Cuál de las dos parece una auténtica portada?

Comenta Jarre que la publicación conjunta de ambas selecciones responde a su deseo de hacer ver cómo su propósito de toda la vida ha sido el de aunar música experimental con música popular, y debo admitir que la idea no es mala. Por poner una pega, únicamente decir que el CD Essentials -dejando a un lado el tributo a Dreyfus- no supone una gran novedad respecto a otros recopilatorios de Jarre anteriores.

Vista trasera de Rarities, en su edición en vinilo.

No obstante, se trata de una edición limitada. Por las imágenes que aparecen en la contraportada del estuche, deduzco que Rarities se seguirá vendiendo más adelante, mientras que Essentials es el "añadido". La lista de temas, en el blog amigo Oxygeneration.

martes, 10 de mayo de 2011

Wim Mertens - EDUCES ME


1. A Visiting Card (6:58)
2. The Fosse (7:54)
3. No Plans No Projects (5:20)
4. When the Line Grows Thick (5:17)
5. Usura (2:40)
6. Educes Me (16:42)

Habría que coger la -s final de Mertens y añadirla a la siguiente palabra para entender el título de este álbum: "Wim Mertens me seduce". Y sí que me seduce con trabajos tan emblemáticos como Educes Me (1988), un trabajo de los que mejor definen la labor del músico belga; un disco de los que le han puesto donde está.

Contraportada de la edición en vinilo.

Wim Mertens es, como todos sabemos, uno de los principales artífices de eso que de forma un poco vaga entendemos como minimalismo, y que es una rama de la música clásica contemporánea que, con los años, ha terminado -para bien, sin duda- arraigando como estilo en sí mismo que en muchos casos emparenta con la música popular. Con la clásica del siglo XX suele levantarse cierta polvareda a la hora de acercarse a públicos amplios. No pienso que los artistas estén ahí para echar carnaza a los pesebres del mainstream cutre, pero quienes hemos tenido oportunidad de escuchar detenidamente algunos trabajos definitorios de la gran música académica de nuestro tiempo admitimos que muy a menudo queda lejos de lo que el hombre de a pie consigue digerir. El minimalismo no surge en absoluto como forma de aproximación al público en el momento de su génesis, pero desde luego hay que admitir como un hecho obvio el que las obras de Steve Reich o Terry Riley poco tienen que hacer al lado de las de Mertens a la hora de entusiasmar a audiencias heterogéneas. Mertens ha logrado depurar una forma de hacer música que, más allá de adscripciones e ismos, llega perfectamente a aficionados a la música que tengan una mínima inquietud por escuchar cosas nuevas, y de ello dan testimonio los auditorios abarrotados que le reciben en cada uno de sus frecuentes conciertos, por ejemplo aquí en España. Si su música fuese un poco mejor promocionada por los mejores medios informativos actuales, se estarían tendiendo puentes inquebrantables hacia un nuevo gusto musical entre el público masivo.

When the Line Grows Thick, en vivo.

Educes Me no es precisamente el disco más alegre ni luminoso de Wim Mertens, aunque sí contiene algunos temas claves de su repertorio, como las notas de piano de The Fosse (variación mucho más triste del tema de Maximizing the Audience) o los extraños ejercicios vocales a capella de Usura. Se trata de un trabajo bastante intimista, melancólico incluso, con predominancia de lo vocal y un peso específico del arpa (ahí queda esa portada) que no necesariamente adquiere tanta fuerza en otros trabajos suyos. El tema que da título al disco, por ejemplo, es un solo de arpa bastante más centrado en los silencios entre notas que las notas mismas, un poco difícil de apreciar por su excesiva duración y su linealidad. El minimalismo personal de Wim Mertens está vivo aquí tanto en el carácter "horizontal" de las melodías como en el mismo planteamiento sencillo y reflexivo de la obra, aunque se dan momentos en que podemos ver que, tal como el propio músico siempre ha proclamado, bebe de las fuentes de Philip Glass y compañía; ahí está When the Line Grows Thick para demostrarlo. Los instrumentos también son muy pocos, muchos de ellos interpretados por el propio autor: el arpa ya mencionada, el piano, varios tipos de flauta y clarinete, el saxofón, un sintetizador (un poco rara su inclusión en No Plans No Projects) y las voces de Wim Mertens, Anne Mertens, los Malufi Singers, Anne Crabbe, Chris Nieuwenhuysen y Rika Joris.

