martes, 17 de noviembre de 2009

Adiemus - SONGS OF SANCTUARY


1. Adiemus (3:48)
2. Tintinnabulum (10:57)
3. Cantus Inaequalis (3:13)
4. Cantus Insolitus (5:35)
5. In Caelum Fero (7:45)
6. Cantus Iteratus (6:36)
7. Amaté Adea (5:12)
8. Kayama (8:06)
9. Hymn (2:38)

La agrupación musical comandada por el galés Karl Jenkins (sobre quien es costumbre recordar que formó parte del grupo de culto Soft Machine) realizó en 1995 este primer álbum, Songs of Sanctuary, cuyo mismo título nos adelanta una temática más o menos religiosa o espiritual. Lo cierto es que las ventas no les fueron nada mal, y el single Adiemus entró con fuerza en las listas y en la radio. Contó el album, además, con la publicidad extra que le dio un spot publicitario de líneas aéreas. Fue uno de los álbumes de aquellas navidades, y uno de los primeros discos "new age" que entraron en mi casa. Lo cierto es que no lo escuché mucho, ya que es tan solemne, tan desesperantemente solemne, que escucharlo de un tirón se hace un poco aburrido.

Vídeo oficial del tema principal.

El estilo de Karl Jenkins y su ensemble, que se iría afianzando en una corta sucesión de álbumes conceptuales, se basa en una instrumentación puramente orquestal por parte de la London Philharmonic Orchestra, acompañada de enormes coros mayormente infantiles, conducido todo ello por la voz solista de la cantante Miriam Stockley. El resultado es de muy alta calidad, sobre todo porque Jenkins resulta ser un orquestador coral magnífico, y los arreglos y producción del disco son inmejorables. Frente a otros tantos trabajos de éxito en el mundillo de la "new age" y el relax musical, Adiemus sí que posee mimbres de música culta, de música con un auténtico trasfondo estético e ideológico que desembocan en una experiencia interesantísima y valiosa, se mire como se mire.

Portada alternativa.

Sin embargo, Songs of Sanctuary tiene sus pegas. Para empezar, los temas no son especialmente variados, y la fórmula musical descrita anteriormente se repite con escasos cambios (coros en lenguas indígenas o en latín, fondos de cuerdas, etc.). Seguramente Karl Jenkins consideró que en este primer lanzamiento no debía experimentar más de la cuenta y/o irse por la tangente; era mucho más conveniente ofrecer un primer single potente y un álbum que lo arropase sin bajones de calidad, pero sin abrir la panza a la gallina de los huevos de oro antes de tiempo. Una cosa no quita la otra, sin embargo. La mayor pega es seguramente que el disco suena tan a New Age mega-grandiosa en sentido estricto que, en algunos momentos, se hace un pelín empalagoso, aunque nunca tanto como el -para mí- insufrible In Existence de Beautiful World. También es de agradecer que, aun apuntando a un perfil de consumidor parecido, no se plagie a Enigma. No es ni mucho menos una obra a ignorar, aunque quizá el proyecto Adiemus merezca más una revisión a nivel de discografía completa, antes que quedarnos con este... un tanto plano primer disco.

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