domingo, 31 de enero de 2010

John Williams - CLOSE ENCOUNTERS OF THE THIRD KIND


2. Navy Planes (2:07)
3. Lost Squadron (2:23)
6. Chasing UFOs (1:18)
7. False Alarm (1:42)
9. The Cover-Up (2:26)
10. Stars and Trucks (0:44)
12. TV Reveals (1:50)
14. The Mountain (3:31)
16. The Escape (2:18)
18. Trucking (2:01)
21. Lightshow (3:43)
22. Barnstorming (4:26)
23. The Mothership (4:34)
24. Wild Signals (4:12)
25. The Returnees (3:45)

"Encuentro del primer tipo: avistamiento OVNI"
"Encuentro del segundo tipo: evidencia física"
"Encuentro del tercer tipo: contacto"

Casi desde el mismo instante en que tuve la idea de montarme este blog sobre música contemporánea me asaltó la idea de si habría en él cabida para el gran maestre de las bandas sonoras de cine de los últimos 40 años: John Williams. Pienso que, pese a haberse hecho célebre por una forma de acercarse a la música clásica desde patrones clásicos, alejados de la vanguardia del siglo XX, Williams ha realizado una serie de composiciones para películas de naturaleza algo más experimental que no necesariamente cuadran en la nutrida colección de fanfarrias que todos conocemos (Star Wars, Indiana Jones, Jurassic Park, etc.).

Portada de la edición original (deja más a la imaginación).

Un buen punto de inicio para meternos en la música de John Williams puede ser este Close Encounters of the Third Kind ("Encuentros cercanos del tercer tipo", o Encuentros en la tercera fase, como se conoce esta película de 1977 en España). Eclipsada en parte por el éxito aplastante de La guerra de las galaxias ese mismo año, esta propuesta ufológica de Steven Spielberg ha pasado de ser una cinta de culto a un muy respetado título clásico de la ciencia-ficción, entre otras cosas por estar claramente influenciada por la oleada de OVNIs que, según se cuenta, tuvo lugar en aquellos años, y también porque fue reestrenada en varias ocasiones con ligeros cambios en el montaje. Esta banda sonora, que en los Oscars fue derrotada por la de Star Wars, también de Williams, es una de las obras más ominosas y oscuras del compositor, por lo menos de las que ha escrito para superproducciones.

John Williams en la actualidad.

Los temas no desembocan en marchas triunfales ni en algarabías épicas de trompeta, sino que se mueven en tonos bajos y dependen de las cuerdas y los coros casi más que de los metales. Asimismo, tampoco hay un "tema principal oficial" de la película que se haya quedado clavado en el inconsciente colectivo, como el amenazante tema de Tiburón o el mágico de E.T., el extraterrestre. No obstante, hay lugar para la anécdota: según el argumento de la película, los humanos logran crear un código de comunicación no lingüístico para entablar contacto con los diplomáticos alienígenas, consistente en una sucesión de cinco notas musicales procedentes de un cántico étnico ritual. Spielberg encargó a Williams que compusiera esta mini-melodía, y al final, de forma muy sutil, no solamente funciona a la hora de asociar la película en su conjunto con un tema musical (algo asombrosamente frecuente en las colaboraciones de Spielberg y Williams), sino que sirve como leitmotiv más o menos soterrado de buena parte de la banda sonora. En la propia película, además, es muy conocida la secuencia en la que la enorme nave nodriza extraterrestre entabla una especie de diálogo con el comité de recepción humano, pieza que también se ha recogido en otros álbumes, versionada al sintetizador.

Como sorpresa final, musicalmente hablando, nos encontramos con una versión a orquesta completa del tema When You Wish Upon a Star, de la banda sonora de Pinocho (1939), que termina revistiendo el encuentro entre civilizaciones de un ambiente fantástico indescriptible. Supongo que el soñador Spielberg -que siempre ha sido un poco niño- quería acercarnos a los espectadores a esa misma inocencia de infancia que cualquiera podría sentir ante un contacto de esa magnitud.



Fotogramas de la película.

John Williams, muy activo en su faceta de concertista, ha creado con los años un par de composiciones-resumen de Close Encounters of the Third Kind concebidas como suites orquestales con aires de poemas sinfónicos. Son los más difundidos en recopilatorios, aunque está claro que la banda sonora completa del filme supone una experiencia mucho más poderosa y satisfactoria. Debe tenerse en cuenta que existen diferentes álbumes oficiales con la banda sonora del filme, sucesivamente ampliada con los años. La lista de temas que incluyo arriba es la de la edición de coleccionista, la más completa publicada hasta ahora. Una obra digna de un genio, así que escuchadla y "¡Vigilad los cielos!".

sábado, 30 de enero de 2010

Steve Roach - STRUCTURES FROM SILENCE


2. Quiet Friend (13:15)

En los primeros días de andadura de este blog comenté Dreamtime Return, una de las obras más célebres de la carrera de Steve Roach (no confundir con Steve Reich), y de todo el subgénero de la música electrónica conocido como "ambient". Structures from Silence (1984) es otra de ellas, para algunos el logro máximo de su autor, y un clásico indiscutible de aquella oleada new age sintética de los primeros años ochenta.

Steve Roach entre fogones.

Parece que este compositor tiene dos vertientes, una más o menos rítmica y otra muy sutil, apenas susurrante y muy envolvente, ambas dentro del ambient. Este álbum pertenece a la segunda vertiente: se sostiene en la elaboración de texturas musicales más que en la creación de melodías o ritmos, y al parecer fue la primera inmersión de Roach en esta concepción del estilo. En el primer tema, "Reflejos en suspensión", encontramos una mínima estructura marcada por unas pocas notas que sirven de lienzo, sobre el que flotan una serie de sonidos aéreos, muy en la línea clásica del ambient a lo Music for Airpots; "Amigo silencioso" es todavía más recatada, un poco más oscura y errante; y "Estructuras desde el silencio", que da título al disco, es la más lenta de las piezas, bastante solemne y con un tono bajo que le aporta sobriedad. Los tres temas son muy largos, y la verdad es que ninguno de ellos sufre grandes progresiones durante su desarrollo.

Colaboran con Steve Roach dos nombres relevantes del género: Kevin Braheny y el bastante más conocido Michael Stearns, cuyas partituras para las películas Chronos y Baraka, el último paraíso, pasarán tarde o temprano por esta página.