Otra edición, esta vez con el título en la portada. Igual por lo demás...

Ningún novato debería empezar a aproximarme a la obra de Wim Mertens con Educes Me, pero lo debería abordar una vez hubiese apreciado con justicia trabajos como los ya comentados Maximizing the Audience o Jardin Clos. Merece la pena, y puede que con el tiempo este prolífico compositor e intérprete termine estando donde debe. En Spotify.

domingo, 8 de mayo de 2011

Grizz Volga - LABERINTO DE LA NOCHE


1. La tierra helada de Cassandra (6:04)
2. Iris (4:13)
3. Beta Regio (4:09)
4. Your Eyes Look Purple (5:41)
5. Laberinto de la noche (9:27)
6. We Hit the Gold Drums (6:28)
7. Siluetas de plata (7:20)
8. Logica Machine (1:11)
9. Turquoise (5:22)
10. Ladies Entwined (7:06)
11. Titania (2:02)

En alguna ocasión hemos hablado aquí de artistas experimentales, casi siempre electrónicos y en el ámbito new age, que han comenzado su andadura gracias a obras de factura más o menos "casera", producciones modestas cuya razón de ser reside mucho más en el talento y las ganas de crear algo nuevo e interesante que por su riqueza de medios. Personalmente, tengo que decir que cuando comencé con el blog conocía apenas unos cuantos rudimentos sobre eso que mal llamamos nuevas músicas, y he ido aprendiendo un poco por el camino; pero sigo sorprendiéndome de que mi propio país, España, haya dado tan buenos músicos instrumentales. Ahí está Michel Huygen, la referencia española inevitable tanto con Neuronium como en solitario, amén de otros loables intentos de ponerse a la altura del mundo anglosajón en lo que a difusión de estos géneros musicales se refiere (Suso Saiz, Paxariño...). Pongamos a Grizz Volga en la lista, y no necesariamente al final.

Según leo en el blog amigo Music for Ambients de Faustinger, Grizz Volga es el seudónimo que utilizó el músico Juan Montoya entre finales de los ochenta y mediados de los noventa para lanzar al mercado una serie de trabajos autoeditados -inicialmente en cassete, según tengo entendido- en los que se plasmaba mucho más la voluntad de creación per se que el interés por obtener unos determinados réditos económicos. No obstante, se sabe que este músico continúa trabajando en la composición de sintonías para programas de televisión y publicidad. Laberinto de la noche (1989) es su tercer trabajo, y a juzgar por lo obtenido en las búsquedas que he hecho en la web, se trata de su obra más difundida. En diversas fuentes leo que Grizz Volga obtiene una inspiración bastante notable de las claves compositivas de la Escuela de Berlín y su estandarte, Tangerine Dream, si bien también es posible hallar reminiscencias de los grandes de la música electrónica de los setenta como Jarre o Vangelis. Personalmente, debo decir que Laberinto de la noche me ha sonado cercano al estilo levemente jazzístico del Close your Eyes and See de Oystein Sevag, o a la sutil música planeadora del Deep Breakfast de Ray Lynch, si bien he de reconocer que no estaríamos hablando bajo ningún concepto de un trabajo redundante o acomodaticio. No es una copia ni un collage a base de músicas instrumentales previas, sino un álbum con plena identidad, un todo unificado.

Si tuviese que poner nombre al estilo de Laberinto de la noche, yo optaría por "pop electrónico instrumental", en base al tratamiento rítmico y melódico de muchas de las piezas que lo componen. Aun así, hay una gran diferencia entre unos temas y otros, y sería necesario matizar. La tierra helada de Cassandra, por ejemplo, suena un poco a new wave mezclada con un fondo ambient. Es un corte muy de los ochenta, aunque por ahí comentan su adscripción a la electrónica berlinesa. Otros temas destacables son las atmosféricas y fascinantes Your Eyes Look Purple y Siluetas de plata; la homónima Laberinto de la noche, que casa muy bien con la línea comercial de los TD de Le Parc; We Hit the Golden Drums, con leves matices orientales a lo Merry Christmas, Mr. Lawrence en su primer tramo; la experimental Logica Machine, que podría haber nacido por gemación del Beaubourg de Vangelis, y a mucha honra; y la variada y fresca Turquoise, digna del Mike Oldfield de The Wind Chimes. El tema final, Titania, parece querer cerrar alguna clase de círculo conceptual iniciado con el álbum Oberon (que no he escuchado), ya que ambos nombres pertenecen a personajes de El sueño de una noche de verano, de Shakespeare.

Portada de Oberon. ¿Tiene algo que ver con él Titania? Seguo.

Bien visto, Laberinto de la noche no anda demasiado lejos de los niveles de producción de algunas importantes obras internacionales, así que o bien Grizz Volga contaba con más recursos económicos de los que suponemos de entrada, o bien, de una buena mano a la hora de que no se noten las carencias obvias de un estudio amateur. Lo mejor de todo es que este álbum contiene temas tan cambiantes y ricos que puede escucharse varias veces sin perder el interés.

Terminaré comentando que el pasado mes de enero, alguien con el nick Rider of Purple Twilight que luego firmó como Juan (imagino que Montoya) comentó mi entrada sobre Five Miles Out de Mike Oldfield. Me invitó a conocer la música de Grizz Volga en un par de enlaces, donde puede descargarse gratuitamente:


Me dio la enhorabuena por el blog. Por entonces no tenía habilitado el gadget de comentarios recientes y no he leído su comentario hasta ahora. Si me lees, gracias por pasarte por aquí, y enhorabuena por una música tan sobresaliente.

martes, 3 de mayo de 2011

Tangerine Dream - ENCORE


1. Cherokee Lane (16:19)
2. Monolight (19:54)
3. Coldwater Canyon (18:06)
4. Desert Dream (17:30)

Froese, Franke y Baumann (que se marcharía poco después) nos ofrecieron esta singular propuesta musical en 1977, continuando con los años de mayor creatividad de TD en los dorados setenta, y de paso caminando lentamente hacia lo que sería el futuro a medio plazo de la banda. Encore fue un maravilloso álbum doble en vinilo que, continuando con el altísimo estándar impuesto por su precedente inmediato, Ricochet, nos ofrece otra selección -bastante más larga- de obras grabadas en directo. En este caso, los temas están tomados de la gira de Tangerine Dream por EEUU y Canadá, pionera en el uso de efectos láser como parte de los shows.

Chris Franke, Peter Baumann y Edgar Froese.

Un disco de Tangerine Dream en directo es algo muy distinto de lo que suele hacer sobre el escenario cualquier otro artista, ya que pasan olímpicamente de recrear sus clásicos y se centran en la elaboración -prácticamente sobre la marcha- de composiciones nuevas y, en esencia al menos, espontáneas. Eso no quita que en muchos casos haya reminiscencias claras de temas ya conocidos (y aquí los hay, realizando una sutil recapitulación de la década), aunque el grueso de este Encore es un producto totalmente original. Volvemos a encontrar aquí música electrónica cósmica en estado puro, con largos temas épicos que evolucionan sutilmente como si los teclados de los Tangerine viajasen a velocidad hiperlumínica por medio de un centenar de nebulosas y cuásares. Ya llevaban casi diez años ofreciendo a sus seguidores viajes del mismo tipo, aunque cada uno de sus trabajos es tan complejo y único que para entonces dudo que alguno se hubiese aburrido de experimentarlos. Como no es cuestión de extenderme con redundancias descriptivas, me remito a entradas anteriores sobre discos de Tangerine Dream y apunto brevemente las claves de su estilo: las secuencias musicales que van superponiéndose, formando texturas abigarradas que invitan al trance, y siempre con un punto importante de oscurantismo. También es verdad que, según se iban acercando los ochenta, el sonido de TD se iba volviendo relativamente más luminoso. Ahí están trabajos como Stratosfear, aunque este Encore, que es posterior, parece más cerca de las atmósferas de álbumes anteriores. También es justo tener en cuenta que, según se comenta en algunos análisis de este trabajo en vivo, los de la mandarina podrían estar tanteando sus posibilidades de cara a abrazar el rock progresivo, cosa que harían abiertamente en el posterior álbum Cyclone. Es cierto, y en eso no puedo estar en desacuerdo, que los patrones rítmicos de la banda son cada vez más potentes, a veces más cercanos al rock de vanguardia que a la electrónica experimental de la Escuela de Berlín.

Contraportada de la edición remasterizada en CD.