Portada de la reedición más reciente del disco. El diseño es de Steve Roach.

Al parecer, Structures from Silence tuvo una versión en vídeo en 1987, en la que una serie de imágenes creadas por una tal Marianne Dolan acompañaban el tercer tema del álbum como si de una suerte de videoclip de treinta minutos se tratase. Y no debió funcionar mal a nivel de ventas, puesto que se llegó a publicar en el efímero formato laserdisc con el título de Space Dreaming. Desde luego, Steve Roach deja claro que es un muy buen profesional de su oficio, ofreciendo una música que cumple perfectamente bien con las expectativas del consumidor del estilo ambient, si bien, tal y como sucede con Dreamtime Return, adolece de un cierto conformismo que le resta puntos ante quien ya ha profundizado en los trabajos de Brian Eno o los minimalistas clásicos. Pero funciona bien, como si de una novela de género se tratase: sabes lo que quieres, conoces las normas y no piensas ceder en nada, y finalmente Steve Roach cumple con lo prometido. Y que conste que no todos cumplen.

viernes, 29 de enero de 2010

Pat Metheny Group - TRAVELS


CD 1

1. Are You Going with Me? (9:09)
2. The Fields, the Sky (7:46)
3. Goodbye (8:16)
4. Phase Dance (8:03)
5. Straight on Red (7:26)
6. Farmer's Trust (6:25)

CD 2

1. Extradition (5:45)
2. Goin' Ahead - As Falls Wichita, So Falls Wichita Falls (16:22)
3. Travels (5:03)
4. Song for Bilbao (8:28)
5. San Lorenzo (13:35)

Nos encontramos ante una de las más importantes obras del muy admirado Pat Metheny, músico de referencia del jazz actual y pionero en la introducción de lo electrónico en este estilo musical. Metheny es, además, inventor de varios modelos de guitarra. Por ejemplo, es muy común verle utilizar una con varios juegos de cuerdas entrecruzados (uno de ellos no va en paralelo) de apariencia tremebunda, llamada Picasso.

El álbum que nos ocupa, ganador en 1984 del Grammy a la mejor grabación de música de fusión, es un doble disco, en vivo, con piezas recogidas de actuaciones en Dallas, Hartford, Philadelphia y Sacramento. No soy un gran entendido en jazz, aunque está claro que los temas, pese a ser producto de la genuina improvisación del género, mantienen un tono parecido, flirteando con los ritmos cálidos de América latina. Yo noto sobre todo un agradable aire a bossa nova, y a ratos a samba (Straight on Red). Como en la variedad está el gusto, hay en Travels tanto temas muy potentes como otros más discretos, casi susurrante la guitarra de Pat en estos últimos. Are You Going with Me?, que abre el disco, es un ejemplo de jazz muy para todos los públicos, mientras que otros como The Fields, the Sky son más juguetones. La sobriedad la encontramos en temas como el homónimo Travels, o en Farmer's Truth, que es casi un pequeño himno. Un buen número de cortes del CD consiste simplemente -sin que ello sea negativo- en temas bastante ambientales (Extradition, San Lorenzo), repletos de interesantes efectos sonoros. La sublime pieza Goin' Ahead no solamente es la más larga del disco, sino que contiene tantas referencias musicales -sobre todo orientales- que es prácticamente indefinible.

Pat Metheny y (creo) su guitarra Picasso. El nombre le va bastante bien.

Como suele ser habitual en los grandes discos del jazz, el músico principal se arropa de colaboradores de etiqueta. En este caso, Metheny cuenta con Lyle Mays, que se hace cargo de casi todo lo que tenga teclas (muy buenos sus solos de piano, dispersos en varios temas) y es coautor de medio álbum; Steve Rodby, a los bajos; Dan Gottlieb, estupendo a la batería; y Nana Vasconcelos, vocalista y percusionista de origen brasileño que seguramente haya tenido un peso desequilibrante en el espíritu de todo el disco.

¿Y qué decir de la guitarra de Pat Metheny? Pues que, de no ser porque tenemos que reconocerla como guitarra por descarte, ni siquiera lo parece de tan limpia como suena, desprovista completamente de los "carraspeos" quejumbrosos de las guitarras convencionales. La de Metheny no contiene ruidos que denoten su artesanía, porque la artesanía auténtica está aquí en los dedos del intérprete -controlados por su imaginación-, que no recurren a la siempre efectiva y descarnada guitarra clásica para aludir a lo superficialmente espiritual. Sin condimentos convencionales todo es más auténtico. Yo recomendaría tranquilamente Travels a quien tenga curiosidad por iniciarse en el jazz, ya que se trata de una propuesta luminosa y accesible, perfecta tanto para degustar concentrados como para ambientar la vida misma.

sábado, 23 de enero de 2010

Steve Reich - MUSIC FOR 18 MUSICIANS


1. Pulse - Sections I-X - Pulse (56:33)

Quienes todavía no estamos familiarizados del todo con la rama dura del minimalismo seguramente pensaremos que esta partitura del estadounidense Steve Reich se parece bastante a aquella otra llamada In C, de Terry Riley. Y no andaríamos desencaminados, porque ambas obras comparten una concepción de la obra musical como una entidad viva y única, dependiente de las personas que la interpretan y lo que sean capaces de hacer en ese momento. Para no irme directamente a decir si me gusta o no, diré que la obra, según Reich y la Wikipedia, no tiene por qué ser necesariamente interpretada por 18 músicos (en teoría cello, violín, dos clarinetes, cuatro pianos, tres marimbas, dos xilófonos, un metalófono y cuatro vocalistas femeninas), y que se basa en un ciclo de once acordes en el que cada movimiento corresponde a uno de los acordes, que vuelve al ciclo principal en cuanto llega al final.

Más interesante y menos técnico me parece mencionar que Steve Reich pretendía experimentar con los efectos psicológicos que pueden producir ciertas piezas musicales con gran número de intérpretes, sobre todo teniendo en cuenta el factor humano de esta obra: los pulsos musicales, esa especie de nota repetitiva que nos va hipnotizando, es producto de la respiración humana, lo que añade un elemento más de complejidad orgánica al asunto.