La gira estadounidense resultó ser un gran éxito. Parece que ya entonces los creadores de "nuevas músicas" estaban encontrando su sitio en un mercado tan variado que ofrecía una parcela para cada propuesta; y por eso no nos extraña que unas composiciones tan abstractas como las contenidas en Encore arrancaran ovaciones en lugares como Washington DC, Chicago, Detroit, Los Angeles, Cleveland, San Francisco y Nueva York, además de en las canadienses Toronto y Montreal. Es en los ochenta cuando los EEUU se convierten en la meca de la New Age y sus artistas, en los más vendidos dentro del género. Los propios TD irían metiendo cuña en el país de la hamburguesa, tanto con esta gira del '77 como con las bandas sonoras que compondrían para películas como Sorcerer o Carga maldita (1977; anterior a Encore), o las posteriores Risky Business (1983) y Legend (1984). Al final, los EEUU se convertirían en el centro de operaciones de Froese y sus muchachos, y mucho antes de que concluyesen sus Años Virgin ya estarían realizando álbumes en un estilo mucho más comercial y abierto que el de sus nebulosos inicios.

Una de las primeras ediciones en CD.

Pero aquí seguimos en el plan que tanto nos gusta, comenzando por Cherokee Lane, un tema con secuenciador y mellotron que nos recuerda a los TD más vibrantes, más potentes. La sigue Monolight, cuyo segundo movimiento -muy melódico, un himno instrumental- fue editado como single; su segundo tramo es de nuevo un tema con la base rítmica como principal elemento, aunque el final suena muy elegante y solemne con su cristalina guitarra eléctrica. La guitarra adquiere protagonismo pleno en Coldwater Canyon, con un ritmo algo más contenido que me recuerda a los que empleó Jean Michel Jarre en sus primeros dos trabajos. Pese a algún cambio hacia el final, quizá sea el tema con menos variaciones del álbum, y por eso, un pelín largo de más. Concluye Encore con Desert Dream, apabullante y tenebrista pieza "retro" que nos devuelve a los Años Rosas y psicodélicos de los Tangerine Dream, muy dramático en su uso del theremin y desarrollado a tramos mediante paisajes sonoros que podrían recordar lejanamente a algunos temas destacados del progresivo británico (Set the Controls for the Heart of the Sun, mismamente).

Bonito vídeo tributo con el trozo de Monolight que se publicó como Encore.

En fin, que Encore es un excelente trabajo de los Tangerine Dream en su apogeo, con la formación mítica que todos reconocen como la más efectiva en su carrera. Y encima, tiran por tierra aquello de "lo bueno, si breve, dos veces bueno". Encore no es nada breve, pero es dos veces bueno. En Spotify.

El Kronos Quartet se lleva el "Nobel de la música".

Gustavo y Silvia, monarcas de Suecia, serán quienes entreguen este galardón al conjunto estadounidense el próximo mes de agosto, junto con el de la cantautora Patti Smith. El premio Polar fue creado en 1989 por el manager y letrista de ABBA, Stigg Anderson, y desde entonces ha premiado a muchos de los grandes nombres de la música de nuestro tiempo, como Dylan, Ravi Shankar o Pink Floyd, en un acto que viene a ser una réplica -quizá algo menos solemne- de los premios que llevan el nombre del inventor de la dinamita. Además, señala la página oficial del Kronos Quartet que entre los ganadores de ediciones pasadas figuran artistas con los que han trabajado estos cuatro intérpretes ahora premiados, como Steve Reich o György Ligeti, con lo que queda patente el reconocimiento que buena parte del mundo intelectual está muy al tanto de los logros actuales de la música clásica.

El cuarteto en concierto. Fotografía de Zoran Orlic en kronosquartet.org.

En lo que toca a este blog, decir que el Kronos Quartet está presente de forma muy habitual en algunos de los grandes trabajos de Philip Glass (Mishima y Dracula, entre los que del músico hemos comentado por aquí) y en otros álbumes que han pasado por aquí, como The Fountain de Clint Mansell. La clave del éxito: que los violinistas John Sherba y David Harrington, el violista Hank Dutt y el chelista Jeffrey Zeigler han logrado como pocos modificar ante la cultura popular la imagen decadentista y quizá un poco acartonada que los conjuntos "de cámara" tenían en el pasado, para abrazar un estilo efectivo y directo de abordar la música contemporánea en estado puro. Han tocado muchos géneros, tales como el jazz, el folk y la música de cine, aunque se les relaciona íntimamente con la corriente clásica un tanto ecléctica que conocemos como minimalismo.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...