Music for 18 Musicians (1976) es una obra perfectamente definitoria del estilo de su autor, pionero del minimalismo propiamente dicho, tal vez su máximo difusor inicial en los Estados Unidos, y perteneciente a una generación de músicos que sigue de forma inmediata a la del gurú John Cage. Lo suyo son los bucles, los inusitados efectos de la repetición de patrones, al principio por un afán rupturista y experimental, más adelante buscando la expresión artística mediante el tratamiento de conceptos externos a lo musical.

Steve Reich.

La verdad es que Music for 18 Musicians no es una obra demasiado apta para novatos, pero tampoco es necesariamente opaca. Su sonido es sorprendente y su tono llevadero, aunque puede causar aburrimiento a quien le gusten las cosas más movidas. Aquí, información en la lengua de Shakespeare y mucho más.

miércoles, 20 de enero de 2010

Ryuichi Sakamoto - MERRY CHRISTMAS, MR. LAWRENCE / FURYO


2. Batavia (1:18)
3. Germination (1:47)
5. Before the War (2:14)
9. The Fight (1:29)
11. Dismissed! (0:10)
12. Assembly (2:16)
13. Beyond Reason (2:01)
14. Sowing the Seed (1:53)
15. 23rd Psalm (2:00)
16. Last Regrets (2:40)
18. The Seed (1:02)

Con los diferentes títulos de Feliz Navidad, Mr. Lawrence y Furyo se conoce tanto a esta película del provocador director japonés Nagisa Oshima como a su banda sonora, a cargo de Ryuichi Sakamoto, ambas de 1983. El cineasta autor de la muy polémica El imperio de los sentidos realizó aquí una de sus películas más conocidas, si bien no parece que la crítica actual termine de reconocerla como clásico.

Portada de una edición nipona.

La cosa va de un campo de prisioneros japonés durante la 2ª Guerra Mundial, en el que el propio Sakamoto interpreta a su comandante, al que llegan varios prisioneros británicos, entre ellos el encarnado por David Bowie, llamado Celliers. Resulta que el férreo comandante oculta tendencias homosexuales, lo que conllevará un gran follón disciplinario en el campo de prisioneros, sobre todo al intentar los británicos y japoneses comprenderse culturalmente unos a otros. La cosa va más del choque de mentalidades en un ambiente bélico que de erotismo gay, aunque es cierto que el colectivo del arco iris reconoce la película como un icono de su causa.

Ryuichi Sakamoto, además de encargarse de dar vida a un protagonista-a priori- sustancioso a nivel interpretativo, brinda una de sus bandas sonoras más conocidas, cuyo tema central ha aparecido varias veces en recopilatorios del tipo "synthesizer". Es un muy buen disco, quizá no tan redondo como el que lograría con El último emperador, pero perfectamente sólido. Muchos de los temas pertenecen eminentemente al campo de la música incidental, es decir, que acompañan a las escenas sin que tengan una especial significación en su escucha aislada.

Portada alternativa, quizá la más difundida.

Uno de los temas, Forbidden Colours (cuyo título remite a la obra homónima de Yukio Mishima), está interpretado por un artista con quien Sakamoto ha colaborado en numerosas ocasiones, el vocalista David Sylvian. El tema es una reinterpretación con letra del tema principal del disco en clave de pop ochentero. Efectivamente, toda la obra pertenece a ese nuevo género de bandas sonoras que pusieron de moda Giorgio Moroder y Vangelis, deudoras del techno-pop (o tal vez synth-pop) en esta ocasión más que en otras, de donde beberían músicos de fama posterior como Hans Zimmer o Angelo Badalamenti. Puede apreciarse, escuchando este álbum tan mixto, cómo Ryuichi Sakamoto iba adentrándose en la música clásica "plena" poco a poco, pasando de lo que hacía en la Yellow Magic Orchestra de los '70, con su sonido predominante de sintetizador, a lo que más tarde lograría a las órdenes de Bertolucci, con orquestas sinfónicas de las grandes.

Aquí podemos escuchar y ver una muy inspirada versión pianística de Merry Christmas Mr. Lawrence a cargo de Sakamoto. Obligada escucha.

domingo, 17 de enero de 2010

¿En vinilo o en CD? ¿Y qué tal en mp3?

Parecería que la primera pregunta ya se ha quedado obsoleta, viviendo plenamente y desde hace años en el mundo del mp3 (reproductores minúsculos, capacidad enorme de almacenamiento en un ordenador casero, bajada online, etc.). Pero hay cosas que aclarar, al menos para mí.

A mediados de los '80, con el lanzamiento a gran escala de los primeros CD's musicales -la patente pertenece a la compañía Philips-, los fabricantes de discos de vinilo se debieron echar las manos a la cabeza. ¿Qué futuro había para sus enormes soportes de antaño, grandes y fácilmente rayables y rompibles, ante los bonitos compact discs, más pequeños y difíciles de estropear con el uso? Desde luego, el viejo vinilo se ensuciaba con mirarlo, y por bien que estuviese efectuada la grabación no dejaban de escucharse los famosos clics cada vez que la aguja se topaba con una motita de polvo. Hubo muchos que guardaron los vinilos en el fondo del baúl y abrazaron la religión del láser, recomprando sus colecciones de música en el nuevo y futurista formato. Algunos incluso se deshicieron de sus LP's.

Discos de vinilo.

Hasta mediados de los '90 o más tarde, el compact disc era el mejor formato imaginable, indiscutido y acaparador de todas las ventas, seguido a muchísima distancia por las viejas cintas de cassette, que no llegaron a extinguirse entonces por aquello de escuchar en el coche y en los walkman.

Cassette.

El discman fue el principio del fin para las cintas. Y también llegarían los primeros grabadores de CD que uno podía utilizar en casa. Comenzaron los follones cuando los artistas de la música vieron bajar sus ventas por culpa de quienes se dedicaban a copiar los CD's -había incluso tiendas clandestinas a las que llevabas un compact disc y te lo copiaban-, llegando en última instancia al problema del top-manta. Y ahora éste también parece peligrar, muy a pesar de los mafiosos y sus esclavos inmigrantes.

Compact discs.

Entonces, con el cambio de siglo, ¡ay! llegó la revolución de Internet y la democratización de los precios de la banda ancha, y me imagino que no tardó en darse cuenta algún nerd de lo sencillo que sería poner grabaciones musicales en la red y traficar con ellas.

Todo el mundo se hizo con grabadores de CD y del formato de vídeo en auge, el DVD, hasta que llegó el mp3, también conocido como la peor pesadilla de las sociedades de autores. El mp3, formato digital "no-físico" y que pulula por Internet como Pedro por su casa, supone ya el colmo de los problemas: por el precio que pagamos al contratar Internet, que usamos para muchas otras cosas, podemos bajar de forma virtualmente ilimitada cualquier contenido audiovisual que se nos antoje, y reproducirlo en unos cacharritos bastante baratos (¿40 euros?) cuyo tamaño se acerca cada vez más al de una tarjeta de crédito o la capucha de un boli, en los que cabe fácilmente el equivalente a cuarenta o cincuenta CD's de audio.

La pesadilla de una discográfica.

Y aquí es hasta donde yo quería llegar: almacenaje a lo bestia, precio irrisorio, músicos/discográficas en pie de guerra... Hay un detalle que a casi todo el mundo se le pasa por alto: la calidad del sonido. Yo entiendo que hoy en día todo hijo de vecino quiera comprar barato, es humano y comprensible; pero no deja de ser sorprendente que, por un lado, todo el mundo quiera estar a la última, comprándose siempre el ordenador más moderno, poniéndose la ropa más actual, peinándose a la última, etc., y sin embargo se conforme con un formato de sonido que, en la inmensa mayoría de los casos, tiene una calidad irrisoria. Penosa. Existe una enorme cantidad de álbumes musicales circulando por Rapidshare, Megaupload, Hotfile y similares cuya calidad de sonido es ínfima, y sin embargo a nadie le importa bajarse estas pseudocopias de las grabaciones originales y vanagloriarse de llevar en su reproductor "lo último de lo último", cuando en realidad lo que escucha es una versión sin nitidez de ningún tipo, sin que brille para nada la alta tecnología que actualmente se utiliza en un estudio de grabación. También podríamos hablar de en qué medida un álbum musical no es sólo música, sino un embalaje cuidadosamente diseñado que supone un objeto de arte y coleccionismo, pero prefiero no entrar en polémicas innecesarias.

En resumen, que más allá de los problemas de derechos de autor o de la crisis del mercado discográfico se está fomentando una cultura respecto a los medios audiovisuales en la que lo que importa no es la calidad ni la experiencia sensorial, sino únicamente lo barato que te ha salido todo: desde los nefastos "tonos-reales" para móviles que algunos escuchan con la misma seriedad que quien se planta ante un hi-fi cuadrofónico, hasta los archivos en mp3 de menos de 128 kbps.

Recuerdo que hace algunos años hubo quien se quejó de que los CD's no sonaban tan bonitos como los viejos vinilos, que las regrabaciones digitales parecían "metidas en un cubo", sin la cualidad cristalina del soporte del LP. Y era verdad. Pues pensemos entonces en lo horripilante que es el sonido del mp3 respecto al de las grabaciones de hace tres décadas, y nos daremos cuenta de que todo este asunto de buscar lo barato no es sino una involución, un retroceso impulsado en muchos casos por personas que no tienen demasiado criterio musical, sino simplemente utilitarista.

Escuchar música, para el aficionado que de verdad se precie de serlo, debería significar escucharla bien, con la mayor calidad de audio posible, captando todos los matices posibles de lo que el artista grabó en su momento. Algunos artistas como Peter Gabriel están fomentando la expansión de otros formatos de audio que puedan circular por la Red, tales como un mp3 superior a los 320 kbps (que es la calidad máxima a día de hoy en un archivo de audio), y supongo que otros archivos como el FLAC, cuya calidad es, al parecer, idéntica a la del CD. Y otros colectivos, todavía más valientes, proponen volver al vinilo: aquellas fundas enormes en las que los diseños de las portadas y del interior ponían los ojos como platos, aquel sonido que, chasquidos de polvo aparte, era como tener a la banda tocando en vivo.

En fin, que si las discográficas y los artistas quieren defender su campo con o sin la ayuda de los gobiernos, tal vez podrían intentar educar al aficionado sobre la calidad de la música grabada mediante inteligentes campañas de publicidad, en lugar de ponerle puertas al campo con leyes sobre cierres de páginas y tal y cual. Pan para hoy...

Respecto a las ilustraciones del artículo, espero no levantar acritudes.

viernes, 15 de enero de 2010

Enigma - 3: LE ROI EST MORT, VIVE LE ROI!


5. Why!... (4:59)
7. The Child in Us (5:06)
10. The Roundabout (3:38)
11. Prism of Life (4:55)

Como llevamos unos cuantos días comentando discos bastante lúgubres, vamos ahora con el rítmico y popular proyecto Enigma, del siempre enjuiciado Michael Cretu. Como dije en la crítica de The Cross of Changes, lo mejor todavía estaba por llegar. Pues bien: este disco es el mejor. Le Roi Est Mort, Vive Le Roi! (1996) es un tremendo conglomerado de sensualidad y electrónica avanzadísima para su época, cargada con capas y capas de sonidos que lo convierten en una de las obras más densas a nivel de producción que he escuchado jamás. Estamos hablando casi del "muro de sonido" de Phil Spector de la era espacial. Fue grabado en Ibiza.

Michael Cretu.

Esta tercera entrega de Enigma, tal como explicó Cretu en su momento, es "hija de las dos anteriores" (uno de los temas se llama Third of its Kind, "el tercero en su especie"), y es el álbum que más ha mirado al futuro de cuantos el alemán ha abordado hasta el momento. Personalmente, y no habiendo encontrado información sobre a qué se refiere el título del álbum, lo entiendo como una especie de bienvenida al mundo del futuro, en el que la máquina es el nuevo "rey".

Vídeo de Beyond the Invisible.

Y el de T.N.T. for the Brain.

En efecto, el disco puede entenderse como un ensayo musical sobre biomecánica, ya que cada tema supone una mezcla perfecta de humanidad (es un álbum con muchos temas vocales, casi todos a cargo de Michael y Sandra Cretu, y referencias tribales y gregorianas, cómo no) con tecnología punta, casi como si hablásemos de una pintura del diseñador H. R. Giger. La portada también refuerza este planteamiento cibernético, o tal vez hasta ciberpunk.

Imagen ciberpunk del libreto del álbum.

Y sin embargo, esta ciencia ficción de Enigma no resulta fría, sino todo lo contrario: es envolvente y acogedora como el algodón, muy comercial y de altísima calidad compositiva. Aquí prácticamente no hay temas de enlace, sino que el álbum entero pasa de un potencial single a otro, hasta el final. Se trata de un conjunto muy ambicioso que, con un poco de relleno, habría dado para dos o tres discos. También el embalaje es sobresaliente, con un libreto en plástico rígido transparente lleno de ilustraciones detalladas con explicaciones anatómicas en las que se insertan elementos mecánicos como engranajes y tornillos.

Portada del single Beyond the Invisible.

Se editaron dos singles para promocionar el álbum: Beyond the Invisible y T.N.T. for the Brain, y estuvieron a punto de lanzar también The Roundabout. De todos modos, y aunque no son malas propuestas para las radiofórmulas, también podían haber optado perfectamente por Why...! o por The Child in Us (de nuevo con demanda judicial por uso indebido de una grabación). Este último tema es el que más me gusta de todos, aunque ningún otro me desagrada en absoluto. Curiosamente, siempre me ha parecido que Le Roi Est Mort, Vive Le Roi! es tratado como una obra menor dentro de la discografía de Enigma, por ejemplo ignorando sus mejores temas en algunos recopilatorios, salvo T.N.T. for the Brain, que no es ni el mejor ni el más representativo. Tal vez se deba a que la obra es más una pieza conceptual unificada que un conjunto de canciones pegadizas sin más, y esta clase de propuestas no suele tener tanta aceptación.

Portada del single T.N.T. for the Brain.

En, fin, que Enigma 3 es un disco que todos los aficionados a la música electrónica e incluso al pop más convencional deberían escuchar, justo antes de apuntárselo entre sus favoritos. Como curiosidad, incluyo aquí un enlace al tema Light of your Smile, cara B de Beyond the Invisible, única pieza de Enigma no recogida en un álbum.

miércoles, 13 de enero de 2010

Eduard Artemiev - SOLARIS


1. Main Title (2:45)
2. Home (4:22)
3. Journey to Solaris (5:28)
4. The Guests (2:40)
5. Solarian Sea (Part 1) (3:30)
6. Solarian Sea (Part 2) (2:00)
7. Theme from Solaris (2:35)
8. Library Sequence (2:25)
9. Hari's Theme (1:45)
10. Experiment (5:00)
11. Dream (2:58)
12. End Theme (4:22)

Eduard Artemiev debe ser uno de los músicos de vanguardia (y quizá en términos absolutos) más conocidos de la antigua Unión Soviética. Hubo muchos casos en los que buenos artistas nacidos en aquellos países bajo un régimen totalitario tuvieron que largarse al extranjero para poder desarrollar su trabajo, y otros tantos simplemente se quedaron allí y su talento fue desaprovechado. En algunos casos, no se si muchos o pocos, los artistas pusieron su talento al servicio del Kremlin, para ensalzar la causa comunista y apoyarla.

Cartel de Solaris.

Pienso que Artemiev no pertenece a ninguna de estas categorías, ya que, mediante su sólida asociación con mundo de la música de cine, supo centrarse en una labor que -sin llegar a ponerle "bajo sospecha"- le daría popularidad internacional sin tener que desmarcarse ni adherirse a nada. La formación de Artemiev fue clásica, aunque no pudo evitar enrolarse en el mundo de la música experimental, que es lo que tocaba en aquellos tiempos. Tras graduarse en el conservatorio de Moscú en 1960, abrazó la música electrónica, convirtiéndose en uno de sus pioneros. Utilizaba por aquel entonces el sintetizador ANS, diseñado en la U.R.S.S.

Portada de una rara edición china del álbum.

El disco que nos ocupa contiene la música que Artemiev compuso para la película Solaris (1972) de Andrei Tarkovski, considerado como uno de los más importantes cineastas rusos. Basada en la novela del mismo nombre de Stanislaw Lem, Solaris es vista por algunos como la respuesta soviética a 2001: una odisea del espacio (1968). Cuenta la historia de un científico maduro que viaja al lejano planeta Solaris para llevar a cabo una investigación, descubriendo que no solo los tripulantes de la estación espacial a la que ha llegado parecen sufrir alguna clase de alucinación colectiva, sino que se ve inmerso en ella hasta que no cabe duda de que el planeta -y la inescrutable forma de vida que lo habita- tienen una influencia directa sobre los sentimientos del alma humana. Tres horas muy largas dura la película, aunque se sobrellevan bien si somos capaces de sumergirnos en el solemne espectáculo fílmico desplegado por Tarkovski, casi del todo carente de efectos especiales, pero con una fotografía y una ambientación sobresalientes. Destaca en la cinta el uso que en ella se hace del silencio: es una obra cuyos diálogos son escasos y breves, ya que son otros códigos sensoriales, como la soledad del espacio y la inquietud por lo desconocido, los que se expresan con más claridad y acaparan todo el interés del espectador.


Un par de imágenes de la película de Andrei Tarkovski.

La música se asemeja, en algunos pasajes, a mero ruido de maquinaria. Tal vez el que produce ecos inquietantes en la silenciosa estación espacial en la que se desarrolla la mayor parte del filme, en órbita sobre el planeta Solaris. Cada uno de los temas, si no toda la banda sonora (e incluso la película entera) se cimenta en notas sostenidas interminablemente, bajo las cuales subyace una capa con múltiples efectos sonoros de procedencia distante, irreconocibles en muchos casos como instrumentos musicales o ruidos en concreto. La parte más orgánica la ofrecen las diferentes versiones de un tema de J. S. Bach que jalonan el disco. Personalmente, al escucharlo tengo la sensación de que Vangelis debió inspirarse en cierta medida en algunos efectos sonoros de Solaris para crear los fondos de algunas de las piezas más ambientales de Blade Runner.

Eduard Artemiev. Menuda camisa.

Como puede ser una pedantería recomendar una obra tan extraña, lo mejor que puedo hacer es incluir aquí un enlace a otra página para que podáis escucharla vosotros/as mismos/as y juzgar. No habrá problemas de derechos de autor, ya que dudo de que este disco haya sido editado oficialmente alguna vez. En serio, esta música produce escalofríos.

martes, 12 de enero de 2010

Tangerine Dream - PHAEDRA



Phaedra, de 1974, fue el primer álbum de la prolífica banda Tangerine Dream editado por la compañía Virgin, iniciando la etapa conocida en su discografía como "los años Virgin". Aunque el disco era, en primera instancia, tan invendible como los de "los años rosas", consiguió ser un éxito de ventas, llegando al top ten británico. El camino, claro está, había quedado bien abonado por Mike Oldfield el año anterior.

Contraportada.

El álbum Phaedra (cuyo título debe referirse al nombre de una dama de la mitología griega) supone una verdadera revelación en el lento devenir de la banda alemana, que hace un gran trabajo en el uso de los secuenciadores -sobre todo el Moog y el Mellotron- utilizados respectivamente por Chris Franke y Edgar Froese. Como yo no soy muy amigo de andarme con tecnicismos, no me voy a poner a describir al detalle el sofisticado equipo electrónico con el que se creó el disco. Es más, pienso que en aquellos sitios especializados en los que se habla de esta clase de música se da demasiada importancia a los instrumentos utilizados, como si explicarnos qué modelo de sintetizador utilizaba fulano o mengano fuese lo más importante. Lo más importante es la música, el efecto expresivo que se consigue a través de unos instrumentos que no son más que los medios para llegar a un fin.

Despliegue de la carpeta del vinilo.

No se me ocurren muchas ideas a la hora de describir Phaedra, pero siempre lo he sentido como un disco "importante", aun antes de informarme sobre la repercusión que verdaderamente tuvo en su momento. Es tan oscuro y misterioso como cabría esperar de los Tangerine Dream de los '70, pero al mismo tiempo posee una cualidad humana que no estaba tan presente en álbumes anteriores. Además, el grupo aborda una nueva clase de "comercialidad" que no había alcanzado antes: al grabar Phaedra, Edgar Froese, Peter Baumann y Christopher Franke debían ser plenamente conscientes de que los aficionados a la música de entonces estaban muy abiertos a nuevos sonidos, de modo que el álbum parte de este punto y ofrece una experiencia musical que, sin dejar de ser muy experimental, se concibe más como una obra madura y acabada (el resultado de un proceso) que como otro paso en un camino que lleva interminablemente hacia alguna parte. Tangerine Dream empezaba ya a recoger lo sembrado, quizá por primera vez en su carrera. Y quedaría grano para una década impresionante, incluso para ser considerados ya unánimemente como antecedentes directos del ambient que Brian Eno pondría de moda poco después.

Fotografía autografiada de la época.

En lo referente a los temas, Phaedra nos presenta el clásico tema meditabundo y atmosférico de los primeros Tangerine, Mysterious Semblance at the Strand of Nightmares resulta inusualmente elegante y hasta luminosa, Movements of a Visionary es acuática y épica, y Sequent C', que cierra el disco, es una pieza tremenda pese a su corta duración, con una utilización estremecedora de la flauta en uno de los temas más "acústicos" realizados por la banda hasta entonces. En general, nos encontramos de nuevo ante un disco lleno de resonancias cósmicas, mayormente frío y distante, lleno de sutiles sampleados lejanos y livianas melodías atonales improvisadas sobre la marcha; en fin, como surgido en otra civilización que desconociese por completo lo que aquí entendemos por música. Un álbum imprescindible y fascinante que una de mis páginas favoritas recoge aquí, con suculentos enlaces. En Spotify.

Sequent C'

lunes, 11 de enero de 2010

Yog Sothoth - YOG SOTHOTH


1. Nekrosis
2. Maint Rêve Vesperal Brülé Par Le Phenix (Impro.)
2. Fou: L'art Noir

Admito que aquí me ha salido la vena más friki que tengo, pero desde luego este álbum se puede enmarcar perfectamente en el contexto del blog. ¿Por qué lo de friki? Porque Yog Sothoth, título del álbum y nombre del grupo en cuestión es el nombre de uno de los malvados dioses atávicos de la mitología literaria de H. P. Lovecraft, conocida comúnmente como "mitos de Cthulhu".

Yog Sothot (1984) es un disco de free jazz un tanto extraño, sobre todo porque el conjunto francés que lo interpreta parece recrearse en lo siniestro y lo macabro mediante el uso de curiosos efectos de sonido. Personalmente, no termino yo de ver reflejada en la obra (cuyos temas también denotan horror cósmico y podredumbre) la manera tan particular en que Lovecraft entendía sus relatos, si bien el desarrollo de las piezas sí que tiene un sabor "pulp", divertido y un tanto gamberro, que funciona bastante bien. Y eso no actúa para nada en contra de la calidad del álbum, que es muy alta. Destacan los arreglos de orquesta clásica, que en algún punto nos hacen recordar aquel Tales of Mystery and Imagination de The Alan Parsons Project, aunque en una versión mucho más anárquica y propia de esa especie de "jazz progresivo" (el término supongo que es mío) que en algún momento se ha cultivado aquí y allá, esporádicamente.

La espantosa criatura flotante es la que da título al álbum.

La verdad es que dudo de que esta gente llegase a publicar una segunda obra; es más, el mero hecho de que en la portada solamente recen las palabras "Yog Sothoth" ya es bastante indicativo de que la cosa es más un experimento aislado que el primer eslabón de una futurible cadena. Como no he encontrado nada para escuchar online y dudo profundamente que la cosa se pueda encontrar en tiendas así como así, aquí adjunto una página que incluye un enlace para conseguir el disco.

viernes, 8 de enero de 2010

Ash Ra Tempel - SCHWINGUNGEN


2. Darkness: Flowers Must Die (12:22)
3. Suche & Liebe (19:23)

¿A que molan los títulos en alemán? Pues bien, este es el de uno de los primeros álbumes de Ash Ra Tempel (más tarde conocidos como Ashra), capitaneados por el bueno de Manuel Göttsching (a quien nadie conoce como Manolo). Schwingungen, de 1972, fue realizado tras la salida del grupo de Klaus Schulze (¿de cuántos grupos se ha ido este tío?). Como suele ocurrir con estos grupos de los '70, sus mejores discos son los cuatro o cinco primeros, y este caso no supone la excepción a la norma.

Los álbumes de Ash Ra Tempel, en esta primera época, se mueven en un vaivén constante entre la música electrónica de la que germinaría el "ambient" y el rock psicodélico-progresivo suave, al estilo del Pink Floyd de Meddle. Hay quien define esto como "space rock", y no me parece una mala forma de describirlo. Una cara, la primera en este caso, se dedica al progresivo con elementos vocales, mientras que la segunda (el tema Suche & Liebe) es la más cósmica y experimental... aunque todo es bastante experimental, tan nebuloso y lánguido como suele ser el krautrock. Yo sigo insistiendo en que esta clase de discos no pueden ser juzgados si no se escuchan en total intimidad y con auriculares. Desde luego, no está la cosa para poner en una sesión de aerobic.

miércoles, 6 de enero de 2010

Jean Michel Jarre - MUSIC FOR SUPERMARKETS


1. Music for Supermarkets Part 1 ( 4:09 )
2. Music for Supermarkets Part 2 ( 2:18 )
3. Music for Supermarkets Part 3 ( 3:29 )
4. Music for Supermarkets Part 4 ( 2:17 )
5. Music for Supermarkets Part 5 ( 3:52 )
6. Music for Supermarkets Part 6 ( 5:53 )
7. Music for Supermarkets Part 7 ( 3:59 )
8. Music for Supermarkets Part 8 ( 3:51 )

Si hay un disco que podamos considerar como el verdadero objeto de deseo de la música electrónica, ese es Music for Supermarkets, o Musique Pour Supermarche, de Jarre. Fue en 1983 cuando el músico francés, en un arranque contracultural, decidió grabar esta pieza y realizar una sola copia de la misma, que fue subastada tras romperse el soporte original. Se pretendía igualar el esfuerzo que realiza un músico con el que realiza un pintor o un escultor; las obras del primero son baratas y se venden en masa, mientras que las de los segundos son únicas y tienen un valor -que no necesariamente un precio- exclusivo. Todo esto surgió a raíz de la propuesta de un grupo de jóvenes artistas, que buscaban apoyo musical para su exposición. Desde luego, la intervención de Jarre (entonces en la cumbre de su populariad) debió impulsar bastante el evento.

Jean Michel Jarre en una fotografía de la época.

Como Jean Michel no quería que sus fans acérrimos se quedasen sin escuchar la obra, el vinilo fue radiado íntegramente por Radio Luxemburgo, para que todo el mundo pudiese incluso grabar la obra. Pienso que esto forma parte del propio concepto del álbum: que solamente posea el original y que todos los demás tengan una versión utilitaria del mismo, del mismo modo en que cualquiera puede hojear una enciclopedia para ver reproducciones de La Mona Lisa. Para más cachondeo, la calidad de la emisión de radio no fue precisamente brillante. 69.000 francos costó Music for Supermarkets a su único poseedor, que a día de hoy permanece en el anonimato.

Yéndonos a lo musical, podría uno pensar que las piezas de Music for Supermarkets son un trámite para todo el montaje mediático que lo acompañó. Nada más lejos de la realidad. Resulta que Music for Supermarkets es uno de los mejores discos de Jean Michel Jarre, a la altura de Zoolook (o por encima) y casi a la par de Oxygene y Equinoxe. Viene a ser uno de los cuatro o cinco discos más esenciales en la historia de la música electrónica. A pesar de ser el disco un poco corto, los movimientos suponen un enorme avance respecto a lo realizado por Jean Michel anteriormente: su sonido es urbano, moderno, nada cósmico. El álbum Zoolook, tal y como expliqué en su crítica, es realmente una especie de gemelo de este sobre supermercados, ya que aprovecha algunas de sus melodías y recupera buena parte de su ambientación (si bien Zoolook tiene matices étnicos que Supermarkets no posee).

Despliegue de la carpeta de Music for Supermarkets.

Jarre, que es un tipo listo y algo aprovechado, no ha desaprovechado el esfuerzo que hizo con Supermarkets, y ha ido colando discretamente (como guiño a sus fans) la mayor parte de sus ocho movimientos en sus álbumes posteriores. Quizá sea porque no se atreve, al menos a día de hoy, a lanzar por fin el disco -o una regrabación del mismo, por aquello de no querellarse con quien pagó los 69.000 francos- oficialmente a la venta. No descarto que al final lo haga, sobre todo teniendo en cuenta que se rumorea que fue él mismo quien compró su disco. De momento, y considerando que no se vulneran los derechos de autor de nadie, aquí pongo una copia de la grabación que los seguidores de Jarre del '83 grabaron de la radio. No hay otra forma de escuchar este disco, pero menos da una piedra.

Philip Glass - GLASSWORKS


1. Opening (6:25)
2. Floe (6:00)
3. Islands (7:41)
4. Rubric (6:05)
5. Facades (7:22)
6. Closing (5:59)

Este fue el disco que convirtió a Philip Glass, de ser visto por muchos como comparsa del mundillo beatnik, en un compositor contemporáneo de música clásica con todas las de la ley, y reconocido como tal incluso en ámbitos academicistas. Glassworks, grabado en 1982 e interpretado por el Philip Glass Ensemble conducido por Michael Riesman (el propio Glass no suele tomar parte en la interpretación de sus propias obras, al menos en las sesiones de grabación).

Portada de una edición más reciente.

Glassworks es también la obra perfecta para iniciarse tanto en la música de Glass como en el minimalismo en general. Es sencilla, fácil de digerir y no demasiado larga. No se excede aquí el compositor con sus habituales bucles y repeticiones mareantes, y todo el trabajo tiene una cualidad límpida y cristalina que le da un aire clásico indiscutible. Philip Glass explora al máximo cada una de las piezas, buscando todos los efectos anímicos posibles mediante el uso de sutiles cambios de tonalidad. El tema inicial, la pianística Opening, nos sonará de algún anuncio de TV (uno de colirio), aunque seguramente se habrá usado muchísimas veces más, para reportajes, documentales, etc. En la misma línea suave encontramos Facades y Closing, siendo la segunda igual a Opening, pero con instrumentos de viento. Otras piezas son más movidas, como Floe o Rubric. En fin, que hay que quitarse los prejuicios ante el supuesto esnobismo que supone abrirse a esta música, porque disfrutar de una forma artística tan sorprendente como el minimalismo está al alcance de cualquiera. Aunque bueno, si lo que te va es el hip-hop...

martes, 5 de enero de 2010

Geinoh Yamashirogumi - AKIRA


1. Kaneda (3:10)
2. Battle Against Clown (3:36)
3. Winds Over Neo-Tokyo (2:48)
4. Tetsuo (10:18)
5. Doll's Polyphony (2:55)
6. Shohmyoh (10:11)
7. Mutation (4:49)
8. Exodus from the Underground Fortress (3:18)
9. Illusion (13:56)
10. Requiem (14:26)

El colectivo japonés Geinoh Yamashirogumi, una agrupación semi-amateur que se reune de vez en cuando para crear obras en las que imitan los sonidos étnicos y tradicionales de varias partes del mundo, fue la contactada por el dibujante Katsuhiro Otomo para poner música a su obra maestra, el clásico de la animación Akira (1988). La idea de contar con ellos llegó a Otomo gracias a un álbum de la agrupación de 1986 en el que utilizaban por primera vez instrumentos electrónicos.

Para quien no haya visto la película, decir que Akira cuenta la historia de un par de adolescentes pandilleros, Tetsuo y Kaneda, cuya amistad se resquebraja en cuanto el primero entra en contacto con un experimento científico que le convierte en una especie de semidiós, todo ello con consecuencias apocalípticas. La acción se sitúa en la ficticia ciudad de Neo-Tokio, mientras se preapara para albergar las olimpiadas de 2019, las primeras tras el fin de la Tercera Guerra Mundial, todo ello con el trasfondo de la posible resurrección de un niño-cobaya, Akira, cuyos inimaginables poderes desatados iniciaron el conflicto mediante la destrucción del viejo Tokio. Tanto la fecha como parte de la estética de la ciudad (un sucio y abigarrado monstruo de metal, cristal y neón) recuerdan a otro clásico de culto de la ciencia-ficción, Blade Runner. Es posible encontrar trazas de aquel clásico de Vangelis, sobre todo en los rotundos golpes de tambor con eco que suenan en algún punto.

Portada de la edición japonesa. La lista de temas es distinta.

Ya desde que comenzase a publicarse el manga original, Otomo quiso que su historia fuese fuertemente japonesa, tamizado todo ello por la estética "ciberpunk", pero sin perder cierto arraigo. Los de Geinoh Yamashirogumi hicieron lo propio, mezclando percusiones por doquier con sonidos de sintetizador. Tampoco falta el sonido del gamelán, característico del sureste asiatico (no olvidemos el carácter de fusión étnica de la formación), pero lo más conseguido para mí son los coros, estremecedores, superpuestos a los sonidos de percusiones con instrumentos de madera. Estas son las bases de los mejores temas del disco, sobre todo Requiem, que es apabullante.

Dos portadas alternativas.

La de Akira es una banda sonora extraña, inusual. Es imposible encontrar otra obra musical para el cine que se le parezca mínimamente, aunque eso no signifique que sea inaccesible. Todo lo contrario, la banda sonora de Akira contiene una música trepidante que puede gustar a todo el mundo.



domingo, 3 de enero de 2010

Un músico de aquí: Juan Manuel Cidrón

Juan Manuel Cidrón

Casi todos los fines de semana me cruzo con Manuel Cidrón en Almería. Suele frecuentar la "zona de la marcha", en la que el pub Vhada parece ser -siempre según su página en Myspace- su local favorito. Ya había oído hablar de este artista hace tiempo, porque un amigo de toda la vida decía tener algún tipo de lazo familiar con él.

Cidrón fue, ya en los '80, un músico de peso dentro del subgénero de la "música planeadora", digamos que en la línea más suave del Krautrock, basado más en texturas y ambientes que en melodías. También parece tener importantes influencias del minimalismo musical. La verdad es que quienes sigáis este blog tendréis una imagen más bien oscurantista de la música electrónica en su vertiente berlinesa: clínica y fría, con tendencia a lo espacial y hasta a lo siniestro. El caso es que, no se si será porque Juan Manuel Cidrón es español, o almeriense, o simplemente un tipo simpático (cosa que no se, porque nunca he cruzado una palabra con él), su música es bastante cálida, agradable, aunque sin abandonar por ello su estilo claramente planeador.

Cidrón, por cierto, también es teclista del grupo Piel de Canto, junto al guitarrista Juanmi Viñolo.

Lo cierto es que, pobre de mí, le consideraba una especie de músico semi-amateur, y ha tenido que ser una investigación vía Internet la que me ha abierto los ojos: Juanma Cidrón tiene una buena cantidad de álbumes publicados y ha sido objeto de por lo menos un especial en Radio Nacional de España (RNE, incluido abajo). No me ha sido fácil, siento decirlo, encontrar música suya para colgar aquí, pero por lo menos os haréis una idea de lo que hablo.


Jon and Vangelis - SHORT STORIES


3. I Hear You Now (5:13)
4. The Road (4:31)
5. Far Away in Baagad (2:50)
6. Love Is / One More Time (11:51)
7. Thunder (2:14)

Short Stories (1980) es la primera colaboración como dúo estable entre el vocalista de la banda de rock progresivo Yes, Jon Anderson, y el teclista, percusionista y compositor Vangelis Papathanassiou. Se habían conocido unos años antes, cuando Rick Wakeman se marchó de Yes y el grupo propuso -infructuosamente- a Vangelis que lo sustituyese. Anderson visitó al griego y se lo encontró en su casa, apuntándole directamente con una flecha a la cabeza en cuanto el cantante abrió la puerta del apartamento. El pequeñajo y el grandullón grabaron juntos un tema para el álbum Heaven and Hell, y Anderson tocó el arpa para el posterior Opera Sauvage (ambos discos de Vangelis en solitario). Se notaba que habían congeniado, y la formación oficial del dúo no se haría esperar.

Vídeo oficial de I Hear You Now.

La propuesta es bastante más arriesgada de lo que podría parecer, viniendo de dos artistas perfectamente consagrados en el momento de su grabación y que, en lugar de quedarse en lo superficial (baladas con bonitos efectos sonoros, por ejemplo), exploran bastante bien la inventiva de ambos. El resultado es un disco que, pese a que incluye algunos temas bastante llevaderos y accesibles, en algunos momentos parece más un recital poético con música de acompañamiento (los textos de Jon Anderson son en algunos casos indescifrables) que un auténtico proyecto pop. Mejor para nosotros.

Fotografía utilizada en la portada del single I Hear You Now.
Vangelis diseñó las imágenes de la carpeta del álbum.

El álbum fue grabado en tres semanas, y la práctica totalidad de los temas (me atrevería a exceptuar I Hear You Now, el más conocido) fue grabada en sesiones de improvisación. Así de simple. Ahí reside buena parte de la frescura del disco, de su carácter introspectivo. No es mi favorito de los álbumes lanzados por Jon and Vangelis, pero tiene algo especial que le da un carácter único, enormemente elegante.

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